domingo, 29 de julio de 2018

SÓLO UN CORAZÓN PARA AMAR

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Puede ocurrirnos que nuestra búsqueda se centre simplemente en un interés comercial de carácter económico o de salud o de cualquier otro tipo. Jesús sorprende y atrae, pero, sobre todo, son sus obras y señales, que realiza con los enfermos, las que derrumban la resistencia de todos aquellos que lo ven y le siguen desesperadamente. 

Una pregunta flota en el ambiente, ¿sigo yo a Jesús por algún interés? Sería muy bueno enfrentarnos a esa pregunta, pero nunca con miedo sino con confianza y esperanza, pues Jesús, el Señor, busca nuestro bien y nos conoce muy bien. Descubre nuestras necesidades y sabe de nuestra hambre material y física, pero también de nuestros sentimientos y necesidades espirituales. Somos humanos y pecadores y, posiblemente nuestros impulsos carnales nos activan a seguir a Jesús por intereses propios de humanos. 

Es lógico, nos sentimos atraídos por nuestras necesidades e intereses, pero, pronto, descubrimos que también tenemos un corazón agradecido y ese amor del Señor nos contagia y nos transmite ese deseo, también impulsivo y generoso, de amar incondicionalmente y darnos a los demás de forma gratuita. Pasó con aquel joven que tenía siete panes y dos peces. Los ofreció generosamente para saciar, en lo que podía, el hambre de aquella multitud. Y el Señor lo multiplicó para que todos pudieran saciarse abundantemente.

Jesús satisface nuestra hambre, no sólo física sino espiritual. Necesita también tu colaboración y tu cercanía para en Él actuar y compartir con los que nada tienen. Es verdad que muchos se pierden por su mala cabeza, pero también es verdad que tú también te pierdes y el Señor te perdona. Nos perdona a todos y, de esa misma forma, también nosotros debemos de perdonar. Quizás nos cueste, eso es innegable, pero estamos convencidos y en eso creemos,con fundadas esperanzas que el Señor cambiará nuestro corazón humano y psíquico en un corazón espiritual y generoso.

sábado, 28 de julio de 2018

TRIGO, PERO TAMBIÉN CIZAÑA

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Mt 13,24-30
La vida es hermosa, en eso todos estamos de acuerdo, pero no es hermosa para todos. O, al menos no para muchos. Algunos sufren muchos avatares y en sus vidas aparecen mucha cizaña, y todo ha empeorado al querer arrancarla cuando quizás no procedía. Porque, con ella se han ido otras semillas buenas que nos venían muy bien.

Posiblemente nunca entenderemos por qué crece la cizaña cuando nunca la hemos plantado. Aparece sin darnos cuenta y como por arte de magia. Y es que Alguien se preocupa que crezca y la siembra junto al trigo. Hay mucha cizaña en nuestro corazón y tendremos que tener mucho cuidado y saber rechazarla y eliminarla a la hora y en el momento oportuno. No todos los momentos son válidos, pues puede ser que peligre también el arrancar el trigo junto con la cizaña. Se necesita saber la hora y el momento adecuado.

Ocurre en nuestra vida que, casi sin darnos cuenta, las malas intenciones y malos deseos anidan también en nuestros corazones. Se nos hace difícil evitar que se mezclen  y al querer eliminar los malos corren peligro también los buenos. La paciencia y la perseverancia son grandes virtudes y saber servirnos de ellas es muy importante y necesario. El Espíritu Santo está con nosotros y podemos confiar en Él dejándole campo de acción para que sea Él quien decida el momento oportuno.

No desesperemos ni perdamos la esperanza de confiar, obedecer y tener fe en las órdenes del Dueño de nuestra vida. Conoce al enemigo y sabe y tiene poder para vencerle. Hagamos lo que nos dice.

viernes, 27 de julio de 2018

ACTITUDES ANTE LA PALABRA

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Mt 13,18-23
No cabe ninguna duda que ante la escucha de la Palabra se dan muchas respuestas. En algunos caso, incluso con buena actitud o con la mismas actitudes, pero con resultados muy diferentes. Y es que somos libres y ante la respuesta a la Palabra de Dios tu elección depende de ti, sobre todo de tu fe, porque te encontrarás con dificultades y contratiempos que levantan barreras difíciles de superar. Sólo la fe y la paciencia añadida a la confianza en el Espíritu Santo te fortalecerá para superar esas dificultades.

Muchos han dejado endurecer sus corazones rechazando la escucha de la Palabra y justificándose con todo lo que les puede servir para esconder sus apetencias, sus egoísmos y su incredulidad. Piensan que su felicidad está en otro lugar. El resultado será el alejamiento y el vivir de espaldas a Dios. Otros tienen buena predisposición y actitud. Son gente bien intencionada y de buena voluntad a escuchar la Palabra, pero débiles en las pruebas. A las primeras de cambio, cuando llegan las dificultades o la persecución reniegan de ella. 

Hay otros que están convencidos de que la Palabra es la verdad y la aceptan, pero, ante los afanes de la vida, el éxito y las riquezas se olvidan del mensaje. Confunden la buena Noticia de salvación con el vivir bien en abundancia de éxitos y riquezas estos cuatro días en este mundo terrenal. Y, por último, están aquellos que escuchan la Palabra, la aceptan y se esfuerzan en vivirla coherentemente. Con sus fallos y pecados, pero tratando siempre de levantarse y seguir el camino. El resultado es un giro total en la orientación de sus vidas y una conversión de cada día.

¿En qué situación me encuentro yo? ¿Soy de los que me cierro a la Palabra y la rechazo? ¿Soy de los que la acepto y tengo buena intención de seguirla, pero me aburro, me retiro ante las primeras dificultades? ¿Soy de los que la comprendo y veo que es la verdad, pero las seducciones del mundo me atraen y me olvido de ella? ¿O soy de los que la escucha y, a pesar de las dificultades, e injertado en el Señor, sigo adelante?

jueves, 26 de julio de 2018

LA FE Y SABIDURÍA ENTRAN POR LA PUERTA DE LA HUMILDAD

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(Mt 13,10-17
No se trata de saber mucho ni de tener estudios superiores y de gran altura. Se trata de reconocerse pequeño, limitado, pecador y, desde esa humildad, experimentar que la sabiduría de los misterios de Dios nos sobrepasan y sólo con la humildad de reconocerlo y abrirse a la acción del Espíritu Santo podemos encontrar la fe necesaria para ver y creer.

Siempre, en este camino terrenal, tendremos la afilada amenaza de la duda. Quizás la fe sea el arma que Dios nos ha dejado para que con ella nos ganemos el regalo que Él nos ofrece, la salvación eterna, Un arma que entraña riesgos y peligros, pero un arma que nos abre el corazón y nos llena de gozo y de paz. Sí, necesitamos abandonarnos en el Señor y abrir nuestra mente y nuestro corazón a su Palabra. Creer que su Palabra nos salva y nos da esa felicidad que, tentados por el demonio, buscamos en otros lugares.

La soberbia y la suficiencia nos impide abrir nuestro oídos hasta la frecuencia y sintonía con la Palabra de Dios. Oímos pero no escuchamos; vemos pero no aceptamos ni queremos entender. Estamos cerrados a su Palabra y endurecidos de corazón. Nos resulta casi imposible abajarnos y hacernos niños, creer en la Palabra del Señor y abrir nuestros corazones infectados de soberbia y suficiencia.

Está delante de nosotros. Jesús es la buena Noticia de salvación, pero no le vemos como tal sino como un enemigo al que hay que eliminar porque su Palabra nos molesta. Y así sucedió en su tiempo por este mundo, y continúa sucediendo ahora. Muchos discípulos del Señor sufren  rechazos y peligros de muerte y se siente perseguidos. Con mirar a nuestro derredor constatamos esa realidad.

miércoles, 25 de julio de 2018

EL PROBLEMA DE LA COMUNIDAD

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Mt 20,20-28
Todos queremos mandar, a al menos casi todos. Quizás, muchos no buscan el mando absoluto, pero sí tener una situación privilegiada y cómoda. Una situación estable y que se ajuste a su gusto o apetencias. En ese sentido podemos todos incluirnos en ese deseo y calificativo de querer mandar. Y eso revuelve, enturbia y enardece la convivencia comunitaria de todo tipo: La religiosa, pero también la política, la ONG, la deportiva, la asociativa...etc.

Todos, como reseña el refrán, queremos más. Y ese afán humano, lógico de un corazón humano, enturbia nuestra mente y desata nuestros egoísmos, avaricias, ambiciones, soberbias... No podemos ser de otra manera. Nuestros pecados pesan mucho y nos someten. Imposible convertir nuestro corazón humano en un corazón generoso y de servicio. En un corazón semejante al de Jesús.

Por eso, Jesús, reuniendo a todos los apóstoles les dice que lo principal es servir. Es el servicio a los demás lo que te hace grande y la esclavitud a ese servicio generoso a los demás es lo que te dará la oportunidad de ser el primero. Así que, para ocupar los primeros puestos y ser notable y grande hasta pequeño y sirve y ocupando los últimos lugares, es decir, siendo el esclavo de los otros. Ese es el camino que recorrió Jesús y el que nos enseña con su testimonio de amor.

Por lo tanto, reflexiónemos sobre ese particular. Ser grande significa servir y ser de los primeros consiste en someterse a ese servicio. O, traducido de otra forma, ser el primero y grande consiste en amar como nos ama Jesús. Mire por donde se mire siempre llegar al mismo lugar, porque no hay otra manera de vivir en comunidad sino amando. Y el amor se concreta en servicio. Y descubrimos que sólo injertados en Jesús podemos dar frutos. Es decir, vivir en comunidad.

martes, 24 de julio de 2018

UNIDOS POR LA VOLUNTAD DE DIOS

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Mt 12,46-50
Las familias están vinculadas por lazos de sangre y carnalidad y llevan los mismos apellidos. Sin embargo, eso no justifica ni garantiza que tengan una convivencia en paz y bien avenidos. Por experiencia sabemos que hay muchas familias separadas y enfrentadas. Hoy, Jesús, establece un lazo nuevo de familia: la Voluntad de su Padre Celestial.

Identifica a todos aquellos que cumplen la Voluntad de su Padre como sus hermano, hermana y madre: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Indudablemente que estamos unidos a la familia por vínculos de sangre. No elegimos nuestras familias sino que nos vienen dada. Y son a esos padres y madres, hermanos y hermanas y parientes más cercanos a los que consideramos familia por lazos de sangre. Sin embargo, la verdadera familia no nos viene dada por los vínculos carnales sino por la fe en un Padre común del que todos somos sus criaturas. Un Padre Dios, Creador de todo lo visible e invisible y del hombre y la mujer.

No somos hermanos en Xto. Jesús por vínculos carnales, sino por el Espíritu Santo -Rm 8, 1-17- recibido en nuestro bautismo. En ese momentos somos hijos adoptivos de Dios y coherederos con Jesús, de su Gloria. Por lo tanto, nos unimos a Jesús, nuestro hermano mayor cuando nos esforzamos en cumplir la Voluntad de Dios y cuando reconocemos nuestro pecados y con humildad y dolor de contrición nos dolemos de nuestros pecados.

lunes, 23 de julio de 2018

SIN JESÚS NOS PERDEMOS

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Jn 15, 1-8
Podemos tener mucha voluntad, muchas ganas de hacer las cosas bien y mucha tenacidad, pero, esa no es la cuestión, pues con nuestras fuerzas fracasaríamos o terminaríamos imponiendo nuestra rigidez, nuestro autoritarismo y nuestra voluntad de que todos cumplan y hagan lo mismo que yo. Y no se trata de eso, sino de vivir según la Voluntad del Señor.

"Yo soy la verdadera Vid, y mi Padre es el Labrador. A todo sarmiento que no da fruto en Mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más frutos. Yo soy la Vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en El, ese da frutos abundante; porque sin Mí no podéis hacer nada".

No hay duda, todos entendemos lo que el Señor nos dice. Significa que sin Él no damos frutos, por lo que queda claro que tenemos que estar injertados en Él para que nuestros frutos sean verdaderos frutos de bondad y de amor. Nuestras fuerzas son limitadas y todo lo que emprendemos por nuestra iniciativa, al margen del Espíritu Santo, está condenado a acabar mal, erróneamente o a morir por desfallecimiento por nuestra propia caducidad.

Necesitamos aliviar nuestra carga; necesitamos fortalecer nuestro espíritu; necesitamos iluminar nuestro camino; necesitamos la sabiduría que viene de arriba, no la de este mundo caduco y limitado; necesitamos la Gracia de Dios, para convertir nuestro corazón humano, apegado a las cosas de este mundo, en un corazón, semejante al de Cristo, ágape y abierto al amor para servir y dar verdaderos frutos de amor llenos de bondad y misericordia.

Indudablemente, sin Él no podemos hacer nada, pues por nuestra cuenta seguiríamos con nuestras apetencias humanas que nos esclavizan y no nos dejan amar como Él, el Señor, nos ama.