sábado, 21 de agosto de 2021

ENTRE DECIR Y EL HACER VA UN TRECHO

 

Cuando se dice se espera que se haga, y si no sucede así nace la decepción y se aminora la autoridad. Porque, una gana autoridad cuando su palabra tiene cumplimiento en la vida. No todo termina en y con el decir, sino que luego debe concretarse y plasmarse en la realidad de lo cotidiano e cada día. Es pues lógico que entre el decir y el hacer va un trecho, y si ese espacio de tiempo no se concreta ese decir en obra, la palabra queda al descubierto e infravalorada. Como decíamos, pierde toda su autoridad.

Jesús nos lo advierte muy claramente: (Mt 23,1-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y...

La razón es que hoy sucede lo mismo que ayer. Mandan las apariencias y es lo que importa. Interesa aparentar aunque después pensemos y vivamos de otra manera. Se dice, pero no se hace lo que se dice. Simplemente se aparenta. Y eso ocurre dentro, afuera y en todas partes. En la familia incluso y en nuestras relaciones sociales como comunitarias. Y, sobre todo, en la política. Un mundo donde la palabra queda desvalorada y siempre en sospecha de engaño.

Así experimentamos como en los medios, la prensa, las televisiones se respira muchas apariencias que esconden mentiras revestidas de falsas verdades. Se dice lo que interesa, pero, luego se hace lo que mejor me va a mí y a mis intereses egoístas. Una mentira revestida de falsos progresismos que ya se respiraba en tiempos de Jesús. 

Porque, la única verdad es la coherencia entre la palabra y la vida. Y está claro que solo tiene un camino, el servicio, porque, será el mayor aquel que se convierte en servidor de la verdad y coherencia entre su palabra y vida. Pues, será ensalzado aquel que es capaz de humillarse y servir. Por el contrario, será humillado aquel que con sus mentiras y apariencias pretende ser ensalzado.

viernes, 20 de agosto de 2021

UN AMOR SIN MEDIDA

 

En indudable que el Amor de Dios no tiene medida. Nos lo ha dejado de forma clara y patente con la entrega de su Hijo hasta el extremo de dar su Vida para salvar la nuestra. Es algo que no se puede discutir. No hay lugar a ello. Simplemente se puede no creer. Dios nos ama sin medida, pues, de no ser así, nuestras posibilidades de salvación serían nulas.

El Amor de Dios es un misterio. No cabe en nuestras cabezas. Y es que no mereciendo nada, lo recibimos todo gratuitamente. Y ese amor sin medida pone al descubierto nuestras limitaciones y dificultades. Experimentamos lo pequeño que somos y nuestra incapacidad e impotencia para amar al estilo y en la medida que nos ama nuestro Señor Jesús y su Padre Dios.

Salta la evidencia de que necesitamos la Gracia del Señor para poder dar esa medida de amor. Porque, por nosotros solos no podemos ni siquiera acercarnos a amar como nos ama nuestro Padre Dios. De modo que, para amar a nuestro prójimo y, especialmente, a nuestros enemigos, necesitamos la Gracia, asistencia y auxilio del Espíritu Santo, que ha bajado a nosotros el día y a la hora de nuestro bautismo.

Tratemos de estar en el Señor para vivir ese amor sin medida que nos da la felicidad eterna que buscamos, porque fuera de Él nos será imposible amar sin medida. Más en Él todo es posible.

jueves, 19 de agosto de 2021

INVITADOS AL BANQUETE

 
Todos estamos llamados al Banquete de Vida Eterna. Nadie queda excluido porque todos estamos salvados por los mérito de nuestro Señor Jesús con su Pasión, Muerte y Resurrección. Así ha querido el Padre proponernos la invitación a la salvación eterna. Hoy, Jesús, nos lo explica a través de la parábola de aquel rey que celebró el banquete de boda de su hijo: (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a...
 
Estamos todos invitados, tanto los considerados buenos como malos. Será el Señor quien determine quienes no merecemos - entre parentisis, porque todo es regalo de Padre Dios -  entrar en el Banquete. Pero, antes nos ha dado la libertad de y para decidir aceptar o rechazar su invitación. No nos quiere obligados, ni presionados ni seducidos. Quiere nuestra confianza y fe en su Palabra y en su Amor. Sus obras están ahí.
 
Hoy, a pesar de la distancia en el tiempo, está sucediendo lo mismo. Muchos rechazan esa invitación que Dios le hace, bien directamente por cualquier acontecimiento, o bien a traves de la Iglesia u otra persona. Muchos consideran más importante su trabajo, sus negocios, sus ocupaciones u otras cosas que les ofrece este mundo y, por tanto, posponen esa invitación al Banquete de Vida Eterna que Dios les propone.
 
No deja de ser una paradoja las diversas respuestas erróneas que rechazan precisamente lo que andan buscando. Porque, derás de esos esfuerzos en sus trabajos, negocios u otras ocupaciones se esconde esa búsqueda desesperada de felicidad. Y es precisamente lo que nuestro Padre Dios nos está proponiendo, entrar en ese Banquete de plena felicidad y Vida Eterna. Un Banquete que nos pide un vestido especial - la Vida de la Gracia - para poder participar del mismo.

miércoles, 18 de agosto de 2021

PRIMEROS Y ÚLTIMOS

 

En nuestro mundo mandan los primeros. Los primeros en las universidades, en las olimpiadas, en las pruebas de velocidad y otras disciplinas. Los primeros en conseguir éxito, fama, riqueza, bienes y poder. De esta forma, el mundo parece ser de los poderosos, de los famosos, de los que mandan y concentran en ellos el poder, la fama y el éxito. Y, en consecuencia, se presentan como los faros que otros muchos siguen como ovejas desorientadas y sin verdadero pastor.

Ellos parecen ser los primeros en todo y los aparentemente elegidos. Pero no es así, Dios tiene otra forma de ver y de elegir y sus planes son diferentes a los nuestros. Jesus nos sorprende alineándose con los últimos. El Evangelio de hoy nos lo aclara muy bien: (Mt 20,1-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con... ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos». 

Será muy necesario reflexionar sobre quiénes son los últimos y procurar estar entre ellos, porque, Jesús nos lo deja muy claro. Por tanto, puede sorprendernos encontrarnos entre los primeros y también muy peligroso para la búsqueda de nuestra felicidad. Porque, queríéndola y buscándola podemos perderla deseando ser los primeros.

martes, 17 de agosto de 2021

LA POBREZA ES LA PUERTA DE LA HUMILDAD

 

La llave que nos da la entrada al Reino de los Cielo es la humildad. Y la humidad exige el vestido de la pobreza. Pobreza que no significa no tener dinero ni bienes, sino de estar abierto a compartir con los que carecen de medios para alcanzar una vida digna. Pobreza de espíritu, que entiende de verdad, de justicia y de ponerse en último lugar para servir por amor.

Sin embargo, nuestra ceguera está presente e inamovible. No ve porque tampoco quiere ver. Está agarrada a las pasiones finitas de este mundo y vende su felicidad eterna por un plato de lentejas que se come en unos minutos. Realmente, cuesta entender esta ceguera tonta e idiota del hombre al cerrar su corazón al único y verdadero amor que lleva sembrado en su corazón.

¡Qué pobreza mísera y tonta! No aprendemos porque nos dejamos vendar nuestros ojos con las cosas finitas de este mundo. No aprendemos que al final no valen para nada. Son tesoros caducos, que igual que aparecen, de la misma forma terminan. Y el gozo que es temporal no merece la pena. El hombre aspira a la eternidad. Dentro de sí tiene esa chispa de eternidad sembrada en su corazón, y, por consiguiente, aspira a ella. ¡Sería tonto dejarla pasar y no tomarla! ¡Dios mío!, ¿qué nos ocurre?

Posiblemente debemos buscar el camino de la humildad, que nos hace pobres, disponibles, capaces de irnos despojando de todo aquello que nos hace pesado el camino, que ralentiza nuestros pasos y no nos deja avanzar. De todo aquello que nos estorba, que nos impide abrir nuestros ojos y ver con claridad que nuestro destino no está en este mundo, donde no se encuentra lo que buscamos, sino junto a nuestro Padre del Cielo, donde encontraremos el gozo y la felicidad eterna que tanto buscamos.

lunes, 16 de agosto de 2021

SE TRATA DE VIVIR EN LA VERDAD Y TRANSPARENCIA

 

 

Todos queremos quedar bien, y bien quiere decir que, ante los demás nadie quiere quedar como un mentiroso, una mala persona o un injusto y aprovechado. Todos queremos quedar bien. Luego, ¿qué ocurre cuando comprobamos que la realidad no es esa? En el fondo de cada persona se esconde un deseo de vivir en la verdad y, en consecuencia, proceder justamente en su día a día.  Y eso se nota en el proceder de cada persona ante los demás.

Sin embargo, las apariencias engañan y la realidad no es tal cuan se dice y se trata de presentar. Cumplir no es tan difícil, pero amar es otro cantar y lo complica todo. No es lo mismo cumplir que amar. Si el cumplir deja justificada tu colaboración, el amor va más profundo hasta el darse plenamente por el alivio del que sufre y necesita ayuda. El cumplimiento cumple y termina, pero el amor acompaña y se compadece.

Y esto es lo que hizo y hace Jesús. Acompaña a quien sufre y padece; está al lado de quien se siente solo, desorientado y camina sin rumbo. Su amor le implica más allá de mero cumplimiento hasta el extremo de darse plenamente sin condiciones. Experimentamos que el amor es algo más profundo y comprometido, y que no está a nuestro alcance. Para amar necesitamos seguir a Jesús y estar con Él, porque, solo de Él nos viene la fuerza y la capacidad de amar como Él nos ama.

Amar complica nuestra vida, pero tras esa aparente dificultad se esconde esa plena felicidad que buscamos y ese Tesoro que ansiamos encontrar y que solo en Jesús hallaremos.

domingo, 15 de agosto de 2021

LA RESPUESTA SORPRESIVA DE ISABEL

 

Desde hace un cierto tiempo, el hechos de la visitación ha alimentado mi fe al comprobar la existencia de un milagro asombroso que antes pasaba por mis ojos y mi corazón desapercibido. ¿Cómo se puede entender que María, aquella joven que había recibido la visita del ángel Gabriel, fuese anunciada que había sido elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, el Mesías prometido? ¿Y cómo María, después de recibir esa grandiosa noticia aceptó serenamente y humildemente asumir la Voluntad de Dios con obediencia, sumisión y humildad?

No se puede entender esto sino desde y por la acción del Espíritu de Dios. Pero, también he podido comprender, por la Gracia de Dios, que María puso en manos de Dios todo lo que humanamente de Él recibió. Es decir, toda su voluntad y talentos. Luego, lo demás lo hizo la Gracia de Dios. María, extraordinariamente, fue llena de la Gracia de Dios y su obediencia y humildad rendida al amor de Dios es sencillamente de una belleza incalculable, extraordinaria, sumamente hermosa. No cabe duda que por eso es la Madre de Dios.

Y cuando esa joven, llena de Gracia, llevando a Niño Dios encarnado en su vientre, llega a casa de su prima Isabel, ¿se puede entender como ésta la recibe y sabe que lleva en su vientre al su Señor? ¿De dónde saca esas sapientísimas palabras? Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Sin lugar a duda, María, la Madre de Dios, fue, por la Gracia de Dios, asunta al Cielo en cuerpo y alma. No podría ser de otra manera. La Madre de Dios tiene un lugar privilegiado junto a su Hijo.