sábado, 11 de agosto de 2018

¿A DÓNDE VAMOS SIN FE?

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Podemos pensar qué es la fe y buscar dónde y cómo se consigue o si se puede comprar. Muchos, cegados por la oscuridad del mundo quedan confundidos y pueden llegar a pensar que la fe es cosa de adquirirla y de adoctrinamiento. Al respecto hay muchas teorías y confusiones. El Evangelio de Jesús no es una doctrina, ni tampoco una religión. Ni siquiera un conjunto de normas o preceptos o una doctrina  filosófica. Nada de eso. Entonces, ¿qué es?

Lo que nos viene a revelar Jesús y a comunicarnos es la proclamación de la buena Noticia de salvación. Sí, de salvación. Para muchos eso debe de sonar a disparate o a algo hueco. ¿Qué salvación? ¿Acaso necesito yo salvación? No cabe duda de que el mundo nos ciega y apaga nuestra sed con aguas temporales que nunca terminan por saciarnos plenamente. Pero, nosotros ciegos y sometidos seguimos bebiendo de esa agua. 

Quizás, la respuesta podemos encontrarla en aquella mujer samaritana cuando le pide a Jesús que le dé de esa agua que quita la sed para siempre - Jn 4, 5-42-. Es posible que tú y yo también busquemos saciar la sed de vida que tenemos. Una vida eterna y plena de felicidad que no encontramos como saciar en este mundo, porque del agua que bebemos no conseguimos calmar la sed sino de forma temporal. Hay que volver a beber de nuevo. ¿No te has planteado esa pregunta de la samaritana? Es posible beber de un agua que sacie ese deseo de felicidad eterna?

Sin embargo, a diferencia de aquella samaritana, tú no crees que esa agua exista y sea cierto sus efectos. Te suena más a esos cuentos infantiles que tus padres te solían contar o escuchabas en algún lugar. Sin embargo, lo más grave es que no sientes curiosidad por rastrear e indagar si eso puede ser cierto. Estás adormilado, con los ojos vendados por las seducciones que el mundo pone delante de ti. Espejismo de maravillas que pronto se convierten en basura de muerte y corrupción. El Maligno tiene todo a su favor. Nuestra naturaleza, herida y débil, le favorece.

Jesús lo ha dicho y lo ha demostrado. Su resurrección es un hecho que los que han estado con Él lo testimonian y lo demuestran hasta el punto que ellos mismos dan la vida por esa verdad vivida. Sin embargo, sólo la fe puede ponerte en camino Sin ella no podrás encontrar nunca al Señor. Necesitas creer y para ello abajarte y ser humilde. Abrir tus ojos y pensar que sólo el Agua que te da el Señor es el Agua de Vida Eterna que tanto buscas en el mundo. Sólo tú tienes la palabra.

viernes, 10 de agosto de 2018

CONTRA CORRIENTE

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Jn 12,24-26
Supongo que en esta vida todos quieren subir, tener éxito y situarse en los puestos más altos. Supongo que nadie estudia, se esfuerza y se prepara para ocupar los últimos puestos, para fracasar o para no triunfar en esta vida. Supongo que esa es la lógica de todos, pero no la de Jesús. Hoy nos lo deja muy claro en el Evangelio.

«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».

Pocas palabras, pero muy concretas, claras y suficientes para descubrirnos el camino. La cuestión es olvidarse de uno y, no por eso dejarse de preparar, sino, prepararse, valga la redundancia, para servir hasta el punto de estar disponible y dispuesto a entregar su vida. Ejemplos hay muchos en la Iglesia y hoy celebramos a uno de ellos, San Lorenzo mártir.

La cuestión es que ahora nos toca a nosotros. ¿Estamos preparados para dar íntegramente nuestra vida hasta la última gota de nuestra sangre? Hay muchos lugares donde eso está pasando en estos momentos, pero, ¿y tú y yo, también estamos dispuestos? Indudablemente, la disponibilidad que tengamos descubre también nuestra fe. 

Es posible que el miedo y nuestro poco valor nos paralice, pero pensemos que el Espíritu Santo nos dará valor y fortaleza para serles fieles al Señor.

jueves, 9 de agosto de 2018

LUZ QUE ILUMINA Y NO SE GASTA

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Mt 25, 1-13
Su aceite iba, en la medida que se consumía dando luz, aumentando y llenando su lámpara. Nunca estuvo vacía y siempre iluminó por medio del amor y del perdón. Y esa es una de las lecciones más importante -Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein - que debemos apuntar en nuestro corazón. Nunca dejar nuestra lámpara a medio llenar, porque se nos puede vaciar en las tempestades de nuestras vidas.

Y la forma de llenarla es en y por los sacramentos y la oración. Sobre todo en la Eucaristía donde nos proveemos de todo el aceite necesaria para mantener la lámpara de nuestro corazón siempre iluminada. Cada día hay que recargar de nuevo la lámpara. No podemos tener un depósito grande para muchos días porque podemos desorientarnos en el tiempo y calcular mal. Los peligros son diarios y a cada instante y pueden llegar de improviso como les ocurrió a aquellas doncellas necias.

Cada día trae un nuevo episodio y una nueva revisión de la disposición y la fortaleza de nuestro corazón. Somos constantemente tentados y nuestra debilidad es grande. Nuestra naturaleza está herida y cualquier descuido o despiste nos puede hacer caer. Necesitamos tener nuestras lámparas bien cargadas para que nuestra luz nunca se apague en el momento decisivo de nuestra hora. Sabemos y conocemos que el Maligno está al acecho y sabe todos nuestros movimientos y debilidades. Estémos, pues, atentos.

Porque, nos vendrán días difíciles, oscuros, ininteligibles, que nos desorientarán y nos llenarán de dudas, de miedos, de angustias y de deseos de abandono y apetencias que nos sastifagan nuestra apetencia carnal, lujuriosa, egoísta, avariciosa... Necesitamos tener nuestro corazón bien armado en el Espíritu Santo para poder combatir todas esas tentaciones para estar prestos y preparados para cuendo llegue el Novio.

miércoles, 8 de agosto de 2018

CUESTIÓN DE FE

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Mt 15,21-28
Es posible que tú y yo hayamos pedido muchas cosas al Señor, y quizás no nos haya respondido de inmediato o haya esperado a ver nuestra insistencia. Es lo que hizo con aquella mujer cananea ante los alaridos de auxilio que salían de su boca. Jesús les explicó, ante la insistencia de los discípulos para que la atendiera, que solamente había sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 

¿Y qué hubiésemos hecho tú y yo? Seguramente callarnos la boca y arriar bandera. Pero, la mujer cananea no se calló, siguió insistiendo porque su fe era grande. Y sucedió que ella vino a postrarse ante Él y le dijo: « ¡Señor, socórreme!». Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». «Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». El resultado fue que Jesús quedó maravillado de su fe y le dijo: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y desde aquel momento quedó curada su hija.

¿Actuamos así nosotros en nuestra vida respecto al Señor? ¿Tenemos esa confianza en Él a pesar de que las cosas no salgan como queremos? ¿Cómo podemos pensar que el Señor no nos va a escuchar y atender? Pero, imaginemos que el Señor nos da todo lo que le pidamos, ¿qué nos ocurriría? ¿Seríamos capaces de encajar todo eso con humildad y servicio, o seríamos considerados como unos poderosos a los que el Señor les concede todo? ¿Nos haría bien eso?

El Señor sabe lo que necesitamos y conoce la medida que le viene bien a nuestra vanidad para no engreírnos y perdernos. Confiemos en el Señor sabiendo que todo lo que nos ocurra puede ser bueno para mejorar y perfeccionarnos.

martes, 7 de agosto de 2018

EL PODER DE DIOS

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Mt 14,22-36
Hoy el Señor hace de las suyas, y es que puede hacer lo que quiera y cómo quiera, pues es el Señor. Por eso, es absurdo resistirse a la Palabra del Señor al querer pasarla por nuestra razón, porque, nunca la comprenderemos. Si Dios es todopoderoso, ¿cómo es que no puede hacer lo que le venga en gana? 

Es verdad que tú y yo vamos a poner pegas, pero, el error está en que queremos entenderle y razonar que lo que hace lo puede hacer. Dios es Infinito y tú finito, pequeño e insignificante. ¿Cómo quieres exigirle a Dios que te dé pruebas para que te sea fácil creerle? ¿Acaso, a parte de todo lo que te ha regalado quieres también que te regale la salvación sin tú apenas colaborar? Te pide que creas en Él y, encima, te lo demuestra como lo que narra el Evangelio de hoy.

Ahora te inventas que lo que dice la Biblia es un invento, valga la redundancia, de los que estaban con Él, y que continúa la Iglesia. La cuestión es negar y negar para no moverme de mi sitio. ¿Es qué los demás, los que le siguieron y creyerón en Él, vivieron bien. ¿No dieron todos sus vidas por la fe en Jesús? ¿Es eso lo que no te gusta?

¿Y la Iglesia? ¿Crees que viven  bien lo curas, obispos y el Papa? ¿Y por qué no hay vocaciones? ¿Por qué hay estudios que reflejan que en pocos años escasearan los curas? Si se vive bien, ¿qué ocurre? ¿Y la tarea de la Iglesia? ¿Sabes realmente la labor que hace la Iglesia? ¿Qué tiene fallos? Claro, hay muchos que no dan la talla y que incluso dan mal ejemplo, pero esa no es la Iglesia, sino algunos miembros que están en ella queriendo aprovecharse. Sabes que la mayoría no es así.

Nosotros, Señor, a pesar de lo que otros piensan y argumenten, queremos seguirte. Porque, Tú eres el Pan de Vida Eterna; porque, Tú nos das lo que realmente buscamos, felicidad y paz eterna; porque, sólo en Ti encontramos nuestro destino y nuestra vida cobra todo su sentido.

lunes, 6 de agosto de 2018

INYECCIÓN DE MORAL

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Hay momentos en que todo se nubla y el mundo nos cae encima. Aparecen las dudas y el desaliento hace presencia. ¿Quiénes no han tenido sus noches oscuras? La misión no es fácil y lo primero es estar convencido que, con Jesús podemos. Se precisa creer en Él y confiar en su Palabra y su Poder. Para el Señor no hay nada imposible.

Pero, la realidad de nuestro camino terrenal nos trata de engañar. Nos presenta dificultades y problemas que a veces nos ahogan y que nos transmiten que nuestra misión es equivocada e imposible. Los apóstoles no se libraron de estas batallas y dudas y Jesús, el Señor, lo sabía. Por eso, en el camino de subida a Jerusalén, Jesús les hace un aparte y les anticipa el resultado de su Pasión. 

La Cruz no es la meta, sino el paso definitivo hacia la verdadera meta, la Resurrección, y Jesús en el Tabor les muestra a Pedro, Santiago y Juan lo que va a ocurrir tras la Pasión y Muerte del Señor.Es una ventana a la esperanza de la victoria sobre la muerte. Es el resultado de lo que nos espera, a pesar de la travesía y de las dificultades que nos vamos a encontrar. No entendían bien lo que les decía sobre la resurrección de los muertos, pero observaban esta recomendación que guardaban con expectación y esperanza.

Hay quienes no creen y se resisten a admitir la resurrección del Señor. Esa es la dificultad mayor y el extremo fundamental de la puerta de la fe. Tras creer en la resurrección todo se vuelve más fácil y se caen todas las barreras que les apartan de la fe. Esa es la cuestión. Jesús ha Resucitado.

domingo, 5 de agosto de 2018

LA FE NOS MANTIENE VIVOS Y ACTIVOS

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La experiencia nos dice que la vida hay que fortalecerla, y, para ello, tenemos el alimento y el ejercicio. Sin embargo, pronto vamos descubriendo que sólo el alimento corporal no basta. Nos satisfacemos de comida, pero no por eso nuestra ansias de vivir y de felicidad se mantienen plenas y activas. Recordamos las Palabras de Jesús: No sólo de pan vive el hombre... -Mt 4, 4- y lo constatamos en la vida. El hombre, una vez alimentado, busca otra fuente donde saciarse y donde llenar esa inquietud que le pide su alma.

No cabe ninguna duda que la gente en general busca el saciarse, pero luego esa hartura no satisface plenamente su vida. El animal cuando come y está harta se echa a descansar. El hombre sigue buscado donde saciar su hambre de saber, de realizarse y de encontrar esa paz y gozo que le mueve a no permanecer quieto. Y, por su experiencia, intuye que en el mundo y las cosas del mundo no encuentra lo que busca. En él no termina por saciarse. Consigue un rato de felicidad, por decirlo de alguna manera, pero, pronto vuelve a lo mismo.

Por eso, Señor, te busco desesperadamente una y otra vez. Experimento que en el mundo no estás, porque no eres de este mundo, y porque las cosas que me da el mundo son pan para hoy, pero hambre para mañana. Y yo, Señor, quiero saciarme. Por eso, creo en tu Palabra y busco seguir tus pasos, porque Tú eres el alimento que plenamente sacias mi hambre de gozo y felicidad. Gracias, Señor, por tus Palabra, yo creo en ella: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».