lunes, 28 de septiembre de 2020

UN AMOR UNIVERSAL



No se puede entender un amor individual, sectario o enclaustrado a un colectivo particular. El amor no puede permanecer encasillado o circunscrito a una parcela determinada. El amor no puede pertenecer a un grupo selectivo ni permanecer cerrado a otras corrientes y perspectivas diferentes siempre que el denominador común sea la verdad, la justicia, la libertad y el respecto a los derechos de las personas. El Amor, por tanto, es universal, pues, de no ser así dejaría inmediatamente de ser amor y convertirse en egoísmo y egolatría.

El Amor llega a todos los rincones perfumando de buen olor con la verdad, la justicia, la libertad, la fraternida y la unidad. Un amor que no cumple estas premisas sería un amor falso, apoyado en apariencias y en la mentira. Por eso, la grandeza de amar está en proporción directa con la humildad. A más amor, más humildad. Y es que para amar se necesita imperiosamente ser humilde, y, por tanto, pequeño.

Y ser pequeño es hacerse niño. Es decir, ser como un niño consiste en tener un corazón abierto a la obediencia, a la pureza e ingenuidad de vivir en la verdad y sin mentiras. Sin dobleces ni malas intenciones que busquen aparentar y engañar. Y es que el amor nace en todos los rincones donde brote la semilla de la verdad, de la justicia, de las buenas intenciones y los valores que respetan los derechos naturales de las personas.

Porque, donde se respira esta atmósfera nace el verdadero y único amor. Un amor universal que une y rema en un mismo sentido por y para todos.

domingo, 27 de septiembre de 2020

LA PACIENCIA DE DIOS ES INFINITA

Dios ha confiado en el hombre y, creado para ser feliz en y por el amor, lo llama a la eternidad desde la hora de su bautismo, pese a su respuesta negativa y a su rechazo de no escucharle y darle la espalda. No entendemos como Dios nos espera pacientemente y como nos descubre el eterno amor que nos muestra a pesar de recibir ese "no" por respuesta a no obedecerle, a no escucharle y a no seguir sus mandatos. Su paciencia es infinita y siempre está abierta a que ese "no" se convierta en un "sí".

Sabido es que la paciencia de Dios no tiene límite y la prueba de ello somos nosotros, pues, de no ser por esa paciencia infinita nuestras posibilidades de salvación serían nulas. De modo que, si estamos vivos y con posibilidades de alcanzar esa felicidad que perseguimos es debido a la paciencia infinita que Dios tiene con cada uno de nosotros. 

¿Cuál es la razón?  Dios es Padre y como Padre quiere el bien de sus hijos y espera hasta el último momento que la puerta del corazón del hijo se abra y responda a sus más profundos deseos de amar y gozar del bien. Porque, en lo más profundo del corazón humano, el hombre desea amar. Y quien ama busca el bien del ser amado, que no es otro que el deseo del gozo y la felicidad eterna. 

Sin embargo, también sabe que existe el peligro por el pecado. Hemos sido creados libres y nuestra naturaleza herida y débil está amenazada por el poder del mal que nos tienta y nos seduce a rechazar la llamada del Amor de Dios. Y, por esa misma razón, un "sí" también puede ser transitorio y, seducido y tentado por las falsas propuestas de felicidad demoniacas, puede convertirlo más adelante en un "no".

Por tanto, es el amor la única y verdadera respuesta que responde a todos los interrogantes que el hombre busca y desea. Sobre todo a ese gozo y plenitud eterna junto a su Creador y Padre Dios.

sábado, 26 de septiembre de 2020

NO HAY OTRA ALTERNATIVA SINO LA CRUZ

Lc 9,43b-45

En el horizonte se divisa la Cruz, y eso, Jesús lo sabe muy bien. Nosotros ya lo adivinamos porque conocemos es hora donde Jesús le pidió al Padre que apartara este cáliz de Él - Lc 22, 39-46 -, pero, inmediatamente asumió la Voluntad del Padre. Es obvio que no hay otra alternativa que la de sufrir la Pasión y muerte en la Cruz.

Y es eso lo que trata, Jesús, de decirles a los apóstoles tras la euforia que ve en ellos al contemplar sus obras y milagros. Pero, se da cuenta que no le entienden ni quieres entenderle. No comprenden cómo puede sucederle algo malo a Jesús y sienten miedo de preguntarles porque temen decepcionarse. Esa actitud se asemeja mucho a la nuestra, al menos así la veo yo. Tampoco nosotros queremos oír hablar de cruz, pasión y menos de sufrimiento y condenación. Nos cuesta mucho descubrir que seguir a Jesús nos compromete a eso, a terminar compartiendo una vida de cruz.

Sin embargo, nunca debemos olvidar que tras la cruz - espacio de nuestra vida - viene el gozo y la dicha de la Resurrección. Entendemos que sin Cruz no hay Resurrección, porque, evidentemente, no habría muerte. La Resurrección, por tanto, es la clave de nuestra dicha y esperanza.

viernes, 25 de septiembre de 2020

UN MESÍAS ENVIADO A MORIR POR NOSOTROS


Se hace difícil seguir a Alguien cuya misión es morir y dar su Vida por los demás.  Indudablemente que no se entiende, porque, no es una muerte cualquiera sino una muerte indigna consecuencia de ser condenado a morir crucificado en la cruz. La muerte más ignominiosa y cruel con la que se condenaba a los mayores delincuentes y malhechores de aquella época.

Esa es la misión del Mesías enviado que, preguntado a los apóstoles por la identidad de Jesús, Pedro responde identificándole con el Mesías prometido. Indudablemente, desconocen la misión de Jesús y, posiblemente, Jesús les invita a que no digan nada, pues todavía no entienden que significa Mesías prometido y enviado a dar su Vida por la salvación de los demás. Y es que un Mesías no se entiende si no es un triunfador y un vencedor en todos los órdenes, políticos y de poder.

Igual a nosotros nos ocurre algo parecido. Si ellos desconocían la verdadera misión de Jesús, nosotros ponemos en duda su triunfo y resurrección. Muchos no alcanzan a creer porque no entienden el triunfo de Jesús en la Cruz. Es, precisamente, el Amor lo que da sentido a la muerte de Jesús y lo que realmente redime al hombre. Es el Amor lo que salva eternamente y no origina una espiral de violencia, odios, memoria histórica, hoy llamada, erroneámente, demócratica y otras guerras interminables entre los pueblos y las ideologías que, erre que erre son oleadas de enfrentamientos, luchas y violencia que solo perjudican al pueblo y, precisamente, a los más pobres.

Jesús muere para salvarnos y para enseñarnos que, solo el amor, nos salva, nos hace mejores, nos da la paz y nos reúne en torno a la verdad y la justicia. Pero, a pesar de todos, muchos siguen empeñados y dirigir el mundo con el poder, la ambición y el estar por encima de los demás. Al final, sus cruces, porque, sus cruces llegarán, serán cruces de desesperación, sin sentido y de perdición.

jueves, 24 de septiembre de 2020

CONOCERLE PARA AMARLE

Lc 9,7-9

Una de las premisas más certeras es la de saber que para amar hay primero que conocer. No se puede amar aquello que no se conoce. Por tanto, amar a Jesús supone primero conocerle y eso, exige y significa que nuestra búsqueda de conocimiento debe ser humilde, querida y disponible a recibir y conocer. Porque, si lo que busco es satisfacer mi curiosidad y acomodar mi conciencia a mis gustos, apetencias e intereses, me estoy equivocando tal y como le sucedió a Herodes y otros muchos.

La gran equivocación, es decir, nuestro gran error es buscarle y acercarme a Él sin el propósito de encontrar la verdad y escuchar su Palabra. Quizás equivocamos el camino o nuestra actitud, porque, en el mundo no hayamos la respuesta a los interrogantes que subyacen dentro de nuestro corazón. Sin embargo, la invitación a que vayamos y veamos está presentada y siempre activa.

La cuestión es preguntarnos qué actitud tengo y por qué le busco. Es cuestión de curiosidad o, por el contrario, busco una respuesta que dé sentido a mi vida. Porque, dependiendo que sea una u otra actitud la cosa cambia. El encuentro con Jesús, si es serio y en actitud de búsqueda de la Verdad cambia profundamente el rumbo de nuestra vida y, también, transforma nuestro corazón. Pone la jerarquía de tus valores siguiendo un orden donde el primer lugar es para el amor.

Un amor que, primero, se manifiesta en Jesús y, luego, se contagia en el tuyo, transformándolo y dándole vida semejante al suyo. Porque, amar es el punto de partida que nos une a Jesús y transforma nuestra vida llenándola de gozo, de amor y de paz.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

EN RESPUESTA AL ENCUENTRO CON JESÚS


 

El encuentro con Jesús no nos puede dejar igual, porque, de ser un encuentro auténtico produce un cambio de rumbo en tu vida. Si eso no se produce se descubre que tampoco el verdadero encuentro no se ha producido. De modo que, decimos que hay encuentro cuando tu vida empieza a girar en torno y al estilo de Jesús. Y eso empiezas a experimentarlo dentro y en lo más profundo de tu corazón.

Y esa es la misión a la que el encuentro con Jesús te envía, tal y como se manifiesta hoy en el Evangelio - (Lc 9,1-6): En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes -. 

No se trata de iniciar tu misión o de anunciar otra misión propia tuya. Se trata de continuar esa Misión de Jesús que ha nacido en tu corazón tras el encuentro personal con Él como resultado de su anuncio. Y si has tenido ese encuentro trascendente y responsable con Jesús, y, además, has recibido al Espíritu Santo en la hora de tu bautismo, estás también comprometido a anunciar la Buena Noticia que consiste en la llegada del Reino de Dios. Y una Buena Noticia se anuncia espontáneamente, casi sin querer y de forma natural, con alegría y entusiasmo.

El amor se nota y se ve, porque, el Reino de Dios es un Reino de paz, justicia y amor. Y, esa clase de Reino gusta a todos y es bueno para todos. Sin embargo, a pesar de ser una Buena Noticia, muchos la rechazan porque se dejan encandilar por las seducciones de este mundo, que a pesar de ser espejismos, atraen por su inmediatez aunque efímera y falsa.

martes, 22 de septiembre de 2020

UNA NUEVA FAMILIA

 

 Es cierto que Jesús nace en una familia. Necesita el calor de un padre y una madre y un hogar estable para crecer y madurar. La familia es la célula de la sociedad, y, Jesús, nace en una de tantas familias de su época donde transcurre sus primeros treinta años aproximadamente. Una familia sencilla y humilde en la que su padre adoptivo, José, desarrolla el oficio de carpintero para ganarse el sustento de cada día.

Sin embargo, la misión de Jesús no es quedarse en esa familia, sino la de formar una Nueva Familia, la Familia de los hijos de su Padre Dios, por y para lo que ha sido enviado a este mundo. Y eso Buena Noticia empieza a decírnosla en el Evangelio de hoy: (Lc 8,19-21): En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen». 

Y así es. La Nueva Familia de Jesús son todos aquellos que cumplen la Voluntad de Dios. Y, por supuesto, con estas Palabras de Jesús - mi madre y mis hermanos... - viene a descubrir que tanto su Padre adoptivo, como su Madre cumplen con la Voluntad de su Padre del Cielo. Ambos han dejado su voluntad, sus ideas, sus proyectos para asumir y aceptar la Voluntad de Dios.

Ahora, nosotros podemos preguntarnos, ¿también ponemos nosotros primero en nuestra vida la Voluntad de Dios? ¿Y cuál es su Voluntad? ¿No nos lo dice Jesús en repetidas veces? Se trata, pues, de amar y amar.