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miércoles, 13 de octubre de 2021

AMAR IMPLICA VIVIR EN LA VERDAD Y LA JUSTICIA

 

Es evidente que se amas prácticas la verdad y la justicia. Porque, amar sin verdad y justicia no es amar. El cumplimiento de las normas o leyes no justifica que ames cuando la verdad y la justicia se pasan por debajo de la mesa. El amor implica y exige vivir en la verdad y la justicia. Y es que no hay verdad sin justicia. Ambas cabalgan junta y la una no se puede dar sin la otra.

De modo que, quién dice que cumple sin estas premisas - verdad y justicia - está mintiendo. El cumplir significa que vive en y con la verdad, y, por supuesto, con la justicia. Por tanto, de no cumplirse lo dicho se está falseando y mintiendo. En el Evangelio de hoy - (Lc 11,42-46) - Jesús lo deja muy claro: « ¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis...

Recordamos de nuevo lo de la ceguera que nos impide ver - Lc 6, 39 - porque, al final, de nada te vale vivir en la opulencia si todo se esconde en la mentira e injusticia. Este mundo - sin Dios - es un círculo cerrado que por muchas vueltas que des siempre estás en el mismo sitio, insatisfecho y atrapado víctima de tus propios pecados. Tu única salida es el amor y la verdad construida sobre la Roca - nuestro Señor Jesucristo - que te libera y te salva y te ofrece la Vida Eterna en plenitud.

sábado, 3 de agosto de 2019

LA VOZ DE LA CONCIENCIA

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(Mt 14,1-12
Si escarbamos un poco en el mundo descubrimos que hay muchas zonas contaminadas, podridas y hasta con un olor putrefacto y repelente. Afortunadamente las hay también de olor limpio, transparente y con buen perfume. Sin embargo, al menor descuido puedes contaminarte y quedar manchado. Conviene, pues, estar expectante y vigilante. La huella del mal está siempre presente y clavada en nuestro corazón. Vive en nuestra conciencia.

Por eso, cuando hacemos mal nuestra conciencia se despierta y no puede conciliar el sueño. Es lo que sucedió con el patriarca Herodes que tras haber mandado cortarle la cabeza a Juan el bautista, su conciencia le interpelaba y le recriminaba esa muerte. Sin lugar a duda, la voz de la conciencia nos alerta de nuestras malas acciones y eso nos ayuda a descubrir nuestros pecados.

Somos pecadores y eso significa que cometemos errores, pero también, nuestra naturaleza caída, nos sitúa en la posibilidad de levantarnos, arrepentirnos y enmendarnos de nuestros pecados. Eso nos ayuda a ser humildes y a pedir perdón y, sobre todo, a no dejar que nuestras conciencia se adormilen y nos dé todo igual.

 Cuando se elimina a Dios de la vida o la conciencia del bien y mal, la vida, valga la redundancia, se oscurece y el mal aparece con fuerza. Perdemos la referencia de lo que está bien o mal y quedamos sometidos a nuestras apetencias y apetitos carnales. La vida se convierte en una búsqueda de tus egoísmos sin más miramientos que los tuyos propios. Los demás quedan al margen sin importarte nada. 

Y, así, se llega a conclusiones disparatadas y sometidas al mal o a la venganza y al odio. La verdad molesta y cuando no se acepta se opta por acallarla y quitarla del medio, más la conciencia pervive y la recuerda y señala siempre. Por eso, vivir en la mentira será vivir un calvario, pues el bien le ha ganado la guerra.

lunes, 24 de septiembre de 2018

EN LA LUZ TODO QUEDA DESCUBIERTO

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Cuando no tienes nada que esconder te manifiesta de forma espontánea en la luz. Es decir, buscar la luz y la cara de los demás. No hay nada que ocultar y, por tanto, todo está limpio, tanspartente y a la vista de los demás. Se nota en las personas que no hay nada que ocultar ni esconder.

Sin embargo, aquellos que viven en las apariencias y en las mentiras tratan de buscar la oscuridad, la confusión, el despiste, la revuelta para escabullirse y colar su apariencia o mentira. Son hijos de las tinieblas y está a merced del demonio y del mal. Caminan hacia el abismo y se pierden. Por el contrario, los creyentes y seguidores de Jesús viven en la Luz y buscan la Luz en Cristo Jesús. Pues, Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Cuando tu vida y tu palabra están en sintonía con la de Jesús buscas la luz para que tus obras y el ejemplo de tu vida se vea y sirva de testimonio a los que se relacionan contigo. Es la luz el camino que te alumbra y te guía. La Luz que da en conocer a Jesús, el estar a su lado y permanecer en contacto directo con Él en cada instante de tu vida, sea en el descanso, en el trabajo, en la familia y en el ocio. 

Sólo la verdad nos mantiene gozoso y felices, porque siempre todo convergerá en la Verdad. Tarde o temprano la mentira será descubierta y vencerá la verdad. En esa esperanza vivimos y tratamos de avanzar siempre injertado en la Luz del Espíritu Santo que nos guía, nos fortalece, nos alumbra y nos señala el verdadero camino por donde andar.

lunes, 17 de julio de 2017

VERDAD CONTRA MENTIRA

(Mt 10,34--11,1)
El cristiano no puede convivir con la mentira, ni tampoco con la apariencia. Y ocurre que en las familias hay de todo un poco, y los que dicen mentiras o falsean la verdad. E, incluso, impiden que alguno de sus miembros vivan en la verdad. En esas circunstancias, las familias, los hijos, hermanos, padres y madres y amigos son verdaderas murallas que se levantan entre ti y Jesús. Y llega el momento en que tienes que decidir, instalarte, mostrarte indiferente o enfrentarte a ellos.

El Evangelio de hoy nos descubre esa realidad. No se trata de enfrentarte literalmente como dice la Palabra, sino de saltar y superar los obstáculos que, dentro de la familia, te puedan impedir acercarte al Señor. Y, no sólo eso, sino arriconarlo en un segundo plano. El Señor es lo primero y el centro de nuestra vida. 

Y es lógico y de sentido común. Observa que poner a Dios como la primera opción de tu vida significa que una de las cosas que tienes que tener presente es honrar a tu padre y a tu madre. Cuanto más cerca estés de Jesús, más cerca estarás de tus padres, y de tus hermanos y familia. Y también de todos los demás, porque lo primero que Dios te exige para amarle a Él es amar al prójimo. Sobre todo a los enemigos.

Comprendes entonces que lo que Dios te pide no es un enfrentamiento directo con tu familia, sino una opción por Él, que busca hacerte mejor con su Gracia, y, por supuesto, prepararte para amar. Amar a todos, empezando por tu familia y hermanos. Recuerda que Él lo dijo cuando, hablando a la gente, le avisaron que su madre y hermanos le buscaban -Mt 12, 46-. Su Madre es grande porque precisamente cumple la Voluntad de Dios.

Y esa es la Voluntad de Dios, amar a todos los hombres. De manera especial a los enemigos. Y nada ni nadie debe impedirte hacer y dedicarte a cumplir la Voluntad de Dios. Por eso, Jesús te dice: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.