| Mt 21, 33-43 |
Cuando veo la situación de muchas personas con las que me tropiezo cada día, experimento que he tenido una vida privilegiada.
Sin entrar en comparaciones, experimento que mi vida ha tenido un camino, a veces no exento de dificultades, pero también con posibilidades de mejorar.
Las preguntas que me hago ahora son las mismas que me sugiere el evangelio del día:
¿Hasta qué punto he sido yo responsable con los dones que he recibido? ¿He experimentado que mi vida me pertenece hasta el extremo de considerar todo lo que he recibido, soy y tengo mío?
—¿Cómo y por qué llegas a esas conclusiones? —preguntó Pedro.
Manuel, levantando la mirada, se fijó en él y respondió:
—Cuando veo a personas que sufren, que tienen una situación paupérrima, experimento todo lo que el Señor, que es Padre de todos, me ha regalado.
Hizo una pausa, bajó la mirada y añadió:
—Me pregunto si en la realidad me lo merezco. ¿O soy un privilegiado del Señor?
Entonces, Pedro, comentó con firmeza:
—Yo te conozco hace tiempo y sé de tus sacrificios, de tus días oscuros, de tus luchas, de tus dolores, vacilaciones y momentos difíciles… Y eso exige esfuerzo y voluntad.
Guardó un breve silencio y continuó:
—Es verdad que, normalmente, uno, a veces, se desvalora, y no sabe apreciar sus méritos. Nuestro esfuerzo es real, pero tampoco deja de ser gracia la capacidad para esforzarnos, perseverar y responder.
Manuel se encogió de hombros y, con mucha humildad, dijo:
—Es verdad que nuestra vanidad nos tienta, pero todo nos ha sido dado y regalado por nuestro Padre Dios. Así que…
Abrió la Biblia y, pacientemente, leyó:
—Del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43:
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Al terminar de leer todo el pasaje evangélico, comentó:
Y es que en muchas ocasiones adoptamos en nuestra vida el agradecimiento o la arrogancia de creernos los dueños de la viña, olvidando que somos criaturas referidas a Dios.
Muchos interiorizaron aquellas palabras de Manuel. Quizás también nosotros debemos preguntarnos si estamos construyendo nuestra vida sobre Cristo, la piedra angular, para que los dones recibidos puedan dar fruto.
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