miércoles, 7 de febrero de 2024

LAS IMPUREZAS VIVEN DENTRO DEL CORAZÓN DEL HOMBRE

El pecado no está afuera del hombre, vive dentro de él y es ahí donde tiene que combatirlo. Todo lo que está afuera no contamina al hombre si no permite que entre dentro de él. Porque es precisamente dentro del corazón del hombre de donde salen los pensamientos impuros, las malas intenciones, la soberbia, la lujuria, robos, homicidios, fornicaciones, adulterios, fraudes, desenfrenos, envidias, difamación, orgullo, frivolidad…etc.

Y es ahí, dentro de él donde el hombre tiene que purificarse, resistirse y mantenerse puro. Esa es la lucha de cada día ante estas tentaciones y deseos que en muchas circunstancias se admiten y se aceptan hasta el punto de considerarlas dentro de la ley. Tal es el caso de considerarlas amnistiadas por intereses políticos o de otra índole.

Es evidente que Jesús molestaba con sus denuncias ante lo establecido y políticamente correcto y lo tomado como costumbre que inoculaba falta de fraternidad. Confundir lo correcto con lo conveniente y el interés era ya una costumbre y los discípulos no podían caer en esa trampa y mentir. Jesús les pone en alerta, les previene y les impulsa, a pesar de que van a ser considerados forasteros de este mundo, a oponerse a la mentira, a lo falso, al engaño e injusticia y a decir la verdad. Les invita a oponerse a lo que desayuda, a lo que engaña, lo que envilece, lo que roba, lo que dignifica.

El profeta que tenían dentro debía pasear libremente en su interior, sin negociar a la baja en nada decisivo. De esa luz debía estar lleno el corazón del hombre (Del Evangelio Diarios en la Compañía de Jesús – Francisco José Ruiz, SJ). 

martes, 6 de febrero de 2024

TRADICIONES E INCUMPLIMIENTOS

No se trata de que las tradiciones sean malas o falten a la ley. Nada de eso, pero hay circunstancia que esas obligaciones tradicionales pueden ser muy graves cuando por el cumplimiento de la tradición se oculta y desvía la Voluntad de Dios. Podemos estar cayendo, por cumplir con la ley tradicional, en el pecado de poner a Dios en un segundo plano o, peor todavía, excluirlo de nuestra ley para hacer la nuestra.

Nunca se puede omitir el cuidado de los padres. No está bien, aunque quieras disimularlo con la ley o tradición, despojarte de tu responsabilidades. Honrar padre y madre es, no solo un mandato de nuestro Padre Dios, sino un deber que nace desde lo más profundo de nuestros corazones. No puedes justificarte utilizando todo lo que la ley o tradiciones puedan favorecerte para evitar tu responsabilidad de honrarlos.

No se puede obviar la Voluntad de Dios y reflejarla en los actos cotidianos de nuestra vida, sobre todo, en relación y cuidados con nuestras familias. Nuestras leyes y tradiciones tienen que ser reflejos de la Bondad y Misericordia de nuestro Padre Dios. Sería contradictoria cumplir la ley cuando ese cumplimiento contraviene la bondad y misericordia de Dios. Es evidente que, aunque lo queramos disfrazar, nos damos cuenta de que el amor y la misericordia deben estar presente en nuestras relaciones con los demás. ¡Cuánto más con nuestros padres y familiares!

lunes, 5 de febrero de 2024

LA INMENSA SUERTE DE RECIBIR AL SEÑOR COMO ALIMENTO ESPIRITUAL

Posiblemente no nos damos cuenta ni tomamos conciencia de la gran suerte que tenemos al poder recibir al Señor directo y real en nuestro corazón como alimento espiritual. Leemos en el Evangelio: (Mc 6,53-56): En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.

¡Y nosotros, no solo el manto sino su Cuerpo entero se hace alimento espiritual para nuestra vida! Y lo podemos hacer cada día en la celebración Eucarística. Además podemos visitarle y estar en su presencia ante el sagrario en las iglesias. ¿No es eso una gran suerte? Porque hay mucha gente que no tienen esa posibilidad. Ni siquiera sacerdotes que les puedan atender espiritualmente.

Todos sabemos por experiencia que la vida es un camino duro, a veces de cruz. Y una cruz no tan ligera sino pesada, difícil en muchos momentos de soportar. La humanidad está necesitada de mucho consuelo y acompañamiento; de sanación y reconciliación. El hombre busca paz y reconciliarse consigo mismo, perdonarse y aceptar el perdón de sus flaquezas y pecados. Y eso solo lo puede encontrar en su Padre Dios. Un Padre Dios que Jesús, el Hijo, nos lo anuncia y revela con su Palabra y Vida.

domingo, 4 de febrero de 2024

LA PAUSA Y EL SILENCIO QUE NOS ACERCAN AL PADRE

Es un peligro dejarse envolver y arrollar por las prisas que en muchos momentos el mundo te propone como ganancia de mejora y bienestar. Las prisas – dice el refrán –  son malas compañeras y nos apartan de la serena reflexión. Hacer pausa en la vida – que no pararte – es buena elección para mirarte por dentro y ver tu estado, tu situación y la dirección de tu camino.

Los Evangelios nos hablan de los momentos en que Jesús se retira, se aparta y se relaciona con su Padre a través de la oración. Precisamente en el Evangelio de hoy, Marco nos narra: (Mc 1,29-39): En aquel tiempo, cuando Jesús salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada…

Jesús busca espacio de silencio y soledad para hablar con su Padre. Marcos en su Evangelio nos dice como Jesús se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Jesús camina siempre en constante relación con su Padre. Sabe y tiene presente que ha venido a cumplir la Voluntad de su Padre. Y la cumple partiendo siempre de su íntima relación con Él.

¡Qué hermosa enseñanza! Nada hace Jesús sin antes estar en pleno contacto con su Padre. Diríamos que Jesús hace la Voluntad de su Padre porque conoce lo que realmente quiere y le pide su Padre. Desde ahí podemos comprender como entrega su Vida para el rescate de la vida de todos nosotros. Realmente es esa la Voluntad de su Padre.

Aprendamos también nosotros de Jesús como tenemos que caminar en nuestra vida relacionándonos diariamente y a cada instante con nuestro Padre Dios.

sábado, 3 de febrero de 2024

UNA MISERICORDIA SIN PRISA Y QUE ESPERA

Mientras tu vida está en camino, la Misericordia de Dios va a la par. No sabe de prisas ni de tiempos. Te espera pacientemente y te ofrece su incondicional amor misericordioso. Solo necesitas abrirte a su Palabra y poner tu corazón en camino de conversión. Precisamente vamos a entrar en pocos días en la Cuaresma, camino para acrecentar nuestra fe y conversión.

Sin el Señor nuestro camino está desorientado, dubitativo, perdido y sin posibilidad de encontrarlo. El mundo nos puede y nos seduce hasta vencernos y, quizás sin darnos cuenta, alejarnos del Señor y debilitar nuestra fe hasta el punto de destruirnos. Necesitamos imperiosamente encontrarnos con el Señor, escuchar su Palabra y abrir nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo que ha venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo.

Se hace necesario tener paciencia, no correr, pero tampoco quedarnos parados. El camino de conversión es camino lento pero sin pausas, sin estridencias, sin locuras. Paciente, confiado, esperanzado y abierto a la acción del Espíritu Santo. Es camino de injerto en el Espíritu de Dios y de alimentarnos de su Cuerpo y Sangre que nos proporciona la maduración de la fe y los frutos del Espíritu Santo.

Tengamos presente que Dios camina a nuestro lado. Lo tenemos siempre presente y abierto a recibirnos misericordiosamente. Nos lo digo de manera magistral y cariñosa en la parábola del hijo pródigo. ¿Recuerdas?

viernes, 2 de febrero de 2024

A LA ESPERA DEL ENCUENTRO CON EL SEÑOR

También nosotros gozamos de esa espera. Mientras vivimos esperamos ese día donde podamos encontrarnos con el Señor. Es evidente que los años son signos y señales de que el añorado encuentro esté más próximo, pero Dios siempre se salta nuestros limitados y equivocados cálculos.

En la hora de nuestro bautismo vino a nosotros el Espíritu Santo, y en la hora de nuestra muerte nos encontraremos con el mismo Dios Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nuestra vida es una espera en el tiempo hasta que llegue ese momento. Dios, nuestro Padre nos espera al final del recorrido de nuestra vida. Así le ocurrió a Simeón por prescripción divina. El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de ver al Mesía del Señor.

El Evangelio de hoy nos narra la presentación de Jesús en el templo – Lc 2, 22-40 – el cumplimiento de la promesa que el Espíritu Santo había revelado a Simeón y la  presencia de la profetiza Ana que alababa y hablaba del Niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

También a nosotros nos habla de ese Niño nacido en Belén la Iglesia y de su Palabra de cada día en las Eucaristía. Quizás nosotros debemos preguntarnos si realmente aguardamos su venida o pasamos de ella. Porque, no podremos encontrarnos con aquel que no esperamos. El encuentro exige una espera y una actitud de estar preparado y atento, vigilantes y despiertos. De lo contrario podemos ser sorprendidos con la mirada puesta en las cosas de este mundo y no levantada al Señor. Será cuestión de preguntarnos a quién esperamos y como nos preparamos para esa espera. Simeón y Ana esperaron al Señor y lo encontraron. También nosotros nos encontraremos con Él y debemos preparar ese encuentro.

jueves, 1 de febrero de 2024

APOYADOS EN LA PAZ DEL SEÑOR

Nuestra fuerza no está en el poder, ni en el oro, plata, calderilla, alforja, túnica, sandalia o bastón… Nada de eso nos es necesario porque la conversión nace del corazón que se abre a la Palabra de Dios y deja entrar al Espíritu Santo en él.

Se trata de darnos cuenta de que la conversión no  se da según el método o estrategia, que convienen tenerlos en cuenta, sino en la acción del Espíritu Santo y la predisposición de la persona a abrir sus corazones. Muchos no escucharon las palabras de Jesús ni suavizaron sus corazones al ver sus milagros y su poder.

Hoy sigue sucediendo lo mismo, muchos se quedan parados en la duda y, resignados, aceptan las seducciones y propuestas del mundo. No reaccionan ni siquiera ante la muerte de algún familiar o amigo. Les cuestas dejar las propuestas del mundo – sobre todo si tienen una cómoda situación – y cambiar el rumbo de sus vidas.

Evidentemente se hace necesaria la fe. Una fe apoyada en el Señor y sedimentada en la roca de la Iglesia. Una fe capaz de voltear sus corazones y transformarlos en unos corazones suaves, sencillos, humildes, comprensivos y buenos. Unos corazones plenos de amor misericordioso. Caminar, pues, poniendo a Jesús, el Señor, en el centro de nuestro camino es realmente la única forma de seguirle y de poder hacer su Voluntad, asistidos por la acción del Espíritu Santo venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo.