jueves, 22 de marzo de 2012

LAS PRUEBAS NO NOS SON SUFICIENTE

 “He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben”. Jn 5, 31-47

Sucede que cuando nuestros intereses están en otros lugares, los de este lugar no nos interesan. Así, ocurre que cuando todo está claro, silencio mi actitud y miro para otro sitio. Porque no me interesa creer ni aprobar que ahí está la verdad, y me resisto a creer.

Más si se trata de que esa fe me compromete y me obliga a cambiar de actitud y de escala de valores. Asentir a valorar las cosas, donde hemos puesto nuestra felicidad, en un segundo plano, nos cuesta. Y más, no lo entendemos. Y ocurre que cuando empezamos a darnos cuenta de que estábamos equivocados, el volver atrás se hace más duro y más difícil.

El momento siempre es duro, pero dejado pasar hace que se endurezca más. Así ocurrió en Masá y Meribá, y vuelve a pasar en muchos momentos de nuestra vida, y en muchos lugares. Existen muchos Masá y Meribá que, sus corazones endurecidos, no les dejan volver atrás, y menos creer.

No faltan testigos, y de la más alta cualificación, pero nuestros ojos se cierran cuando no queremos o no nos interesa ver. Desde esta vivencia le doy gracias a Dios, y le pido que me sostenga y me mantenga la confianza y la fe, nacida de ella, para mantenerme siempre en el camino. A pesar de los obstáculos, de las tormentas, de los contratiempos, que sé que llegarán, pero sé también que Tú, Señor, estás ahí.

Tú, Señor mío, tienes Palabra de vida eterna, y tu Palabra está viva y cercana en las Sagradas Escrituras. Dame la fortaleza, la paz y la sabiduría de hacerme vida de mi vida, y llevarla a la práctica para que sea testigo fiel de tu amor y divinidad. Amén

miércoles, 21 de marzo de 2012

HONRAMOS A DIOS EN EL PRÓJIMO

“Mi Padre trabaja siempre, y Yo también trabajo”. Jn 5, 17-30

No estamos seguros si verdaderamente honramos a Dios cuando oramos o rezamos. Muchas veces nos despistamos o hacemos nuestras oraciones un tanto mecánicas o de corridas. Somos conscientes que nos despistamos o nos desconcentramos con mucha frecuencia.

Y nos quedamos perplejos y disgustados. Un sabor agridulce de no saber si Dios se complace en nuestra oración. Personalmente creo que sí, el Señor sabe de nuestros despistes y olvidos, y de que somos muy propensos a perdernos y distraernos. Gracias a su Misericordia somos perdonados.

Sin embargo, cuando hacemos algo por otro, o actuamos con generosidad y amor en los demás, estamos haciéndoselo a mismo Jesús, y lo que le hagamos a Jesús se lo hacemos a Él. Él y el Padre están a un mismo nivel, de modo que, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.

Por eso, cuando honramos al Hijo, estamos honrando al Padre. Y honramos al Hijo cuando nuestras relaciones con los demás están cargadas de amor, de servicio y entrega. Entonces estamos seguro que se lo hacemos al Padre.

Pidamos al Espíritu Santo la Gracia de ponernos en sus Manos y dejarnos conducir según la Voluntad del Padre. Amén.

martes, 20 de marzo de 2012

EL HOMBRE, CENTRO DE LA ATENCÍON DE DIOS

Jn 5, 1-3.5-16 Señor, no tengo a nadie que me meta en la...

Y es que el hombre es la criatura por excelencia del Creador. Dios, enamorado de su criatura, el hombre, centra todo su amor en salvarlo. Y para ello envía a su Hijo, para que entregado hasta la muerte, le redima con su sangre.

Sin embargo, el propio hombre estropea esa amorosa relación con el rechazo a dejarse guiar y conducir según la voluntad de su Creador. Quiere la independencia, guiarse por sus propios medios y seguir sus propios proyectos de felicidad. Y se equivoca, eso lo experimenta por si mismo. Todo lo que vive y deja a su paso no le llena plenamente.

 Siente vacío, desolación, tristeza, confusión... Su vida se pierde en el sin sentido y el caos. Advierte que camina hacia el precipicio y le espera la muerte eterna. Sin embargo, no reacciona, y continúa poniendo en el centro de su vida el dinero, la riqueza, el poder, el beneficio...etc. 

Fundamenta su vida en la productividad, el trabajo y sus ganancias, y todo queda sometido a eso. El hombre está en función de eso, es un puro instrumento en cuanto vale para conseguir el fin propuesto: aumentar la productividad y el beneficio. Por eso, todas esas relaciones que de ello se derivan someten y esclavizan al hombre.

Envidias, ganancias, poder, prestigio, avaricias, egoísmos, intereses... Atesorar riquezas y bienes que avivan nuestra soberbia y nos introducen en la competencia de una lucha esclavizante enfrenta a los hombres  No es malo luchar y superarse, pero sí lo es hacer de eso el fin de nuestra vida.

Y nos cuesta porque nuestra naturaleza caída por si solo no puede liberarse. Necesita la Gracia del Espíritu Santo para vencer, y desenterrar el amor ágape que dormita en nosotros sepultado por el egoísmo y la avaricia, y alimentado por la soberbia.

No se entiende que esa persona estuviese allí 38 años esperando la ayuda de alguien para poder llegar a la piscina y tener la oportunidad de ser sanado.

¿No nos recuerda eso a las listas de espera que hoy padecen muchos paralíticos de nuestro moderno tiempo? Mientras uno tienen el médico esperándole en la puerta de su casa, por decirlo de alguna manera, otros se pasan largo tiempo para poder ser, simplemente atendidos. Luego, cuando las aguas se agitan ya puede ser demasiado tarde para ser curado.

Lo mismo ocurre en el celo del cumplimiento y normas establecidas como un fin para ser mejor o cumplir la Voluntad de Dios. Se traslada al hombre a un segundo plano, y prevalece las normas y los preceptos. ¡NO!, dice Jesús, y superpone todo al hombre, porque es el hombre más que el sábado, que la norma, que el precepto...

Nuestro Padre Dios es el Señor, Señor del sábado, del trabajo, de la economía, del poder, de la riqueza, del prestigio, de... El Señor es el centro de nuestra vida, y el hombre, sus hijos creados por amor, y todo lo que existe, creado por Dios, está al servicio del hombre y para servir al hombre.

Danos la luz, Dios mío, para que los hombres, tus hijos, sepan discernir y entender que es el trabajo y toda su productividad el medio para conseguir que los hombres vivan en paz y como hermanos. Y que sus beneficios sean repartidos para el bien de todos. Amén.

lunes, 19 de marzo de 2012

CUANDO LOS PLANES DE DIOS NO SON LOS NUESTROS

Mt 1,16.18-21.24a: José hizo lo que le había mandado el ángel ...

Se hace difícil entender algo cuando no coincide con lo que nosotros pensamos. Y, no se hace diferente cuando eso nos ocurre respecto a Dios. Nuestros proyectos están pensados según nos parece y nos conviene, pues no en vano vamos a idear algo contra nuestros intereses.

Pero es incomprensible aceptar algo cuando va contra nuestra propia conveniencia. Este es el caso de san José, pues teniendo la intención de desposarse con María aconteció que ella estaba ya en cinta sin cohabitar juntos. Difícilmente podemos aceptar tal situación, y menos en aquella época en la cultura judía.

Pero, revelado los planes de Dios, san José no duda, busca el lado positivo y se pone en actitud de obediencia para que se cumpla tal Dios lo ha dispuesto. Contemplado desde la lejanía no parece algo muy complicado, pero trasladado al escenario del acontecimiento, la situación es harto complicada. Por eso, José es digno de veneración, respeto y admiración, porque puso su vida en manos de Dios y acató su mandato.

¿Estamos nosotros en esa actitud? ¿Buscamos el lado bueno y positivo de las situaciones que se producen en nuestra vida? ¿Pensamos que quizás son insinuaciones y mandatos del Señor?

Son preguntas que nos parecen extrañas, porque, pensamos, que a nosotros no nos puede ocurrir algo así. Dios no se va a fijar en nosotros, o, simplemente, nosotros no le dejamos que se fije. Nos excluimos de su acción y le rechazamos alegando que somos muy poca cosa para merecer la atención de Dios.

Pero, quizás, dentro de ese desinterés se esconde una huida y despreocupación cómoda que no quiere comprometerse ni arriesgarse a seguir los mandatos del Señor. Podía haber pensado eso mismo san José, y todo hubiese cambiado. ¡Pero no!, san José obedeció la insinuación sugerida en sueño y pensó que lo que hizo era lo que debía hacer por mandato Divino.

Pidamos luz, fortaleza y sabiduría para ser capaces de oír la voz del Espíritu y ponernos en actitud disponible y entregada a dejar que la voz del Señor actúe en nosotros. Amén.

domingo, 18 de marzo de 2012

LA FE NACE EN LA CONFIANZA DE SENTIRNOS SALVADOS

Jn. 3, 14-21). El evangelista Juan nos habla de un extraño...

Jesús es un extraño, se nos acerca y no le reconocemos, pero, poco a poco, sus Palabras nos suavizan, nos interesan, nos descubren y nos retrata tal y como somos. Porque lo que Él nos dice y ofrece se corresponde con lo que nosotros queremos y buscamos.

Quedamos atónitos cuando nos habla de felicidad, porque esa felicidad es por la que luchamos y la que desesperadamente buscamos. Nos habla de eternidad y, ¡quedamos perplejos!, pues esa eternidad es la que queremos alcanzar. ¡La plenitud de la vida eterna! Y nos señala el camino por donde podemos conseguir esos dones que tanto anhelamos: "El amor".

Él viene a enseñarnos la forma y la manera de amar. Entregarse hasta una muerte de cruz para, por amor, dar testimonio de la verdad. No hay otro camino, sino transparentar la luz que refleja la verdad, ante la oscuridad y la mentira que esconde la noche y las tinieblas. 

Porque el que ama sale a la luz, no se esconde, y cree confiado en la Verdad. Mientras que el que se esconde se apoya en la mentira y el egoísmo, huye y desoye la verdad escondido en la oscuridad de la mentira. Porque el que actúa en la verdad se expone en la luz, para que quede de manifiesto que sus obras son según Dios.

Mientras quien obra en mentira y hace el mal, se esconde y se aparta de la luz para que sus obras queden sin censura y ocultas. Por eso, su rechazo a la verdad se convierte en su propio juez.

Pidamos al Señor luz para que nuestro caminar sea en la verdad y en las buenas obras, de tal forma que todo nuestro obrar se manifieste en transparencia y en testimonio de esfuerzo en vivir de acuerdo con la Voluntad de nuestro Padre Dios. Amén.

sábado, 17 de marzo de 2012

EL SEÑOR SOLO QUIERE QUE LE RECONOZCAMOS PADRE

Lc 18, 9-14: El publicano volvió a casa ...

Porque cuando dices Padre, estás reconociéndote hijo y si hijo, también reconoces que tu Padre te ha dado todo lo que eres, te perdona y ama con locura. Porque la Palabra Padre encierra en su significado literal protección, cuidados, gratuidad, regalos y todo aquello que necesitamos para vivir gozosos y eternamente felices.

No hay nada como una madre, ni tampoco como un padre, pues nuestro Padre Dios es Padre y Madre a la vez, es Espíritu y no tiene género. Hace, como lo representa Rembrandt en su cuadro, con una mano significando la ternura de una madre y otra, la fortaleza de un padre, las dos funciones que se comparten en la familia el padre y la madre. 

Observar la diferencia, mano derecha e izquierda


Por eso, creados a semejanza de Dios, el hombre y la mujer son complementarios y su unidad esponsal encarna la semejanza con Dios Padre. Por eso, en el matrimonio, la unidad es muy importante, porque rota esa unidad se resquebraja también esa semejanza que los esposos significaban con el Padre Dios. Cuando un matrimonio se mantiene fiel en el amor, están reflejando la imagen de Dios Padre. En caso contrario, la enturbian.

Y esa, en mi humilde opinión, es el significado que, a la luz del Espíritu Santo, hoy destaco en esta reflexión de la Palabra de Dios. El publicano salió justificado porque supo entender y reconocer la paternidad del Padre Dios, y se supo hijo, hijo pecador. Porque todos los hijos somos pecadores, necesitamos ser educados y guiados por nuestros padres para crecer en madurez, obediencia y estatura.

Así, nosotros, necesitamos dejarnos guiar por el Espíritu Santo, y, humildemente, arrojarnos en sus Manos para conducirnos, en Él, hacia la Casa del Padre. Y esa fue la diferencia del públicano y el fariseo. Mientras este se engreía de su conducta, y alababa su cumplimiento, su firmeza, su saber y suficiencia, el públicano caía de rodilla confesando su debilidad, sus limitaciones, sus apegos, sus egoísmos...

Significa que, a pesar de nuestros fracasos, en los que caemos, y que volveremos a caer, lo que importa es nuestra actitud de lucha, de esfuerzos en mejorar, en mantenernos limpios  en la voluntad del Señor, y en reconocer que, solo en el Él, con Él y por Él, conseguiremos vencernos y alcanzar su Gracia.

Por eso, en la actitud del publicano, reconozcamos nuestra fragilidad, nuestra esclavitud e inclinación a apegarnos a las cosas de este mundo, que nos tientan, nos limitan, nos vencen y nos superan, y con un corazón, como el publicano, pidámosle perdón y misericordia por todas nuestras faltas y pecados. Amén.

viernes, 16 de marzo de 2012

HECHO DEL AMOR Y PARA AMAR

 Mc 12, 28-34 “El primer mandamiento de todos es…

No hay otra posibilidad, estamos hecho para amar y todo lo que no sea amar nos entristece y nos pone muy mal. La experiencia la podemos vivir cuando, delante de la tele, cine o en la propia realidad, experimentamos una tragedia, injusticia, accidente, enfermedad o cualquier tipo de fatalidad sucedida a cualquier ser humano, o incluso a un animal.

Inmediatamente sentimos solidaridad, adhesión, generosidad... Nos identificamos con ella y compartimos pena, tristeza, alegría... Y nos disponemos a ayudarle, a hacer el esfuerzo de aliviarle y de evitar que sufra. Observamos en las campañas solicitando ayuda por tragedias como responden todos. Y es que no podemos evitar amar, porque eso es amor.

Por eso, Jesús, que sabe como somos y lo que deseamos, aun sin descubrirlo y llevarlo escondido en nuestro corazón, que nuestro primer deber es dejar escapar ese sentimiento que bulle dentro de nosotros y que nos inclina a amar. Amar precisamente a nuestro Padre Dios, por encima de todas las cosas, porque es nuestro Hacedor y Creador.

Porque de El hemos recibido todo lo que somos y tenemos, y de forma gratuita y generosa. Pero, también, muy unido a este primer deber, el de amar a nuestros hermanos, porque en ellos encontramos una forma más tangible y concreta de amar a Jesús. Sus propias palabras nos lo aclaran: "Todo lo que hagan a uno de estos (los necesitados), me lo hacen a mí".

Pero amar va más allá de lo que sentimos, es también un compromiso responsable que nace de nuestra responsabilidad como persona consciente y madura que vive en una sociedad, que es miembro de una familia, y que como ciudadano, esposo, padre, hijo... adquiere unas responsabilidades que debe cumplir fielmente.

Sin lugar a duda, que si esto fuesen no solo palabras escritas sino la actitud y el esfuerzo de todo hombre, el mundo iría inevitablemente mejor. Más que mejor, quedarían resueltos las crisis, las guerras, el hambre, las muertes, el aborto... El Reino se haría presente.

De todo ello hay una conclusión clara, que el amor es la solución que espera el mundo. Nadie mejor que Jesús lo sabe, y por eso nos lo dice y nos lo repite cada día. Hoy es uno de esos día que de forma muy clara nos lo expone.