viernes, 30 de noviembre de 2018

EL ENCUENTRO

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No me imagino que todo sucedió tal cual lo escribe Mateo. Posiblemente, Andrés había ya tenido algún contacto con Jesús a las orillas del Jordán y posiblemente había inducido a su hermano a conocerlo. La llamada se produce en un momento donde la respuesta vive ya dentro de cada uno de ellos. Estaban deseosos de saber más de Jesús y sus palabras les atraían.

También nos ocurre a nosotros hoy. Conocemos a Jesús en algún momento de nuestra vida. Nuestra familia, algún amigo o nuestros recuerdos de catequesis de primera comunión. Cualquier impacto despierta en nosotros el deseo de conocer mejor a Jesús, pues dentro de nuestro corazón está viva la llama del amor y el deseo eterno de felicidad. Y Jesús nos habla de eso y nos ofrece la eterna felicidad en el amor.

Ahora, ¿respondemos como Andrés y su hermano Pedro? ¿Creemos que el Espíritu Santo nos transforma y nos ayuda a dar una respuesta coherente y firme? No desesperemos y tratemos de caminar en la presencia de Dios. Quizás con ese esfuerzo ya estás respondiendo a su llamada. Responder es dejar que el Espíritu Santo actúe sobre ti y tu vida se vaya transformando poco a poco. 

Vivir en el esfuerzo de amar y de caminar en la verdad y justicia es ya una respuesta de amor, y para lo cual necesitamos la presencia del Espíritu Santo. Es verdad que todos no tenemos la misma misión ni hemos recibido los mismos talentos, pero, sí, todos podemos ser santos por la Gracia de Dios en la medida que pongamos todo lo que tenemos y hayamos recibido al servicio de Dios. Los caminos son diversos y las funciones también. Necesitamos ir descubriendo a la luz del Espíritu a lo que estamos llamados pues hay diversidad de carismas y funciones.

jueves, 29 de noviembre de 2018

LA MUERTE ES EL PRINCIPIO PARA EL CREYENTE EN JESÚS

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Lc 21,20-28
Sabido es que lo que empieza acaba y todos sabemos que llegará un día que este mundo acabará. La historia así nos lo revela y el sentido común nos viene a decir lo mismo. Ahora, ¿qué ocurrirá y cuando? No lo sabemos. Conocemos algunas señales y signos que Jesús nos revela en el Evangelio de hoy: «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación».

Sin embargo, todo eso no debe llenarnos de terror y miedo, sino de esperanza y paz, porque sabemos de un Padre bueno que nos ama y nos salva. Las últimas palabras son de una gran esperanza: Y entonces verán... y eso debe llenarnos de alegría y paz. No es este el final de nuestro camino, sí del de este mundo, pero entonces empieza la verdadera vida sin problemas ni angustias. Una vida llena de gozo, de paz y felicidad eterna.

Jesús nos lo ha prometido y su Palabra es Palabra de Vida Eterna. En - Jn 3, 36 - nos dice que quien cree en Él tendrá vida eterna, y eso se cumple al final de los tiempos. Mientras, nosotros también vamos acabando nuestro propio camino particular. Nos llega la hora de nuestra vida, pero siempre con la esperanza de resucitar cuando el Señor, como anuncia en el Evangelio de hoy, venga a rescatarnos y a darnos ya la definitiva Vida Eterna.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

EN LA HORA DE LAS PRUEBAS

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Lc 21,12-19
Hay muchos momentos a la hora de la verdad donde se descubre la firmeza y la fe que habita en tu corazón. Cuando el camina es llano y no presenta dificultades, de noche todos los gatos son pardos, dice el refrán. En los tiempos de bonanza todo se puede aparentar y esconder, pero cuando llegan las dificultades nuestra fe se pone a prueba.

Y en la vida no nos faltarán momentos de pruebas. Hay mucha gente que se enfada con Dios porque las cosas no le van como ellos quieren, o por dificultades que se les presentan en la vida. Y cuando mis deseos no son atendidos como yo quiero rompo mi amistad con Dios. Podríamos decir que la fe de esas personas está cogida con alfileres. No es una fe comprometida ni nacida de un encuentro serio y responsable.

Y no es algo que nos pueda coger desapercibido. Jesús nos ha dejado muy claro - Lc 21, 17 - que lo pasaremos mal. El mundo va por otro lado y los valores del mundo están sometido a la economía. Cuando algo, incluso respecto a la persona, queda bajo el termómetro de la economía, manda la economía, valga la redundancia y la persona queda por debajo. 

Es decir, priman los intereses económicos antes que los intereses de las personas. Por lo tanto, nuestro camino por este mundo es un camino de lucha, de batalla y de penuria. En muchos momentos seremos marginados, excluidos y maltratados. De hecho, lo estamos viendo ya en muchos países donde los creyentes en Jesús de Nazaret son perseguidos y condenados a muerte, y en otros tratan de excluir su mensaje y desterrar de las escuelas la proclamación de la Buena Noticia.

Nos toca sufrir al igual que el Maestro porque la verdad duele a quienes viven en la mentira y la apariencia; a quienes buscan el poder y la riqueza y a quienes piensan encontrar la felicidad en las cosas de este mundo. Sí, habrá momentos de oscuridad, de sufrimiento y terror pero, todo pasará y renacerá la esperanza y la luz. «Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

martes, 27 de noviembre de 2018

EN ESPÍRITU Y EN VERDAD

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También al templo le llegará su hora, y no quedará piedra sobre piedra. Pienso en estos momentos en todo ese patrimonio de la humanidad al que se le presta tanta atención o se le da tanto valor. Al final todo se vendrá abajo, así que todos sus ornamentos y piedras preciosas están llamadas a desaparecer.

No es el templo lo verdaderamente importante. Tiene una importancia de convocatoria y de reunión. En ellos se celebran las fiestas principales de la comunidad religiosa y tiene su gran importancia. Pero, nunca debemos perder la idea de que no es lo principal. Porque, a Dios se le adora en Espíritu y en Verdad, y no hace falta templos. Y a eso vamos al final de los tiempos.

Sin embargo, no sabemos la hora y todavía queda largo camino. Pero, sucederán muchas cosas y muchos trataran de engañarnos engañándose ellos mismos al proclamarse como Yo soy o está llegando el tiempo. Y no debemos hacerles caso. No debemos tener pánico, nos dice el Señor, cuando oigamos noticias de guerras y de revoluciones. De hechos algunas noticias de esas empiezan a oírse y parece necesario que eso tiene que ocurrir primero.

Pero, nos dice el Señor, el fin no será enseguida. Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».

lunes, 26 de noviembre de 2018

NO SE TRATA DE DAR SINO DE DARSE

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Lc 21,1-4

Cuando uno da algo que realmente le sobra, no lo nota. Aquello te sobraba y, sí, es verdad que ahora no lo tienes, pero no lo echas en falta. Indudablemente que es una limosna, pero su valor no es del todo valioso, pues es algo que te lo puedes permitir con solvencia y facilidad. Te sobra y no adviertes necesidad ni sacrificio.

Todo cambia si eso que has dado y compartido lo necesitas y no te sobra, sino que es parte de lo que tienes para vivir. Adviertes su ausencia y te exige sacrificio y privación. Entonces, estás dando parte de lo que tienes y necesitas. Te estás realmente dando y no regalando. Compartes lo que tienes y lo que eres. En esta circunstancia la limosna cobra mucho valor.

Esto es lo que de alguna manera manifiesta hoy Jesús en el Evangelio: En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir».

Observamos que es muy pequeño el comentario del Evangelio de hoy, pero muy profundo y significativo. La limosna no está en proporción directa con la cantidad, sino con la intención y la necesidad de lo que te desprendes. No porque se dé mucho es más importante, sino porque se dé, aunque sea poco, de lo que uno necesita y le hace falta. Compartir no es regalar de lo que sobra, sino de partir de lo que necesitas y vives. 

Y eso Jesús lo deja muy claro y lo pone en primer plano. Aquella viuda había dado más que todos los que habían dejado cantidades importantes. Porque, lo valioso e importante no es la cantidad sino la intención de lo que se da aunque sea muy poco. Y eso viene a representar que lo importante no es dar sino darse.

domingo, 25 de noviembre de 2018

MI REY ES CRISTO JESÚS

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Jn 18,33-37
Lo que más queremos acostumbramos a llamarle mi rey. Cuando alguien destaca en la vida de forma muy notoria decimos que es el rey de esa modalidad. El rey que Jesús proclama no es un rey que impone y exige vasallaje, sino un rey que libera, que perdona y que salva. Es un Rey que da la vida, vida eterna y plena de gozo y felicidad.

Jesús es el centro de la vida para todo cristiano. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y seguirle a Él es vivir en la Verdad. Todo lo que está fuera de la Verdad es mentira, y la mentira esconde malicia, injusticia, engaño y perdición. Por eso, cada instante de nuestra vida tenemos que esforzarnos en vivirlo en verdad y justicia, y eso es vivirlo en la Voluntad de Dios.

El Reino de Jesús es un Reino de servicio, de paz, de justicia, de verdad y de amor. Un Reino que todos buscamos, porque, ¿quién no quiere que haya paz y justicia? ¿Quién no busca la verdad y la caridad? Todos queremos vivir en la paz y todos los pueblos la buscan. Pero, ¿qué ocurre? Se busca una paz en la que tú pones tus condiciones e intereses. Una paz controlada e impuesta por ti.

Y nacen las injusticias y las mentiras. El mundo es testimonio de todo esto que decimos. Sólo se hace la paz cuando hay verdadero amor, verdad y justicia. Y ese es el Reino que viene Jesús a traer y del que Él habla:  «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí»  Y Pilato irónicamente le dice: «¿Luego tú eres Rey?». Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».

Yo, Señor, quiero escuchar tu Voz, porque Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y quien cree en Ti vivirá eternamente.

sábado, 24 de noviembre de 2018

RESURRECCIÓN

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Lc 20,27-40
Si te empeñas en querer entender la resurrección te será imposible, pues tú capacidad finita y limitada no alcanza la inmensidad y grandeza de Dios, infalible, todopoderoso y creador de todo lo visible e invisible que hay en todo el universo, incluido el mismo universo. Y, posiblemente, en ese empeño levantarás una barrera infranqueable que te impedirá estar abierto a recibir la fe. Ese don que sólo Dios lo puede dar.

Una fe que exige la condición de la humildad, que significa aceptar tu pobreza, tus limitaciones y tu pequeñez, para poder recibirla. Y no es nada fácil el esfuerzo de hacerse pequeño, pobre y humilde, como si de un niño se tratara, para recibirla. Experimentas pronto la necesidad del Espíritu Santo para que con su auxilio poder ser receptor y estar abierto al don de la fe.

Dios es inalcanzable e Infinito, y el hombre y la mujer, sus criaturas, nunca podrán abarcarle, comprenderle y, menos, entenderle. Nuestra imaginación no puede imaginar, valga la redundancia, como será ese misterio de la resurrección ni tampoco como será ese otro mundo tras la resurrección. Sin lugar a duda que nuestra razón intuye que no será como este, pero imposible llegar a imaginárnoslo. No habrá familias, matrimonios, ni una vida como esta.

Sería una locura atrevernos a imaginarlo. Experimentamos nuestra pequeñez y eso debe valernos a considerar lo que realmente somos: pobres pecadores. Entrar en esa dimensión y locura no haría sino confundirnos y alejarnos más de la fe. Es terreno que el diablo conoce y domina bien y en él se encuentra a sus anchas para seducirnos y llevarnos a su terreno. Aquí no podemos hacer otra cosa sino confiar en el Señor, que tiene Palabra de Vida Eterna.

Él es el Creador del mundo, Omnipotente y Todopoderoso. Podrá hacer  lo que quiera y como quiera. Por eso, después de razonar todo lo que da nuestra razón y comprender que el mismo sentido común nos descubre la posibilidad de la resurrección, lo más lógico e inteligente es fiarnos de la Palabra de Dios, que habla en Verdad y siempre se cumple.