jueves, 11 de agosto de 2011

PERDONANDO NOS SENTIREMOS MEJOR (Mt 18, 21-19, 1)


Nadie duda que perdonar se hace difícil, pero todos sabemos que cuando perdonamos nos sentimos mejor que cuando no lo hacemos. Hay una diferencia, y es que habiendo perdonado alcanzamos la paz de sabernos querido y no odiado. La misericordia siempre será lo mejor que podamos hacer.

Precisamente, el problema de este mundo es el perdón y la misericordia, pues de aplicarse todo iría mejor. ¿No lo creen así? Porque la misericordia y el perdón animan a otros a perdonar como ello fueron perdonados. Es así como nos lo manda practicar JESÚS y nos enseña lo que no se debe hacer, y sus consecuencias, en la parábola que nos cuenta.

Ello no supone que, porque sea perdonado, vaya a aprovecharme, pues sabemos que sucederá en ese caso. También la parábola nos deja claramente expuesto que pasará a quienes no perdonen como son perdonados.

Dame la fuerza, el valor y la voluntad de empeñarme
en perdonar a todo aquel que pida mi perdón,
y que me haya faltado, pues TU, mi 
SEÑOR, me has perdonado
todas mis faltas. Amén.

miércoles, 10 de agosto de 2011

NOS EMPEÑAMOS EN HUIR DEL DOLOR (Jn 12, 24-26)


Es lo que buscamos, calmar el dolor, porque el dolor nos hace sufrir. Nadie quiere sufrir, eso es natural a nuestra propia naturaleza, pero, ¡todos!, sabemos que el sufrimiento es algo que no podremos evitar. Algún día tenemos que sufrir, y, más de lo que creemos, pasamos insatisfechos e inquietos en busca de la paz y la felicidad.

No solamente de forma física, sino también psíquicamente padecemos muchos dolores. Nos duele el cuerpo, pero también el alma. Y experimentamos que sólo después del sufrimiento aceptado y asumido como medio de purificación y crecimiento, encontramos la paz y la serenidad del gozo buscado. 

La muerte de nuestro propio yo nos eleva y nos satisface plenamente. Indudablemente, nos produce dolor, pero sólo detrás de ese dolor, de esa cruz, existe y se encuentra la alegría del gozo eterno. Por eso, no hay otro camino, JESÚS nos dice hoy que el que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna.

SEÑOR, ayúdanos a descentrar objetivos y miradas. Ayúdanos
a desapegarnos de todo aquello que nos contamina, que
nos hace pensar sólo en nosotros y olvidarnos de
los demás. Amándonos sólo a nosotros,
¡nos perdemos!

No permitas, DIOS mío, que me aparte de TI, pues sin TI
no sabré encontrar el Camino que me ayude a morir
y dar frutos. amén.

martes, 9 de agosto de 2011

SER COMO NIÑO (Mt 18, 1-5. 10. 12-14)


¿Qué significa ser como niño? Porque de ser como ellos dependerá mucho que podamos alcanzar la gloria de alcanzar la presencia del SEÑOR eternamente. Por lo tanto, no es cosa de tomárselo a la ligera, sino de poner todo nuestro empeño en saberlo y llevarlo a cabo.

Un niño, ahora lo tengo más fresco por la cercanía de mi nieto, encarna la confianza absoluta, la inocencia, la simplicidad, la pureza, la humildad, la obediencia y la ingenuidad de dejarse llevar por sus padres y familiares. Un niño, ajeno a todos los problemas que le acecha, se confía a sus padres y reboza de alegría y felicidad. Se sabe y siente seguro.

Un niño no dudaría, como lo hizo Pedro, de ir hacia JESÚS caminando por encima de las aguas. Un niño, indefenso de todo, por amor es puesto seguro de todo por sus padres. Depende de todos, pero por su pequeñez es vigilado y defendido por sus padres.

Por eso, por nuestra arrogancia, nuestra incredulidad, falsa humildad, soberbia, falsedad, malas y segundas intenciones, debemos abajarnos, hacernos pequeños, simples, ingenuos y confiados, como niño, en nuestro PADRE DIOS para poder ser transformados en verdaderos hijos de DIOS.

Dame, DIOS mío, un corazón humilde, sencillo, lleno de
 puras y buenas intenciones, para que, siendo como
un niño, sea capaz de renovarme interiormente
y poder apreciar la bondad del otro. Amén.

lunes, 8 de agosto de 2011

EL TRIBUTO DE MI VIDA (Mt 17, 22-27)


Hace días fui llamado, por la seguridad social, a hacerme unas pruebas en los pies y me aconsejaban cuidarlos porque cuando se tiene azúcar se está más propenso a que las heridas no cicatricen y se puedan agravar peligrosamente. El tributo de la salud, pensé, es el estar pendiente de todos cuidados que lleva nuestro cuerpo. Y eso exige una disciplina y una atención constante que demanda esfuerzo y trabajo.

Pero, cuanto más importante es mi alma, pensé inmediatamente. Si bien, cuidar el cuerpo, algo caduco, es importante y necesario, más importante es cuidar el alma, puesto que es algo eterno, no ser que lo vayamos a perder entretenidos tanto en las cosas del cuerpo que nos olvidemos del alma.

JESÚS nos habla hoy de lo que va a acontecer en su vida: "Morirá en manos de los hombres, pero Resucitará al tercer día, porque esa es la Voluntad de mi PADRE". Nos advierte del tributo que nos va a costar pasar también nosotros por el mismo trance. Sí, realmente es un paso muy fuerte que nos va a exigir mucho esfuerzo y trabajo, pero es lo que nos va a permitir alcanzar lo que queremos: "El cuidado de nuestra alma, y de salvarla para siempre".
El Camino es duro, difícil de entender, contrario a nuestras
apetencias y voluntades, pero, si TÚ, SEÑOR, lo has 
pasado, y nos lo propone para que nosotros
también lo hagamos, sólo TÚ tienes
Palabra de Vida Eterna, y
en TI creemos. Amén.

domingo, 7 de agosto de 2011

¿DÓNDE ME HUNDO EN MI VIDA? (Mt 14, 22-23)


Nadie ignora que en por su vida han pasado tempestades, y que continúan pasando. Y que nunca dejaran de pasar. Nadie, es obvio, rechaza el consentimiento de que, ahora o más tarde, llegará el momento definitivo de la tempestad que apagará las luces de nuestra vida en la tierra, pero comenzará la verdadera y eterna para SIEMPRE.

La primera no tiene vuelta de hoja, pero la segunda está más inmadura y hay muchos que no lo tienen claro, otros muchos lo dudan, y otros lo rechazan. Pero nadie se atreven a negarlo rotundamente porque nadie sabe que pasará después. Sin embargo, hay razones para creer que la vida continúa porque en nuestro interior, nuestra conciencia, nos reclama un derecho de vivir eternamente. De hecho, todos buscamos ese derecho: "Ser felices y eternos".

Y antes las tempestades que invaden nuestra vida sentimos miedos y, en consecuencia, buscamos seguridades. Para muchos, el dinero representa la seguridad que nos abre todas las puertas para solucionar los problemas que nos afectan. Para otros, será, no sólo el dinero, sino las amistades, las influencias, la medicina, el conocimiento, el bienestar...

Pero, ¿qué nos dice la experiencia? A lo largo de nuestra vida experimentamos que por mucho que buscamos, no encontramos el elixir que nos llene y nos satisfaga plenamente. Corremos y corremos pero continuamos inquietos. Nos viene a la memoria las palabras de san Agustín: "Nos descansaremos hasta llegar a TI, SEÑOR".

Y eso fue lo que le ocurrió a Pedro en la Palabra de hoy. Sólo cuando puso su salvación en manos de JESÚS, emergió del agua y la tempestad se calmó en su vida. Todas sus dudas y hundimientos tomarón solidez y firmeza. Es en el SEÑOR donde encontraremos la plenitu y todas las respuestas que buscamos. Porque ÉL es el HIJO de DIOS, y ya ha pagado por nuestras vidas con su Muerte y Resurrección. Por lo tanto, sólo nos falta asir la mano para agarrarnos a ÉL y dejar que nos emerja y nos salve.

Calma, SEÑOR, todas las tempestades de mi vida,
 y haz que, afianzado en TI, surque las aguas
de mi camino seguro de que cogido de
tu Mano no correré ningún peligro
de hundirme. Amén.

sábado, 6 de agosto de 2011

EXPERIENCIAS TABORIANAS (Mt 17, 1-9)


En el camino hacia la Jerusalén Celeste hay momentos de Tabor que nos animan y nos revelan que JESÚS camina junto a nosotros. A medida que vivimos en presencia del SEÑOR, nuestra amistad se hace más sólida y profunda. Nace la confianza de sabernos amado y queridos por ÉL, y la fe firme de que ha entregado su vida por nosotros. Concretamente por mí y por ti.

En esa mutua relación, en la que ÉL toma la iniciativa y la principal acción, hay muchos momentos que nos sorprenden éxtasis de paz y felicidad que nos recuerdan ese momento glorioso del Tabor que hoy nos relata la Palabra de DIOS. Indudablemente, el SEÑOR lo concede a quien quiere y cómo y cuando quiere. Se nos manifiesta según su voluntad y nos revela que su presencia es gozo y felicidad que nos hace olvidarnos de nosotros mismos. Fue lo que experimentaron Pedro, Santiago y Juan. Se sentían felices sólo con la presencia de JESÚS transfigurado.

Haz, SEÑOR, que nuestras esperanzas se vean 
fortalecidas por tu presencia en nuestras
vidas. Y que sepamos siempre
apreciar que nuestro
gozo eres TÚ. Amén.

viernes, 5 de agosto de 2011

NO BUSCO LA CRUZ, SINO QUE LA LLEVO POR AMOR (Mt16, 24-28)


No se trata de sufrir porque hay que sufrir, sino aceptar con amor los sufrimientos que los aconteceres de cada día nos ofrecen. Porque, a pesar nuestro, sabemos que el dolor vendrá y, aunque tratemos con todas nuestras fuerzas de evitarlo, no podremos. Queramos o no, el dolor forma parte de nuestra vida, y muchas cosas, casi todas las buenas, necesitan horas de esfuerzo, de sacrificio y lucha para lograrlas.

Nada se consigue fácilmente, y lo bueno necesita de mucho trabajo y esfuerzo para lograrlo. Y cuando no es así, o algo falla por cualquier circunstancias, aparece el dolor, la fatiga y la decepción que nos lleva al sufrimiento y dolor. Por eso, sólo CRISTO da sentido y esperanza a nuestra vida, sobre todo cuando hace presencia el dolor, la lucha diaria, la enfermedad y, de forma especial, en el momento de la muerte.

Negarse, es afirmarse en aceptar el dolor en XTO.JESÚS. Sólo en ÉL, por ÉL y con ÉL tiene sentido la vida, y todo cobra valor y esperanza. Quien, por amor a JESÚS, le sigue y renuncia a sus egoísmos y comodidades poniéndose al servicio de quien le necesite y le pida ayuda, tendrá la recompensa de la gloria eterna.

No es el sufrimiento quien nos lleva a JESÚS, sino, por JESÚS, acepto el sufrimiento que la vida me depara tarde o temprano. Y en él encuentro la esperanza de darle sentido y valor en lugar de amargarme y desesperarme. En XTO.JESÚS, mi sufrimiento y dolor adquieren una dimensión salvífica y redentora. Por eso, cargar con nuestra cruz nos salva y dignifica si lo hacemos por, en y con JESÚS.

Que sepa, DIOS mío, entender los abatares de mi
vida como la circunstancia santificante que
me hace, en TI, darle sentido a todos
mis padecimientos y dolores 
como también a mí
alegrías y esperanzas. Amén.