lunes, 17 de junio de 2024

NO RESPONDAS A LA VIOLENCIA, SOLO EL AMOR VENCE

La experiencia del amor, a pesar de que aparentemente parece lo contrario, es el poder de más fuerte y el que siempre, tarde o temprano vence. Sabemos, y nadie lo discute, que la violencia engendra violencia. A pesar de eso, seguimos empeñados en arreglar las cosas con violencia, con agresividad y respondiendo siempre con la misma moneda: ojo por ojo, diente por diente. Quien me la hace, me la paga, solemos decir.

Hay cosas que catalogamos como imperdonables y que, sabemos, que con nuestras propias fuerzas no podremos realizar. Sin embargo, la propuesta de Jesús, el Señor, será todo lo contrario:  ante la violencia, respuesta de perdón y de amor, ejemplo: Él mismo en el momento de entregar su Vida en la Cruz. Sus últimas palabras fueron: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»

Precisamente, donde se puede ver la diferencia entre una persona buena y una cristiana es: ambas son personas buenas, pero solo una es capaz de perdonar a su enemigo. Esa es la característica del ser cristiano: el perdón. No obstante, nos salvamos gracias a ese perdón que Jesús gana para nosotros a su Padre entregando su Vida en la Cruz. Es decir, tenemos la oportunidad de salvarnos por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios que, Jesús, el Hijo Predilecto, gana para nosotros con su Pasión, Muerte y Resurrección.

Eso nos puede dar la medida de la importancia y lo que significa el perdón. Y de que si no somos capaces de perdonar estamos perdidos. Ahora, no se nos ocurra intentarlo sin contar y ponernos en manos del Espíritu Santo. Es Él el que nos dará esa fortaleza, esa sabiduría y paz para poder realizarlo.

domingo, 16 de junio de 2024

LO GRANDE NACE DE LO PEQUEÑO

No es la primera vez que lo pienso y lo digo, lo grande nace de lo pequeño. Es algo tan simple y claro que todos lo sabemos, aunque posiblemente no hayamos pensado ni caído en ello. De cualquier forma, el sentido común nos lo deja bien claro: todo tiene un principio y para llegar a ser grande hay primero que ser pequeño. Se trata de nacer y crecer para, luego, llegar. Todo, por consiguiente, tiene su recorrido.

La vida camina sin que nadie pueda pararla. Igual que la semilla sembrada crece y da fruto sin que nadie se dé cuenta. Todo está en manos de Dios. El hombre es simple criatura que, siendo libre, administra este mundo donde Dios lo ha plantado.

Sin embargo, algo muy importante gravita en el pensamiento del hombre: Dios está por encima de todo y nos crea indefensos y pequeños para que lleguemos a ser grandes en, por y para alabanza de su Nombre. De ahí la importancia de la humildad y de ser de los últimos en el Reino de Dios. Es decir, no buscarnos sino darnos en servicio a los demás, porque en esa medida seremos también nosotros juzgados. Y es ahí donde está el límite de nuestro infinito camino, llegar a ser pequeño para luego ser grande por la Infinita Gracia y Misericordia de nuestro Padre Dios.

sábado, 15 de junio de 2024

EL VALOR DE TU PALABRA BASTA: DECIR SI O NO.

Tu sinceridad debe notarse claramente. Y eso significa que tu palabra está considerada verdad y compromiso. Cuando cumples tu palabra se fortalece y tu compromiso toma valor. De modo que te basta decir sí, o no para que tu palabra tenga verdad y cumplimiento.

Ofrecer apuestas, juramentos y exageraciones con el afán de convencer o persuadir no es aconsejable ni son de fiar. Cuando se habla en verdad simplemente basta decir sí o no. Y si realmente estamos con el Señor, nuestra palabra debe estar apoyada en Él, de modo que la verdad es la que debe imperar en nuestros síes o noes.

Se trata de vivir en la verdad y hablar con el compromiso de estar siempre diciendo la verdad. Dudar de nuestra palabra y confesar hipócritamente cosas que no son ciertas no lleva a la disyuntiva de la duda, de la mentira y del falso juramento. Y menos cuando, quizás sin darnos cuenta, ponemos a Dios por testigos de nuestras palabras.

Dios es la Verdad, y en nuestro vivir de cada día estamos, con nuestras palabras y verdad, anunciando y dando testimonio de nuestro Padre Dios. Al menos eso es lo que debemos hacer. Por tanto, basta decir sí o no para afirmar o negar cualquier cosa que sepamos no está en la verdad o, por el contrario, negarla si sabemos que es mentira. Hablar en ese sentido con compromiso y verdad es reflejar en nuestras palabras la imagen de Dios, que es Camino, Verdad y Vida.

viernes, 14 de junio de 2024

EL PECADO SE ESCONDE TAMBIÉ EN LA INTENCIÓN

No solo importa fraguar el hecho sino también la actitud e intención que se tenga. De modo, que si no hay intención de matar pero, por accidente se dispara un arma y mata, no hay pecado porque no hubo nunca intención de cometerlo. Otra cosa será ver si hay castigo por negligencia o descuido. 

De cualquier manera la intención, escondida en lo más profundo del corazón, es la que delata la levedad o gravedad del acto. De tal manera que siendo un acto aparentemente correcto, puede contener gravedad en su intención y egoísmo.

Es necesario tener intención y deseo de hacer algo que vaya contra la ley del amor que nos propone Dios. Y basta la intención y deseo para que, a pesar de que no se fragüe el hecho, haya pecado. De ahí la comparación con arrancarte tu ojo o brazo derecho y tirarlo. Se trata de apartarte de esa ocasión que te tienta e induce a pecar. Porque, de dejarte seducir, meterte en el ambiente de peligro y ponerte a tiro de ser tentado es como aceptar y desear la manzana del pecado.

El amor es un compromiso, de tal manera que lo prometido delante de Dios, sacramento del matrimonio, es algo muy serio y que no podemos romper por nuestro capricho o disgusto. Amar no siempre es fácil y gozoso. Hay muchos momentos que el amor se hace doloroso, sacrificado y cuesta arriba. La experiencia y referencia más clara la experimentamos en la relación con nuestros hijos. Es así como debemos amar.

De esa manera será difícil entender la separación y el repudio, y cada cual deberá reflexionar al respecto su propia situación. Es obvio que el Señor no mandará cosas imposibles y de que no se puedan vivir de acuerdo con su mandato de amor. Y será el amor, valga la redundancia, lo que deberá guiarnos en nuestras actuaciones.

jueves, 13 de junio de 2024

EL PERDÓN, LO QUE SUSTENTA AL MUNDO

Un mundo sin perdón es el que realmente estamos viviendo. El resultado de inhibirnos de perdonar trae como consecuencia la ira, el enfrentamiento, la disputa, la rebelión, la lucha y, por consiguiente, la muerte. Es lo que vemos en estos momentos y en el tiempo lo que sucede en éste nuestro mundo: guerras, enfrentamientos, luchas, odio, muertes… Palestina, Israel, Ucrania, Rusia y otros, por citar lo de más actualidad.

¿Somos capaces de imaginar qué sucedería si introducimos el perdón en medio de todos esos líos y enfrentamientos? Dejaríamos de escribir en torno a ellos. Se haría la paz, la concordia y la fraternidad. ¿Tan difícil es perdonarnos?

Si fuéramos capaces de ocupar el lugar del más débil, o del que es invadido, entenderíamos mejor esa necesidad de perdonar. Si fuéramos capaces de abajarnos humildemente comprenderíamos que el perdón sería la solución a todos esos problemas que nos llevan a enfrentarnos hasta el extremo de matarnos.

¿Acaso todavía  no nos hemos dado cuenta de que tenemos la oportunidad de ser felices eternamente gracias a la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios? ¿Tan ciegos, y sometidos por este mundo, demonio y carne, estamos? ¿O no creemos que la misericordia y el perdón son la solución de todos nuestros problemas?

Posiblemente, primero tendremos que llenarnos de humildad y despojarnos de nuestra soberbia, egoísmo, ira, odio y deseos de venganza. Y, claro, eso no lo podremos hacer contando con nuestras propias fuerzas. Necesitamos abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que para eso ha venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo, y dejarnos conducir y transformar por Él. Experimentaremos un cambio en nosotros que nos irá ayudando a cambiar, a darnos cuenta de que solo con la humildad y el perdón podremos arreglar los problemas de nuestro mundo.

miércoles, 12 de junio de 2024

UN CAMINO DE PERFECCIÓN

De mayor, conoces y sabes, que eres imperfecto, pero cuando naces la imperfección está meridianamente clara. Un bebé abandonado tiene muy poco tiempo de vida. De pequeño somos totalmente dependiente y sin una familia, unos padres, nuestra vida tendría pocas posibilidades de desarrollarse y subsistir.

Sin embargo, de mayores también experimentamos nuestra impotencia y la necesidad de ayuda. Somos seres creados para relacionarnos y asistirnos unos a otros. Mirado de una forma potencial y en futuro, nuestro camino es un camino de perfección. En la medida que crecemos, nos formamos y desarrollamos, nuestra dependencia de nosotros mismos va también creciendo. Y nuestro futuro será alcanzar la perfección como nuestro Padre y Creador es Perfecto.

Digamos que esa es nuestra verdadera misión aunque muchos la ignoren y miren para otro lado. Nuestro camino es un camino de perfección que no lo podremos conseguir sin la asistencia y auxilio del Espíritu Santo. Necesitamos mirarnos diariamente en la Palabra de Dios y, meditándola, tratar de llevarla a nuestra vida y cumplirla.

Infringir esos mandatos revelados por nuestro Señor Jesús e impresos en nuestro corazón, nos hace hijos de poca importancia en el Reino de nuestro Padre. En cambio, cuando los cumplimos y lo hacemos centro de nuestro diario vivir, nos hace grande en el Reino de nuestro Padre.

 La razón es que caminamos en esa intención y esfuerzo: guardar y cumplir los mandatos – la Ley – que nuestro Señor Jesús nos ha revelado y enseñado a cumplir con su Palabra y su Vida. Y seremos menos o más importantes en la medida que los cumplamos. El objetivo es ese, irnos perfeccionando en el cumplimiento de la Ley que Jesús, el Señor, nos ha mostrado y testimoniado.

martes, 11 de junio de 2024

EN MANOS DE UN DIOS QUE NOS AMA HASTA EL EXTREMO DE ENTREGAR LA VIDA DE SU HIJO

Nuestro instinto nos lleva a protegernos. Y, precisamente, esa protección deja a Dios a un lado. Nos sentimos seguros por nuestros propios medios. Atesoramos bienes y riqueza para tener poder y protección. Y eso nos aparta de la seguridad de Dios. Porque, sólo despojado de toda seguridad experimentamos la protección y seguridad que nos viene de Dios.

La experiencia nos lo demuestra en esos momentos trágicos por los que pasamos en nuestra vida. Bien dice el refrán: «no nos acordamos de Santa Barbara sino cuando truena» Y eso es lo que suele suceder cuando pasamos por momentos de malos, bien sea de salud, económicos, de seguridad… Son esos momentos cuando recurrimos a la Virgen, nuestra Madre, y a nuestro Padre Dios. Entonces nos vemos en manos de Dios y experimentamos su presencia y protección.

Es esa la confianza que nos pide Dios: despojarnos de todo y ponernos en sus manos. No importa el poder, la economía, la fortaleza… todo nos viene de Dios. Eso no implica que hagamos lo que está de nuestra parte y nos proveamos de lo necesario, pero siempre pensando y teniendo en cuenta que nuestra seguridad, fuerza y fortaleza no está en el dinero o el poder, sino en el Amor de nuestro Padre Dios que nos envía y, como a su Hijo, nos pide que expongamos nuestra vida.

De ahí eso que nos dice hoy en el Evangelio: (Mt 10,7-13): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece…