viernes, 3 de mayo de 2013

CAMINO, VERDAD Y VIDA

(Jn 14,6-14)


Lo hemos oído muchas veces, pero seguimos escuchándolas no con mucha atención. Incluso, estamos cansados de oírlas que casi nos pasa desapercibido. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí, pero para nosotros eso nos deja, si no indiferente, sí sin capacidad de reacción. Estamos instalados en la rutina de hacer siempre lo mismo y no salir de nosotros.

Y no hablo de otros, sino de mí mismo. Y desde mí, comparto mi pobreza con aquellos otros que les pueda pasar lo mismo. Experimento mis debilidades, y en ellas siento el poder y la fuerza del Espíritu que me conforta y me anima a glorificar y alabar al Señor. Son precisamente mis debilidades, como diría San Pablo, las que me fortalecen y realizan el milagro de experimentar la fuerza del Espíritu Santo, promesa del Señor.

Percibo que me vida se sostiene en la Mano del Señor Jesús, y desde ahí siento la vivencia de su fortaleza y de experimentarme sostenido por su Aliento y Poder. No entendería la vida de otra forma, y perdería todos sentido y deseo de vivirla sin la presencia del Señor. No importan mis fracasos, mis debilidades, mis pobres pecados, porque confío en su eterno perdón y misericordia.

El Sacramento del perdón es la reparadora ducha de agua limpia y celestial que vigoriza mi espíritu y fortalece mi voluntad para permanecer en Él, a pesar de mis basuras y miserias, que en lugar de debilitarme me fortalecen y dignifican para Gloria del Señor, que de la debilidad saca fortaleza.


jueves, 2 de mayo de 2013

AMAR COMO JESÚS ME AMA

(Jn 15,9-11)

Esta mañana me asaltó un pensamiento que me ayuda y me fortalece a la hora de experimentar el perdón ante los demás. Se trata de observar cuando muchas personas actúan mal, desplazando y sometiendo a otras a sus propios egoísmos, y perjundicándoles enormemente. Incluso dentro de sus propias familias y a sus propias madres.

Y sin embargo, son hijos de Dios, y ese Padre Dios Bueno nos ama inmensamente. ¡Tanto como ama a su Hijo amado y predilecto Jesús! Hay, la Palabra de Dios nos lo dice: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».

Pues bien, si Dios ama a esas personas de esa forma, aún haciendo lo que a Él no le gusta, ¿cómo yo no voy a esforzarme al menos en amar y perdonar al que me hace mal? Ese criterio de amor tan grande por parte de Dios me ayude y nos puede ayudar a, abandonados en Manos del Espíritu Santo, dejarnos invadir por su Amor y ponernos en actitud de perdonar a nuestros enemigos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

NECESITADOS DE JESÚS

(Jn 15,1-8)


El gran error del hombre es creer en sus propias fuerzas y pensar que solo él se basta para conseguir la felicidad que busca. El gran error del hombre es creer que por él mismo puede alcanzar su deseo de felicidad sin necesidad de ayuda. Pero, el peor de todos los errores es creerse suficiente y capaz de dirigir su vida hacia la felicidad rechazando a Jesús, el Señor.

No hay nadie más necio que aquel que da la espalda a Jesús y se erige en señor de sí mismo. Su vida queda estéril y sin sentido y su pobre esperanza termina en este mundo. Un mundo que cuenta sus días más de tristeza que de felicidad. Un mundo donde la esperanza se convierte en desesperanza. Un mundo donde las apariencias e hipocresías falsean la vida y siembran la muerte.

Y tras el error, el pecado, la mayor esperanza del hombre es Jesús de Nazaret. Injertados en Él nada tenemos que temer, y permaneciendo en Él todo camino será allanado y superado hasta alcanzar la paz y felicidad por él prometida. En Él daremos frutos, frutos de amor del que este mundo está necesitado y por los que todos los hombres alcanzaran la paz y la justicia.

Pidamos al Espíritu Santo que nos dé la fortaleza de agarrarnos a su Palabra: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

martes, 30 de abril de 2013

HAYA PAZ

(Jn 14,27-31a)


Porque solo en la paz se puede ver la verdad. El mundo no tiene paz porque se apoya en la lucha por el poder, por el saber, por el tener, por el ser más que el otro...etc. No debemos caer en la paz del mundo, porque la paz que da el mundo es falsa y se fundamenta en la mentira.

Jesús nos da la verdadera paz, una paz que descansa en el Amor del Padre y al que regresa, pero nos promete que volverá a nuestro lado. Y su Palabra siempre se cumple porque es Palabra de Verdad y de Paz. Jesús nos enseña que la Voluntad del Padre es lo primero en su vida porque el Padre es más que Él. 

Jesús nos revela su amor por el Padre y su perfecta obediencia porque lo que el Padre le manda, Él lo hace. Así debemos proceder nosotros, hacer como Jesús, siguiendo sus enseñanzas, la Voluntad del Padre. Y para eso debemos injertarnos en Jesús, porque con Él nada tememos y toda dificultad venida de este mundo la podemos superar.

lunes, 29 de abril de 2013

CONOCER PARA AMAR

(Jn 14,21-26)

No hay ninguna duda que para amar hay que conocer. Eso supone diálogo y presencia para abrir la vía del conocimiento mutuo. Hay tres condiciones básicas para que el diálogo se produzca: 1º Abertura - 2º sinceridad y 3º comprensión. Si falta alguna de ellas, el diálogo sale adulterado y el conocimiento no se percibe ni se adquiere plenamente en lo que cabe y puede.

Y digo esto, porque en esta vida nunca llegaremos a la plenitud del conocimiento ni de otras cosas. Esta vida es un camino de perfección, y en ello necesitamos el amor para perdonarnos nuestras deficiencias, errores y limitaciones. Siempre con la buena y sana actitud de corregirnos, pero también con el esfuerzo de sabernos perdonados.

Conocer a Jesús es conocer al Padre. Y ese conocimiento nos lleva a conocer sus Mandamientos. Conocidos podemos guardarlos, y quien los guarda, realmente le ama. Y quien ama a Jesús, ama también al Padre. Y ese amor nos comprometerá en el amor a los demás hombres, sobre todo a los enemigos.

Pero esto no lo podremos hacer solo. Empeñarse en amar, amar en todos los aspectos es cosa muy difícil, imposible para nosotros solos. Necesitamos el auxilio del Espíritu Santo, porque se trata de morir a nuestro egoísmo, a nuestras apetencias, a nuestros caprichos y egos personales, y solo con la asistencia del Espíritu Santo podremos llegar a la madurez plena del amor.

domingo, 28 de abril de 2013

TODO CONSISTE EN AMAR

(Jn 13,31-33a.34-35)


Hay muchos caminos por los cuales podemos andar. Muchos caminos que nos llenan de satisfacciones y alegrías, pero solo uno albergará la alegría y la vida eterna. Todos los demás terminaran en la nada, tienen fecha de caducidad y nos dejarán insatisfechos.

Hay, pues, un solo camino que conduce a la verdadera felicidad eterna, y ese camino es el amor. Sólo en el amor y amando lograremos lo que todos buscamos. Es lo que Jesús nos propone hoy, el mejor bien para nosotros: que nos amemos unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros».

No hay otro camino, solo el amor. En el atardecer de nuestra solo se nos juzgará por el amor que hemos repartido y compartido con los demás, así que todos nuestros esfuerzos y súplicas van dirigidos para conseguir amar. De nada nos servirá esforzarnos en estar cerca de Jesús, celebrar muchas Eucaristías, rezar muchas oraciones y hablar con Él si al final no amamos a nuestros enemigos.

Una sola cosa debemos pedir: Convierte Señor nuestro corazón soberbio y orgulloso, en un corazón humilde y abierto al amor a los demás, sobre todos a nuestros enemigos. Amén.

sábado, 27 de abril de 2013

¡SEÑOR, MI FE ES PEQUEÑA, AUMÉNTALA!

(Jn 14,7-14)


Ver a Jesús es también ver a Dios Padre: «Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Son Palabras de Jesús que le dirige a Felipe ante su desconcierto y despiste. El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. 

Jesús nos invita a creer en Él, al menos por las obras, y nos promete que:  el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Es para ponerse a temblar porque nuestra fe, al menos la mía,  queda al descubierto, pues me siento incapaz de hacer las obras que hizo el Señor. Sin embargo, no dejo de esforzarme en creerlo y pensar que para el Señor nada es imposible, pero descubro que la fe es un don de Dios y a Él debo suplicar que la aumente hasta el punto de que en su Nombre seremos capaces de realizar prodigios siguiendo su Voluntad y por verdadero amor.