miércoles, 2 de febrero de 2011

SABIAN, POR EL ESPÍRITU, QUE ESE NIÑO ERA EL HIJO DE DIOS

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«Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él.

Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones». 

Hace tiempo me vino a mi corazón este pasaje del Evangelio como respuesta a un amigo, que todavía anda buscando, sobre la veracidad del Evangelio. Treinta y tres años antes un personaje común, ni era levita, ni escriba ni doctor de la ley, tan solo un hombre justo y piadoso que esperaba la consolación de Israel.

Realmente esto es un milagro que pasa desapercibido, pues profetizar con mucho tiempo de antelación el futuro de ese Niño DIOS y el padecimiento de su Madre es algo que se sale fuera de lo común. ¿Dónde hay un libro que prediga lo que va a pasar treinta y tres años antes? Y es que la Biblia está llena de profecías (Isaías y otros) cientos de años antes hasta que tienen su cumplimiento en la plenitud de los tiempos: JESÚS.

Cuando no buscamos la verdad sino mi verdad, la que a mí me gustaría encontrar, nuestros ojos y oídos se cierran a la Verdadera Verdad, porque no se trata de encontrar lo que tú esperas sino lo que DIOS quieres que encuentres. 

Simeón podía imaginar como iba a ser ese Niño, o esa Madre, o el escenario donde lo vería de forma muy distinta a cómo lo vio. Puedo suponer que nunca pensó encontrarlo de la forma que lo encontró, pero su búsqueda era verdadera, estaba puesta en las Manos de DIOS, y cuando eso ocurre nuestros ojos ven la Verdad por la Gracia de DIOS.

Lo mismo ocurrió con Ana, pobre viuda octogenaria que nadie advertía ni daba importancia. Un señor mayor, Simeón, sencillo de poca relevancia social, y una pobre viuda de ochenta y cuatro años fueron los elegidos para proclamar, después de los pastores en Belén, la venida de DIOS al mundo.

DIOS elige y se vale de la gente pobre, sencilla, de poca valía social, sin prestigio ni influencia, para proclamar la venida de su HIJO. De forma que los que crean lo hagan por propia fe y convencimiento desde lo más profundo de su corazón al sentirse necesitado de un PADRE Bueno que los salve, y no por el poder, prestigio e influencia de aquellos que se lo proclaman. Así no podrán pensar que creen por los méritos de los proclamadores ni engreírse de sus valías.

Haz, SEÑOR, que mi corazón
sea humilde, humilde para
esperarte, para necesitarte,
para sentirme liberado
por tu amor eternamente. Amén.

martes, 1 de febrero de 2011

LA FE MUEVE MONTAÑAS (Mc 5, 21-43)


Nos lo prometió JESÚS y si ÉL lo ha dicho eso es Palabra de vida eterna. Sin embargo, hoy quiero fijarme en el motivo del acercamiento a JESÚS. Es lo primero que me ha venido a la mente. Ambos, la mujer que padecía hemorragias como Jairo, jefe de la sinagoga, se acercan y buscan a JESÚS por intereses materiales, en este caso por el interés corporal, la salud. 

No buscan a JESÚS por otro motivo, por ser feliz y por la salvación eterna. Sólo lo buscan por salvar y sanar su actual enfermedad. No caemos en la cuenta que la enfermedad volverá otra vez y acabará,a cuando llegue su tiempo, con nuestro cuerpo. Y eso les habrá sucedido tanto a la hemorroisa como a Jairo en su hora.

Por lo tanto, descubro que de encontrarme con alguien que cure mi enfermedad debo pedirle si puede curarme para siempre, porque habrá una segunda y tercera y más enfermedades hasta que una acabe conmigo. No sabría decir cuantas veces he enfermado en esta vida, pero creo que muchas. La última, muy grave, fue una arritmia ventricular que me dejó unos veinte minutos muerto, y volví a la vida no se sabe por qué. Podría ser un milagro más de JESÚS.

Y sé que me llegará el día de la verdadera enfermedad que no me dejará volver más a este mundo. Por eso, desde ese día, ahora soy consciente, quiero pedirle que me cure para siempre y tenga vida eternamente. 

Ya no tengo miedo de la enfermedad, ni del momento de la partida, porque es ahí donde empieza la verdadera vida, la eterna en plenitud junto al SEÑOR dueño de la vida y la muerte. Ese es el principal y verdadero motivo por el que debemos buscar al SEÑOR. Le pedimos que nos cure la enfermedad de ahora, pero también, y más importante que nos salve del verdadero peligro de perdernos su presencia eternamente. 

Esa es la fe que nos debe mover y la que hará que seamos realmente curado del verdadero peligro, de alejarnos de JESÚS y someternos al poder del Príncipe de este mundo.

Aumenta mi fe, SEÑOR, hasta
el punto de no dudar de tu
poder para sanarme.

Pero, más SEÑOR, ilumina mi
mente, para que busque en
TI, no sólo la sanación del 
momento, sino la que
da la vida eterna junto
a TI. Amén.

lunes, 31 de enero de 2011

ESPÍRITU INMUNDO, SAL DE ESTE HOMBRE (Mc 5, 1- 20)


Buscamos solucionar los problemas donde no están, porque es en el hombre donde se encuentra el mal de este mundo. Nos puede parecer ridículo que una piara de cerdos, unos dos mil, se pierdan precipitados al mar por salvar y librar a un endemoniado del espíritu inmundo que lo atormenta. Pero detrás de ese ridículo se esconde los intereses materiales y nuestra jerarquía de valores.

Una vez más se antepone el materialismos egoísta a la vida humana. Hoy estamos precipitando a la muerte, no a dos mil cerdos, sino a millones de niños inocentes ante los intereses materialistas de muchos lobbies y de muchas madres y padres que prefieren y anteponen sus comodidades, sus intereses profesionales, sus ocupaciones y ocio a la vida de sus propios hijos. Esa es la cruda realidad que, como podemos observar, viene desde hace mucho tiempo, desde que el hombre es hombre libre y tiene capacidad para elegir el bien o el mal.

Nos desesperamos ante la perdida de nuestros bienes materiales, ante la quiebra del negocio, ante el fracaso de aquel proyecto, ante cualquier cosa nuestra que hayamos perdido, pero no nos importa nada, o muy poco, lo que está pasando ahora en Egipto, por ejemplo, o que muchos niños estén, cada día, siendo condenados a morir por sus propios padres. En nuestro corazón está primero "el yo" que "el tú", y eso lo defendemos hasta incluso llegar a matar al "tú".

JESÚS no nos enseña eso, al contrario, defiende siempre al hombre por encima de todo, incluso de las leyes y los poderosos que los oprimen. Es el hombre, la vida, lo primero que hay que salvar porque todo lo demás no tiene mayor importancia si se pierde lo único que se tiene, la vida y la salvación eterna.

Dame luz, SEÑOR, para darme
cuenta de lo verdaderamente
importante en mi vida.

De nada me vale ganar tesoros
y acumular riquezas en este
mundo, si pierdo lo 
verdaderamente importante:
la vida eterna en tu
presencia. Amén

domingo, 30 de enero de 2011

TODOS BUSCAMOS LA FELICIDAD (Mt 5, 1-12)

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, ...

Es evidente que todos buscamos ser felices, pero también es obvio que todos no la buscamos en el mismo lugar o de la misma forma. Y eso porque cada uno tiene un valor diferente de lo que representa la felicidad para él.

Para unos la felicidad la buscan en tener una familia bien fundamentada, otros en tener una salud de hierro y trabajo, otros en tener muchos amigos y tiempo de ocio para disfrutar y compartir sus aficiones y apetencias; otros la buscaran en el dinero, el poder, la riqueza, tener y comprar todo tipo de capricho que desee y, finalmente, otros pensarán y la buscarán en el prestigio y en subir lo más alto que puedan la valoración social. Cada uno se moverá en esa dirección movido por un mismo objetivo. "Ser feliz".

Sin embargo, JESÚS no nos habla en esa dirección y nos deja sorprendidos y confusos. Para ÉL el camino de la felicidad va por otro lado. Es más, diría que va en sentido contrario. Contra el tener, poseer, seguridad, riqueza, tiempo, ocio, prestigio, poder y alto nivel social, JESÚS propone compartir, despojarse de toda posesión, riesgo de dejar tu vida en Manos del ESPÍRITU SANTO, pobreza, disponibilidad de tu tiempo, entrega, olvido de ti mismo, humildad, servicio y pasar inadvertido. Todo un contrasentido para los que buscamos en este mundo nuestra propia felicidad.
Y, el colmo de los colmo, llama a todos estos que se atreven a recorrer este camino "Bienaventurados", porque son ellos los que encontrarán la verdadera y única felicidad que se prolongará eternamente. 

Y es que la felicidad no consiste en tener y poseer, sino en compartir y darse. Y eso no es algo superficial y dicho a la ligera, ni una frase para quedar bien, sino la experiencia de aquellos que olvidándose de sí mismo y dándose a los demás han experimentado que el dar es infinitamente más rico y gozoso que el tener y guardar egoístamente.

Y es tan lógico y tan sencillo descubrirlo como tan cierto y real que es, porque aquí no se queda nada. Todo se pierde. Sólo lo tendrás por un instante, una vida corta y efímera, que se perderá y sólo quedará lo que hayas amado. Esa será toda tu riqueza, así que cuanto antes empiezas a amar más riqueza y rico serás.

Y eso tan real que descubrimos en nuestro interior es lo que JESÚS nos invita y propone en el sermón de la montaña. Sabe que no es fácil, que necesitamos su Gracia para poder hacerlo, pero se nos ofrece para acompañarnos y darnos lo necesario para lograrlo. ÉL y tú serán mayoría aplastante. Así que no busque en el mundo lo que sólo está en ÉL.

Abreme mi mente, SEÑOR, y
dame la luz que necesito
para ver donde está el
Ideal de mi vida.

Ese Ideal que me llene
plenamente, que satisfaga
todos mis anhelos y deseo
y que me lleve a tu
presencia, porque
en TI es donde puedo
encontrar la felicidad eterna
que busco. Amén.

sábado, 29 de enero de 2011

EN LA TEMPESTAD DE NUESTRA VIDA (Mc 4, 35-41)


Es obvio que los apóstoles tuviesen miedo, ellos no conocian a JESÚS y no entendian nada. A pesar de que JESÚS les da pruebas que despierten sus mentes, ellos no reaccionan y no se sienten seguros. No tenían todavía al ESPÍRITU SANTO, y JESÚS tiene que llenarse de paciencia para instruirles y enseñarles la Buena Noticia del PADRE que, luego ellos, nos enseñarán a nosotros.

Porque los apóstoles creyeron y fueron consecuentes con su fe, nosotros hoy si hemos recibido el ESPÍRITU SANTO y tenemos más posibilidades y ventaja que ellos para creer y para no tener miedo. Porque en la presencia del SEÑOR nada debemos temer a pesar de recorrer un camino de cañadas y quebradas porque el SEÑOR va con nosotros. Su vara y su callado nos protege, nos cuida, nos asiste y nos salva.

El miedo es el testimonio de que nuestra fe es muy débil, de que nuestro sí está indeciso y de que realmente estamos más entregados a las cosas de este mundo que al SEÑOR. Nuestro corazón está contagiado y ocupado de cosas, de apegos, de apetencias, de ambiciones materiales, de egoísmos, de soberbia, de vanidad, de orgullo, de riquezas, de poder, de comodidad, de pereza, de suficiencia, de... tantas cosas que ya no queda espacio ni hueco para nada más. ¡Sí!, hay un poquito para DIOS, pero ese poquito no es suficiente como para darle un sí rotundo y decidido.
 
Así las cosas, nuestras fe se debilita y cada día se siente más lejana, más indiferente, más acomodada. Necesitamos ejercicio, acercamiento, oración, penitencia y Eucaristía, para, en la presencia del ESPÍRITU SANTO, dejarnos modelar y guiar como los apóstoles y responder como María y tantos martíres que, en el ESPÍRITU, supieron decir sí.

No dejes, mi SEÑOR, que me 
quede impavido, quieto,
parado, y deje de 
seguirte.

Porque yo quiero seguirte,
responderte y ser tu
apóstol, junto a tu
Madre María, y a 
todos aquellos
que te han
seguido. Amén

viernes, 28 de enero de 2011

NUESTRO CORAZÓN ESTÁ SEMBRADO (Mc 4, 26-34)


El mundo está sostenido aunque nosotros no nos apercibamos de ello. Alguien, que lo ha creado, lo sostiene y, sin darnos cuenta, se mueve y se producen cambios en él. Sin saber cómo, estos cambios se producen queramos o no, estemos despiertos o dormidos, nos demos cuenta o no. Su marcha es imparable y todo sucede tal cual está previsto.

De la misma forma, Alguien ha sembrado un alma en nosotros. Un alma que aspira a ser feliz eternamente y que lucha por conseguirlo. Se sabe limitada y caduca, pero siente deseos en lo más profundo de su ser esperanza de alcanzar la eternidad. Y no sabe por qué, ni quien le infundió ese sed inagotable de ansias de felicidad eterna, pero la realidad es que la siente.

Y su razón le asiste y le dice que ese Ser existe, que está entre nosotros porque lo siente en sus entrañas. Se siente criatura y ello suscita interrogantes en su corazón. Necesita buscar porque del éxito de esa búsqueda depende su fracaso o frustración. Si no encuentra nada se sentirá perdido, sin rumbo y su vida perderá sentido. De encontrar respuesta a sus deseos y anhelos se sentirá esperanzado, gozoso y feliz. Todo depende de conocer su origen, su por qué, de dónde viene y a dónde va.

La semilla plantada comienza pequeña, como un grano de mostaza, que cuando se siembra en la tierra es la más pequeña, pero cuando crece se hace muy grande. Igual nos sucede a nosotros. Cuando la Palabra de DIOS hecha raíz en nuestro corazón, nuestra fe, por la Gracia de DIOS, crece de forma que nadie puede parar esos frutos que dará. Pero será imposible conocer esos interrogantes si no le son revelados.

Y para eso, DIOS, se nos ha revelado en su HIJO JESUCRISTO, para que en ÉL podamos reconocerlo y descubrirlo, y tomar conciencia que ÉL nos ha creado por amor, y por amor nos quiere salvar para que vivamos a su lado eternamente. Y de ello da testimonio la Tradición y las Sagradas Escrituras que nos hablan, por medio del ESPÍRITU SANTO, de la historia de salvación que alcanza su plenitud en la Muerte y Resurrección de nuestro SEÑOR JESUCRISTO. Nadie puede dar testimonio de la verdad con el fundamento de su vida.

Haz, SEÑOR, que mis ojos
sepan distinguir la verdad
de la mentira. Que no me
deje embaucar por falsos
 profetas sin fundamento
ni sentido.

Sólo TÚ tienes Palabra de
Vida Eterna porque lo has
hecho con tu Muerte y 
Resurrección. Amén.

jueves, 27 de enero de 2011

SI NUESTRO CORAZÓN DESPARRAMA... (Mc 4, 21-25)



Un amor que no estalle y contagie todo lo que le rodea es una amor contradictorio, porque amar es dar y darse, y lo contrario, guardarse, es egoísmo. Nuestro corazón, cuando la fe toca sus raíz, debe ser como un vaso de agua que desparrama porque reboza. En caso contrario es un amor inmaduro, que mira más para dentro que para fuera.

La luz está creada para iluminar, y  eso pasa por situarse en el mejor punto desde donde lo pueda hacer. Colocarla en otro lugar sería guardarse luz o desperdiciarla inútilmente. Muy claro nos lo dice nuestro SEÑOR JESUCRISTO: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga». 

Y, nuestra la luz, la que nos ha sido dada gratuitamente, está en nosotros para irradiar e iluminar nuestro mundo particular de la misma forma, libremente y gratuitamente. Y eso pasa por estar atento a la escucha y a la acción del ESPÍRITU que actúa en nosotros. No somos nosotros los evangelizadores, es CRISTO que actúa en nosotros a través del ESPÍRITU SANTO. 

Por eso, todo nuestro acontecer en la familia, en el trabajo, en la diversión, con los amigos, en el deporte, en el tiempo de ocio, con los amigos, con los no amigos, en los problemas, en la crisis, con la cruz de la hipoteca, en la enfermedad, con los hijos que no entendemos, con las injusticias, con las guerras, con el aborto, con muchas cosas más... Todos eso lo podemos vivir desde la luz de la fe y en la presencia de DIOS. Seguro, pero muy seguro que será de otra forma y tu luz irradiará paz y amor.

SEÑOR, haz que sea instrumento
de tu Paz, de tu amor, y que
mi luz, regalo de tu Amor,
sea luz, en el ESPÍRITU SANTO,
para todos 
aquellos que me
rodean. Amén