viernes, 4 de octubre de 2024

EL DON DEL AGRADECIMIENTO

Muchos somos los que no nos damos cuenta de los dones recibidos. ¿Acaso la vida no es un don? Y más todavía, ¿cuidarnos y acompañarnos, dándonos todo lo que necesitamos hasta alcanzar el desarrollo y la madurez no es un don y regalo? Y, verdaderamente, ¿se lo agradecemos a nuestros padres?

Posiblemente sí, pero creo, por mi propia experiencia, no lo suficiente como desearíamos hacerlo y se merecen. No somos muy consciente de todo lo que hemos recibido, y seguimos recibiendo hasta la hora de sus muertes. Y, posiblemente, no porque no queramos hacerlo, sino por nuestras propias debilidades, apegos, egoísmos y pecados. Nos cuesta, hasta el punto de que somos incapaces de reconocernos criaturas del Creador y Señor del Universo.

De la misma manera sucede con nuestro Padre Dios. ¿Realmente sabemos todo lo que Dios nos regala gratuitamente? ¿Y lo que nos promete para la vida eterna? Creo, como sucedió con los ciudadanos de Corozaín y Betsaida, también nosotros estamos en la misma tesitura. A pesar de los buenos testimonios, de la Palabra de Dios, que da sentido verdadero a nuestra vida, de los milagros que oímos y conocemos, de toda esa esperanza de la que nos habla la Palabra de Dios, seguimos erre que erre sin reaccionar, sin sentirnos interpelados ni abrir los ojos a la única y verdadera realidad de nuestra vida.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine y nos dé esa fortaleza, sabiduría y paz para poder reconocernos pecadores y ser agradecidos a la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios.

jueves, 3 de octubre de 2024

ENVIADOS A TRANSMITIR LO QUE VIVIMOS

Desde la hora de nuestro bautismo quedamos invitados y, por supuesto, llamados a transmitir esa Buena Noticia que nos revela el Espíritu Santo. Él es el Paráclito del que habla Jesucristo, nuestro Señor, cuando les habla de su marcha al Padre: «Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio; …

Es evidente que no estamos solos y que a las dificultades, con las que nos vamos a encontrar, nos enfrentaremos asistidos y fortalecidos en el Espíritu Santo. Y en esa confianza debemos apoyar nuestra esperanza.  Caminamos en el Espíritu Santo desde el instante que hemos sido bautizados, y en Él encontraremos la fortaleza para superar los obstáculos que se nos presenta.

Es evidente que si no escuchamos ni vivimos esa Palabra de Dios, nada podemos transmitir. Tengamos, pues, confianza y tratemos, abiertos e injertados en el Espíritu Santo, vivir de acuerdo con la Palabra de Dios recibida. Y al hacerlo, no tengamos duda, transmitiremos esa Buena Noticia que nos trae nuestro Señor Jesús.

miércoles, 2 de octubre de 2024

UN CORAZÓN LIMPIO Y DE BUENAS INTENCIONES

No cabe duda de que durante nuestra niñez somos esponjas limpias que empiezan a chupar y a llenarse de toda el agua que les llega. Con esto quiero significar la ingenuidad, limpieza y verdad, como cuando niños, sale de nuestro corazón y se transmite al mundo. Sabemos que los niños son transparentes y todo en ellos es puro y limpio. No hay nada oculto, se manifiestan como son.

Pero, también sabemos que en la medida que crecen, sus aguas puras empiezan a enturbiarse y a contaminarse de mentiras y apariencias. Su corazón se contamina de esas tentaciones que les seducen el mundo, demonio y carne, y todo empieza a ser diferente y peligroso. Volver a la raíz de la pureza es el reto que se nos presenta y al cual debemos volver.

Se trata de volver a ser como niños, pequeños y humildes siempre en actitud de aprender y obedecer. Siempre sabiéndonos necesitados, débiles y pequeños y perdonados por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. Siempre abiertos a reconocernos pecadores y necesitados de perdón.

martes, 1 de octubre de 2024

UN MUNDO AL QUE SÓLO PUEDE CAMBIARLE EL AMOR

Es evidente que la vida guarda mucha violencia. Una mirada actual al mundo que nos rodea nos describe esa realidad: violencia, guerras, muertes. El mundo se debate a las puertas de una tercera guerra mundial. ¿Qué es lo que realmente sucede? Parece ser que todos tratan ahora de revolver las cenizas del pasado y reclamar, como si de la ley del talión se tratara, ojo por ojo y diente por diente.

Sabido es que la violencia engendra violencia y Jesús, nuestro Señor, conocía esa realidad. Su misión es la de amar y responder a la violencia con amor. Desde ese momento, la Cruz, se convirtió en el signo del amor y el triunfo del perdón. Por eso, para los cristianos, la Cruz es signo de salvación y misericordia.

Digamos que la única posibilidad que tiene el mundo de subsistir es el amor. Un amor que nos trae Jesús cada día con su presencia espiritual en este mundo. Su Resurrección nos habla de eso, de amar por encima del odio y la violencia. Nuestra salvación no está en el poder y la fuerza, sino en el amor. Un Amor Misericordioso que nos regala nuestro Padre Dios a través de la Gracia de su Hijo, nuestro Señor, que nos libera del pecado, que nos esclaviza y nos pierde.

lunes, 30 de septiembre de 2024

ANSIAS DE PODER

Posiblemente no podamos evitarlo. Buena señal para reconocernos pobres y pecadores. Y, digo que no podemos evitar esas ansias de subir, de trepar a lo más altos honores, títulos y tratamientos porque nuestra naturaleza humana, contaminada por el pecado, busca esos reconocimientos.

Por supuesto, esas ansías de ser más y más. Sobre todo, más que el otro, nos corroe y nos conduce al pecado. Tenemos deseos de exclusividad, y descartamos a otros que se quieren añadir a nosotros si no es según nuestra manera y forma de pensar.

Hoy Jesús, en el Evangelio, nos saca de nuestro error y forma de ver las cosas. No se trata de ser el más importante, sino el más humilde, pequeño y servidor. Sus Palabras nos ponen en el lugar que debemos estar: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».

¿En qué lugar me sitúo yo, en el de los grandes o pequeños, en el de los servidos o servidores? Tú decides.

domingo, 29 de septiembre de 2024

¿ACASO TENEMOS NOSOTROS LA EXCLUSIVA DE LA BUENA NOTICIA?

Podemos caer en la trampa de pensar que somos los llamados a hacer el bien y a proclamar la Palabra de Dios. Podemos, incluso, llegar a pensar que tenemos la exclusiva de ser los elegidos para predicar, enseñar y hacer el bien. Y eso sería fatal y un gran error. Sólo el Espíritu de Dios, recibido en nuestro bautismo, nos dará la sabiduría, la fortaleza y la capacidad para vivir y anunciar la Buena Noticia.

Y el Espíritu Santo sopla donde quiere y mueve a quienes quiere. Tanto estén dentro o afuera de la Iglesia. Sólo Él sabe lo que mora dentro del corazón de cada cual, y sus verdaderas intenciones. Por otro lado, es lógico y de sentido común que quienes obran y actúan en nombre de Dios, no podrán estar en su contra, sino todo lo contrario, a su favor. 

Por tanto, tengamos la suficiente humildad para sabernos instrumentos inútiles en manos del Señor, y dejar que sólo Él mueva nuestros corazones en aras de actuar siguiendo la Voluntad de nuestro Padre Dios. Sus palabras fueron estas: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros. Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.» 

sábado, 28 de septiembre de 2024

LA FELICIDAD SE ESCONDE EN EL COMPARTIR

Nada que no se comparta te dará alegría y gozo. La vida se hace gozo, felicidad y eternidad en la medida que la entregues y la compartas. Ese fue el anuncio de la Buena Noticia que trajo Jesús, y que lo testimonió con su Vida y Obras. El resumen de su Vida fue: «Un Amor Misericordioso hasta entregarse en una muerte de Cruz».

Y así lo dijo, una y mil veces, a sus apóstoles. El Evangelio de hoy así lo expresa: (Lc 9,43b-45): En aquel tiempo, estando todos maravillados por todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: «Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

Ahora podemos preguntarnos: ¿Lo entendemos nosotros, o respondemos como los apóstoles? Tu, también yo, tenemos la palabra y la respuesta.