miércoles, 15 de diciembre de 2021

¿A QUIÉN BUSCAS Y DÓNDE BUSCAS?

 

En el camino de mi vida se hace necesario, pararme, hacer silencio y buscar respuesta a esas preguntas que conviene plantearme y responder. Porque, están dentro de nuestro corazón e inquietan y claman por una respuesta. De no hacerlo, corremos el grave y gran peligro de quedarnos instalado en la mediocridad y perder la hermosa e infinita posibilidad de alcanzar esa plenitud gozosa que, inevitablemente, todos buscamos.

Es evidente que todos, y yo, por supuesto, entre ellos, buscamos la felicidad. Sin embargo, la experiencia de la felicidad que conocemos es muy limitada, no alcanza a satisfacernos plenamente y es finita con tiempo de caducidad. Aparece y desaparece sin apenas darnos tiempo para saborearla. Aspiramos, por tanto, a una felicidad, no solo plena sino eterna. Y, según vamos experimentando, en este mundo no parece encontrarse.

El problema y el gran error es equivocar la manera de buscarla. Si realmente buscamos una felicidad apropiada a nuestra manera de pensar y de vivir – mundo – nos encontraremos con una felicidad ya conocida, la que hemos experimentando en algunos momentos de nuestra vida. Pero, si queremos encontrar y, por tanto, buscar, una felicidad plena y que sea eterna, tendremos que salir de este mundo y buscarla en ese otro mundo al que Jesús, el Hijo de Dios, nos invita.

Y, salir de este mundo nos lleva a olvidarnos de nosotros para pensar en los demás. Es decir, nos invita a amar al estilo del que Jesús, el Hijo de Dios, nos invita y le responde a la pregunta que Juan busca de Él: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los… Por tanto, busquemos donde realmente podemos encontrar ese Camino, esa Verdad y esa Vida Eterna. Él, el Señor, nos lo está mostrando.

martes, 14 de diciembre de 2021

VIVIR EN LAS APARIENCIAS ESCONDE NUESTRA REALIDAD

 

En muchos momentos de nuestra vida vivimos de y en apariencias. Nos gusta y nos resulta más fácil aparentar y mostrarnos como nos gustaría ser y no como realmente somos. De manera espontánea escondemos nuestro obrar y ser natural para mostrarnos tal como quisiéramos ser. Es decir, aparentamos ser lo que no somos. Aceptar tu realidad y mostrarte tal como eres es el primer paso para enderezar, allanar y poner tu vida en sintonía con la Palabra de Dios. Ser coherente entre lo que eres y como te muestras. Precisamente, el Evangelio - Mt 21,28-32 - de hoy, nos muestras una estampa en la que Jesús, a través de una parábola, nos pone delante la incongruencia entre lo que se dice y se hace. Y es que lo que se dice tiene verdadero valor cuando se corresponde con lo que se hace.

Es indudable que, llamado uno de los hijos a que vaya a trabajar a la viña, responde, sin esconder su apetencia, que no. Más tarde, recapacitando, obedece y va a trabajar a la viña. Respecto al segundo hijo, llamado a que vaya a trabajar a la viña, responde que sí, pero, luego, quizás por pereza o por gandulismo, desobedece y no va. La parábola nos deja con claridad meridiana que la verdad no está en lo la palabra sino en el corazón. Y de lo que rebose el corazón, se muestra, aunque se esconda, en los actos de la vida. Las apariencias emergen y salen a la luz tarde o temprano.

Posiblemente, nuestra piedad – relación con Dios -  no tendrá ningún valor de autenticidad si nuestras palabras no caminan al miso ritmo que nuestro corazón. Y eso significa que si Dios no está en el centro de nuestra vida, nuestros pasos perderán su rumbo y su sentido. El amor, para que sea verdadero amor tiene que partir de Dios. Jesús, nuestro Señor, nos ha enseñado a amar, no sólo con su Palabra, sino también con su vida. Y así, por ese camino, tendremos también nosotros, con Él se puede, que caminar y amar. No nos valen otras cosas – entre ellas la piedad – sino la entrega del corazón con la fe puesta en Él. Entonces sí, nuestras oraciones tienen sentido.

lunes, 13 de diciembre de 2021

INTRANQUILIDAD Y CONFIANZA DE ACTUAR SEGÚN TU VOLUNTAD

 

Sabemos y leemos en el Evangelio de cómo Jesús contrarrestó a aquellos sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. Pero, la pregunta que debe inquietarnos – sin perder nunca la confianza de que Dios nos escucha – a prepararnos – asistidos en y por el Espíritu Santo – y responder en defensa de nuestra fe es de cómo situarnos ante aquellos que, no solo rechazan sino quieren derrumbar y borrar el anuncio de la Buena Noticia de Salvación.

Porque, nuestra fe nace en ese bautismo de conversión que inició y preparó Juan el Bautista y que, más tarde anunció Jesús y bautizó con Espíritu Santo y fuego. Y, esa Buena Noticia, no debe permanecer dormida y bien cuidada solamente en nuestro corazón. Tenemos que sacarla a relucir y anunciarla y, sobre todo, astutamente darla a conocer como respuesta a los ataques en dirección contraria a aquellos que le molesta y quieren hacerla desaparecer o recluirla en la sacristía.

Para eso hemos recibido unos talentos que nos servirán para ponerlos en juego y también al Espíritu Santo – en la hora de nuestro bautismo – que nos asistirá y auxiliará para saber cómo y de qué manera debemos responder.

domingo, 12 de diciembre de 2021

UN PLAN DE DIOS

Lc 3,10-18

No fue de repente. Dios tenía un Plan desde el principio pensado para rescatar al hombre. Perdida su dignidad de hijo por el pecado original, Dios pensó en la encarnación y en María y en José. Y, Juan el Bautista, personaje del Evangelio de hoy e importante en el Adviento, fue el elegido para preparar el camino a su postrera venida. Juan así lo anunciaba y decía: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga». Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.

Juan va preparando el corazón del hombre y señalándole la necesidad de conversión. Un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Pero, señala, con claridad meridiana que detrás de él llegará el Mesías esperado tal y como leemos más arriba. Juan sabe que llega su tiempo y, humildemente se aparta para que sea el Señor quien reine en el corazón de los hombres.

Quizás, también nosotros debemos, no apartarnos, pero sí abrir nuestros corazones a esa Palabra que nos trae Jesús. Una Palabra que nos invita a la solidaridad, a un trato justo y digno, y a compartir, como nos sugiere Juan el Bautista, con los más necesitados.

sábado, 11 de diciembre de 2021

Y HOY, ¿NO ESTÁ PASANDO LO MISMO?

Mt 17,10-13

Jesús no fue aceptado. La prueba, su crucifixión. Su Palabra fue rechazada, no por la mayoría, sino por aquellos que le interesaban que no fuera aceptada por la gran mayoría. Y, hoy, tengo el mismo presentimiento, el capitalismo de esta época trata de presentar un mensaje alternativo y contradictorio a la Palabra de Jesús. Esa es la causa de que la Iglesia sea perseguida por un capitalismo disfrazado de comunismo.

El gran capital compra – sobornando – la minoría que se encargará de pastorear y dirigir a la mayoría. Así se produce que unos cuantos someten a muchos. Ejemplos, Cuba, Venezuela, China, y… Ahora se intenta con algunos países de Europa, entre ellos España (Cataluña, Vascongadas). Suena a un mitin político, pero nada de eso, ni esa es mi intención, En honor a la verdad hay que decir que es la realidad que estamos viviendo. Ayer no se le escuchó a Juan el Bautista – Elías – ni tampoco a Jesús. Y, hoy, continúa. Tampoco se le escucha a la Iglesia. Es más, se trata de apartarla de la vida social y recluirla – con mal menor – a la sacristía.

Y las cosas hay que decirla, como son y cómo las sientes. Jesús lo dijo claramente: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos». Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

Y, vista la historia, eso es lo que ha pasado y está sucediendo. Por eso, es necesario espabilar y tener los ojos y oídos bien abiertos y poner mucha a atención en mirar donde está la Verdad. Esa Verdad que libera, que llena de gozo y de paz y que, sobre todo, da Vida Eterna.

viernes, 10 de diciembre de 2021

UN CORAZÓN INSATISFECHO

 

Es bueno y aconsejable tener un corazón insatisfecho, un corazón que busca y aspira. Diría, mejor, que lo tenemos, si atendemos seriamente a nuestras necesidades y deseos. Porque, ¿qué levante la mano quien nos aspire a ser feliz? Todos aspiramos a ser feliz. Una felicidad – es verdad – de acuerdo con nuestras apetencias, satisfacciones y gustos, que serán diferentes según las personas. Pero, eso sí, un denominador común: Un fuerte deseo de ser feliz.

Sin embargo, nuestra respuesta a esa propuesta – de felicidad – que nos propone Jesús de parte – enviado -  de su Padre, no es correspondida y, sí, muy protestada. Unas veces nos parece muy exigente; otras, todo lo contrario, poco exigente; en otras, le acusamos de lo que nos pasa y de que no nos haya solucionado el problema y otras le hacemos culpable de nuestros males. En resumen, que nunca estamos contentos con la respuesta que nos da el Señor.

Quizás, nos ocurre que buscamos al Señor para que haga nuestra vida más feliz y nos libre de la cruz. Es un camino equivocado, pues, la cruz es nuestra y la tenemos que cargar pase lo que pase. Lo que sucede es que, acompañado del Señor nos será más suave, más soportable y llevadera cargarla sobre nuestros hombros hasta la hora final de nuestro tiempo en este mundo.

Tratemos, pues, de no protestar, sino, injertado en el Dios Niño cuyo nacimiento celebramos en este tiempo litúrgico, responder en obediencia y fidelidad a su propuesta de salvación.