lunes, 8 de junio de 2020

UNA FELICIDAD QUE NO ESTÁ EN ESTE MUNDO

mateo 5 1-12 - Google Search en 2020 | Proyecto de felicidad ...
Cuando digo que la felicidad no está en este mundo quiero significar que no se encuentra en los valores que propone este mundo en el que vivimos. Aclarado esto, podemos decir que todos buscamos la felicidad, y la buscamos desde ahora, desde este punto de partida que es nuestro mundo. Porque, aunque no pertenecemos a este mundo, si tenemos que buscar la felicidad en este mundo, no a su estilo, sino al estilo que nos propone Jesús. Porque, nuestra felicidad empieza, aunque no plena, desde ahora.

Jesús nos propone un estilo de vida que, sin dudarlo, nos conduce a esa felicidad que buscamos. Las bienaventuranzas, de las que nos habla Jesús, son el camino que nos lleva a esa felicidad que buscamos. Son actitudes contrarias a las que nos propone el mundo y que nos obligan a caminar por él contra corriente. El mundo las rechazas y propone otras que, en apariencia de felicidad, son espejismo que tan pronto aparecen, desaparecen de la misma forma.

Las bienaventuranzas son para los dichosos, porque ser bienaventurado significa ser dichoso. Y son dichosos aquellos que no apoyan sus vidas en el poder o las riquezas sino en los pobres y en la necesidad de compartir sus vidas con los otros. Sobre todo con los más necesitados, con los que sufren y carecen de lo necesario para vivir de manera digna. Es en esa lucha donde se esconde esa felicidad que todos buscamos y que erroneámente buscamos por otros caminos que, en apariencia, nos parecen más apropiados para buscarla.

Confiemos en Jesús, porque su Palabra es verdadera y con su Vida y sus Obras nos enseña el Camino, la Verdad y la Vida por donde realmente debemos caminar para encontrar esa felicidad plena y eterna que realmente todos buscamos.

domingo, 7 de junio de 2020

PARECERME A DIOS

Juan 3.16 | Juan 3:16, Dios, Perder
Jn 3,16-18
Cuando tratas de parecerte a alguien, ¿qué es lo primero que debes hacer? Quizás esa sea la pregunta que cualquiera que intente ser o parecer como otro, debe hacerse. Y si quiero y entiendo que debo parecerme a Dios, ¿qué debo hacer? Supongo que la respuesta es "conocerle" y, a partir de ahí esforzarme en ser semejante en todo mi actuar y mi sentir.

La cuestión que viene ahora es que, en la medida que trato de ser como Dios experimento impotencia e incapacidad para poder vencer mis propias apetencias y apegos. Se inicia una lucha contra mis egoísmos e inclinaciones concupiscentes y pasionales, donde mi voluntad, que quiere imponer sus buenos sentimientos y bondades, se experimenta sometida a sus ambiciones, soberbia y pecados que le obligan a alejarse de la imagen de Dios. Sin querer me descubro no tratándome de parecerme a Dis, sino todo lo contrario.

Recuerdo y me viene a la memoria las palabras de Pablo: Porque no hago el bien... - Rm 7, 19 - Y, gracias a Dios, compartir con Pablo la misma dificultad me da esperanza, paciencia y fortaleza para seguir y continuar la lucha. Mi objetivo, y eso no debo olvidarlo, es ser como Dios, porque esa fueron sus primeras palabras: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra... - Gn 1, 26-27 -  Y, adviértase, que Dios habla en plural como dándonos a entender que se trata de un Dios comunitario, un Dios contenido a su vez en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por eso, si yo soy imagen de Dios, tengo que también tener una actitud comunitaria, es decir, ser comunidad y tender a la vivencia comunitaria. Y eso no es otra cosa que vivir en el amor. Porque, para amar hay que estar abierto a la comunidad. Dios es Amor y, por eso, es Comunidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y yo, en la medida que trato de vivir en actitud comunitaria, estoy esforzándome en ser semejante a Dios, porque, para la vida en común el ingrediente imprescindible es el amor. Y Dios, repito, es Amor.

sábado, 6 de junio de 2020

¿DAR O DARTE?

A poor widow came and put in two small copper coins. A very, very ...
Mc 12,38-44
La inclinación primaria inserta en nuestra propia naturaleza humana es egoísta. Egoísta porque está herida por el pecado y busca satisfacer su propio yo y su ambición de ser y tener más que el otro. El pecado nos ha desnaturalizado y ha manchado nuestro amor. Sumergido en él nos convertimos en narcisistas y sólo nos vemos nosotros en el espejo de nuestra vida. Nos importa nosotros y nada más que nosotros, y, a partir de ahí, daremos de lo que nos sobra sin posibilitar que el otro supere mi estado y situación de poder y riqueza. Y nos engañamos justificando nuestro altruismo y solidaridad.

Posiblemente nos consideramos generosos y, de hecho, colaboramos y participamos en muchas obras de caridad y aportamos nuestra contribución a la comunidad. Y eso está muy bien, pero, realmente, ¿nos damos o damos de lo que tenemos y podemos prescindir? La cuestión que hoy nos plantea el Evangelio no es tanto dar sino la de darnos. Porque, la caridad no consiste tanto en dar sino de darte. Dar está muy bien, pero darte es el acto pleno del amor.

Cuando das no dejas muy claro tu entrega plena, porque dar de lo que tienes no es un acto de entrega plena. Sin embargo, cuando lo que se da eres tú, la cosa cambia, porque dándote estás dando lo que eres, lo que tienes y todo tu ser. Porque, cuando te das estás dando de tu vida y tu vida misma. Esa fue la manera de implicarse y de darse de Jesús. De tal manera que llega al extremo de dar su propia Vida.

El acto de dar exige, para ser auténtico, válido y verdadero, no simplemente dar sino darse. Y eso implica ofrecer tu persona con todo lo que tiene y es, incluido todos tus talentos recibidos, para el bien y provecho de aquellos que lo necesiten. Claro, ¿quiénes lo van a necesitar más? Pues, es evidente, los más pobres y excluidos de todos sus derechos y necesidades. Esos que precisamente ha venido Jesús a aliviar, a proteger y a salvar. Y eso no se soluciona solo con dar sino exige y necesita darse.

viernes, 5 de junio de 2020

UN REINO DE PODER Y FUERZA

La liturgia diaria meditada - El mismo David le llama Señor (Mc 12 ...
Mc 12,35-37
No cabe ninguna duda que cuando los judíos relacionan a Jesús como descendiente de David lo hacen pensando, desde una expectativa mesiánica, cuya identificación le legitimaba, desde el poder político y religioso para la dominación de todos los enemigos. Es la reacción de toda naturaleza humana cuyo poder no está en el servicio sino en la fuerza y la imposición de su pensamiento y su interés.

Esta era la idea de todo judío, y, quizás, la confusión que tentó a Judas y le apartó de Jesús. También así lo creían sus discípulos y apóstoles que esperaban la instauración del Reino de Dios. Un Reino que pensaban iba a ser impuesto por Jesús como sucesor del trono del Rey David. Nada más lejos del pensamiento de Jesús y de la misión con la que, tomando Naturaleza Humana, se hizo hombre y se despojó de todo poder que le tentara a imponerse por la fuerza.

La Buena Noticia que trae Jesús es una propuesta libre de ser acogida y aceptada por el hombre. Sin lugar a duda, esa propuesta subyace impresa en el corazón del hombre, quizás dormida o distraída, y de cualquier forma es necesaria activarla, despertarla, recordarla y tenerla muy presente. Jesús nos advierte, nos llama, nos recuerda y nos anuncia que somos criaturas de Dios, sus hijos, y que nos ama hasta el punto de compartir su Gloria con cada uno de sus hijos. Y tú, como yo, somos hijos. ¿Te alegra saberlo?

Es un ofrecimiento libre y sin condiciones. Lo único que te pide es que seas tú y respondas a ese amor que deseas y que está impreso en tu corazón. Ese amor que te hará feliz. Es decir, busca tu propia felicidad y no te presiona sino quiere que seas libre para acogerla y aceptarla. Por eso, Jesús se presenta humildemente, desde la pobreza y la humildad. No viene a imponer por la fuerza y poder sino a ofrecer desde la libertad y del gozo del amor. Y es que el arma capaz de acabar con la mentira, la injusticia y la muerte es el amor.

jueves, 4 de junio de 2020

TAMBIÉN, JESÚS, SINTIÓ MIEDO

MARCOS 12, 28-34 | Textos de la biblia, Versículos bíblicos, Día ...
Mc 12,28-34
El Evangelio de hoy empieza diciéndonos: Jesús fue con sus discípulos a un huerto llamado Getsemaní y les dijo: Sentaos aquí... -Mt 26, 36-42 - ... y en ese lugar empezó a sentir tristeza y angustia. Digo esto porque yo, y supongo que ustedes, aquellos que puedan leer esta humilde reflexión, también sentirán en muchos momentos de sus vidas tristezas y angustias. Porque, no eres más que Jesús, el Maestro, y porque también tienes un corazón humano donde los miedos, las tristezas y las angustias conviven con la alegrías y los gozos. Pero, en los momentos de mortificación y de cumplimientos se presenta el dolor, la tristeza y la angustia.

Jesús, el Dios encarnado en naturaleza humana, experimentó el miedo, la angustia y la tristeza humana. No hizo alarde de su Naturaleza Divina, y despojado de esa condición se sometió a la humanidad para  sufrir y padecer como cualquier hombre. Me quedo perplejo y asombrado. El Dios que me salva se hace hombre y sufre hasta el extremo de entregar su Vida para demostrarme hasta que punto me ama. Me ha demostrado que no hay en el mundo amor más grande.

Y yo, que también estoy sometido a esos miedos, tristezas y angustias, ¿me voy a amedrentrar? Como hizo Jesús también quiero hacer yo. Claro, debo confesar que sólo no puedo. Mi naturaleza humana es débil y frágil y necesito el auxilio del Espíritu Santo, que también lo tuvo Jesús y que me enseña a abrirme a su acción y a dejarme llevar por sus impulsos. Y ese es el camino para superar los miedos, las tristezas y los momentos depresivos y angustiosos.

Las fuerzas y el valor los extraemos de la Eucaristía, esa entrega y alimento del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor que nos transmite su Fuerza y su Gracia para, espiritualmente, fortalecernos en la lucha diaria con los obstáculos y dificultades que nos salen al paso. En ese momento Eucarístico nos sentimos identificados con Xto. Jesús en la persona del sacerdote que preside y representa al Señor y que, a través del Sacramente Eucarístico nos trasmite el Espíritu del Señor.

miércoles, 3 de junio de 2020

SIN RESURRECCIÓN NO TIENE SENTIDO EL SACRIFICIO

Pin en Sagrada Escritura
¿Para qué renunciar y sacrificar nuestras apetencias, egoísmos y caprichos si todo se acaba en este mundo? Todo lo que hacemos busca y tiene un sentido. Nada se hace porque sí, incluso se hacen las cosas bien porque se busca la verdad, y la verdad consiste en hacer las cosas bien, es decir, correctamente. Lo correcto es lo que se debe hacer, es decir, la verdad. Y lo incorrecto es lo que no está bien y, por tanto, no se debe hacer. Por tanto, lo incorrecto es la mentira.

En la vida nuestros actos persiguen siempre algo. Algo que debe estar relacinado con la verdad, porque en la verdad está también la felicidad. Todos buscamos la felicidad y esa felicidad pasa por la vida. Sin vida todo está muerto y, de no tener vida tampoco tendría felicidad. Por tanto, la felicidad depende de la vida y para que haya vida es necesario resucitar. ¿Por qué?, puedo preguntarme. Y me respondo, porque de no estar vivo estaría muerto. Y si no estoy muerto también mi felicidad estará muerta. Puedo vivir, pero vivir en la condenación, en la tristeza y el sufrimiento, y eso es todo lo contrario a la felicidad. Por tanto, para ser feliz necesito resucitar.

Sería pues absurdo pensar que hemos sido creados para ser felices y que no haya resurrección. Un absurdo de los absurdos más disparatados. Todos buscamos la felicidad por encima de todo. Pensamos que el dinero, el poder y el placer nos la dan, pero pronto empezamos a darnos cuenta que estamos equivocados. La muerte nos acecha en este mundo y nos amenaza con quitárnosla. Luego, ¿es la felicidad un espejismo o una mentira? Nada de eso, la Resurrección es la respuesta y la solución. 

Y esa es la promesa de nuestro Señor Jesús - Jn 11, 25 - la que todos buscamos y esperamos. Por tanto, será un disparate creer en la mentira del mundo y perder el tiempo pensando en otras cosas. Ya lo hicieron los saduceos y nada han conseguido. La promesa de Jesús se corresponde con la esperanza que vive y anida en nuestros corazones. Por eso, yo creo que en la Resurrección encontraré esa felicidad Eterna que busco y, también por eso, trato de vivir de acuerdo con la Palabra de Dios que Jesús, el Hijo, me anuncia.

martes, 2 de junio de 2020

BAJO LAS APARIENCIAS, TODO SIGUE IGUAL

Marcos 12,13-17 – Lo del César, devuélvanselo - Roguemos al Señor
Mc 12,13-17
Da la sensación que el mundo ha cambiado mucho. Si miramos los avances tecnológicos las diferencias parecen abismales. Pensamos que si nuestros abuelos se despertaran no entenderían el mundo que hoy se les podría mostrar y sus asombros serían de muerte. El mundo y las comunicaciones digitales han revolucionado todo, pero el hombre sigue estando en el mismo lugar. Sus ambiciones son las mismas, poder y riquezas y su mundo sigue inmóvil atrapado por estas tres actitudes donde se mueven sus aspiraciones mundanas que lo esclavizan y lo corrompen: Narcisismo, victimismo y pesimismo.

A pesar de los avances tecnológicos, el hombre sigue erigiéndose como centro de sí mismo. Quiere ser como Dios y se atreve a comer de la manzana prohibida. Quiere mandar en su vida y mirarse al espejo de sí mismo para adorarse a sí mismo. Su narcisismo lo pierde y lo destruye. El hombre, a pesar de sus adelantos sigue quejándose de todo lo que se le pone distante y no llega ni a comprender ni a alcanzar. Su justificación y autoengaño es quejarse de todo y hacerse víctima de lo que no le está reservado. Sigue buscando causas que le justifiquen su razón y su poder. Y no las encuentra, porque lo del Cesar es del Cesar y lo de Dios pertenece sólo a Dios.

Y, pese a sus delirios de grandeza no puede evitar el pesimismo de quedarse entre dos aguas y ver el horizonte oscuro hasta perderse en la negrura del paisaje y perder la grandeza y el regalo del Amor de Dios. De ese Dios que le busca, le tiende los brazos y le quiere llevar con Él para compartir su Gloria. Permanece en la oscuridad y pierde toda esperanza de alcanzar ese Infinito Amor de Dios que le llama y le invita a salir a la Luz de la esperanza y el gozo eterno.

Será muy bueno despertar y ver que, a pesar de nuestro poder y aspiraciones hermosas que nos ofrece y presenta este mundo, no hay nada más grande que el Amor de Dios y está a nuestro alcance poder alcanzarlo. Basta dejarnos amar por Él y seguir su Camino.