sábado, 6 de octubre de 2018

GRACIAS, SEÑOR, POR LA FE

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Frecuentemente nos entusiasmamos al escuchar la Palabra de Dios. Nos viene a la memoria la parábola del sembrador y las diferentes opciones que se producen al sembrar la Palabra. ¿Dónde estamos situados nosotros? Sería necesario e importante reflexionar y discernir nuestra situación? Porque, ocurre, que a veces nuestro entusiasmo, por nuestra capacidad o virtudes, y por nuestra fuerza de voluntad, para anunciar la Buena Noticia,  se queda conservada y guardada en nosotros mismos.

¿No pecamos de egoístas y de no compartir los talentos y sabiduría recibido? Nuestra alegría no debe refugiarse ni apoyarse en ese espontáneo entusiasmo ni en los posibles frutos de nuestras primeras acciones, sino que debe estar apoyada en la toma de conciencia de que nuestros nombres están escritos en el Cielo. Es ahí dónde debe estar apoyada nuestra alegría y nuestro gozo, porque todas nuestras obras son consecuencia del Poder de Dios que actúa a través de nosotros.

Y yo, Señor, me agarro fuertemente a tu Palabra y, creyéndomela, me regocijo y me alegro. Gracias, Señor, por regalarme la fe y el poder de saborear tu Palabra cada día. Y la posibilidad de discernirla, reflexionarla y transmitirla cada día. Gracias por poder compartirla y recibir el eco de unos hermanos en la fe que la enriquecen y la prolongan hacia otros lugares. Y gracias porque compartiéndola se fortalece y se acrecienta nuestra fe cada día por la Gracia de tu Espíritu.

Sí, Señor, es verdad. Me alegro por sentirme elegido y porque deseo enormemente responder a esa elección. Sí, Padre, me alegro porque me tienes entre los tuyos, al menos yo quiero y deseo eso y me gusta pensarlo. Y porque sé que todo me viene de Ti. Gracias, Señor, porque soy consciente de tu presencia y del regalo y tesoro más grande que el hombre puede encontrar. Sí, Padre,  mi alegría descansa en tu Gracia y en saberme llamado, elegido y perdonado por tu Infinita  y amorosa Misericordia.

viernes, 5 de octubre de 2018

NUESTRO PADRE ESTÁ EN EL CIELO

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Mt 7,7-11
¿Por qué lo dudas? ¿No sabes que tienes a tu Padre Dios en el Cielo y que te acompaña en tu camino por este mundo terrenal? ¿No conoces y sabes que Él te lo ha dicho? Si es así procura conocerlo porque te va en ello la vida, la verdadera Vida Eterna.

En el Evangelio de hoy, Jesús, nos invita a pedir al Padre del Cielo lo que necesitamos. Ya lo decimos en el Padrenuestro cuando le decimos: ...danos hoy nuestro pan de cada día... Ocurre que nosotros no sabemos ciertamente, aunque creamos que sí, lo que realmente nos viene bien. ¡Cuantos negocios fracasados!; ¡cuantos errores y equivocaciones en nuestras tomas de decisiones! A veces acertamos y no sabemos cómo y otras fallamos porque realmente no sabemos que realmente nos conviene.

Por eso, no sólo hay que pedir al Padre bueno del Cielo sino abrirnos a su Voluntad y aceptar lo que nos dé, porque todo lo que viene de Él es lo mejor y lo que más nos conviene para nuestra vida, para la vida realmente importante. Porque, eso es lo que interesa, salvar la vida, no la de este mundo que perece, sino la Vida Eterna, la que nos aguarda al final del camino de este mundo y la que será para siempre. Es eso lo importante, ser feliz eternamente.

Jesús nos advierte hoy esa actitud de pedir, de llamar y de buscar, porque los hijos les piden a sus padres y nosotros tenemos al mejor Padre que lo puede todo y nos regala todo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

jueves, 4 de octubre de 2018

TODOS SOMOS ENVIADOS

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Desde que fuiste bautizado empezó tu misión. Proclamar el Evangelios es propio de todo creyente, pues en su bautizo quedó configurado como sacerdote, profeta y rey, y eso invita a responder a tu compromiso de fe. Un compromiso que debe ser vivido en cada instante de tu vida, ya sea en la familia, en el trabajo como en los momentos de descanso y ocio. La fe no es algo que se utiliza para ponérsela en momentos puntuales y actos religiosos y dejarla luego cuando estamos en el trabajo, familia o con los amigos.

La fe es la respuesta de y con tu vida junto a los demás. Una respuesta de amor contraria y contra corriente a la sociedad donde vivimos. Una respuesta donde los valores que nos presenta el mundo son contrario a los valores que presentamos los que seguimos a Jesús. Ante el éxito y la fama que representa el poder y la riqueza, el creyente debe anteponer el amor gratuito y desinteresado al más débil, al pequeño y al marginado.

Y eso lo puedes vivir en todo momento, pues se nota cuando tu disponibilidad está al servicio de los más pobres, de los sin voz, de los débiles y pequeños. ¿Qué esa actitud ocasiona problemas y dificultades? Indudablemente, siempre la defensa del más desvalido, pobre y débil trae dificultades, porque los poderosos y egoístas se los quieren tragar y los utilizan y explotan. Por eso, se hace necesario rogad al Padre para que mande obreros a su mies, pues es abundante y los obreros pocos.

miércoles, 3 de octubre de 2018

EL COMPROMISO DE SEGUIR A JESÚS

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Lc 9,57-62
Cuando decides seguir a alguien entiendes y supones que tu vida da un giro total y queda supeditada a ese que sigues. Seguir significa aceptar su mensaje y vivir de acuerdo con lo que propone esa persona. Seguir a Jesús cambia toda tu vida y la orienta al amor, porque Él es Amor y Camino, Verdad y Vida.

No es fácil seguir a Jesús, eso lo deja muy claro el mismo cuando dice: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Eso supone renuncias y no acomodo que nos instala en este mundo y corta nuestra actitud de disponibilidad y entrega. No podemos quedarnos entre dos aguas y con una mano tratar de seguir al Señor y con otra acomodarnos en la comodidad, valga la redundancia, de este mundo.

Seguir a Jesús nos exige anteponer su Evangelio por encima de todo lo demás y dedicar nuestra vida a manifestarlo de obra y de palabra. Y es que con frecuencia nos absuelve muchas cosas que nos seducen y que se anteponen ante nuestro seguimiento al Señor. Queremos estar bien con el mundo, tener éxito y poder, pero también estar a bien con Dios justificándonos muchas veces  y anteponiendo muchos intereses propios a nuestro seguimiento a Jesús.

Cuántas veces no nos hemos justificado ante una respuesta al Señor justificando nuestras ocupaciones y compromisos. Debemos pedir luz para saber discernir lo que es prioritario y a lo que debemos responder con prontitud y sin justificaciones, porque «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».

martes, 2 de octubre de 2018

ÁNGELES CUSTODIOS

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Mt 18,1-5.10
En la medida que crecemos vamos teniendo más presente la seguridad. Por un lado, por nuestras propias pertenencias y por otro el miedo a que nos pueda pasar algo malo. Está enraizado en lo más profundo de nuestros corazones la necesidad de tener un ángel custodio. Un ángel que nos cuida y que nos protege en nombre de Dios.

En las Sagradas Escrituras hay muchas referencias a los ángeles - Jn 1, 51 - y la existencia de ellos es una verdad de fe. De la misma forma, esta tendencia a la seguridad está relacionada con los puestos a ocupar. Todos queremos garantizarnos y ocupar los primeros puestos, porque te sientes más seguro, más considerado y retribuido. Nuestra razón y forma de ver las cosas se conduce de esa forma y nos sentimos muy atraídos a desear ocupar los primeros lugares.

En esa dinámica se encuentra los discípulos cuando, preguntando a Jesús, quedan sorprendidos y al escuchar su respuesta:  «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos».

¿Qué conclusiones sacas tú? Sería bueno discernir y deducir tus propios conclusiones, pues serás tú quien responda por ti mismo y no otro. Sabemos que los niños se fían de sus padres a pesar de que no entiende casi nada. Y caminan según le indican sus progenitores. ¿Haces tú eso con tu Padre Dios?

lunes, 1 de octubre de 2018

CON MENTALIDAD HUMANA

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Somos humanos y todo lo vemos bajo el prisma de la humanidad. Nuestra vida está regida por los apetitos que se desprenden de nuestra naturaleza humana y de nuestros sentimientos sensoriales, que nos inclinan a lo material. De tal forma que todo lo vemos con una mentalidad racional y egoísta. Así, los discípulos estaban enzarzados en una discusión sobre los puestos a repartir y la importancia y categoría de ellos.

Se imaginaban un Mesías como el que esperaban. Con poder, con fortaleza y con un reino capaz de expulsar a los invasores. Y ellos serían los colaboradores de ese rey ocupando los puestos principales y mejores. Imaginemos que pasaba por aquellas cabezas tan cercas de Jesús y lo que Jesús les proponía. Desde esta distancia observamos lo disparatado y lo lejano que estaban los discípulos de la realidad, pero, ¿y nosotros ahora? ¿Estamos mejor situados y eso nos hace mejores? ¿O seguimos pensando de la misma forma disparatada?

La pregunta vuelve al centro de nuestra vida: ¿Quién es Jesús para nosotros? Y de forma más concreta, ¿para ti? Y es más grave ahora, porque tú y yo sabemos más que aquellos discípulos y conocemos por la Revelación, que ellos recibieron después y nos transmitieron, quien es Jesús y cual es su Mensaje y el camino que nos propone. ¿Y cómo respondemos? 

Sabemos como respondieron aquellos discípulos cuando empezaron a darse cuenta de quien era Jesús, pero, lo que nos importa ahora es cómo respondemos nosotros. Y nuestro comportamiento debe pasar por la obediencia, por la humildad y por el servicio. Ser como niños y vivir con esas características del niño, la limpieza, la sinceridad, la pureza, la obediencia y la pequeñez de necesidad del padre. Y de estar abiertos a todos, porque todos los que caminan en esta actitud, vengan de donde vengan, van en el camino del Padre.

domingo, 30 de septiembre de 2018

EN EL NOMBRE DE DIOS

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Mc 9,38-43.45.47-48
Muchas personas nos fanatizamos pensando que sólo por nuestro camino encontramos la recta senda que nos lleva al Padre. Quizás no sea esa la palabra exacta o sea excesiva. pero, posiblemente, forzamos mucho a los demás a caminar por nuestro mismo camino. Y los caminos del Señor son muchos, dispersos y diferentes, pero todos llevan al mismo lugar, es decir, a encontrarnos con Él.

No importa por donde vayas si lo haces alabando y glorificando al Señor y viviendo en su Palabra y según su Voluntad. Quienes actúan en su Nombre no están contra Él sino que reman en el mismo sentido. Por tanto, dejarlo actuar nos dice el Señor: En aquel tiempo, Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros». Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros. Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.

Todos estamos en la Iglesia aunque algunos vivamos fuera de la comunidad o aparentemente apartados. Eso no significa que cada cual haga lo que le venga en ganas. No se trata de eso, sino de advertir y comprender que hay diversidad de carismas, tal y como dice Pablo - 1ª Co 12 - y que es el Espíritu Santo quien nos dirige y nos sitúa. Por lo tanto, no entorpezcamos la labor de muchos que, con planes y actuaciones diferentes a la nuestra, actúan en nombre de Dios y proclaman la Buena Noticia de salvación.

Se trata, por tanto, de sumar y de no escandalizar. Es decir, de no entorpecer y alejar a los más débiles e inocentes - niños - de la presencia de Dios. La advertencia de Jesús sobre esos que escandalizan son muy duras hasta el punto que nos sugiere apartarnos de esas ocasiones de pecado que, a pesar de que nos apetezcan, ponen en peligro y riesgo nuestra presencia y amistad con el Señor.