domingo, 9 de junio de 2019

UNIDOS EN EL ESPÍRITU SANTO

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Jn 20,19-23
El Espíritu de Dios nos une y nos revela el amor de Dios. El Espíritu de Dios nos allana el camino y nos da sabiduría, fortaleza y paz para que podamos entendernos y permanecer unidos en la misma fe a un sólo Dios. La venida del Espíritu Santo es la confirmación de la promesa hecha por Jesús en el momento de su Ascensión: Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré- Jn 16, 7-.

Hoy es el día que la Iglesia celebra ese acontecimiento. Un día vital y fundamental en la vida del creyente, porque sin el Espíritu Santo nada podemos hacer y hasta Jesucristo hubiese sido olvidado. Él sigue vivo y presente gracias a la acción del Espíritu Santo que con sus dones nos fortalece y nos capacita para transmitir el anuncio de la Buena Noticia. Los dones del Espíritu Santo son siete:  sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, piedad, fortaleza y temor de Dios (ver aquí).

Los dones espirituales son habilidades especiales que Dios regala a sus hijos para la edificación de su iglesia. Debemos usarlos para bendecirnos los unos a los otros y construir juntos una iglesia fuerte que honra a Dios.

Todos los cristianos tenemos por lo menos un don y el Espíritu Santo distribuye los dones según quiere: «Todo esto lo hace un mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina» (1 Corintios 12:11). Sin embargo, la Biblia nos dice también que podemos anhelar otros dones, y nos anima a pedirlos (1 Corintios 12:31).

sábado, 8 de junio de 2019

TRANSMITIR LA PALABRA

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Quizás no somos consciente de nuestro compromiso de Bautismo. Posiblemente, nuestro recorrido no haya sido el correcto o, al menos, el ideal. Nos han bautizado cuando niño como consecuencia de una tradición cristiana más que como causa de una fe vivida y practicada. Eso ha originado que nuestra fe se haya quedado en los pañales de nuestra primera comunión y que apenas conozcamos la Palabra. 

La pregunta nace por sí misma, ¿cómo sin conocerla vamos a transmitirla? Así, de padres a hijos, la fe se queda en pañales y todo se reduce a celebraciones tradicionales que consisten en celebrar una fiesta sin más interrogantes ni interpelaciones. Eso hace que no seamos conscientes, como decíamos al principio de nuestro compromiso bautismal, por el cual hemos sido configurados como sacerdotes, profeta y rey.

Indudablemente, somos herederos de un Tesoro incalculable que ha llegado a nosotros por el compromiso y la respuestas de esos primeros cristianos. Eso nos compromete, no sólo a conservar ese Tesoro de la Palabra de Dios, sino también a transmitirla a las siguientes generaciones. A transmitirla desde la vivencia de nuestra fe encarnada en nuestras vidas y testimoniada con nuestras obras.

Debemos ser conscientes del agradecimiento a aquellos primeros cristianos que, como Juan, han dado sus vidas para que la Palabra de Dios revelada llegue hasta nosotros. Hoy también, tú y yo tenemos muchas dificultades y problemas para, no sólo transmitirla sino para vivirla. Luchamos contra nuestras propias dificultades y obstáculos interiores como las pasiones, el egoísmo, la soberbia, la comodidad, la pereza...etc. Todo aquello que nacen dentro de nosotros y nos impiden darnos gratuitamente y de forma desinteresada, pero, sobre todo, que levantan barreras infranqueables para resistirnos y no escuchar la Palabra de Dios. 

En todo eso tiene mucho que ver nuestra libertad y voluntad para someterla no a la voluntad del mundo que nos tienta y nos seduce, sino a la Voluntad de la Palabra de Dios que nos libera y nos hace buscar el bien, la Verdad y la justicia.

viernes, 7 de junio de 2019

EL AMOR ES VERDADERO AMOR CUANDO DUELE

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Jn 21,15-19
Es difícil descubrir el verdadero amor cuando te sientes cómodo y a gusto. No estoy diciendo que estando a gusto y cómodo no se esté amando, pero eso nos gusta a todo y si el amor consistiese en eso a todo nos gustaría amar. O dicho de otra forma, nos sería fácil amar. El verdadero amor empieza a descubrirse cuando empieza a doler. No sé si fue la madre Teresa de Calculta la que dijo que el amor se descubre cuando verdaderamente duele, porque en el dolor es cuando amar cuesta y cuando las exigencias prueban tu verdadero amor. Por eso, no hay amor más grande que aquel que da la vida por otro.

Otra condición del amor es la gratuidad. El amor nos busca correspondencia, ni respuesta, ni pone condiciones. Sólo sabe dar gratuitamente sin pedir nada a cambio. Esa clase de amor es el que enseña Jesús. Lo hizo durante su vida pública en este mundo, y lo sigue haciendo ahora desde la derecha del Padre, donde se encuentra después de Resucitar y Ascender a los Cielos.

Es ahí, a la derecha del Padre, donde ruega por todos nosotros pidiéndole al Padre que nos enseñe a amar como Él, su Hijo, siguiendo su Voluntad. Por eso, Jesús, le pide a Pedro que si le ama tendrá que manifestar ese amor también a los demás. El va a ser el Primado y el responsable de mantener ese amor vivo para testimonio de los demás. Pero, también Jesús sabe de nuestras imperfecciones, de nuestras debilidades y de nuestros pecados. 

Y sabe que somos presa de nuestra naturaleza humana, débil y herida por el pecado. Por eso, deja en manos de Pedro y de sus apóstoles el perdón de nuestros pecados para que tengamos siempre la posibilidad de levantarnos y volver al camino del amor misericordioso.

jueves, 6 de junio de 2019

LA ORACIÓN DE JESÚS


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Jn 17,20-26
Jesús se implica en su ruego al Padre. Pide, no sólo por éstos, que han creído en Él, sino por  aquellos que por medio de su palabra han creído también en Él. y con el ruego para que todos sean uno. El Señor quiere que seamos uno como lo es Él con el Padre. Esa es nuestra referencia y nuestra meta, amarnos como se aman el Padre y el Hijo.

Y eso no lo podemos alcanzar por nuestra cuenta o por nuestras capacidades, sino injertados en el Padre y el Hijo por medio de los méritos del Hijo que nos ha revelado al Padre. Porque, esa es la única clave para que el mundo crea y ese fue el verdadero triunfo del Señor con su Pasión y Muerte en la Cruz. Se quedó sólo, pero esa soledad se convirtió en triunfo y logró la unidad de sus discípulos para que, amándose, el mundo creyera.

Y así ha sido. El testimonio de los apóstoles ha llegado a muchos otros que ha respondido al amor de Jesús en el Padre. Y al amor del Padre en Jesús. Sin lugar a duda el mundo descubre ese misterioso efecto del Espíritu de Dios que se derrama en cada ser humano. A veces me he preguntado que puede suceder para que el mundo, a pesar de estar tan deteriorado, pueda sostenerse todavía con la esperanza del amor, de la fraternidad, de la verdad y la justicia entre los hombres.

Ahora, que la Iglesia está siendo fuertemente y cruentamente perseguida. Ahora, que muchos ofrecen sus vidas con valor, valentía y hasta con gozo, podemos preguntarnos, ¿qué está pasando? ¿No es el resultado de la eficacia de la oración de Jesús al Padre? ¿No es que el hombre descubre en la profundidad de su corazón que la Palabra de Jesús es la Verdad, el Camino y la Vida que da la verdadera y única felicidad que el hombre busca erróneamente en el mundo? Sí, hermanos y hermanas en la fe, Jesús, el Señor, sigue con nosotros, no nos abandona. y ruega al Padre diciendo:

 «Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos».

miércoles, 5 de junio de 2019

LA INSISTENCIA DE JESÚS

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Jn 17,11b-19
Su Palabra es verdad y todo lo que dice lo cumple. Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura».


Ahora que ha subido al Padre no se olvida de ninguno de los que le ha sido dado por el Padre y ruega para que se mantengan unidos. La referencia es que como Él y el Padre son uno, así también seamos nosotros. Eso significa que tenemos que estar unidos, sin divisiones, sin separaciones y agrupados en comunidad que celebran una misma fe y un mismo bautismo.

Miran como se aman, como se quieren, como viven interesados el uno en el bien del otro. Esa unidad en torno a un sólo Dios es el testimonio que convence, que arrastra y contagia. Porque, la persona humana ha sido creada para amar y para buscar el bien y la verdad. Y la comunidad es la forma de realizarce en el amor y de luchar contra el mal del mundo. 

Por eso, Jesús continúa diciendo: «Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».

Vivimos entre lobos y grandes peligros:  mundo - demonio - carne, y necesitamos la asistencia, el auxilio y la fortaleza del Espíritu Santo para superar todas esas tentaciones que tratarán de desviarnos del camino hacia la Casa del Padre. Tenemos la Palabra del Señor y la promesa de su Padre. 

martes, 4 de junio de 2019

JESÚS NO SE OLVIDA DE NOSOTROS

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Es la hora de la verdad. La hora de la glorificación del Padre y del Hijo para que los hombres y mujeres de este mundo vean el amor que Dios nos tiene y que lo revela en su Hijo. Es la hora de darnos cuenta que todo lo que tiene Jesús viene del Padre y todo lo del Padre está en Jesús. Él ha dado a conocer el Nombre del Padre, porque en eso consiste la Vida Eterna, en conocer al Padre.

El problema de mucha gente es que nos ponemos a hablar de la Iglesia y de lo que tiene que hacer la Iglesia y no sabemos nada de la Iglesia, ni siquiera conocemos al fundador de la Iglesia. Y lo digo con conocimiento de causa, pues hablando con unos amigos de algunos problemas de la Iglesia, hice esta pregunta. ¿Conocen ustedes a Jesucristo? Y nadie contestó afirmativamente, sin embargo ponían objeciones a la labor de la Iglesia y a sus normas internas.

Por eso, es importante conocer al Padre y conocer al Hijo, y sólo aquellos que se abren a la Palabra que el Hijo, recibida del Padre, nos da, podrán llegar hasta el Padre y conocerlo. En este sentido es muy importante la fecha que nos espera en la que celebramos algo muy importante, la venida del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios que nos recordará todo lo que nos ha sido enseñado y todo lo que nos falta.

Pero, volvemos a la pregunta, ¿qué nos ha sido enseñado? Porque, si no prestamos atención, si no nos ponemos a la escucha y abrimos nuestros corazones a la Palabra que Jesús nos da recibida del Padre, ¿cómo podemos conocer al Padre? Esa es la cuestión. Menos razonamientos y justificaciones y tratemos de abrirnos a la Palabra del Señor Jesús que nos revela el amor del Padre. 

Y que no deja de pedirle al Padre por todos nosotros: «Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».

lunes, 3 de junio de 2019

LA VICTORIA SOBRE EL MUNDO

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Jn 16,29-33

Todos buscamos el éxito en este mundo. Queremos, aún sin darnos cuenta, la victoria, el triunfo, la admiración de los demás, el ser el primero y ser el centro de otros. Queremos ser tenidos en cuenta y que nos  correspondan tal y como nosotros correspondemos. Queremos ser tratados como nosotros tratamos. Es un amor mutuo lo que buscamos sin darnos cuenta que Jesús nos ha amado sin esperar nada de nosotros. Nos ama sólo para nuestro bien y no nos pide nada en correspondencia. Sólo busca nuestra felicidad.

¿O es que no nos damos cuenta? Si amamos como nos ama Jesús encontraremos esa felicidad que realmente buscamos. No se trata de fastidiarnos, ni de complicarnos la vida, sino que en la medida que seamos capaces de amar y darnos a los demás, así seremos felices. Eso es lo que trata Jesús de enseñarnos, y para eso nos envía, según la Voluntad de su Padre, el Espíritu Santo.

Cuando te das cuenta de eso entiendes que Jesús es la Verdad Absoluta, lo sabe todo y te entregas a su Palabra. La felicidad, el verdadero éxito no está en ser el mejor ni el campeón, sino en estar disponible a amar sin ningún interés buscando el bien del otro. Entonces te das cuenta de que no es fácil y que tienes que negarte a ti mismo. Se hace duro e imposible para afrontarlo tú mismo. Descubres que necesitas el concurso de Jesús. Él ha venido para eso y te lo propone claramente, Él ha vencido al mundo.

Y con esa afirmación y revelación te está invitando a ti también a vencerlo. La Resurrección, triunfo sobre la muerte, y la Ascensión, regreso al Padre, son las pruebas que lo dejan todo meridianamente claro. En, con y por Jesús nosotros también venceremos al mundo. Un mundo con el que tenemos que enfrentarnos cada día. Un mundo del que no desaparece el mal, pero al que hay que hacer frente desde y en el Señor. Un mundo que podemos vencer desde nuestra libertad personal y desde la opción libre de optar por creer en la Palabra del Señor y que la verdadera felicidad, que todos buscamos, está en amar como nos ha enseñado a amar Jesús.