viernes, 24 de febrero de 2023

ORACIÓN, AYUNO, LIMOSNA

Tres condiciones que no constituyen un objetivo ni una estrategia de equilibrio físico o filántropo. Se trata de observarnos y desde una relación con nuestro Padre Dios – oración – ir experimentando un dominio sobre nuestras apetencias, apegos y satisfacciones para vivir en el deseo y la actitud de amar cada día más y mejor.

Tanto el ayuno como el desprendimiento de la limosna nos exigen una disponibilidad y desapego de nuestras propias ambiciones y deseos que el mundo, en el que vivimos, nos ofrece y nos seduce. La lucha ha de ser constante porque la seducción está viva dentro de nosotros. La Cuaresma es precisamente tiempo para prepararnos en ese sentido. Ese es el objetivo, fortalecernos espiritualmente para ser lo que queremos ser, amor tal y como nos ha propuesto y enseñado Jesús.

Nos preparamos para esa Semana Grande y Santa donde vivimos la Pasión, muerte y Resurrección de nuestro Señor y en la que vemos como Él nos ha amado hasta el extremo de ofrecer y entregar su Vida en una muerte de cruz, por todos nosotros. Y queremos y deseamos vivir en esa actitud de desprendimiento, de servicio, de compartir y de ser cada día más amor como lo es nuestro Señor.

Por tanto, dispongámonos a vivir este tiempo cuaresmal de la mejor manera posible. No como un tiempo concreto que empieza y se acaba, sino como un tiempo permanente que se manifiesta y vive durante toda nuestra vida. Eso nos exigirá siempre estar cerca del Señor.

jueves, 23 de febrero de 2023

INVITADOS A SEGUIRLE LIBREMENTE CARGANDO CON NUESTRA CRUZ DE CADA DÍA

Lc 9, 22-25

Esa es la propuesta, toma tu cruz de cada día y sígueme. No hay otra ni otro camino. El camino al que invita Jesús es un camino con cruz. La cruz de la conversión de tu propio corazón; la cruz de vencer tu soberbia; la cruz de amar a tus amigos y enemigos; la cruz de buscar, día a día, la perfección en el amor y las diversas cruces que se irán cruzando cada día en tu camino siguiéndole. Porque, es Él el Camino, la Verdad y la Vida.

La historia está descubierta, son sus propias Palabras las que la revela: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Esa es la cuestión y las circunstancias por las que también nosotros hemos de pasar. Seguirle es tomar el mismo camino. Es verdad y cierto que el nuestro será diferente en el contenido pero igual en la sustancia: cruz, dolor y amor.

Posiblemente todo será en la medida de nuestras fuerzas. Hemos dicho que el Señor no nos dará lo que no podamos soportar y asumir. Pero no nos libraremos de, por la Gracia de Dios, redimirnos de nuestros pecados aportando nuestro humilde y pequeño esfuerzo que Dios ha dejado para nuestra colaboración dándonos el don de la libertad. Eso pasa por tomar nuestra cruz y seguirle confiando y creyendo en su Palabra.

miércoles, 22 de febrero de 2023

CUARESMA, TIEMPO DE MEMORIA Y CONVERSIÓN

Es evidente que tenemos mala memoria. O que las cosas buenas se nos olvidan pronto. Sabemos lo que han hechos nuestros padres por nosotros, pero muy pronto nos olvidamos de nuestros deberes pero no tanto de nuestros derechos. No nos damos cuenta de que le exigimos mucho a nuestros padres cuando no tenemos derechos de exigirle nada. Nuestra memoria es muy frágil.

Lo mismo, aunque la diferencia es infinita, nos pasa con respecto a Dios. No somos capaces de recordar y mantener en vivo y presente las maravillas que Dios, nuestro Padre, ha hecho con nosotros. Es verdad que en algunos momentos  nos pasan cosas que no entendemos y que nos parece descuidos de nuestro Padre, pero no debemos olvidar nunca lo que nos tiene preparado, para los que creen en Él, después de esta travesía mundana.

La Cuaresma es un tiempo largo de reflexión que la Iglesia nos regala para que tengamos toda esta acción de nuestro Padre Dios presente en nuestra vida. Un tiempo de sosiego, de alejamiento de toda distracción que nos pueda apartar de esa toma de conciencia que nos pone en presencia de nuestro Padre y recordamos que nuestra vida ha estado, está y estará siempre en sus manos.
Dios nos salva y nos ha enviado a su Hijo para que escuchándole, creyendo en Él y siguiéndole encontremos el camino de salvación que nos regala para vivir plenamente en gozo y felicidad junto a Él. Y la Cuaresma es verdaderamente tiempo para darnos cuenta de eso. ¡aprovechémoslo!

martes, 21 de febrero de 2023

CONFUNDIDOS CON JESÚS

Mc 9, 30-37

Poco a poco el camino se complica y se oscurece. No entendemos lo que pretende Jesús. Mientras nosotros discutimos y aspiramos a los primeros puestos, a ser más importantes y alcanzar el éxito, Jesús nos propone otra cosa:  «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos».

Nos deja fuera de sentido, No entendemos como se puede ser feliz quedándote para el final en el esfuerzo de servir y amar hasta al que te quiere perjudicar. No entendemos como hay que aceptar el sufrimiento y como para ser primero hay que ser último. Todo está muy confuso y nos encontramos en las antípodas con respecto a lo que Jesús nos dice y enseña.

¿Qué hacer? ¿Cómo actuar? Indudablemente el camino no es el que el mundo nos propone sino el que está en las antípodas, tal y como decíamos antes. No se trata, de querer seguir a Jesús, de controlar nuestro destino, ni de esquivar el sufrimiento o desear alcanzar el éxito y ser el más importante. Se trata de buscar la gloria sirviendo, quedándose en último lugar por amor y para bien de los demás. Parece más un camino de perdedores y vencidos que de ganadores y triunfantes.

Y, por supuesto, esto trae desencantos y desilusiones. Las mismas que sufrieron y por las que pasaron los apóstoles y por las que estamos pasando nosotros. Esto no se termina hasta el final de nuestra vida. Es la cruz que se nos ha prometido y la perseverancia que se no exige. Tener fe y paciencia tal y como la tuvo el Señor con su Padre. En Él puso todas sus esperanzas hasta el último suspiro en la cruz. Tendremos nosotros, auxiliados y fortalecidos en el Espíritu, que hacer lo mismo. Tengamos fe.

lunes, 20 de febrero de 2023

¿CREEMOS REALMENTE EN EL PODER DE LA FE?

Jesús nos ha dicho que si tuviéramos fe moveríamos montañas. Es Palabra de Jesús. Ahora, ¿la creemos? Esa es la cuestión que tenemos que plantearnos y la reflexión que nos ofrece este Evangelio. Posiblemente, convergeremos en que nos falta mucha fe, más de la que creemos o sospechamos.

La primera apreciación es que la Palabra de Jesús, nuestro Señor e Hijo de Dios, se cumple y el nos ha dado, supuesta la fe, poder para expulsar los demonios y sanar enfermedades. Por lo tanto, tiene que cumplirse. Y de no hacerlo tenemos que pensar que es cuestión de falta de fe. 

Nos extraña ver a Jesús tenso y enfadado: ¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo los tendré que soportar? Son palabras que no dejan lugar a duda del enfado de Jesús. Y, en consecuencia, actúa liberando a ese niño del demonio. La conclusión es que también se nos ha dado a nosotros ese poder. Un poder que nace y se esconde desde la fe y la oración. Y eso no es cosa de aparentarlo, decirlo, sino creerlo. Y el Señor sabe realmente la medida de nuestra fe por mucho que queramos aparentar ante los demás.

Es evidente que nos parecemos muchos a los contemporáneos del tiempo de Jesús. Nos falta fe, al menos a mí, y esa es mi batalla, pedirla y pedirla cada día. Quizás mi camino sea ese, perseverar en pedirla y confiar que algún día la tendré. De momento, y esto es vivencia propia, mi lucha es a campo abierto con la amenaza de las seducciones y tentaciones que vienen del demonio, y mi fortaleza está puesta en mi Madre, la Virgen María, Madre de Dios y en el Señor. Con Él vencerá todas las acometidas con las que Satanás intenta seducirme y tentarme.

domingo, 19 de febrero de 2023

LA SANTIDAD COMO FIN Y META

Las palabras con las que termina el Evangelio de hoy – Mt 5, 38-38 – nos exhortan a ser santos: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto». Esa es la consigna, el fin y meta. Y como fin y meta supone un camino de perfección en el que, con el esfuerzo de cada día y la asistencia del Espíritu Santo, vayamos superando dificultades, venciendo obstáculos y perfeccionándonos cada día más.

Eso supone lo que siempre hemos dicho: «Perseverar en la fe, la oración y los sacramentos» Alejarnos sería ponernos en manos del mundo, del demonio y la carne. Sería rendirnos y estancarnos. Mejor retroceder en nuestro camino de perfección. Se hace, pues, necesario avanzar injertado en Xto. Jesús. Él es la Roca que nos sostiene, que nos fortalece y nos da las fuerzas para sostenernos firmes en la fe y la oración alimentados por su Cuerpo y Sangre.

No se nos esconde la dificultad que exige amar como nos ama nuestro Padre Dios y como nos ha enseñado nuestro Señor Jesús. Entregar la vida por los que le han insultado, rechazado, injuriado, blasfemado y crucificado es algo que no está al alcance de nosotros. Solo nos podremos atrever a llegar a ese extremo, injertado en Él. Es pues condición imprescindible abrirnos a la acción del Espíritu Santo para dejar que nuestro corazón, auxiliado en el Espíritu, se vaya transformando en un corazón manso, humilde, perseverante, paciente, suave y bueno y capaz de perdonar a los enemigos.. Es decir, perfecto como nuestro Padre celestial es perfecto.

Ahora, la primera condición es creérnoslo. Es decir, tener fe de que a eso estamos llamados, a ser santos. Y que, injertado en Xto. Jesús, podemos conseguirlo. Dios no nos manda algo que no podamos alcanzarlo. Él es el primero que está comprometido en eso pero necesita tu fe y tu colaboración. Creámoslo.

sábado, 18 de febrero de 2023

NOS CONSUELA Y LLENA DE ESPERANZA SABER QUE JESÚS ES EL HIJO DE DIOS.

Mc 8, 2-13

El Tabor es el detonante de nuestra fe. Al menos es un momento de gloria y esperanza. Conocer de mano de Pedro, Santiago y Juan, testigos de esa Transfiguración de Jesús, su Divinidad y su Gloria y la presencia, resucitados, de Moisés y Elías, nos debe abrir los ojos y pensar, por pura razón lógica, que Jesús, ese que van a crucificar, revelado por el mismo, va a resucitar. Nuestra fe a los pies de la Transfiguración debe quedar fortalecida y confirmada. No perdamos la esperanza y pidámoselo al Señor.

Sabemos de nuestra terquedad y conocemos por los Evangelios que los apóstoles no se enteraban de lo que Jesús les decía sobre su Resurrección. También nos sucede a nosotros ahora. Muchos todavía no nos enteramos de quien es Jesús y obviamos, quizás sin darnos cuenta, su Resurrección. No nos percatamos que si Jesús Resucitó, también resucitaremos nosotros. Eso nos debe ayudar a no temer ese momento de nuestra muerte. Quizás sí miedo al sufrimiento, pero nunca a la muerte.

Porque, la muerte es la puerta del definitivo encuentro con Jesús. Y, por la Infinita Misericordia de su Padre, de la que tanto Él nos ha hablado, seremos perdonados si creemos en su Palabra y aceptamos ser perdonados. Porque el problema no es que Dios, nuestro Padre, nos perdone, sino que nosotros no queramos recibir el perdón. Es precisamente ese pecado, no perdonable, del que Jesús nos habla refiriéndose al Espíritu Santo.

Tratemos de subir a nuestro propio tabor y contemplar a Jesús, el Señor, Resucitado. Esa será nuestra meta: Resucitar como Él y vivir eternamente en su Gloria. Amén.