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martes, 24 de diciembre de 2024

POR ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

Zacarías se llena de Espíritu Santo. Era evidente que Zacarías reaccionara. Un hombre justo y de fe, tiene dudas, pero las dudas terminan por dar paso a la fe. Zacarías reacciona y, tras la duda y quedar mudo, reflexiona y se da cuenta de que es la acción del Espíritu Santo la que va a dar respuesta a su petición de paternidad.

Y esa reacción de lugar al canto de Benedictus: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel …». Un canto que manifiesta el plan de Dios y resume su acción de manera brillante hasta tal punto que sólo puede ser alumbrado por el Espíritu Santo.

También nosotros, ¿es que no nos damos cuenta o no se nos ha dicho en nuestro bautizo?, tenemos al Espíritu Santo. Y Él suscita en nosotros, si le abrimos nuestro corazón, la sabiduría que necesitamos para darnos cuenta, como María, José, Isabel y Zacarías que el plan de Dios, según ha sido anunciado por los Profetas, está en marcha.

Y en estos días, fechas en las que celebramos la Navidad, es decir, el nacimiento del Niño Dios, podemos entonar cantos de alabanza, de gozo y alegría porque una vez más el Señor nace en nuestros corazones, se revela y nos anuncia el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios.


FELIZ NAVIDAD

martes, 19 de diciembre de 2023

LOS PLANES DE DIOS NO ESTÁN A NUESTRO ALCANCE

Igual que le sucedió a Zacarías también nos sucede a nosotros hoy. Dios sigue hablando porque su Plan sigue vigente y caminando. Por tanto, Dios se muestra, habla y dirige su plan de salvación. La diferencia está en que seas elegido por Dios para una misión especial y que tú – el elegido – responda a esa llamada y misión.

Entre muchos, Juan el Bautista fue elegido para preparar el camino al Señor. Y sus padres, Zacarías e Isabel, prima de María, la que iba a ser también elegida para ser la Madre del Mesías, los elegidos para acoger a Juan. Sin embargo, Zacarías, como muchos de nosotros, quizás por su vejez y la de su mujer Isabel, dudó de la palabra del Ángel Gabriel y, no por eso Dios interrumpe su plan, sino que dejando en el silencio, durante el tiempo de la gestación de Juan, a Zacarías por sus dudas, su camino sigue adelante.

También nosotros, podemos pensar, quizás somos obstáculos para que el plan de Dios en nosotros tenga efectividad y se realice. También nosotros nos oponemos o rechazamos la propuesta que el Señor nos hace porque la creemos imposible o porque no la entendemos. Quizás no nos damos cuenta pero en el camino que hemos recorrido hasta hoy, sea el que sea, Dios, tu Padre, está presente y te está hablando para que no te tuerzas, para que allanes las dificultades que te salen al camino e iguales valles y montañas.

Es decir, Dios quiere que en tu vida tengas la posibilidad de superar los obstáculos, de allanar el camino y de que todo se iguale en orden a la verdad y justicia. Dios te pide y nos pide a todos que seamos capaces de limar las barreras, obstáculos, montañas y valles que separan a los hombres e impiden que haya verdad, solidaridad y fraternidad entre todos los hombres.

viernes, 24 de diciembre de 2021

CANTO DE ALABANZA DE ZACARÍAS

 

Zacarías, después de pasar la prueba de desconfianza respecto a lo que el ángel le había dicho, reconoce y confía en Dios y accede a su Voluntad, reafirmando el nombre de su hijo según había dicho su esposa Isabel: Juan es su nombre. E inmediatamente, la lengua de Zacarías queda desatada y puede hablar. ¡Y que hermoso su canto de alabanza a Dios!

Zacarías reconoce la acción de Dios y la promesa de que su mujer va a tener un hijo. Hecho ya realidad, Zacarías alaba al Señor y le da gracias por su bendición con ese hijo, al que llamará Juan. 

Y, luego, impulsado y movido por el Espíritu Santo, no podía ser de otra forma, Zacarías habla del futuro y de lo que sucederá en los años venideros. Predice la acción salvadora de Dios con su pueblo Israel que culmina con la venida del mismo Dios encarnado en su Hijo, al que, precisamente le prepara el camino su hijo Juan, nacido para esa misión.

Es maravilloso leer la alabanza de Zacarías – Benedictus – como también la proclamación de María– el Magnificat – y observar la acción del Espíritu Santo en ellos. ¿No son verdaderos milagros de la acción salvadora de Dios que pone en labios de Zacarías y María – la elegida para ser Madre de su hijo – lo que sucederá años y siglos más tardes?

Y es que a veces buscamos pruebas, milagros y razonamientos que, sin darnos cuenta, están delante de nosotros y no vemos. Posiblemente, nuestro cerebro y nuestros ojos están cautivos por la materialidad y la razón de este mundo. ¡Cantemos, también nosotros, esperanzados y confiados en nuestro Padre Dios, alabanzas a este Niño que nace cada día dentro de nuestros corazones!

FELIZ NAVIDAD

jueves, 24 de diciembre de 2020

DIOS NOS VISITA

 

El núcleo, lo trascendente, importante y centro de todo es el Misterio: Dios, toma Naturaleza humana y se hace hombre, Ese es el significado del belén y en ello se resume todo el portal y todo los adornos y vivencias que les queramos dar. Pero, lo trascendente e importante es que Dios se ha hecho hombre y ha venido a visitarnos para, siguiendo el Benedictus cantado por Zacarías, perdonar nuestros pecados y darnos Vida Eterna.

Es verdad que las fiestas se celebran con un banquete - cena de Navidad - y buen vino u otra bebida, pero, no es menos verdad que esas cenas festivas y llenas de alegrían deben estar precedidas porque, el centro, el motivo, el gozo y la alegría son motivos y gracias a la Bondad de Dios y a su Infinita Misericordia. Por Él somos perdonados y salvados e invitados al gozo eterno en plenitud de felicidad.

Esa es la alegría con la que celebramos esta fiesta y el motivo y la causa por la que familiarmente nos reunimos y compartimos nuestra fe al calor del hogar, del calor y de los alimentos que nos hacen la noche más gozosa y llena de esperanza. No son los regalos ni tampoco es la comida lo que debe ilusionarnos, sino la esperanza de un mundo mejor, libre y lleno de amor en Dios nuestro salvador.

Y ese Salvador se hace hombre como tú y como yo hoy. Sufre, padece, llora y también se alegra como cualquiera de nosotros, pero, le diferencia que Él está libre de pecado y viene a recoger los tuyos y los míos. ¡Claro, contando con nuestro permiso! Nos ha dado libertad para elegir o rechazar. Luego, dependerá que tú y yo le dejemos entrar en nuestra casa, le abramos nuestros corazones y le dejemos, acunándolo en nuestro corazón, que nos llene de su Amor. Esa es la verdadera Navidad, prepararnos para que Dios, hecho Niño, nazca en nosotros cada día.

¡FELIZ NAVIDAD!

sábado, 19 de diciembre de 2020

A LA HORA DE LA VERDAD APARECEN TUS DUDAS

 

Hay momentos en nuestra vida que nos sobrepasan y que difícilmente llegaremos a comprender. Un creyente comprometido, digo, practicante, sabe que Dios está presente en su vida y que interviene en ella si se lo pide. Sabe, también, que de todas formas, Dios, está presente e interviene en el mundo - que el mismo ha creado - y que sostiene, pues, de dejarlo desaparecería en un santiamén. Sí, es verdad, que respeta la libertad, que el mismo le ha dado al hombre. Posiblemente no nos demos cuenta, pero, siempre lo hará de forma positiva y para nuestro bien, porque su Amor es Infinito.

El Evangelio de hoy - ya próximo a la Navidad - nos habla del sacerdote Zacarías y de su esposa Isabel - prima de María, la  esposa de José - ambos justos delante de Dios y fieles cumplidores de sus mandamientos. De momento ven cumplido su petición al Señor de tener un hijo, a pesar de que a su edad avanzada lo hacía imposible. Sin embargo, Zacarías duda y queda mudo por un tiempo.

Es posible que nos ocurra también a nosotros y que dudemos de la presencia de Dios. Sin Él se nos hace de noche en nuestro camino y nos perdemos. La esperanza y perseverancia son dos virtudes muy importantes y sumamente necesarias. Quien espera, cree. Cree que el Señor, si así conviene a nuestra vida, actúa y nos da, si no lo que pedimos, sí lo que nos conviene.

En el caso de Zacarías era necesario y estaba previsto en el plan de Dios que naciera Juan - el bautista - y que, lleno del Espíritu Santo, preparara el camino a Jesús, el Mesías, que había de venir a anunciar la Buena Noticia de Dios a los hombres.

lunes, 23 de diciembre de 2019

SIGNOS Y SEÑALES DE DIOS

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Lc 1,57-66
Posiblemente no te hayas dado cuenta, o, quizás no estés atento a lo que sucede en tu vida. Muchas de las cosas que suceden las atribuye a la buena o mala suerte, y no percibes que quien te ha creado también está pendiente de ti. Ten en cuenta que tienes libertad para hacer lo que te conviene o para hacer lo que tú crees que es lo mejor, pero, entérate que siempre tendrás equivocaciones y errores que pueden hacer que tu vida peligre y se pierda.

Las cosas no suceden porque sí, sino porque tú permites que sucedan algunas y otras, quizás, no puedas evitar. Pero, tanto en unas como en otras Dios está presente. Las que tú eliges, Dios te las respeta, pero las que suceden y tú no puedes evitar, Dios las utiliza para que tú le saques también provecho y puedas aprender y darte cuenta de lo verdaderamente importante en la vida. 

Por ejemplo, lo de Zacarías, que dudó de la intervención de Dios en la concepción de su mujer Isabel, pues era estéril y mayor, Dios le dejó en silencio un tiempo - sin poder hablar - para que Zacarías se diese cuenta de que para Dios no hay nada imposible. Y Zacarías respondió dándose cuente y aprendiendo la lección. Así también suceden muchas cosas en nuestras vidas y debemos estar atentos a descubrirla y a ver que Dios actúa cuando le abrimos nuestros corazones.

Muchas cosas de mi vida esta la impronta del Señor y muchas veces me pregunto que sigo vivo porque Dios ha querido sostenerme con vida. Pero, no sólo eso, sino también en otros aspectos que he podido superar y hacerlo con esperanza porque Dios me ha fortalecido y me ha sostenido. Porque, como Zacarías, tú y yo y todos le importamos mucho a Dios nuestro Padre. Ya lo dijo cuando señaló a Juan como el más grande - Mt 11, 2-11 - nacido de mujer, añadiendo inmediatamente que el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

jueves, 19 de diciembre de 2019

¿ESTAMOS DISPONIBLES A LAS SEÑALES DEL SEÑOR?

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Lc 1,5-25
Es verdad que en la vida nos encontramos como muchos signos y señales de todo tipo. Incluso, ¿cuántas veces hemos soñados sobre algo que no entendemos o que creemos que va a suceder? Quizás, porque no entendemos nada, dejamos de insistir o pensar en ello. En otras palabras, pasamos de largo. Seguimos nuestra intuición y cerramos nuestros ojos a todo aquello que no entendemos.

Zacarías, de quien nos habla el Evangelio de hoy, actuó de esa manera. Deseaba un hijo y lo había pedido al Señor, pero, a la hora de la verdad, y siéndole concedido, tuvo sus dudas y quiso saber de qué manera iba a suceder eso, pues le parecía imposible debido a la vejez y esterilidad de su mujer. Esa duda en el Poder de Dios, para el que no hay nada imposible, le silenció su boca hasta que comprendió y creyó en el Poder de Dios.

¿Qué significa esto para nosotros? La pregunta que debe interpelarnos puede ser: ¿Creo yo en el Poder de Dios y que también me habla a mí? O, ¿creo que significo algo para Dios y que, por tanto, me habla y quiere algo de mí? Cómo Juan, ¿tengo yo algo que hacer y preparar para la venida del Señor? ¿Acaso debo preparar mi corazón y disponerme a abrirlo para acoger y alojar al Niño Dios que me invita a renovar mi endurecido corazón en un corazón suave y manso?

lunes, 24 de diciembre de 2018

ZACARÍAS

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Lc 1,67-79
Había dudado y pedido signos que le confirmaran el anuncio del Ángel Gabriel. Y, por eso, quedó mudo hasta el nacimiento del hijo prometido, Juan el Bautista. Pero, llegado el momento y madurando en silencio sus dudas, Zacarías dejó su corazón en Manos de Dios y, nacido el hijo y recuperado el habla, lleno del Espíritu Santo canta la Gloria y el Poder del Señor y profetiza diciendo:  «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

Deja muy claro el cumplimiento de su promesa a la casa de David, su siervo, proclamada y anunciada por los profetas. Y descubre que Jesús es el Señor y también el Salvador. Es un canto se se corresponde meses más tarde con el Magnificat de la Virgen al visitar a su prima Isabel, la madre de Juan el Bautista cuando todavía está en su vientre. Todo sucede y se corresponde de forma admirable hasta el punto que se descubre la Mano de Dios en todo momento y en cualquier instante que acontece.

Desde ahora podemos, nos dice Zacarías, servir al Señor sin temor en santidad y justicia.delante de Él todos nuestros días. Y es que el Señor se hace hombre, naciendo como cualquier niño, para permanecer con nosotros, después de su Ascensión a los cielos, eternamente. Y volverá, tal y como ha cumplido su primera promesa a establecer la paz y a llevarnos a la Casa del Padre, donde nos prepara una mansión que no podemos imaginar.


FELIZ NAVIDAD

miércoles, 19 de diciembre de 2018

TÚ, SEÑOR, TIENES PALABRA DE VIDA ETERNA

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Lc 1,5-25
Todo en Ti, Señor, se cumple y, de ello, nos has dejado muchas pruebas y testimonios de los que lo han visto con sus propios ojos. Ciegos, paralíticos, tullidos, enfermos, muertos...etc, han dejado testimonio de tu poder y bondad. Pero, igual que muchos que lo han presenciado no han abierto sus ojos, también a nosotros nos cuesta abrirlos.

Zacarías, el protagonista del Evangelio de hoy y padre de Juan el Bautista dudó de la Palabra del Ángel Gabriel y quedó mudo. Otra prueba de la presencia y el poder del Señor. Sin embargo, perseveró en su paciencia y creyó. El signo de su fe fue su sí a la conformidad del nombre de su hijo: "Juan será su nombre". 

¿Qué nos ocurre a nosotros? ¿Perseveramos en nuestras peticiones y creemos en el poder de Dios? Posiblemente, como a Zacarías, hemos tenido nuestras llamadas y signos a los que no hemos hecho caso. Quizás, hemos estado en algún cursillo o ejercicio espiritual y hemos mirado para otro lado. Quizás, no hemos abierto la puerta de nuestro corazón al Espíritu Santo y le hemos despedido. Posiblemente haya muchos quizás en nuestras vidas, pero, ¿estamos atento a la escucha de la Palabra de Dios?

Es posible que queramos situarnos en nuestra vida sin contar con Dios, pero, a pesar de que , en principio experimentemos que nos sale bien, al final el dolor y el sufrimiento llega. Y cuando llega necesitamos la presencia del Señor, porque sólo en Él encontraremos soluciones a nuestros problemas. Soluciones que no pasa porque todo se resuelva, pero sí por aceptar el dolor en paz y con esperanza.

No podemos vivir una vida desencarnada de la presencia de Dios. No podemos separar los momentos que estamos en el templo de los momentos que estamos en la familia, en la calle o con los amigos. Siempre está Dios con nosotros y su presencia nos da paz, esperanza y orientación por el camino que debemos recorrer. Sepamos que Dios nos escucha como a Zacarías y también nos responde aunque nosotros no le entendamos.

domingo, 24 de junio de 2018

EXTRAÑO NACIMIENTO

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Lc 1,57-66.80

El nacimiento de Juan el Bautista está lleno de misterio y de asombro. Para empezar conocemos que fue gestado de una madre estéril y ya mayor. Y, en contra de lo tradicional, su nombre no siguió la estela de sus antepasados y progenitores, pues no habiendo nadie en su familia llamado Juan, su nombre, inspirado por el Espíritu Santo, fue Juan. En el desenlace su padre Zacarías quedó mudo por dudar de las palabras del ángel y confirmado su nombre recuperó el habla. Todos quedaron admirados de lo que se decía y nosotros ahora, desde la distancia, también.

La fuerza y el secreto de Juan es reconocer y descubrir para lo que fue creado. Desde el principio supo cual era su misión, "en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel". Todo parece indicar que Juan sabía y conocía su misión hasta el punto que obedecía de forma firme y decidida. Daba testimonio de su palabra llamando a la conversión y a la prepararse para Aquel que había que venir.

Preparaba el camino del Señor y lo hacía con gran humildad dejando muy claro que delante de él venía el Mesías esperado y que él no lo era. E incluso se enfrentaba al poder al que denunciaba su faltas  pecados. Juan fue llamado el precursor y hizo honor a su nombre, pues allanó y preparó el camino para la venida de Jesús, el Mesías y Señor.

También nosotros tenemos que ver con eso, porque, en nuestro bautismo somos elegidos y configurados por el Espíritu como sacerdotes, profetas y reyes, y enviados a proclamar el reino de Dios con nuestra vida y palabra. Tratemos, confiados e injertados en el Espíritu Santo, se consecuente como Juan en nuestra particular misión de vivir y dar testimonio de nuestra fe.

martes, 19 de diciembre de 2017

LOS PLANES DE DIOS

Lc 1,5-25
El problema empieza cuando queremos interpretar y razonar con nuestro intelecto los planes de Dios. Nos olvidamos que somos criaturas creadas por él y sujetas a las leyes naturales que Dios mismo ha puesto para regular el universo. Y, claro, no llegamos a comprender lo de Zacarías o lo de María, nuestra Madre. Perdemos de nuestra perspectiva que para Dios no hay nada imposible.

María, nuestra Madre, nos lo recuerda con su actuar y su ejemplo. Ella no entiende muchas cosas, ni sabe como puede realizarse su maternidad divina, y lo expresa, pero, ante el anuncio del Ángel Gabriel, se confía plenamente a la Voluntad de Dios. Por el contrario, Zacarías duda y pide alguna prueba que le asegure eso que el Ángel Gabriel le anuncia.

Hay gran diferencia entre María y Zacarías, y esa diferencia determina y causa el silencio de Zacarías al quedarse mudo por un tiempo como castigo por su desconfianza. Ahora, nos preguntamos: ¿En qué situación nos encontramos nosotros? ¿En la de María o en la de Zacarías? Porque, María se fía del Señor al anunciarle el Ángel Gabriel la Voluntad de Dios, y Zacarías exige alguna prueba que le saque de la duda. 

Y podemos interpelarnos: ¿Exigimos también nosotros pruebas de tu Persona y de tu Resurrección, Señor? Y, advertimos que eso encaja y se relaciona con nuestra toma de conciencia al experimentar tu presencia y al exigirnos estar atentos y vigilantes a la escucha de tu Palabra. Porque nuestra humanidad es limitada y propensa al pecado. Nuestros proyectos humanos están sujetos a las leyes naturales y nos resulta imposible saltarlas. Las dudas nos asaltan y necesitamos perseverar, Señor, para unidos a Ti poder superar todas esas contradicciones humanas que nos hacen dudar de tu Palabra.

Por eso, Señor, conscientes de que mis planes no son tus planes, quiero cerrar los ojos y dejarme llevar por la acción del Espíritu Santo convencido de que lo que Tú propones es lo mejor para cada uno de nosotros. Porque con tu Amor nos lo has demostrado.

sábado, 24 de diciembre de 2016

PROFECÍA DE ZACARÍAS

(Lc 1,67-79)
El Espíritu Santo entra en Zacarías y abre su boca. No se puede deducir otra cosa, porque Zacarías profetiza lo que va a suceder en breves momentos: "El nacimiento del Niño Dios, y la Misión encomendada a su propio hijo".

Zacarías describe con una claridad meridiana y una prosa mesiánica, en el "Benedictus" (Lc 1, 68-79), la misión de su hijo Juan, llamado posteriormente el Precursor y Bautista. Descubre y profetiza que será llamado profeta del Altísimo, porque irá delante de Él a preparar su camino. También anuncia esa asumida visita del Señor, que por la Misericordia de Dio nos redime, ilumina y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Un episodio más de las señales con las que Dios planifica su Plan de salvación, y nos lo revela de forma milagrosa. Todo está enlazado, previsto y elaborado por la Misericordia Divina que nos anuncia su encarnación. Una encarnación que, aunque ya sucedió en el tiempo previsto, hoy, mañana y siempre tiene lugar en y cada corazón que se abre a su Gracia.

Porque Jesús nace cada día cuando, llenos de su Gracia, tratamos de amar y de servir a los demás. Porque, Jesús nace dentro de cada hombre cuando éste, como su Madre María, proclama su grandeza y ése "hágase su Voluntad". Porque cada corazón dispuesto a vivir en la verdad y la justicia se hace pesebre humilde y pequeño, pero fuente de Gracia y de Amor capaz de mover montañas por el Poder y la Misericordia de Dios.

VIVAMOS ESOS MOMENTOS DE CELEBRACIÓN
CON LA ESPERANZA DE VOLVER A NACER
EN EL AMOR DEL NIÑO DIOS.

FELIZ NAVIDAD.

jueves, 24 de diciembre de 2015

EL CANTO DE ZACARÍAS

(Lc 1,67-79)


Es otra de las profecías que nos descubren la autenticidad de la existencia y divinidad de Jesús. El canto de Zacarías no puede ser nunca obra de su pensamiento. Había incluso llegado a dudar de lo que el Ángel le decía, y no se entiende, por pura lógica, que pueda expresar con tanta clarividencia lo que dice en su canto.

Es evidente que Zacarías está iluminado por el Espíritu Santo, porque lo que dice es lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir. Su videncia se pone de manifiesto por la acción del Espíritu de Dios. Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno del Espíritu Santo, y profetizó diciendo: 

«Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

Zacarías va proclamando lo que está sucediendo. Dios nos ha visitado en su Hijo Jesús para salvarnos, porque esa era su Palabra desde tiempos antiguos. Todo había sido profetizado, y todo se había cumplido recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham. Incluso ve la misión de Juan, su hijo, y la proclama con una exactitud asombrosa. Zacarías está hablando por la acción del Espíritu Santo, no deja lugar a duda, y eso también nos revela a nosotros la verdadera existencia y presencia de Dios.

Tú, Señor, proclamado y anunciado por Juan Bautista, eres la Luz que nos puede iluminar, porque vivimos en tinieblas y sombras de muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la verdadera paz.

sábado, 19 de diciembre de 2015

¿QUÉ FUERZA TIENE TU FE?

(Lc 1,5-25)

En muchas ocasiones decimos que tenemos fe, pero lo decimos de forma ligera y superficial sin medir bien las palabras. Porque la fe supone un compromiso, y el compromiso unas exigencias que se experimentan y concretan en tu propia vida. De tal forma que, si la vida no altera y modifica tu obrar y caminar según la Palabra de Dios, en la que dices creer, tu fe está apoyada en arenas movedizas.

¿Y cómo la modifica? Una fe sin obras es una fe muerta. La fe produce obras, obras de misericordia, que nos viene muy bien recordar este año que celebramos el jubileo de la Misericordia, proclamado por el Papa Francisco. Obras de misericordia corporales que inciden en nuestra vida, como: 1ª dar de comer al hambriento; 2ª da de beber al sediento; 3ª alojar al que no tiene casa y al peregrino; 4ª vestir al desnudo; 5ª visitar a los enfermos; 6ªvisitar a las personas y redimir al cautivo y 7ª enterrar a los muertos. La fe está viva cuando se esfuerza en llevar estas actitudes y servicios para con los que lo necesitan.

Pero también hay otras siete espirituales, que inciden en nuestra propia vida espiritual, tales como: 1ª enseñar al que no sabe; 2ªdar buen consejo al que lo necesita; 3ª corregir al que se equivoca; 4ª perdonar las injurias; 5ª consolar al triste; 6ª sufrir con paciencia los defectos de los demás, y 7ª rezar por los vivos y muertos. Una fe verdadera desemboca en esta realidad misericordiosa.

En el Evangelio de hoy, Zacarías, nos descubre su débil fe. Pide pruebas de lo que el Ángel Gabriel, enviado por Dios, le anuncia. Y eso supone dudas y desconfianza. ¿No nos ocurre a nosotros lo mismo? Ahora mismo en estas elecciones generales, quizás, modifiquemos nuestro voto católico por el mal llamado voto útil justificándolo para evitar males mayores. ¿Es qué la vida se puede negociar? No sé si ha sido una casualidad que este Evangelio coincida con el día de reflexión previo a las elecciones, porque nos viene muy bien que, serenos y tranquilos, pensemos cuál es nuestra actitud ante la elección de dar nuestro voto.

Dios nos ve, y el Espíritu Santo nos asiste y acompaña. Nuestra coherencia de fe exige fidelidad y confianza en el Señor. Lo que ocurra será responsabilidad de los hombres, y eso no nos exime de la nuestra. Dios que nos ve responderá a nuestra fe dándonos su protección, y eso será siempre lo mejor para cada uno de nosotros. La acción de Zacarías nos debe ayudar y valer para corregirnos y, guiados por la acción del Espíritu Santo, actuar según la Palabra de Dios.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

CUANDO SE HACE LA LUZ

Lc 1, 67-79

Cuando el horizonte es oscuridad todo se ve negro y de todo se duda. Hasta las fuerzas nos fallan y el mundo, nuestro mundo, se tambalea. Todo huele a perdición y tristeza. Y la tentación se hace fuerte porque presiente que puede ganar la batalla. Supongo que Zacarías pudo pasar por ahí.

Y creo que también muchos, que luego han encontrado al Señor. Pienso que esa fue la experiencia de Zacarías cuando, aceptando la Voluntad del Señor, aceptó poner a su hijo de nombre Juan. Su lengua quedó desatada y empezó a hablar. Y lo primero que hizo fue dar gracias y bendecir al Señor. Y eso es lo que nos sucede a todo, que cuando vivimos en la luz se enciende nuestra esperanza y las cosas se ven de otra forma, con otros colores y bajo el telón del Amor.

Zacarías, lleno del Espíritu Santo, profetiza todo lo que está sucediendo y la llegada inminente del Señor que viene a salvarnos según está profetizado. Y la preparación de los caminos del Señor por su hijo Juan. Todo esto, como es lógico, treinta años aproximadamente antes de que Jesús sea bautizado en el Jordán por Juan el Bautista.

¿No nos parece esto una prueba más, de las muchas que encontramos en el Antiguo Testamento, de la Divinidad real de Jesús? ¿No les parece esto un testimonio de la autenticidad de que Jesús es el Hijo de Dios Verdadero?

Como a Zacarías, pidamos al Señor que nos haga ver la luz en su Nacimiento y nos aumente la fe y la esperanza para seguir sin titubeos sus pasos. Amén.


FELIZ NAVIDAD



viernes, 19 de diciembre de 2014

DE LAS COSAS PEQUEÑAS, DIOS DESCUBRE SU DIVINIDAD

(Lc 1,5-25)

Podía haber escogido a gente importante de la época; podía haberse rodeados de influyentes y ricos personajes para ser más creído; podría haber elegido unas circunstancias más destacadas y de mayor relieve para que se notara su venida. ¡Pero no, cogió lo pequeño e inútil!, y lo que necesita una mirada sobrenatural para poder creerlo.

Y es que Dios se vale de las cosas imposibles para hacerlas posibles. Así de una mujer estéril, y de edad avanzada, todos los condicionantes en contra, Dios hace el milagro de que quede encinta y dé a luz a Juan el Bautista. Dios tomando lo imposible descubre, demuestra y prueba su Divinidad, y nos revela el envío de su Hijo Jesús, a quien le va a preparar el camino Juan el Bautista.

Sin embargo, nos cuesta creerlo. Pedimos milagros para creer, y mostrándonos el milagro no creemos. ¿En qué quedamos? Posiblemente ocurriría lo mismo si viniese algún resucitado a testimoniar su resurrección. Tampoco movería nuestra fe. Fue lo que ocurrió con Zacarías, el padre de Juan. Tuvo sus dudas y pidió pruebas. Por su desconfianza quedó mudo hasta el momento del parto.

Supongo que también nos ocurre eso a nosotros, dudamos del poder de Dios, pero más de que Dios nos escuche y corresponda a nuestras peticiones. Sabemos de personas enfermas por las que pedimos, y, cómo no sucede nada pensamos que Dios no nos oye, ni nos escucha, ni nos hace caso. Mejor pensar que, si no ocurre nada, es porque Dios así piensa que nos conviene y es mejor, o porque no lo pedimos con la fe suficiente sabiendo que Dios lo puede hacer si esa es su Voluntad.

Pidamos al Señor que nos aumente nuestra fe, y que seamos pacientes y confiados en esperar recibir lo bueno y lo que nos conviene. Y eso siempre será la salvación de nuestras almas.


martes, 24 de diciembre de 2013

CANTO DE ZACARÍAS

(Lc 1,67-79)


Nos cuestas ver las cosas, y también comprenderla. Supongo que eso es la consecuencia de nuestra condición humana y pecadora. Somos más propensos a las cosas materiales, a los apegos y a los sentimientos que desprende nuestra naturaleza humana. Es natural, somos hombres enfermos y necesitamos del médico. Pero no de un médico cualquiera que cure nuestras dolencias físicas o materiales, sino de un Médico que nos salve y nos libere de esa esclavitud.

¡Cuántas veces vemos oscuras las cosas, negativas, de manera pesimista! Si tuviésemos la visión sobrenatural de los hechos que muestra Zacarías en el Canto del Benedictus, viviríamos con alegría y esperanza de una manera estable. Esa es la Navidad, o al menos por donde la debemos ver. Es el canto de esperanza a sentirnos liberados y no necesitados de lo que ahora, mientras andamos peregrino por este mundo, tendremos necesidad.

Desde este pensamiento entendemos la alegría de Zacarías, y también nuestra propia alegría. Es noche de esperanza, de alegría de cánticos y fiesta porque ha nacido el Redentor, el Salvador del mundo que nos librará de nuestras ataduras y nos dará la vida gozosa y eterna junto al Padre Dios.