miércoles, 22 de mayo de 2013

AMAR SIEMPRE NOS ACERCA A DIOS

Mc 9, 38-40


Es posible que muchas personas hagan el bien y no sepan por qué, o en nombre de quién. Posiblemente, ignorándolo, lo hagan porque lo sienten y sin plantearse nada, lo hagan en su nombre o simplemente porque manifiestan que les gusta. Lo verdaderamente importante es que hacen el bien.

Y hacer el bien es hacer la Voluntad de Dios, aunque no se haga de forma consciente y en su Nombre. Pero, incluso aquellos que lo hagan en verdad y en el Nombre de Jesús, estarán siempre a favor de Jesús, porque nadie actuando en su Nombre, hablará luego mal de Él.

Hacer el bien viene siempre de Dios, porque nadie mueve un dedo si Dios no quiere, y el bien está sembrado por la Infinita Misericordia de Dios en nosotros. De modo que dejarlo salir para el bien de los hombres es siempre cosa buena y descubre el Rostro de Dios.

Por lo tanto, rememos siempre a favor de la corriente del Amor, y no impidamos que otros, aun no siendo de la Iglesia, hagan el bien en el Nombre del Señor.

martes, 21 de mayo de 2013

MIEDO A HACER PREGUNTAS

(Mc 9,30-37)


Y es que cuando las respuestas no coinciden con lo que deseamos o esperamos, lo pasamos muy mal. Esa incertidumbre de lo nuevo, de lo desconocido, del riesgo, nos atemoriza y termina por silenciar nuestra lengua. No nos atrevemos a preguntar.

También ocurre que no nos enteramos de lo que nos dicen. Estamos distraídos y, quizás llegamos a oír, pero no escuchamos ni comprendemos. Optamos por callarnos y nos dejamos llevar por nuestros proyectos y ambiciones personales. Es lo que ocurrió en aquel día que los discípulos caminaban con Jesús por Galilea. No cabía en sus cabezas que Jesús fuese entregado y condenado a muerte.

Lo mas inmediato, pensar en nosotros y enfrentarnos por conseguir los primeros puestos, las intervenciones más notorias o destacadas. Y ese enfrentamiento nos lleva a descalificarnos, a la crítica y hasta a la calumnia. Es el pan de cada día (ver aquí).

lunes, 20 de mayo de 2013

EL PODER DE LA ORACIÓN

(Mc 9,14-29)


No puedo hablar de la experiencia de otros, que los hay, que han hechos milagros por la oración, sino de mí mismo. Creo profundamente que todo lo que se le pida al Padre en Nombre de Jesús, si conviene, será concedido sin lugar a duda. Posiblemente, muchas cosas me han sido concedidas en mi vida, sin embargo de muchas no he sido consciente.

Pero, quizás de otras sí. He sido salvado de una arritmia, muerte súbita, de la que son pocos los que escapan. Muchos me dicen que he vuelto a nacer de nuevo. Lo paradójico es que yo le había pedido al Señor que me sacara de un aprieto, y la salida empezó por ahí. Siempre quedará la duda, pero yo creo en la intervención del Señor porque lo ha prometido, y el Padre concede lo pedido en su Nombre.

Pedid y se les dará, nos dice Jesús, y su Palabra es Palabra de Vida Eterna, siempre tiene cumplimiento. Testigos hay de todo lo que ha hecho, así que creerlo no es algo fundado en la ilusión o la ficción. Es la fe puesta en aquellos que viendo, creen y nos lo han transmitido. Por lo tanto, la oración, vehículo por el que hablamos con Dios y le pedimos en Nombre de Jesús, es muy importante y necesaria. Y no debemos dejar de usarla, solo que nos será dado aquello que convenga para nuestro bien de salvación, pues casi siempre pedimos mal.

domingo, 19 de mayo de 2013

Y EMPIEZA EL CAMINO DE LA IGLESIA

(Jn 20,19-23)


Jesús se hace presente entre ellos, y también lo hace entre nosotros: "Cada día en la Eucaristía". Y nos envía en el Espíritu Santo a vivir la ley del amor. Un amor de igualdad, de fraternidad, de justicia y paz. Un amor de hermanos, hijos de un mismo Padre. No cabe ninguna duda que esa es la única y verdadera solución para el mundo de siempre y para el mundo que vivimos hoy.

Mientras los hombres nos afanamos en buscar, engañándonos a nosotros mismos, soluciones que nos dejen a nosotros bien colocados y cómodos, el mundo continúa perdido, con mucha hambre e injusticias. Mientras unos, los que discuten y ostentan el poder, lo pasan bien aunque no escapan al dolor y sufrimiento, otros, los más pobres y desheredados, sufren carencias y limitaciones de hambre y enfermedades que les llevan a la muerte.

No hay paz porque no hay amor, y eso es lo que Jesús proclama y encarga a su Iglesia en los apóstoles. Él trae la paz en el amor que nos da. Con su Muerte y Resurrección nos lo ha demostrado y dicho, y ahora nos acompaña en su Iglesia, en el Espíritu Santo, para que podamos nosotros decírselo también al mundo.




sábado, 18 de mayo de 2013

LO QUE EXIGE MI CABEZA

(Jn 21,20-25)


En repetidas ocasiones miramos más lo que hacen y dicen otros, que lo que nos dice Jesús. Estamos más pendientes de los acontecimientos y hechos que suceden en nuestro entorno que la misma y única Palabra del Señor. Y Jesús nos advierte como hizo con Pedro: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme».

No debemos prestar más atención a las cosas de nuestra misma Iglesia que a la Palabra del Señor que proclama y predica la Iglesia. Ocurren muchas cosas dentro de la Iglesia. Muchas cosas que nos pueden parecer bien y otras mal, y otras que no llegamos a entender. Las conductas de todos los que formamos la Iglesia no es la misma, pero en algunos casos son conducta, al menos aparentemente, contrarias a la Palabra de Dios.

Y no debemos dejarnos llevar por lo que hacen y dicen otros. Sólo la Palabra del Señor es nuestra guía y nuestro camino. Y a pesar de encontrar contradicciones y ejemplos que nos confunden y desvían, debemos esforzarnos en solo seguir a Jesús. Él es el único y verdadero Camino, Verdad y Vida. Y seguirlo, unidos en Iglesia, a Él, porque todo aquello que no venga de Él no nos conviene.


viernes, 17 de mayo de 2013

SER PERDONADO PARA PERDONAR

(Jn 21,15-19)


Por propia experiencia podemos experimentar, valga la redundancia, que nada mejor que vivir la experiencia del perdón para luego entender y comprender el perdón a los demás. Se nos hace muy difícil perdonar cuando nos consideramos fuertes, suficientes y virtuosos. No llegamos a entender que hayan personas débiles  e incapaces de cumplir o de no fallar.

Necesitamos, primero, pasar por esa experiencia para poder situarnos en la onda de ser perdonados y perdonar luego también nosotros. Alguna vez he escrito sobre el perdón expresando que, nos ayuda mucho a perdonar el caer en la cuenta cuanto nos perdona nuestro Padre Dios a nosotros. Estamos sostenidos por el perdón de Dios y por su Misericordia.

Pedro experimentó la necesidad del perdón en su triple negación, y esa necesidad le prepara y asiste cuando se enfrenta al perdón de los demás. También nosotros podremos perdonar a nuestros hermanos en Xto. Jesús si advertimos el amor con el que nos perdona nuestro Padre Dios. Amar al Señor es estar en la actitud de perdonar, porque el Señor nos ama primero y nos perdona por su gran Amor y Misericordia.

Precisamente, en ese perdón, hasta dar su vida por nosotros, descubrimos el inmenso amor que nos tiene. No es cosa solo de palabra, sino de vida y obras. Así debe ser nuestra vida, palabra y obra, y para ello debemos entender que necesitamos la Gracia de nuestro Padre Dios.

jueves, 16 de mayo de 2013

LA UNIDAD, SIGNO VISIBLE DE LA VERDAD

(Jn 17,20-26)


En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado».

 Jesús nos quiere unidos, unidos en una misma fe, porque la Verdad es una, y lo otro no es la verdad. Por eso pide al Padre que nos guarde en su nombre para que seamos uno como Él y el Padre. Y es que estamos desunidos, desunidos y enfrentados, porque la desunión tiene su origen en diferencias que nos enfrentan a los unos con los otros.

Así, el rebaño se dispersa, y la comunión queda fragmentada en muchas comuniones cristianas que se presentan como el verdadero y único rebaño de Jesucristo. Los auténticos y legítimos discípulos del Señor, como si Cristo mismo estuviera dividido y enfrentado. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es enorme piedra de escándalo.

Cuando se busca la Verdad, (y buscar la verdad significa estar dispuesto a ceder en lo accesorio, en lo tradicional y costumbrista, en la accidental y formal... para quedarnos con la sustancia, con lo fundamental que es la unidad y el amor), se encuentra, porque en la Verdad está el Amor, y el Amor nos une y supera las barreras que solo nosotros llevamos y ponemos.