Mostrando entradas con la etiqueta viuda pobre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viuda pobre. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de noviembre de 2021

NO ES LO MISMO UNA OBRA BUENA QUE UN SACRIFICIO

 

Con mucha frecuencia nos confundimos cuando pensamos que una obra - aún siendo buena - es un  sacrificio. Y es que podemos hacer algo que, siendo bueno, no llega a sacrificio. Porque, algo bueno puede darse de lo que sobra, pero un sacrificio comporta darse uno mismo despojándose de algo propio que duele desprenderse.

Es por tanto fácil de confundir el sacrificio con la aportación - que en muchos casos son interesadas - al pretender recibir algo en compensación - tales como cenas, galas, rifas...etc., benéficas y solidarias. No podemos decir que son malas, pero sí que no son sacrificios. Porque, el sacrificio sería darse voluntariamente sin necesidad de ir o participar de esa contraprestación. 

Aquella pobre viuda dió lo que tenía - se dió - y lo hizo de forma desinteresada, silenciosa y sin ninguna contraprestación. Simplemente por compromiso de amor. Diríamos - en términos económicos - que sacrificó su situación financiera quedándose sumida en un estado doloroso. Jesús, también entregó su Vida en la Cruz, dándola con dolor y sufrimiento y perdiéndola para gloria de su Padre y ganándola para la Vida Eterna.

La pregunta que surge desde lo más profundo de nuestro corazón dice así: ¿Estamos también nosotros en esa actitud generosa de darnos por amor? ¿Y lo hacemos sin búsqueda de recompensa? Porque, precisamente, esa es la señal inequívoca del amor, sobre todo cuando se hace la oscuridad en nuestra vida y todo se vuelve oscuro, opaco y doloroso.

domingo, 11 de noviembre de 2018

ÚN CORAZÓN VACÍO PARA PODER AMAR

Imagen relacionada
Mc 12, 38-44
Mientras tu corazón permanezca ocupado y lleno de cosas, difícilmente estará libre para poder amar. Porque, dedicará tiempo a las cosas que viven dentro de él y no habrá mucho tiempo para el amor. Estará atado y sujeto a lo que llena su espacio y se sentirá amenazado cuando le exijan amar y desprenderse de lo que tiene. Se hace necesario tener un corazón libre y generoso para darse cuando la circunstancias lo requiera.

Hay muchas formas de aparentar y de mostrarse generoso ante los demás, y de engañar a los que no pueden ver el fondo del corazón sino las apariencias que se muestran ante sus ojos. Pero, al final emergerá la verdad y todo quedará al descubierto. Es el caso de los escribas que Jesús descubre hoy en el Evangelio y que señala con estas palabras: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa».

Me quedo con esas palabras finales: "Esos tendrán una sentencia más rigurosa". Nada queda encubierto y todo sale a la luz y todo se paga con una sentencia más fuerte y proporcional a los hechos realizados. Es lo que sucede con la pobre viuda. No importa la cantidad sino la cualidad del hecho y la intención con la que entregas tu aportación. Mientras uno dan lo que les sobra y no necesitan, otros dan lo que si necesitan y no les sobra. Porque, en eso está la verdadera intención de la generosidad.

Se trata de compartir lo que tú tienes y utilizas. Es decir, necesitas esto pero lo compartes. Otra cosa es dar aquello que tienes guardado y te sobra. No has compartido nada sino has entregado algo que no utilizas y que te sobra. Compartir es partir lo que tienes con el que lo necesita. Es darte no dar.

sábado, 10 de junio de 2017

EN PROPORCIÓN A SU RIQUEZA

(Mc 12,38-44)
No todo vale ni todo se justifica. El esfuerzo, aun pequeño, tiene su valor en la medida y proporcionalidad a su poder y generosidad. Porque se es generoso en tanto y cuanto se da, no de lo que sobra, sino de lo que se tiene y se necesita. Porque, sólo así estás demostrando tu compromiso y tu interés.

Cuando das de lo que puedes prescindir y te sobra, no estás mostrando ni compromiso ni solidaridad. Estás, simplemente dando de lo que te sobra, y de forma indiferente. Porque, sólo das cuando eres capaz de partirte y entregarte. Tal y como hizo Jesús, nuestro Señor. Sólo así dejas sin palabras a otro que miran tus obras. Creo, por la Gracia de Espíritu Santo, que eso fue lo que aquella pobre viuda nos quiso decir con su generosidad y desprendimiento. Comprometió su vida y se partió en y para los demás. Trató de, aunque la distancia es insalvable, de imitar a nuestro Señor Jesús.

Y nuestro camino tiene que ser ascendente. Eso significa que no puede dejar de crecer. Pararse es retrocedes o quedarse en la mediocridad. Ni debo, ni tampoco soy nadie para juzgar a otros, pero no caminaremos si no crecemos en entrega, servicio y desprendimiento respecto a los demás. En eso, envidio, sanamente, a una persona, que conozco de cerca y profundamente, y me deja sin palabras a cada momento. Y es que, reza y reza, pero también se parte y reparte cada día renunciando a sí misma por servicio y entrega a los demás, incluyendo a sus enemigos. Ella encarna muy bien a esa pobre viuda de la que habla Jesús.

Es fácil caer en la tentación de gustarnos, y de que nos digan lisonjas y piropos. Y que nos tengan por buenas personas, piadosas e importantes. De nada nos vale si no somos capaces de dejar en la bandeja parte de nuestra vida, quedándonos sólo con lo que necesitamos para la nuestra. Es, por eso para lo que necesitamos rezar y para que el Espíritu Santo transforme nuestro corazón de piedra en uno suave, tierno, generoso, dócil y amoroso, según la Voluntad del Padre.

domingo, 11 de noviembre de 2012

LA LIBERTAD SE ESCONDE...

 Lo mejor de la Iglesia (Marcos 12,38-44). José Antonio Pagola

en el desprendimiento, porque si estar desapegado de todo aquello que aparentemente nos suscita felicidad nos es imposible ser libres. Y si no somos libres nos será imposible amar. Condición indispensable para amar es gozar de libertad. 

Libertad para administrar todos los bienes recibidos como recibidos y no como propios, porque en ese criterio se esconde el don de compartir, de la generosidad. Cuando las cosas que nos rodean son tomadas como medios, como instrumentos que nos ayudan en nuestro camino hacia la meta que nos da la felicidad, el amor, nuestra actitud se comporta de otra forma.

Es entonces cuando somos capaces de, como la viuda citada en la Palabra de hoy, de dar parte de lo que tenemos y compartirlo con los necesitados, porque esa es la consecuencia del amor. No hay otra. Amamos para darnos y al darnos compartimos hasta nuestra propia vida.

Para eso ha venido Jesús, y por eso ha muerto por cada uno de nosotros. No para simplemente rezar, celebrar y cumplir, sino solo precisamente para amar. Y el amor solo se puede dar a aquellos que lo necesitan, y porque lo necesitan están dispuestos a recibirlo.

Unos corazones abundantes y satisfechos no despertaran a ninguna necesidad. No descubrirán sus propios pecados ni necesitaran de ningún médico. Les será difícil vislumbrar la luz que abras sus ojos y conocer su propia realidad. Están ciegos y endurecidos por sus riquezas. 

Solos los publicanos arrepentidos, humildes y reconocidos pecadores estarán en la dinámica de ser justificados por la Misericordia de Dios. Y eso es lo mismos que decir que para ser alcanzados por la Misericordia de Dios es condición indispensable ser pobre.