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sábado, 5 de febrero de 2022

EL DESCANSO Y SENTIDO DE LA VIDA

 

La experiencia nos dice que el descanso nos es necesario. Tan necesario como el trabajo, pues, para poder rendir y trabajar necesitamos descansar y reponer nuestras energías y fuerzas. Es verdad que la economía – donde la producción y riqueza priman – nos condiciona, nos presiona y nos sobrecarga de trabajo. Las relaciones y tareas domesticas, donde nuestras relaciones necesitan del amor, paciencia y misericordia, se ven alteradas y saturadas de falta de tiempo y espacio donde poder tener un equilibrio y sosiego. Se hace necesario una escala de valores y una jerarquía donde también el descanso ocupe un lugar destacado.

El Evangelio de hoy nos habla del regreso de los apóstoles de la misión a la que fueron enviados. Jesús, una vez son recibidos y comparten sus vivencias y experiencias de la misión, les invita a buscar un espacio de descanso donde reponer fuerza y energía. Y también, nos dice el Evangelio, son sorprendidos por el gentío que les busca y al que, irremisiblemente, hay que atender. Y es que, a veces, sucede eso en nuestra propia vida. Se suceden circunstancias que impiden realmente nuestro descanso y, a pesar de nuestra fatiga, se hace necesario seguir adelante y responder al compromiso apostólico.

La vida pierde todo su sentido cuando en el horizonte de la misma el trabajo ocupa en centro de la misma y sobrecarga a la persona. El trabajo es algo efímero y tiene fecha de caducidad. ¿Qué ocurrirá cuando llegue ese momento? ¿Dónde se apoyará nuestra vida? ¿A quién acudiremos? La cuestión es que necesitamos encontrar el verdadero sentido de nuestra vida, de nuestro peregrinar por este mundo. Se hace muy necesario encontrar la Palabra que nos llene de esperanza y de verdadero amor en el camino de nuestra vida. Un amor que le dé sentido. Y eso sólo lo podemos conseguir en Jesús, el Hijo de Dios. Sin Él nuestra vida queda vacía, sin sentido e, irremisiblemente, se derrumbará. Jesús en la razón que alimenta la esperanza de nuestro vivir, le da verdadero sentido y le alumbra la meta a donde ir.

lunes, 24 de octubre de 2016

EL INTERROGANTE DEL SÁBADO

(Lc 13,10-17)
No avanzamos, ante el sentido común obviamos la realidad y el bien y segumos empecinados en cerrarnos a la verdad y el bien de las personas. Incluso, anteponemos las necesidades de los animales antes que las personas. No nos hace falta irnos muy lejos, sobre todo a los españoles, para constatar que eso mismo está pasando en nuestro país. Los ojos cerrados ante la realidad y lo problemas de la nación y erre que erre empecinados en no querer ver el bien de los ciudadanos.

Igual ocurrió con aquel jefe de la sinagoga. No se inmutó ni se sorprendió por el milagro que habían presenciados sus ojos. No quiso aceptar ese prodigio y maravilla de poder que, curando a aquella anciana, ponía a las personas por encima de la ley sabática. ¿No nos ocurre hoy igual? 

En la actualidad no es el problema de las personas ni del propio sábado, sino del trabajo. Se impone el trabajo por encima de las personas, y como si de un dios se tratara se le rinde culto y pleitesía a toda hora y todos los días. Incluso los domingos. La consigna es, el trabajo es lo primero. En cierta ocasión, cuando trabajaba en Banca, oí decir a un director que el Banco era lo primero que había que atender, casi por encima de todo, porque era el que nos daba de comer.

Observamos que no hay mucha diferencia con el tiempo que vivió Jesús. Por aquel entonces era la ley, pero ahora es el consumo y la riqueza. Se trabaja y se vive para el trabajo. Se ha quitado a Dios de nuestro tiempo y se le ha sustituido por el trabajo.

 ¿Y que sucede? Que más temprano que tarde seremos herramientas inútiles y nos tiraran al cuarto de los desechos. Primero fue el aborto y más tarde será la eutanasia. Seremos considerados mientras seamos útiles, pero solamente ese poco tiempo. Nuestra dignidad como persona se olvida y se excluye. Y nuestros derechos están y se ponen por debajo del trabajo y consumo. Hoy ya no es el sábado. Se ha cambiado del dios ley al dios consumo y riqueza.

Pidamos abrirnos a la acción del Espíritu, que busca el bien de las personas, sus derechos y sus espacios de reflexión y de sus búsquedas de sus propios destinos. Y de despojarnos de las mediaciones que nos anulan, nos esclavizan y nos cierran a la acción del Espíritu Santo.