domingo, 9 de noviembre de 2014

TEMPLOS DEL ESPÍRITU SANTO

(Jn 2,13-22)
 
Hay cosas importantes, muy importantes que nos pasan desapercibidas, o al menos no advertimos mucho su importancia. Es posible que no hayamos tomado conciencia de lo que eso significa, o que, por ignorancia, experiencia ignoramos lo verdaderamente importante.

Somos templos del Espíritu Santo y nadie puede destruírnos y menos profanarnos. Sin embargo, ignorando esta realidad cometemos el pecado de profanarlo nosotros mismos cuando nos alejamos de la voluntad de Dios y vivimos en el pecado del mundo. Jesús nos descubre la importancia de la Casa de oración y expulsa a todos aquellos que le habían dado otro fin.

Preguntado Jesús por su forma de actuar, respondió: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré». Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.

Jesús tiene Palabra de Vida Eterna y todo lo que ha dicho y prometido se ha cumplido, y se cumplirá lo que queda por venir. Él ha Resucitado, y también nosotros, como templos del Espíritu Santo, resucitaremos si perseveramos y permanecemos en Él. Y a eso estamos llamados, a la santidad, a defender nuestro propio templo, imagen de Dios, hasta llegar santificados por su Gracia y Misericordia, a su presencia.

Danos Señor la Gracia de conservarnos santos y de levantarnos de nuestras caídas por el pecado en la esperanza de que somos templos del Espíritu Santo, y en Él seremos salvos y bendecidos.

sábado, 8 de noviembre de 2014

LA VERDAD EN TODAS LAS COSAS AUNQUE SEAN PEQUEÑAS

(Lc 16,9-15)


Nuestro camino transcurrirá por los intereses que habiten y vivan dentro de nuestros corazones. Si es el dinero lo que da vida a los latidos de nuestro corazón, nuestros pasos irán detrás de él, y nuestra vida vivirá para servirle. Entonces todos nuestros afanes serán tener dinero.

Porque pensamos que el dinero nos abre todas las puertas y nos hace poderoso y ricos. Se nos hará difícil poner nuestra atención en otras cosas, o escuchar a otros. Empeñaremos nuestra vida sólo para ganar dinero y ser poderoso. Sin embargo, más importante que el dinero son nuestras relaciones con las personas.

No es el dinero lo más importante y poderoso, sino el amor. Y si tu dinero lo utilizas para hacer el bien y ayudar a aquellos que lo necesitan para vivir dignamente, estarás, no sólo consiguiendo buenos amigos, sino también abriéndote las puertas de la morada eterna, por el amor. derramado en los demás y, sobre todo, por la Misericordia de Dios que ve tus buenas acciones.

Pidamos al Espíritu de Dios que nos dé la sabiduría para discernir el valor de las cosas, y sepamos elegir el único dueño y Señor a quién servir. Amén.

viernes, 7 de noviembre de 2014

¿CÓMO DESPERTAR CONCIENCIA DE LA VIDA ETERNA?

(Lc 16,1-8)
 
Hay una cosa clara, el hombre busca vivir bien pero le gustaría que fuese siempre. Eso nadie lo discute, y quién lo pueda hacer está tocado, porque todos queremos la eternidad y gozosamente. Ahora, la cuestión sería descubrir de qué manera podemos abrir los ojos a quienes lo tienen deslumbrados con los tesoros de este mundo, tesoros caducos y falsos, porque al final nos llevan a la perdición.

Y es esa la actitud que el Señor nos quiere despertar en nosotros. Aquellos que están ciegos porque no ven la verdad o están sometidos por el mal, se desviven por encontrar caminos y formas para delinquir y engañar y buscar riquezas para gozar de esta vida. Sin advertir que están buscando su propia perdición. ¿Qué hacemos los que creemos que vemos por dar luz a esas situaciones que nos rodean?

Por eso, Jesús felicita a ese administrador injusto. No por su mal proceder, sino por esa astucia con la que intento solucionar su problema y buscar caminos para resolverlo. Y nos interpela sobre lo que hacemos nosotros para desmentirles lo que hacen y alumbrarle la verdadera solución. Mira, la vida buena, la gozosa, la que buscamos todos, no está en las cosas, riquezas, bienes, placeres de este mundo, sino que se halla en el Amor de Dios y el amor al prójimo.

No será gustoso al principio. Quizás tenga un sabor amargo, pero detrás viene ese gusto maravilloso a miel celestial que endulza nuestra vida para siempre y le da verdadero sentido de paz y amor. Y eso sólo se sabe experimentándolo y conociéndolo. 

Ten paciencia y confianza, porque por las cosas del mundo sabes ya que no llegará nada, sino lo que ves, y detrás la muerte para siempre. Pidamos al Señor que nos alumbre y nos de la fe para encontrar el camino de la Luz.

jueves, 6 de noviembre de 2014

LA OVEJA DESCARRIADA NECESITA MÁS ATENCIÓN

Lc 15, 1-10


Es lógico que cuando se ha perdido algo, se busque. Más todavía cuando lo perdido es de gran valor. La parábola de la oveja o la moneda perdida, son parábolas que dejan muy claro lo que Jesús quiere decirnos y enseñarnos. Siempre habrá alegría y fiesta por aquello que estaba perdido y se ha encontrado, que por lo que permanece bien guardado.

No se trata de que uno tenga más valor o importancia que otro, sino que uno está más necesitado que otro y necesita atención y búsqueda. Son los pecadores los que necesitan más atención, porque están alejados, porque están más en peligro, porque sólo en búsqueda y próximos a ellos pueden ser encontrados.

Por eso se equivocan los que murmuran porque Jesús come y se acerca a los pecadores. Ha venido para dar salvación, y puestas y resguardadas en el redil las noventa y nueve, sale  a buscar a la perdida y en peligro. Así quiere y lo hace también la Iglesia. El Papa Francisco nos invita a salir a las periferias, porque son en esos lugares donde se encuentran muchas ovejas perdidas y en peligro.

Danos, Señor, la voluntad de descubrir donde se encuentran muchas ovejas perdidas y que esperan nuestra palabra de aliento y nuestra acción salvadora. Pero danos también la sabiduría de saber cómo poder ayudarles, encontrarles y llevarlos a lugar seguro donde puedan encontrar la salvación. Amén.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

NO HAY DOS PRIMEROS

(Lc 14,25-33)

No sigues varios caminos, ni por varios caminos se llega al mismo lugar. Eso es posible en la realidad geográfica de este mundo, pero no es válido para seguir a Jesús. Sólo hay un camino que conduce a la Verdad y que nos lleva a Jesús. Y ese camino está por encima de todos los demás.

Incluso de padres y madres, de mujer e hijos... Hasta de su propia vida. Seguir a Jesús no tiene matices ni doble significado. Seguir a Jesús es Jesús por encima de todo, hasta de la propia vida. Y este compromiso exige una reflexión serena, meditada y seria, pero no exenta de luz. Tenemos al Espíritu Santo que nos ayuda e ilumina para ver claro y abrir los ojos.

¿Qué realmente queremos y buscamos en esta vida? ¿No queremos vivir para siempre? ¿Y no queremos hacerlo gozosamente y plenamente feliz? ¿Dónde entonces lo buscamos? ¿El mundo, este mundo, nos lo ofrece? Luego, si experimentamos a lo largo de nuestra vida que aquí no lo vamos a encontrar, ¿por qué no buscamos en otro lugar?

¿Conocemos a Jesús? ¿Sabemos lo que Él nos propone y cómo? ¿Puedes demostrar que no ha resucitado? Luego, ¿por qué no indagas y buscas? Las respuestas que buscan y deseas están en Él. Esa, al menos es mi experiencia y la de muchos que se esfuerzan en seguirle. Siéntate, piensa, medita y haz tus cuentas, porque con las de este mundo no te sale y no terminarás de construir la casa que quieres, y al final perderás todo y harás en ridículo más espantoso.

La vida se gasta pronto, y si abrimos los ojos podemos advertir que la estamos gastando inútilmente, porque con todo el gozo que hemos logrado no seremos capaces de ser felices plenamente. Y de eso se trata, de ser feliz para toda la vida. ¿No lo crees así?

Y mi experiencia es que existe esa promesa y ese lugar. Y esa Persona que nos guía y nos promete llevarnos, porque, Él, ha dicho de sí mismo que es el Camino, la Verdad y la Vida. Y yo lo creo firmemente.

martes, 4 de noviembre de 2014

LA INVITACIÓN ESTÁ ECHADA

(Lc 14,15-24)

No basta con sólo recibir la invitación, que está echada, sino lo más y verdaderamente importante es aceptarla. Sin embargo, se presentan muchas dificultades porque no descubrimos la importancia de esa invitación. Somos capaces de rechazarla por una boda, por un campo o por probar cinco yuntas bueyes...

Hoy quizás los motivos serán otros: un partido de fútbol, un negocio, una cita amorosa, un museo, un coche...etc. Lo verdaderamente cierto es que le damos calabaza al Señor porque buscamos nuestra felicidad en otros lugares. Porque ese es el verdadero motivo. Pensamos que el partido de fútbol, el negocio, el sexo, el arte, coches u otras cosas nos pueden dar la felicidad y, a pesar de nuestra experiencia negativa respecto a que no la conseguimos en esas cosas, seguimos insistiendo como burros.

Eso deja al descubierto nuestra esclavitud y sometimiento al demonio, porque no se entiende de otra forma nuestro empecinamiento, ceguera y necedad al despreciar nuestro mayor Tesoro, la felicidad eterna que nos promete Jesús invitándonos a su Banquete. Por eso, son aquellos, los que no tienen nada, y poco a que apegarse, los que aceptan la invitación y acuden al Banquete. 

Despertemos a la invitación al único y verdadero Banquete que es el gozo y la felicidad eterna que Jesús, por envío del Padre, nos hace a cada uno de nosotros. No nos dejemos embaucar por espejismos hermosos que esconden la verdad y nos tienden la trampa para que desoigamos la llamada amorosa y de salvación de nuestro Padre Dios.

lunes, 3 de noviembre de 2014

NO ESPERES RECOMPENSA

(Lc 14,12-14)

Si haces las cosas mirando a una recompensa, pierdes el tiempo, porque tu recompensa estará pagada en el momento que recibas favores, compensaciones u otros pagos. Nuestra recompensa es el Amor de Dios que nos llena de gozo y alegría. Y nuestra entrega es incondicional sin esperar nada a cambio.

Por eso nuestra labor, a pesar de ser ingrata, sin resultados o reconocimientos, no nos desmoraliza porque el creyente en Jesús se siente ya recompensando en su presencia y promesa de gozar de su Amor eternamente. La Gloria de la cosecha pertenece a Dios, porque Él es quien, por su Gracia, realiza el cultivo y abono de la tierra para que dé frutos.

Todo es por y para su Gloria, y a nosotros sólo nos cabe el esfuerzo de darnos incondicionalmente sin esperar nada a cambio. Simplemente la presencia del Señor no llena y nos alegra en gozo y paz. Por eso, huye de quien pueda pagarte y hasta comprometer tu servicio, porque de devolvértelo te chafará tu recompensa. Tú ofrécete gratuitamente a quien no pueda devolverte el servicio.

Porque de esa manera recibirás la recompensa que el Señor te tiene guardada en el Cielo. Amén.