domingo, 29 de diciembre de 2013

LA VIDA Y LA LIBERTAD

(Mt 2,13-15.19-23)

Los pueblos se forman cuando varias familias se establecen en un lugar. El hecho de vivir próximos unos a otros genera vida y servicios, y esos servicios es la levadura que formará el pueblo. Un pueblo que en la medida que viva necesitará un orden, una dirección y un respeto y derechos. Nacen así las ciudades y las naciones. El embrión es el hombre, pero la incubadora es la familia.

Así está establecido por Dios, y Él mismo, encarnado en su Hijo Jesús, nació en el seno de una Familia: José y María, cuyo Hijo, el Mesías y Salvador del mundo, creció al amparo de esa familia. Una familia que, como muchas otras familias, tuvo que emigrar, sufrió peligros y dificultades hasta que se estableció en Nazaret.

La familia es la célula de la sociedad, y el hombre sin la familia queda desprotegido y desorientado. Los pueblos sin rumbo y los derechos sometidos al imperio del más fuerte. Se hace necesario el seno familiar para que los hombres sean educados en el respeto y la libertad. Libertad cuya esencia es buscar y defender el bien común. Sólo así, los pueblos pueden convivir en paz y justicia.

Hoy, vemos que la familia se está derrumbando, y que hay muchos poderes que trabajan en ese sentido. El mundo camina hacia la perdición y la muerte, y la vida se encuentra amenazada por intereses económicos y egoístas. Los pueblos que matan tienden a desaparecer, y nuestro mundo parece que quiere elegir ese camino.

Recemos a la Sagrada Familia, y mirémonos en ella, para que nuestro mundo sea iluminado y transformado según el Amor.

sábado, 28 de diciembre de 2013

EMIGRANTES


(Mt 2,13-18)

Hay muchas maneras y formas de emigrar. Los hay que gustan de conocer otras culturas y formas de vida. Otros sienten deseos y curiosidad por experimentar nuevos lugares, climas y relieves. Y otros por el simple hecho del gozo de viajar, moverse y visitar otras tierras. Pero los hay, y son muchos que se ven forzados a buscar otros horizontes de paz, bienestar y libertad. 

Son extremos difíciles y arriesgados donde muchos en el intento pierden la vida. José y María la arriesgaron, pues camino de Egipto tuvieron que sufrir peligros y dificultades, y no por circunstancias de encontrar una vida mejor, sino huyendo de la amenaza de muerte por Herodes. Hoy, aunque de diferentes formas, esa amenaza se mantiene en pie, sobre todo para los niños inocentes.

Y el peligro se esconde en diferentes lugares, vayas donde vayas: aborto (vientre de sus propias madres), pederastas, explotaciones, militarización...etc. Son otros Herodes que sienten amenazados su poder, su erotismo, su economía, su avaricia... y matan por mantener su egoísmo y dar satisfacción a su propio ego.

Pidamos al Señor que encontremos la paciencia y el lugar en nuestro corazón de mantenernos esperanzados y en paz.

viernes, 27 de diciembre de 2013

VIERON Y CREYERON


(Jn 20,2-8)

¿Y nosotros? No vemos que su Cuerpo no está en el sepulcro, entre otras cosas porque no estábamos allí, pero tenemos la palabra de Pedro, de Juan, de María Magdalena, de... Y experimentamos su presencia, 

porque cuando amamos a su estilo se enciende un gozo y extiende una paz por nuestro corazón que nos descubre y nos hace sentir la presencia del Espíritu Santo que mora en nosotros.

Pedro advierte que el sudario no está junto, ni tirado, a las vendas. Todo parece indicar que el sudario fue quitado y cuidadosamente colocado aparte. No hay rastros de violencia ni de prisas ni de esfuerzos. Ni tampoco se entiende que alguien estuviese interesado en desaparecer el Cuerpo de Jesús. Los apóstoles son los primeros sorprendidos y avisados. Precisamente por mujeres, cuyas palabras no tienen valor ni son tomadas en cuenta.

De nuevo nuestro Padre Dios toma lo inútil, lo pequeño, lo excluido: "Las mujeres", para señalar y descubrir su Resurrección. No hace alardes de poder ni prodigios para que todos se enteren. Igual que ha venido al mundo, pobre, sencillo y humilde, Resucita y se va sin hacer ruido ni anunciarlo con bombos y platillos. Son solo sus apóstoles y discípulos a los que se le van a anunciar y aparecer Resucitado y Triunfante.

Para que ellos sean ahora los anunciantes y proclamadores del Reino de Dios. Ellos serán la puerta por la que hay que entrar en la fe; a ellos habrá que creer porque son testigos directos de su Resurrección, y a ellos creemos todos los católicos, que hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Creemos que el Señor, el Hijo de Dios vivo ha Resucitado, y a Él le pedimos que fortalezca y aumenta nuestra fe.

jueves, 26 de diciembre de 2013

QUIEN NO ES DE DIOS MATARÁ


(Mt 10,17-22)

Hay hombres y mujeres buenas, buenas personas que ayudan, que son generosas y gozan de buena fama y gran prestigio entre los hombres y mujeres de su época. Siempre los ha habido y los habrá, porque el hombre es un reflejo de su Creador, Dios, y quiera o no reflejará su semejanza, a pesar de estar tocado por el pecado e inclinado a las malas acciones.

Sin embargo, quien no está con Dios estará en su contra, porque el pecado llegará a dominarlo y lo arrastrará a la perdición y a la maldad. Por eso, el Señor nos dice hoy que nos guardemos de los hombres, los hombres que le rechazan, que se alinean con el diablo y que se esfuerzan por negarlo y destruirlo. También lo harán con todos aquellos que siguen al Señor hasta el punto de matarlo si es preciso.

Quizás no sea de forma cruenta, pero si con la indiferencia, con el fraude, engaño, tentación, marginación, injusticia, desigualdad, mentira.... Hay muchas clases de matar y aun más duras y sufridas que la propia muerte.

Se hace difícil confiar en aquellas personas  que siendo buenas, a la hora de la verdad no lo son, porque se venden al mundo y sus encantos y rechazan a Dios, siendo capaces de someter, esclavizar, excluir y hasta matar para que prevalezcan sus derechos e intereses. El Señor nos previene y nos alienta a no preocuparnos de nuestra defensa, porque seremos asistidos por el Espíritu Santo en los momentos que lo necesitemos.

Y, a pesar de perder la vida, no tengamos miedo, porque si perseveramos en el Señor, Él nos salvará. Es Palabra de Dios, y Él nunca falta a su Palabra. Siempre la ha cumplido.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

SUCEDIÓ AQUEL DÍA



(Lc 2,1-14)


Eso dice la historia, la historia a la que damos tanto crédito. Aquel día, José tomó a su esposa que estaba en cinta, y  marchó hacia Judea, la ciudad de David, a Belén, a empadronarse, pues era de allí, según el edicto promulgado por Cesar Augusto y siendo gobernador de Siria Quirino. Los datos son concretos y exactos para deducir la fecha del nacimiento del Señor. Son pruebas fehacientes que marca el tiempo y el momento de su nacimiento.

Así que todo sucedió como se narra. Jesús, el Niño Dios, Dueño y Señor de todo lo creado, nació de forma sencilla, inadvertido a todos, sin esplendor ni trato de privilegios, sin lugar apropiado por no encontrar posada, sin lujos ni comodidades de aquellos tiempos. Nació no como Rey, sino como súbdito y pobre, de los más pobres.

Y a los pobres le fue anunciado su nacimiento, los pastores. Otros marginados y excluidos de la sociedad contemporánea de aquellos tiempos. Tendría que ser a ellos, pues los otros, los establecidos, los ricos y poderosos no lo hubiesen aceptado ni creído. Días más tarde, Herodes, el gobernador de Judea mataría a todos los niños nacidos por esa fecha, con la intención de acabar con el supuesto rey del que le habían hablado. No es nada sorprendente, porque hoy lo siguen haciendo por iguales miedos, sólo que matan a sus hijos en sus propios vientres.

Por eso, hoy, día de Navidad, la vida triunfa y vence a la muerte, pues con el Nacimiento del Niño Dios nace también en nosotros la esperanza de vida gozosa y feliz eternamente. 

Cada instante de vida se hace Navidad en tu corazón.


DESDE DE DODIM A AGAPÉ

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS LOS BLOGUEROS CON EL PAPA, PARA TODOS LOS BLOGUEROS DE BUENA VOLUNTAD, Y PARA TODOS LOS BLOGUEROS QUE LUCHAN POR UN MUNDO MEJOR.



martes, 24 de diciembre de 2013

CANTO DE ZACARÍAS

(Lc 1,67-79)


Nos cuestas ver las cosas, y también comprenderla. Supongo que eso es la consecuencia de nuestra condición humana y pecadora. Somos más propensos a las cosas materiales, a los apegos y a los sentimientos que desprende nuestra naturaleza humana. Es natural, somos hombres enfermos y necesitamos del médico. Pero no de un médico cualquiera que cure nuestras dolencias físicas o materiales, sino de un Médico que nos salve y nos libere de esa esclavitud.

¡Cuántas veces vemos oscuras las cosas, negativas, de manera pesimista! Si tuviésemos la visión sobrenatural de los hechos que muestra Zacarías en el Canto del Benedictus, viviríamos con alegría y esperanza de una manera estable. Esa es la Navidad, o al menos por donde la debemos ver. Es el canto de esperanza a sentirnos liberados y no necesitados de lo que ahora, mientras andamos peregrino por este mundo, tendremos necesidad.

Desde este pensamiento entendemos la alegría de Zacarías, y también nuestra propia alegría. Es noche de esperanza, de alegría de cánticos y fiesta porque ha nacido el Redentor, el Salvador del mundo que nos librará de nuestras ataduras y nos dará la vida gozosa y eterna junto al Padre Dios.

lunes, 23 de diciembre de 2013

JUAN PREPARA EL CAMINO


(Lc 1,57-66)

No tiene otra misión, Juan el Bautista, sino la de preparar el camino del Señor. Si hay una misión clara es la de Juan. Su nacimiento fue anunciado y preparado para preparar la venida del Señor, y los acontecimientos que en él se producen descubren a cada instante que su aparición prepara ya la aparición de Jesús en la vida pública.

Su nombre, Juan, le viene asignado ya desde arriba y en él trae su misión. Juan proclama la venida del Mesías, el Libertador. No es él el esperado, ha de venir otro más grande que él a quien no es digno de atarle el cordón de sus sandalias. Lo anuncia de viva voz y está presto a desaparecer en cuanto Jesús irrumpa en la vida pública. Juan descubre y testimonia una gran humildad.

¿Estamos nosotros en la misma actitud de anunciar a Jesús y no anunciarnos nosotros? Porque a veces, o casi siempre, por nuestra condición de pecadores, nos entretenemos en aparentar, en mejorar nuestra aspecto físico, en preocuparnos más de lo exterior que interior; en entretenernos más en lo superficial que en lo profundo y verdadero.

Anunciar a Jesús lleva implícito estar dispuestos a desaparecer para que aparezca Él.