viernes, 14 de junio de 2013

EL PECADO ANIDA DENTRO DE NOSOTROS

(Mt 5,27-32)

No se trata de solo actos externos, que descubren nuestras carnales apetencias egoístas e ilícitas, sino que donde radica el verdadero mal es lo que germina y se desea dentro de nuestro corazón. Tanto que, a pesar de no poder consumar externamente nuestros deseos carnales ilícitos (adulterio), el hecho de aceptarlos y desearlos en nuestro corazón hace realidad el pecado, tal y como si se hubiese cometido.

Tanta importancia tiene que Jesús lo compara con el valor de un ojo o mano. Se trata de alejarnos de todo aquello que puede provocar y ser ocasión de pecado. En este sentido, el entorno y ambiente puede ser decisivo y muy importante para mantenernos fieles a la Voluntad de nuestro Padre Dios.

Es la batalla que cada día libramos contra nuestros principales enemigos: mundo, demonio y carne. Y nuestras mejores armas son la Penitencia y la Eucaristía vividas en la comunidad eclesial juntos a los hermanos en la parroquia. No es bueno quedarnos aislados, solos y sin apoyo. El peligro siempre está al acecho y necesitamos el aliento, el consejo, la fortaleza de la comunidad que nos anima y nos alumbra en el Espíritu Santo.

 Pidámoslo convencidos de que podemos hacerlo, y también de que al hacerlo encontraremos el camino que en el fondo deseamos y buscamos: "Cumplir con la Voluntad de Dios, Padre Bueno que busca y quiere lo mejor para cada uno de sus hijos".

jueves, 13 de junio de 2013

MÁS ALLÁ DE LA JUSTICIA


(Mt 5,20-26)

Se hace difícil comprender que tengas que estar a bien con aquel que se declara tu enemigo, o que te hace la vida imposible, o que te cuestiona tu propia instalación y acomodación. De una forma u otra, las diferencias y las disputas están reñidas con el Reino de Dios.

Se hace necesario dialogar, pactar y llegar a acuerdos. Acuerdos que satisfagan y busquen el bien de todos, porque el amor, que debe y tiene que estar debajo de todo esto, no es sino buscar el bien del otro sin tener en cuenta el mío. Se trata de olvidarme de mí, para pensar en el otro. Y esa exigencia es prioritaria al culto y alabanza. No vale adorar si luego procedes según tu voluntad y no la de Dios Padre a quien adoras.

Y cuando abro mi corazón de esta forma, lo primero que veo son mis fracasos, mi pobreza y mis pecados. Me siento incapaz de ser un buen adorador, porque experimento mi corazón apegado, apegado a pequeñas cosas rutinarias y sin apenas mucho valor, pero apegos que me impiden volar y darme, con todo lo que eso supone, a los demás. 

Sólo te pido Señor, que me des fuerza y capacidad para desprenderme de mí y, olvidado de todo apego y apetencia, darme en servicio a los demás por amor, por saber que Tú estás en cada persona que me necesita. Amén.

miércoles, 12 de junio de 2013

UNA LEY ACTUALIZADA

(Mt 5,17-19)


Jesús no viene a quitar nada sino a dar plenitud y perfeccionar la ley dada por Moisés. No es el cumplimiento lo verdaderamente importante, sino la vivencia de ese cumplimiento por amor. Así lo enseña y lo vive Jesús. Por amor, se perdona y se sirve; por amor, se vive en la verdad, se comprende y se tiene misericordia con el otro; por amor, se es paciente y se da la vida hasta el extremo de entregarla.

Por amor, toda la Ley se hace cumplimiento y nada se deja fuera. Por amor, todo precepto cobra verdadera y gran importancia y es respetado y cumplido. Cuando la Ley se mueve por amor alcanza su plenitud y todo se cumple. Así Jesús nos lo enseña con sus obras y vida. Él es la referencia, el camino, la verdad y la vida.

No se trata de normas y normas, sino de amor. Cuando se ama todo tiene sentido e importancia, y nada sobra ni es pequeño. Sólo el amor es lo importante y de él se desprende todo lo demás. Jesús lo ha dicho: el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas. Luego, el segundo, muy unido al primero, es amar al prójimo como Jesús nos enseña a amar. Ambos están muy unidos, pues si amas a Dios tendrás que demostrarlo en el amor al prójimo.

Es decir, si amas tendrás que demostrarlo, y esa prueba del algodón se resuelve amando al prójimo. Y amar para amar al prójimo hay que cumplir la Ley, toda la Ley.


martes, 11 de junio de 2013

EL VALOR DE LA SAL Y LA LUZ


(Mt 5,13-16)

Es sabido por todos que un plato sin sal es una comida sosa, sin gusto y difícil de comer. Necesita de un esfuerzo añadido para poderla ingerir. Un plato de comida sin sal es un plato rechazable y no deseado. Igual podíamos extrapolar esta experiencia a la vida de la fe. Un cristiano sin una fe viva, demostrable, testimonial y visible no es un cristiano sino un aparente y mal cristiano. No sirve de ejemplo, y provoca la huída y el rechazo.

Jesús pone unos ejemplos que no se esconden a nadie. Son tan claros y expresivos que todos los entendemos. Nadie ignora la importancia de la sal para las comidas, hasta tal punto que cuando por prescripción facultativa nos la prohíben, se nos hace difícil afrontar la nueva medida. De la misma forma entendemos el ejemplo de la lámpara. No se entiende una lámpara oculta que no pueda lanzar sus rayos de luz al exterior para servir de claridad y alumbrar todo lo que le rodea.

Sal y luz son dos cosas que utilizamos en nuestro mundo con mucha frecuencia, y que son indispensables de no poder utilizarlas. Un mundo sin sal y sin luz sería difícil imaginárselo y difícil de soportar. De la misma manera, un cristiano que no sirva a modo de sal para salar su entorno de criterios evangélicos estaría descafeinado y no viviendo lo que es por su compromiso de Bautismo. Y, de igual forma, un cristiano que no sea luz y dé claridad a lo que el Padre Dios quiere de nosotros, estaría sembrando oscuridad y confusión.

Otra cosa es que partamos de nuestra condición pecadora, pero que dejemos y deseemos ser sazonados y alumbrados por la Luz del mundo, Dios Padre, que nos perdona y nos limpia. Es entonces cuando, por la Gracia de Dios, nos convertimos en sal y luz.

lunes, 10 de junio de 2013

AMAR EN EL SERVICIO

(Mt 5,1-12)


Porque no se es mejor por cumplir, pues hay muchos cumplimientos que esconden engaños y mentiras. La misma palabra puede descomponerse en dos: "cumplir y mentir". El cumplimiento es verdadero cuando se hace libremente y por amor, porque llegado a ese momento, cumplir se hace servicio. Y quien sirve en esa actitud, está amando.

Jesús nos lo recuerda, cuando considera bienaventurado a aquel que es humilde, que comparte y llora con los que lloran y sufren. Aquel que es manso, que busca y siente sed de verdad y justicia. Aquel que por encima de la justicia pone la misericordia y el perdón. Aquel que trabaja por la paz, defiende al desvalido y es perseguido por la justicia por defender y establecer el Reino de Dios.

El poder debe ser transformado en servicio. Pronto comprendemos que de ser así todos los problemas quedarían solucionados, pero también, al mismo tiempo, nos damos cuenta que los hombres usamos mal nuestra libertad y la empleamos egoístamente y para nuestro propio servicio. Es entonces cuando las cosas se empeoran y se hacen injustas.

Sin embargo, no debemos entristecernos por eso, sino todo lo contrario, alegrarnos porque nuestra recompensa será grande en el cielo; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

domingo, 9 de junio de 2013

SENTIRSE SALVADO

(Lc 7,11-17


Fue lo primero que me vino a la mente: "Sentirme resucitado", porque como a ese joven de Naím, yo y tú también hemos sido resucitado en Xto. Jesús. Por su Muerte hemos sido redimidos e invitados a una vida de gozo y eternidad. ¡Sí, podemos considerarnos también como ese joven, resucitados!

Sin embargo, somos muchos los que pasamos indiferente ante ese hecho que nos vuelve a la verdadera vida. Imagino cual sería la respuesta de aquel joven resucitado por el Señor. Y también la de su madre. Imagino que serian dos de sus más fieles seguidores, porque una experiencia de ese tipo no puede pasar inadvertida. Experimentar que has perdido la vida y verte de regreso a ella, con muchos testigos, por voluntad de Jesús, tiene que ser algo impactante y que deja huella imborrable.

Cada uno de nosotros está invitado a vivir la misma experiencia. Jesús nos ha resucitado con su Muerte, salvando de una muerte eterna alejado de la presencia del Padre. Por su redención hemos sido liberados de la muerte e invitados a la vida eterna. Pero esa invitación exige ser aceptada, aceptada y querida por nuestra libertad. Jesús espera esa decisión con paciencia y con infinito amor. 

Dependerá que cada uno de nosotros experimentemos que Jesús nos ha resucitado como a aquel joven de Naím.


sábado, 8 de junio de 2013

ALGO SE DESPRENDE DE MÍ

(Lc 2,41-51)


Cuantas veces presentimos angustiados que vamos a perder a un ser querido, o vivimos con la ansiedad de quedarnos solos, bien porque los hijos levantan vuelo, bien porque cada cual tiene su propio camino en la vida que le corresponde recorrer. Y cada cual tendrá que responder de su propia gestión y responsabilidad solo por el hecho de ser libre. La libertad, algo tan valioso, nos pasa su factura.

María, la excelsa Madre de Dios, nos da ejemplo de lo que expresamos en esta humilde reflexión. No entender los pasos y camino del Hijo supone confusión, angustia, perplejidad, miedos y desconcierto. Sin embargo, Lucas nos dice en su Evangelio que María conservaba todo eso en su corazón.

¿Mantenemos nosotros la esperanza, cómo María, de conservar todas nuestras experiencias, por duras e inexplicables, en nuestro corazón? Quizás sea esa la pregunta, o una de las preguntas, que hoy nos podemos hacer en la reflexión evangélica.

Pidamos al Padre Dios, luz en el Espíritu Santo, para saber y conservar todas nuestras perplejidades, confusiones, desconciertos y angustias con esperanza y paz en nuestro corazón.