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sábado, 11 de noviembre de 2023

QUIZÁS NO SIENTAS EL DESEO, PERO TU GENEROSIDAD LO MANIFIESTA.

Posiblemente no sientas ni experimentes el gozo de dar, de ser generoso, sin embargo, porque quieres obedecer al Señor, te desprendes de lo que te sobra, incluso de más de lo que te sobra, y lo compartes con el necesitado. ¿No es eso amor aunque esté escondido en el pecado de tu corazón?

La parábola de ayer – Lc 16, 1-8 – nos lo deja claro:  poner todo tus talentos, tus cualidades, tu tiempo y astucia al servicio de los que las necesitan son en definitiva manifestaciones de amor. No se trata de aprovecharte, quitarle a uno para dárselo a otro. Se trata de caer en la cuenta de que muchos no tienen y a ti te sobra o puedes compartir de lo que tienes con el que lo necesita. Y eso, aunque te duela y cueste, es amar.

Nuestra naturaleza está herida por el pecado. Es débil y frágil e inclinada al egoísmo y, por sí misma, no puede librarse de esa atadura del pecado. Experimenta esa esclavitud. Solo en el Señor y por su Amor Misericordioso puede quedar libre. Simplemente, el hecho de querer y de dar manifiesta la voluntad del deseo de amar. Todo lo demás respecto al sentirlo, a experimentarlo es Gracia de Dios.

A nosotros nos toca creer en el Señor y actuar por obediencia porque no llegamos a entender ese Amor Infinito y Misericordioso que Él nos da y nos propone. Creer, obedecer y obrar es la prueba. Lo demás corresponderá a la Gracia de nuestro Señor.

viernes, 24 de abril de 2020

MULTIPLICAR NUESTROS RECURSOS

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES III DE PASCUA 11 DE ...
Jn 6,1-15
Creo y supongo que todos los hombres quieren acabar con el hambre en el mundo. Incluso los más despiadados y egoístas. Es una aspiración humana que nace en lo más profundo de nuestro corazón. Y, posiblemente, algunos que así no piensen, se debe a que sus corazones han sido pervertidos por el Maligno. Porque, toda persona de bien quiere socorrer y abastecer al mundo de la abundancia de pan. 

Hoy, en el Evangelio se dibuja esa estampa, donde se sacia al hombe con panes y peces y se colma el hambre del mundo. Esa es la imagen que podemos simbolizar en esa multiplicación de panes y peces. Jesús se preocupa por el hombre por amor. La Voluntad del Padre, que lo ama con locura, es conocida por el Hijo que, al hacer la Voluntad de su Padre, ama también al hombre hasta el extremo de dar su vida.

Ahora nos corresponde a nosotros ser multiplicadores de panes y peces y proveer al mundo de la abundancia para que satisfaga su hambre. Pero, un hambre no solamente de pan, sino también de amor. De un amor que nace de la unión con Xto. Jesús y del alimento que nos da con su Cuerpo y su Sangre. Porque, para dar, primero tenemos que llenarnos de ese Pan Eucarístico que nos dé la fortaleza y la sabiduría para darnos luego a los demás.

Se trata de descubrir dónde está mi pan y mi pez que yo puedo aportar al mundo y, comprometido por amor, compartirlo. Es la única hoja de ruta para luchar y erradicar el hambre del mundo y de avivar la sed y el hambre de amar y compartir fraternalmente con los demás.

jueves, 12 de marzo de 2020

RICOS Y POBRES

Resultado de imagen de Lc 16,19-31
Lc 16,19-31
Creo sinceramente que siempre ha habido ricos y pobres y que, probablemente, siempre lo habrá. La razón en la que me apoyo es que los talentos han sido donados de forma desigual, pero no injusta, y, mientras tú has recibido tres, otros han recibido uno. Todo con un objetivo, compartirlo en verdad y justicia y a los que les falte lo necesario lo reciban de los que les sobra. De esa forma habría un equilibrio y se establecería la paz y el orden. Y todo sería más bonito y hermoso porque sería el amor el que gobernaría nuestras vidas.

Ahora, la cuestión es enterrar esos dones o talentos recibidos, o no enterrarlos. Y eso está en consonancia en utilizarlos para provecho propio y de forma indiferente con respecto a los demás, es decir, con verdadero egoísmo, o, hacerlo mirando y preocupándose por los que tienen menos y sufren esas carencias primarias que necesitan para vivir dignamente.

El problema se esconde en los méritos que cada cual se agrega y, por tanto, los merecimientos que tienen o se desprenden de disfrutar de tus entendidas y merecidas riquezas consecuencia de tus sudores y esfuerzos. Para los creyentes, seguidores de la Palabra de Dios, todo les viene dado desde arriba, es decir de la mano de Dios. Sus talentos y capacidades les han sido regalados para ponerlas en provecho del bien común, o mejor, de aquellos que han recibido menos o les falta lo necesario. Por tanto, sus esfuerzos y trabajo deben tender a compartirlo con los que tienen menos y menos también capacidades de esfuerzo y de trabajo.

En ese compartir y en ese compromiso se verá la medida de tu amor y la capacidad de salir de ti mismo y darte a los demás. Entenderás que amar es la cuestión y que es así como te Ama tu Padre Dios y quiere que tú también ames. Porque, precisamente es ahí donde se esconde esa felicidad que buscas en otras cosas y que nunca acabas de encontrar. Y lo más importante, no sólo lo dicen tus palabras, sino lo corroboran tus hechos y obras.