martes, 25 de agosto de 2020

EL FUNDAMENTO: LIMPIEZA DE CORAZÓN

MATEO 23, 23-26 | Mateo 23, Evangelio de hoy, Evangelio
Mt 23,23-26
Nuestro mundo da más importancia a lo exterior, es decir, a la apariencia delante de los demás que a lo interior, es decir a lo que no se ve y se vive en la intimidad. Parece, al menos así se transmite, que lo que verdaderamente importa es lo que se y parece, sin importarnos lo real, que es lo que verdaderamente debe importar.

Y no es así. Todos nos damos cuenta enseguida de que lo importante es lo que ocurre en la realidad, no en las apariencias. La verdad, la sinceridad y el mostrarse con limpieza y honradez, transparentando lo que realmente guardas en tu corazón es el valor fundamental y real de la vida de cualquier persona. Todos huimos de la mentira y, aunque estamos tentados e inclinados a mentir, sabemos y comprendemos que está mal. 

Sabemos que aparentar es mentir y engañar a los demás y eso, delante de Dios, es un grave pecado. Porque, es una forma de vivir la mentira que tu corazón esconde y lo contrario a lo que dices y aparentas ser. Sin embargo, incluso no queriendo, caemos. Pero, la esperanza de, por la Misericordia de Dios, tener la oportunidad de levantarnos y reconciliarnos por el Sacramento de la Penitencia con nuestro Padre Dios, es la puerta que Jesús, nuestro Señor, nos ha dejado para, limpios, continuar la marcha.

Lo verdaderamente grave es cuando conscientes de nuestras mentiras, engañamos y aparentamos, resistiéndonos en dejarlas vivir en nuestro corazón y nos instalamos en esa vida de engaños y pecado.

lunes, 24 de agosto de 2020

¿PERCIBES TÚ, TU LLAMADA?

Evangelio del 24 de agosto: Juan 1, 45-51 | Juan 1, Evangelio ...

Es verdad que a mucha gente que has conocido se debe a que has sido presentado por otros amigos respectivos. Muchas de las personas que conoces has llegado a ellas a través de otros amigos. En el Evangelio de hoy, Felipe lleva a Natanael a la presencia de Jesús. Posiblemente, también nosotros hemos sido presentado a Jesús - bautizo - primera comunión - confirmación y otros -  y todo ha quedado en nada. Bien, porque no hemos querido; bien, porque hemos preferido las cosas de este mundo.

Quizás, por los motivos que sean no hemos querido guardar ni conservar la mirada de Jesús. No hemos dejado que traspase nuestro corazón y, pronto, hemos desviado esa mirada. Porque, la mirada de Jesús es la misma para todos, aunque, es posible que tenga matices diferentes. Un padre quiere a todos sus hijos por igual, pero, no a todos, queriéndolos profundamente, les da lo mismo. Cada cual tiene sus particularidades y sus cualidades. Todos no han recibido lo mismo - parábola de los talentos, Mt 25, 14-30 -. La mirada a Natanael, como a otros muchos, tiene sus características propias y sus llamadas personales. 

La mirada de Dios, a través de su Hijo, Jesús, tiene un denominador común: " Va llena de cariño, de ternura, de amor y misericordia. Nuestra insistencia, perseverancia y seguimiento serán determinantes para que, la mirada amorosa y misericordiosa de Jesús, sea profunda y nos inunde de su Gracia y su Amor.

Pero, también depende de nuestra libertad y voluntad, que Dios, nuestro Padre, ha dejado en nuestras manos para que seamos nosotros libremente los que decidamos dejar su mirada nos llegue al corazón.

domingo, 23 de agosto de 2020

JESÚS, EL HIJO DE DIOS

Del Santo Evangelio según San Mateo 16, 13-20. "Tú eres Pedro ...
Mt 16,13-20
Todos confesamos, al menos los creyentes, que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre. Pero, una cosa es confesarlo y otra muy distinta vivir eso que se confiesa. Ayer decíamos que cumpliéramos lo que dicen los escribas y fariseos, pero que no hiciéramos lo que ellos hacen. Es decir, tratar de cumplir lo que dicen, según la Palabra de Dios, pero no tomar sus ejemplos de lo que realmente viven y hacen en sus propias vidas.

La pregunta está en el alero y se nos plantea también ahora a nosotros: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Qué significa Jesús para mí? ¿Es alguien del que oigo hablar como manifiestan muchos?; ¿es un gran profeta y nada más?; ¿o, simplemente un buen hombre y hizo cosas buenas e importante? Pero, a pesar de todas esas cosas que oyes, ¿quién es Jesús personalmente para ti? ¿Te atreve a profundizar y a responder seriamente?

Cuando Jesús les hizo esa pregunta a los apóstoles, Pedro respondió : «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Es verdad que Pedro fue asistido y auxiliado por el Padre, sin el cual nada podemos entender y, menos, comprender. Pensemos que, unos días más tarde, Pedro niega por tres veces al Señor, a ese que hoy señala y afirma que es el Hijo de Dios. Eso descubre nuestras pobrezas y nuestra necedad y de que sólo, por la Gracia de Dios, podemos encontrar esa fe de creer en Jesús, el Hijo de Dios Vivo.

Sin embargo, no somos seres sometidos a unos instintos, pasiones o deseos. Es verdad que nuestro pecado nos inclina a esclavizarnos y someternos a ellos, pero, somos libre y podemos decir que no a lo que nos arrastra a decir que sí. Es decir, tenemos una voluntad y una razón para discernir lo bueno de lo malo, y la mentira y el engaño de la verdad y lo justo. Y esa voluntad y libertad podemos ponerla en manos del mal o entregarla al Espíritu Santo, recibido en nuestro bautismo, para que nos ayude, nos dé fortaleza y nos acompañe en la lucha de todos los días contra el pecado que el Maligno quiere que cometamos.

Lo verdaderamente importante es determinar si Jesús es Alguien que incide en mi vida y que influye en ella y que, a través de su Palabra y el ejemplo de su Vida, entregada por y para mi salvación, yo le sigo y me apoya en la Iglesia que Él ha dejado en manos de Pedro y el colegio apostólico.

sábado, 22 de agosto de 2020

PALABRA Y VIDA

Mateo 23, 1-12 | Mateo 23, Evangelio del dia, Fariseos
El mensaje llega cuando la palabra hablada se traduce en vida vivida. Y, sucede todo lo contrario, se dice una palabra que luego no tiene prolongación en la vida y con lo que realmente se vive. Y, Jesús, el Señor, advirtiendo esas actitudes en los escribas y fariseos de su tiempo, los descubre y los denuncia señalándolos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas».

Conviene mirar para adentro y reflexionar respecto a lo que sucede también ahora en nuestras parroquias, comunidades, grupos, movimientos u otras asociaciones laicas evangelizadoras.  Preguntarnos, ¿es nuestra actitud, tanto eclesiásticos como seglares, como la de aquellos escribas y fariseos del tiempo de Jesús? , se hace necesario y vital. Rezamos, hablamos, practicamos actos piadosos y ponemos pesadas cargas en la conciencia de los demás hasta doblarles sus espaldas, mientras nosotros nos quedamos al margen eludiendo todo compromiso y escondiéndonos de todo esfuerzo.

Decimos y hablamos según la Palabra de Dios, pero, luego, vivimos y hacemos según nos viene en gana y nos apetece. Actuamos según nuestros sentimientos y nuestras apetencias. Pero, ¿acaso el amor son sentimientos? El amor son actitudes capaces de ser amable, generoso, atento, escuchante, justo, sincero y auténtico; capaces de perdonar, soportar, incluso al enemigo, y de actuar con misericordia. 

Si es así como hablamos, y me pongo en primera persona, así debemos intentar de vivir y actuar. Porque, de hablarlo y vivir con otras actitudes es engañar y mentir. Pero, sobre todo, mentir a nuestro Padre Dios diciendo que le amamos y dándoles la espalda a nuestros hermanos. Si, por tanto, decimos amar a Dios, ese amor debe quedar reflejado en nuestro estilo de vida, que no puede ser otro sino el de estar abierto a todos los demás para amar tal y como nos ama el Señor.

viernes, 21 de agosto de 2020

AMAR AL PRÓJIMO ES AMAR A DIOS

MATEO 22, 34-40 | Dios, Citas inspiradoras de la biblia, Palabra ...
Mt 22,34-40
Al equiparar el segundo mandamiento al primero, Jesús nos está diciendo que quien ama al prójimo ama también a Dios. ¿Por qué?  Porque, su Padre Dios está en todos aquellos que sufren, que están enfermos y necesitados y que padecen y sufren tanto necesidades materiales como espirituales.

Sucede lo contrario cuando decimos que amamos a Dios, pero, eludimos nuestro compromiso con los demás, sobre todo con los más necesitados, viviendo de forma individual y con indiferencia a todas esas necesidades y sufrimientos, que, precisamente recaen en los más pobres. Luego, nuestra declaración de amor a Dios es falsa y se esconde bajo las apariencias de la mentira.

Jesús nos lo dice muy claro, ambos mandamientos, primero y segundo, van unidos y son inseparables. En ellos están contenidos toda la ley y los profetas. De modo que todo lo que se haga, si no es movido por el amor a Dios es vano. Hemos sido creados por Amor y para amar. Y solo el Amor misericordioso de Dios nos salva. Por tanto, cuando confesamos nuestro amor a Dios, también confesamos nuestro amor a todos los hombres y mujeres de este mundo sin diferencias de ningún color, raza o creencias.

Nuestro amor, semejante al Señor, se extiende a todos sin condiciones. Claro es que con nuestras solas fuerzas no podremos conseguir amar a nuestros enemigos. Necesitamos estar injertados en el Espíritu Santo y ponernos en sus Manos para, como Jesús, ser capaces de ofrecer nuestra vida por amor a los demás. Es esa la expresión y declaración más grande que podemos hacer de nuestro amor a nuestro Padre Dios.

jueves, 20 de agosto de 2020

ESTÁS INVITADO

EVANGELIO - SAN MATEO - 22,1-14 | Evangelio san mateo, Evangelio ...
Gracias, Señor, por tu invitación. En esta parábola que me dices hoy me manifiestas tu invitación al banquete de Vida Eterna que tienes preparado para mí, y, también para todos aquellos que me escuchen y acepten tu invitación. Y lo haces de una forma sencilla, coloquial e inteligible para cualquier persona. Todos pueden entenderla desde el más sabio al más ignorante.

¿Quién no entiende lo que significa y en qué consiste una invitación? ¿Y quién no sabe lo que es una fiesta y un banquete? Pues, esa es la invitación que Dios nos hace y, por supuesto, sería de mal gusto no aceptarla. Sin embargo, muchos deciden rechazarla anteponiendo sus proyectos, sus fiestas personales y sus intereses. Una contradicción humana que, cegados por los espejismos de este mundo, rechazan la plena felicidad de la Vida Eterna.

Claro está que cuando somos invitados a una fiesta, entendemos que debemos acudir bien presentables. Es obvio que no podemos presentarnos de cualquier forma. También, todos entendemos esto, sin embargo, cuando es Dios nuestro Padre quien nos invita, se está refiriendo al vestido de nuestra alma. Porque, no podemos acercarnos a nuestro Padre Dios de cualquier manera. Nuestro vestido debe ser un corazón arrepentido, disponible al arrepentimiento y a la limpieza de corazón. Es la Gracia que recibimos a la hora de nuestro bautismo.

Aquel que fue expulsado no se había revestido de esa Gracia y dolor de contrición que necesitamos para restablecer la amistad e invitación que nuestro Padre Dios nos hace para asistir y participar de su Banquete celestial.

miércoles, 19 de agosto de 2020

TODO ES MISERICORDIA

Pin de Rosario Viviente Puerto Rico en La Santa Madre Iglesia | No ...
Cuando las cosas las pasamos por nuestra razón, encontramos una correspondencia entre lo trabajado y el tiempo. O entre el rendimiento y el trabajo. El hombre establece una relación trabajo - tiempo como causa de su salario. De modo que, a más tiempo trabajado, corresponde más salario; a más rendimiento, más retribución. Sin embargo, los criterios de Dios son otros.

Dios no mira el tiempo ni tampoco el trabajo. Primero, porque, por mucho trabajo, el hombre no puede alcanzar lo necesario para, ni siquiera acercarse a satisfacer la deuda con su Padre Dios. Si así fuera, el hombre nunca alcanzaría merecer compartir la Gloria de Dios. Y, segundo, porque la Bondad de Padre Dios es tan grande e infinita que, sin merecer nada el hombre y la mujer, Dios les da paga de Gloria y Vida Eterna.

Jesús, el Señor, nos muestra en esta parábola la grandeza del Amor de su Padre y su Infinita Misericordia. El quiere nuestro bien y solo le importa nuestra fe, obediencia, que descubre y hace visible la fe, y la limpieza y buena intención de nuestro corazón. Nuestra salvación no va a depender de nuestro tiempo de relación con Dios, ni de nuestras oraciones y buenas obras, aunque estas son necesarias y descubren y muestran nuestra buena actitud y empeño por estar y seguir al Señor.

Simplemente, porque por mucho que hagamos n mereceremos nunca nada. Todo es Gracia y Misericordia de nuestro Padre Dios.