sábado, 10 de octubre de 2026

ESCUCHAR Y CUMPLIR

Lc 11, 27-28

Una y mil veces, conscientes e inconscientes, buscamos el bienestar. Sin él no entendemos la vida. Vivir para sufrir no entra dentro de los planes de nadie. Todos queremos ser felices, y eso se consigue buscando el bienestar de cada día.

Ahora, ¿cómo podemos conseguirlo? Esa era la pregunta que rondaba por la cabeza de todos los tertulianos que se habían concentrado aquella mañana en la terraza de Santiago.

Tras un breve silencio, Pedro levantó la mano y dijo:

Manuel, mirando a todos los que estaban presentes, añadió:

Al no tener respuesta, sacó la Biblia y leyó:

Todos permanecían atentos a las palabras de Manuel, asintiendo estar de acuerdo.

Como hemos oído, lo dice Jesús en el evangelio. Somos bienaventurados en la medida en que nos proponemos vivir en la Voluntad de nuestro Padre Dios.

Y, por nuestra propia experiencia, sentimos que cuando hacemos vida en nuestra vida esa Palabra, nuestro corazón reboza de gozo y alegría.

La fe no es una serie de ritos, ni de dogmas; es una vida que surge del seguimiento consciente, de una opción radical lejos del sentimentalismo y fortalecida por el Espíritu que robustece en nosotros el Evangelio de la Alegría.

María, la Madre de Jesús, no es solamente afortunada por haberlo traído al mundo, por haberlo amamantado y criado —como intuía aquella espontánea mujer del pueblo—, sino por haber sido oyente de la Palabra y por haberla puesto en práctica: por haber amado y por haberse dejado amar por su Hijo Jesús. 

Es la primera discípula, la mujer que escucha, acoge y responde. 

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