miércoles, 25 de julio de 2018

EL PROBLEMA DE LA COMUNIDAD

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Mt 20,20-28
Todos queremos mandar, a al menos casi todos. Quizás, muchos no buscan el mando absoluto, pero sí tener una situación privilegiada y cómoda. Una situación estable y que se ajuste a su gusto o apetencias. En ese sentido podemos todos incluirnos en ese deseo y calificativo de querer mandar. Y eso revuelve, enturbia y enardece la convivencia comunitaria de todo tipo: La religiosa, pero también la política, la ONG, la deportiva, la asociativa...etc.

Todos, como reseña el refrán, queremos más. Y ese afán humano, lógico de un corazón humano, enturbia nuestra mente y desata nuestros egoísmos, avaricias, ambiciones, soberbias... No podemos ser de otra manera. Nuestros pecados pesan mucho y nos someten. Imposible convertir nuestro corazón humano en un corazón generoso y de servicio. En un corazón semejante al de Jesús.

Por eso, Jesús, reuniendo a todos los apóstoles les dice que lo principal es servir. Es el servicio a los demás lo que te hace grande y la esclavitud a ese servicio generoso a los demás es lo que te dará la oportunidad de ser el primero. Así que, para ocupar los primeros puestos y ser notable y grande hasta pequeño y sirve y ocupando los últimos lugares, es decir, siendo el esclavo de los otros. Ese es el camino que recorrió Jesús y el que nos enseña con su testimonio de amor.

Por lo tanto, reflexiónemos sobre ese particular. Ser grande significa servir y ser de los primeros consiste en someterse a ese servicio. O, traducido de otra forma, ser el primero y grande consiste en amar como nos ama Jesús. Mire por donde se mire siempre llegar al mismo lugar, porque no hay otra manera de vivir en comunidad sino amando. Y el amor se concreta en servicio. Y descubrimos que sólo injertados en Jesús podemos dar frutos. Es decir, vivir en comunidad.

martes, 24 de julio de 2018

UNIDOS POR LA VOLUNTAD DE DIOS

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Mt 12,46-50
Las familias están vinculadas por lazos de sangre y carnalidad y llevan los mismos apellidos. Sin embargo, eso no justifica ni garantiza que tengan una convivencia en paz y bien avenidos. Por experiencia sabemos que hay muchas familias separadas y enfrentadas. Hoy, Jesús, establece un lazo nuevo de familia: la Voluntad de su Padre Celestial.

Identifica a todos aquellos que cumplen la Voluntad de su Padre como sus hermano, hermana y madre: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Indudablemente que estamos unidos a la familia por vínculos de sangre. No elegimos nuestras familias sino que nos vienen dada. Y son a esos padres y madres, hermanos y hermanas y parientes más cercanos a los que consideramos familia por lazos de sangre. Sin embargo, la verdadera familia no nos viene dada por los vínculos carnales sino por la fe en un Padre común del que todos somos sus criaturas. Un Padre Dios, Creador de todo lo visible e invisible y del hombre y la mujer.

No somos hermanos en Xto. Jesús por vínculos carnales, sino por el Espíritu Santo -Rm 8, 1-17- recibido en nuestro bautismo. En ese momentos somos hijos adoptivos de Dios y coherederos con Jesús, de su Gloria. Por lo tanto, nos unimos a Jesús, nuestro hermano mayor cuando nos esforzamos en cumplir la Voluntad de Dios y cuando reconocemos nuestro pecados y con humildad y dolor de contrición nos dolemos de nuestros pecados.

lunes, 23 de julio de 2018

SIN JESÚS NOS PERDEMOS

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Jn 15, 1-8
Podemos tener mucha voluntad, muchas ganas de hacer las cosas bien y mucha tenacidad, pero, esa no es la cuestión, pues con nuestras fuerzas fracasaríamos o terminaríamos imponiendo nuestra rigidez, nuestro autoritarismo y nuestra voluntad de que todos cumplan y hagan lo mismo que yo. Y no se trata de eso, sino de vivir según la Voluntad del Señor.

"Yo soy la verdadera Vid, y mi Padre es el Labrador. A todo sarmiento que no da fruto en Mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más frutos. Yo soy la Vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en El, ese da frutos abundante; porque sin Mí no podéis hacer nada".

No hay duda, todos entendemos lo que el Señor nos dice. Significa que sin Él no damos frutos, por lo que queda claro que tenemos que estar injertados en Él para que nuestros frutos sean verdaderos frutos de bondad y de amor. Nuestras fuerzas son limitadas y todo lo que emprendemos por nuestra iniciativa, al margen del Espíritu Santo, está condenado a acabar mal, erróneamente o a morir por desfallecimiento por nuestra propia caducidad.

Necesitamos aliviar nuestra carga; necesitamos fortalecer nuestro espíritu; necesitamos iluminar nuestro camino; necesitamos la sabiduría que viene de arriba, no la de este mundo caduco y limitado; necesitamos la Gracia de Dios, para convertir nuestro corazón humano, apegado a las cosas de este mundo, en un corazón, semejante al de Cristo, ágape y abierto al amor para servir y dar verdaderos frutos de amor llenos de bondad y misericordia.

Indudablemente, sin Él no podemos hacer nada, pues por nuestra cuenta seguiríamos con nuestras apetencias humanas que nos esclavizan y no nos dejan amar como Él, el Señor, nos ama.

domingo, 22 de julio de 2018

EL SERVICIO ANTE QUE EL DESCANSO

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Mc 6,30-34
Las vacaciones son necesarias, pero vacaciones para descansar. Sucede que con el tiempo, los avances y los adelantos de transportes, no ocurre así. Las vacaciones se han convertido en un tiempo más estresado, más movido, a veces hasta tenso, apresurado y vertiginoso. De tal forma que, hay vacaciones para hacer deportes; vacaciones para senderismo; vacaciones para escalar montañas que importan riesgos; vacaciones para ver y conocer y de todo tipo. Vacaciones que, a fin de cuenta no nos procuran descanso sino actividad y más actividad. Sí, se cambia de rutina y se hacen otras cosas menos descansar y reflexionar.

Visto esto así podemos discernir que las vacaciones son para cansarnos más. Es posible que nos despejemos de lo que hacemos habitualmente, pero no descansamos y, peor aún, no ponemos en orden nuestra vida. Necesitamos reflexionar y orientarnos, y eso se hace en el descanso tranquilo y en paz. Jesús invita a los apóstoles a descansar y les propone un lugar desierto. Eso indica y nos descubre la necesidad de aislarnos para meditar y descansar de verdad. 

Nosotros buscamos bullicio, gentío, diversión, novedades, entretenimientos...etc. La pregunta es,¿nos sirve eso para descansar? Sin embargo, anteponemos nuestro descanso a la actividad de nuestro compromiso bautismal. Me explico, en el bautismos quedamos configurado como sacerdote, profeta y rey, pues bien, esa tercera de rey significa que debemos ser líder en servir y poner el servicio y la caridad en el primer lugar de nuestra vida, incluso antes que el descanso.

Fue lo que realmente hizo Jesús en el Evangelio de hoy domingo, posponer el descanso a la atención a aquel gentío desorientado como ovejas sin pastor. La compasión de Jesús primó ante su propio descanso. Verdad es que necesitamos descansar, pero siempre tendremos que discernir cuando podemos hacerlo ante las necesidades que se nos presentan de los que necesitan ser servidos.

sábado, 21 de julio de 2018

EN JESÚS SE CUMPLEN LAS PROFESÍAS

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Mt 12,14-21
La Palabra de Jesús molesta a aquellos que viven en la mentira, porque Jesús proclama y vive en la verdad. Jesús es la Verdad y en Él se cumplen todas las profecías del AT, e Isaías profetiza: «He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: en su nombre pondrán las naciones su esperanza».

Jesús no aparece en la historia de los hombres porque lo haya decidido Él. Viene, eso sí, no obligado ni por imposición, sino por Voluntad propia y libremente. Pero, enviado por el Padre y presentado en su Bautismo en el Jordán como el Hijo amado del Padre, el predilecto en el que el Padre se complace. Desde su concepción hasta el último suspiro en la cruz el Espíritu está sobre Él y le conduce. Jesús ha venido para hacer, asistido por y en el Espíritu de Dios, la Voluntad del Padre.

Su ministerio es un servicio de misericordia. No entra en disputa ni discusiones, ni responde con violencia. Sus respuestas son respuestas de amor cargadas de buenas noticias que invitan a la vida y felicidad eterna. No busca enfrentamientos y, enterado de que le buscan para acabar con Él, se evade y marcha a otro lugar sin dejar de servir, curar y atender a todos los que le siguen.

¿Qué nos ocurre a nosotros? ¿También nos molesta la Palabra de Jesús? ¿Tratamos de borrarlo de nuestra vida matándolo también en aquellos que lo anuncias? Porque, no sólo se mata quitando la vida física, sino también silenciando la palabra y persiguiendo a aquellos que la anuncian o tomando una actitud indiferente y mirando para otro lado al anuncio de la Palabra.

Mirémonos interiormente y, también, exteriormente, y dejemos que sea el Espíritu Santo, el enviado por el Padre y recibido en nuestro bautismos, quien nos dirija, como a Jesús, y viviendo su Palabra  seamos transparentes y reflejo de la misma.

viernes, 20 de julio de 2018

MIRANDO A LA LEY

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Mt 12,1-8
Somos muy ávidos a poner leyes prohibiciones para organizar el tiempo y las costumbres de los hombres, y, de alguna manera, controlar los movimientos y administrar el ritmo social y todas las consecuencias económicas y otros intereses que de ello se desprende. El hombre tiende a controlar todo lo que se mueve a su derredor, y para eso pone leyes.

Pero, salta la pregunta, ¿es la ley lo verdaderamente importante? O proclamada de otra forma, ¿es la ley más importante que el ser humano? A lo que podemos añadir, ¿es más el sacrificio que la misericordia? El sentido común nos descubre claramente que se impone la verdad y la justicia. Y eso nos lleva a desvelar que es la persona humana la prioridad y todo debe estar sometido a su bien y felicidad.

Aunque lo sentimos así porque sale de nuestro interior y de nuestro sentido común, la verdad no está en la ley sino en lo que esa ley sirve para el provecho y bien del hombre. Por lo tanto, la leyes deben estar contenidas en la verdad porque son hechas para servir al hombre. Y Jesús, el Señor, nos lo deja muy claro en el Evangelio de hoy: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».

Ahora, saca tu mismo tus propias conclusiones desde la Palabra de Dios que nos ilumina y nos alumbra.

jueves, 19 de julio de 2018

SÍ, LLEGA EL MOMENTO DEL CANSANCIO

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Mt 11,28-30
A veces nos parece que somos incombustibles y que no nos cansamos. Sí, sabemos que tenemos que dormir y descansar, pero creemos que el descanso nos repara y nos recarga para volver a empezar. Eso es así, pero también sabemos, por experiencia propia y de otros, que hay cansancios que, a pesar de que tenga su correspondiente descanso, no terminan por aligerarse y encontrar el sosiego y la paz.

Porque, hay cansancio físico, psíquico y espiritual. Posiblemente, el físico sea más fácil de reponer, pero el psíquico y espiritual se hacen más difíciles, a pesar del descanso, de reponerlos. Y es que hay momentos y situaciones que nos sobrepasan y nos alteran la vida. En esas circunstancias el descanso no es posible y tendremos que hacer uso de fármacos que nos duerman y, aparentemente, nos permitan descansar. Porque, la realidad es que siempre estamos angustiados y atormentados.

Jesús se dirige hoy en el Evangelio a esas personas. A todos aquellos que nos sentimos en muchos momentos de nuestras vidas desesperados, desfallecidos, desilusionados, derrotados y sin ánimo para continuar en la batalla diaria contra las fuerzas del mal que nos amenazan con aplastarnos y ponernos en situación de dejarnos llevar por la corriente del conformismo, de la satisfacción, de la comodidad, de los placeres y del abandono de nuestra conciencia.

Ante esta dura realidad que nos presenta el camino de cada día, Jesús, consciente de nuestras debilidades nos dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera». Simplemente, cree en Él y abándonate en sus brazos, porque en Él encontrarás el gozo y la paz que el mundo nunca te pueda dar.