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martes, 29 de diciembre de 2020

QUIZÁS TÚ NO LO VEAS, PERO, ESTÁ A TU LADO

Lc 2,22-35

Puede ocurrir, y de hecho ocurre, que tratas de encontrar al Señor con resultado negativo. Recuerdo ahora que un amigo me dijo que estaba buscando una respuesta un dios y que había mirado en varias religiones. Se equivocan de dioses, porque, el verdadero Dios te busca Él, no tú.  Nuestro Dios nos ha creado y no nos abandona nunca. Está siempre pendiente y abierto a nuestro regreso, si nos hemos ido. Por lo tanto, sólo tienes que dejarte encontrar por Él.

Y eso es lo que sucede cada día. No nos damos cuenta, pero, está a tu lado y en todas tus actuaciones animándote a amar, a hacer el bien y a darte gratuitamente en ayudar a los más desfavorecidos. Cualquier cosa que hagas, por pequeña que sea, en favor del necesitado, se lo estás haciendo al mismo Señor. Posiblemente no te des cuenta, pero esos impulsos de amor te los pone Él en tu corazón.

Y tú respondes, porque sientes que es eso lo que deseas, amar. Porque, el amor es ese compromiso de buscar el bien, la verdad y la justicia. Y cuando, tus pasiones descontroladas te impulsan a hacer el mal, a pasar con indiferencia ante estas necesidades y a buscarte a ti mismo, no te sientes bien en lo más profundo de tu alma. Entonces, si te paras, si buscas dentro de ti, encuentra lo que, quizás sin saberlo, buscabas.

Eso fue lo que le sucedió al anciano Simeón. Movido por el Espíritu Santo fue al templo y se ocurrió lo que tanto esperaba: y cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». 

Quizás tú no lo veas, pero, está a tu lado.

miércoles, 17 de junio de 2020

DIOS ESTÁ ESCONDIDO EN TU SER Y OBRAR

Cruz Catóilca — #EvangelioDelDía Evangelio según San Mateo...
Mt 6,1-6.16-18
No tienes por qué preocuparte, Dios lo ve todo y está en todas partes, incluso a donde nadie puede llegar ni verte. Por eso, actúa siempre como si tus obras fuesen vistas por muchos, porque, tu público es Dios. Él siempre está en ti, se esconde en ti y presencia todos los actos de tu vida, incluso hasta cuando duermes. ¿No es hermoso descubrir que Dios, tu Padre Bueno, está siempre en tu presencia y mirando tu actuar en cada instante?

Y así, tu actuar debe ser siempre realizado con la mejor intención sin buscar halagos, ni lucimientos ni méritos ante los otros, sino, humildemente, consciente de la presencia de Dios y oculto ante su mirada. ¿Dónde y cuándo nos da Jesús testimonio y ejemplo de su actuar escondido en su Padre Dios? ¿Acaso olvidas sus aproximadamente treinta años de su vida oculta en Nazaret? Esos años en los que Jesús vive de manera oculta, desapercibido y sin llamar la atención de nadie. Esos años en los que sabe que su Padre del Cielo está mirándole y acompañándole.

También nosotros debemos ser conscientes de esa presencia de Dios en nuestra vida. Nuestro actuar siempre es mirado por nuestro Padre Dios, y, consciente de ello, debemos actuar como si en público se tratara, porque, Dios es nuestro público. Por ello, no debemos preocuparnos de que nuestros buenos actos sean conocidos o no por el público en general o por los que nos rodean. Sólo Dios nos basta y Él lo ve todo hasta, incluso haciendo lo que no queremos, leer en lo más profundo de nuestro corazón.

Por eso, busquemos siempre el actuar como si delante del gran público estuviésemos, porque, lo único y verdaderamente importante es saber que estamos en la presencia de nuestro Padre Dios y, Él, que nos ve y nos mira, sabrá la verdadera intención de nuestro corazón. Y, nadie como Él, sabrá valorar todas nuestras obras por muy pequeñas e insignificantes que sean. Porque sabe, mejor que nadie, la verdadera medida de amor con las que las hacemos.

lunes, 23 de diciembre de 2019

SIGNOS Y SEÑALES DE DIOS

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Lc 1,57-66
Posiblemente no te hayas dado cuenta, o, quizás no estés atento a lo que sucede en tu vida. Muchas de las cosas que suceden las atribuye a la buena o mala suerte, y no percibes que quien te ha creado también está pendiente de ti. Ten en cuenta que tienes libertad para hacer lo que te conviene o para hacer lo que tú crees que es lo mejor, pero, entérate que siempre tendrás equivocaciones y errores que pueden hacer que tu vida peligre y se pierda.

Las cosas no suceden porque sí, sino porque tú permites que sucedan algunas y otras, quizás, no puedas evitar. Pero, tanto en unas como en otras Dios está presente. Las que tú eliges, Dios te las respeta, pero las que suceden y tú no puedes evitar, Dios las utiliza para que tú le saques también provecho y puedas aprender y darte cuenta de lo verdaderamente importante en la vida. 

Por ejemplo, lo de Zacarías, que dudó de la intervención de Dios en la concepción de su mujer Isabel, pues era estéril y mayor, Dios le dejó en silencio un tiempo - sin poder hablar - para que Zacarías se diese cuenta de que para Dios no hay nada imposible. Y Zacarías respondió dándose cuente y aprendiendo la lección. Así también suceden muchas cosas en nuestras vidas y debemos estar atentos a descubrirla y a ver que Dios actúa cuando le abrimos nuestros corazones.

Muchas cosas de mi vida esta la impronta del Señor y muchas veces me pregunto que sigo vivo porque Dios ha querido sostenerme con vida. Pero, no sólo eso, sino también en otros aspectos que he podido superar y hacerlo con esperanza porque Dios me ha fortalecido y me ha sostenido. Porque, como Zacarías, tú y yo y todos le importamos mucho a Dios nuestro Padre. Ya lo dijo cuando señaló a Juan como el más grande - Mt 11, 2-11 - nacido de mujer, añadiendo inmediatamente que el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

lunes, 1 de agosto de 2016

¿PARA QUÉ SE QUEDÓ DIOS CON NOSOTROS?


(Mt 14,13-21)

No debemos dejar a Dios al margen de las dificultades de nuestra vida. No es que el Señor nos vaya a solucionar nuestros problemas y asuntos. Nos ha dada una cabeza, inteligencia y voluntad para que con nuestro esfuerzo podamos dar solución a muchos de nuestros problemas. Pero, hay situaciones que se nos escapan a nuestras posibilidades y sabemos que Dios está presente siempre en nuestra vida.

Es lógico y de sentido común que Dios no se haya quedado de vacaciones ni por gusto con cada uno de nosotros. Es de sentido común pensar que Dios no está cruzado de brazo. Nuestro sentido común nos dice que Dios actúa cuando nuestras posibilidades quedan agotadas y sin capacidad de reacción. Es la lección que hoy deducimos y desprendemos del Evangelio de hoy: Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida». Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer». Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». Él dijo: «Traédmelos acá». 

Posiblemente a nosotros se nos presentan situaciones como está. No sabemos qué hacer ni cómo actuar. Ni tampoco tenemos medios ni capacidad de buscarlo o producirlos. Entonces, ¿qué hacer? Qué cada uno se busque su camino es lo primero que se nos viene a la cabeza y sale por nuestra boca. Igual pensaron los apóstoles. Pero Jesús no coincidió ni con los apóstoles ni con nosotros ahora. Jesús dio solución al problema.

Es verdad que Jesús tiene poder para eso, pero también es verdad que Jesús está a nuestro lado para ayudarnos a solucionar los problemas que tengamos en estos momentos. No hay duda que hay muchos, y que no son todos nuestros. Quizás muchos no nos toquen a nosotros solucionarlos, pero posiblemente haya algunos que nos correspondan hacerlos. Y serán esos los que tengamos que esforzarnos en solucionar.

Nuestra labor, y para la que pedimos luz, es descubrir cuál es la Voluntad de Dios en nuestras vidas y encontrar, en Él, solución a esas dificultades que en ella se nos presenta.