lunes, 14 de octubre de 2019

EXIGENCIAS Y MILAGROS

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A la hora de cuestionar nuestra fe todos exigimos pruebas y milagros. Eso de "demuéstramelo" lleva implícito un milagro. Parece ser que un milagro nos sacará de duda. Sin embargo, la realidad es otra, pues un milagro no parece ser la respuesta crediticia para todos. Hay milagros que sí despiertan la fe para unos, pero no para otros. O dicho de otra forma, unos creen y otros se justifican aduciendo casualidad, o accidente natural que les asista en la razón.

En la vida pública de nuestro Señor hubo muchos momentos parecidos. Algunos creyeron en su Poder y en sus milagros, pero otros se justificaban aduciendo incluso que actuaba en nombre de Belzebú. Algunos pueblos como Corazín o Betsaida, donde Jesús hizo muchos milagros, no se abrieron a su Palabra y no creyeron en Él. Recordamos también a Cafarnaúm como un lugar donde Jesús fue rechazado y no respondieron a los signos que hizo en esos lugares.

Hoy también ocurre lo mismo. Hay muchos lugares y muchas personas que cierran sus ojos a sus signos y milagros, que, a través de muchos que creen en Él son realizados. Sólo basta con ver historias de santos, incluso algunos contemporáneos de nuestro tiempo. No es cuestión de exigir sino de conocer y de abrirte a la acción del Espíritu Santo. Para eso se hace necesario estar a su lado y abrirte a su Palabra esforzándote en comprenderla y escucharla en la silenciosa y meditada oración. 

Hace falta confiar en su amorosa misericordia, porque Jesús es el Mesías enviado, el Resucitado, el que da Vida Eterna a todo aquel que abre su corazón a su Palabra y, creyendo en Él, la cumple asistido y auxiliado en y por el Espíritu Santo.

domingo, 13 de octubre de 2019

APRENDER A VALORAR

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Lc 17,11-19
A lo largo de tu vida llegas a pensar que todo lo que tienes lo mereces y tienes derecho a ello. Te olvidas, incluso, de los que como tú, y con los mismos derechos, apenas tienen lo necesario para vivir e incluso muchos carecen de ello. Pero, tú te muestras indiferente a sus situaciones y sufrimientos. Ni siquieras te preguntas que tú podías estar en su lugar, haber nacido en otra familia carente de recursos o en otro país donde reina el hambre y la pobreza. O simplemente padecer un grave enfermedad.

La vida es un don de Dios. Incluso, en los momentos y situaciones de sufrimientos, porque siempre será un tiempo y camino de salvación cuando se valora como un don y regalo de Dios, pues lo definitivo e importante no es este período de tiempo, al que llamamos vida, sino la actitud y la forma de como lo gastamos. Precisamente, hoy el Evangelio nos muestra como sólo uno de aquellos diez leprosos reconoce la acción gratuita y milagrosa del Señor al curarlo, y se vuelve a alabarle y darle gracias.

Y, precisamente, es un samaritano, un extranjero quien recibe agradecido la compasión de nuestro Señor. Y los otros nueve, que son judíos, ¿se creen con derecho a ser curados? También nos puede estar pasando lo mismo a nosotros y nos preguntamos, ¿nos creemos con derecho a ser curados? Realmente, ¿tenemos derecho y exigimos que nos solucionen nuestro problemas y enfermedades y hasta que nos salven? Porque, nuestra manera de actuar parece indicar que estamos más en esa actitud que en la de aquel samaritano.

sábado, 12 de octubre de 2019

VÍNCULOS DE SANGRE

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Lc 11,27-28
Los vínculos de sangre unen a las personas en familias y grupos. Incluso, hay vínculos de raza, de ideas y pensamientos, de ideologías y todo aquello que les identifica y les agrupa. Pero, al mismo tiempo, esos vínculos excluyen también a aquellos que no son de la misma sangre, o piensan diferente, o pertenecen a otra ras, pensamiento o ideología. Los vínculos unen pero también excluyen. Dicho en otras palabras, los vínculos de cualquier tipo no son lo suficiente fuertes para mantener unidas a las personas y tienden a individualizarlas en grupos, familias y etnias diferentes y hasta enfrentadas.

Posiblemente, ahí se esconde la respuesta de Jesús a esa mujer que le dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» A lo que Jesús respondió: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan».

Y es que la Palabra de Dios viene a unir y a establece la misma dignidad de hijos de Dios en todos, sin distinción de ninguna clase. Para Dios todos son sus hijos por encima de los vínculos de sangre, de familias, de razas, de etnias, de ideologías...etc. Dios, nuestro Padre, no excluye a nadie. Precisamente, sus preferidos son los excluidos, los pobres, los marginados, los que no cuenta y los que no parecen importantes ni significativo para nadie. Por ellos empieza su Reino y, sin excluir a nadie, está abierto a todos, a ricos y pobres.

Nos propone estar unidos, como el Padre y Él lo están. Por eso, Jesús prioriza la escucha y el cumplimiento de la Palabra ante que cualquier clase de vínculo, incluido el de sangre. Y en sus Palabras se esconden el más hermoso de los piropos a su Madre, porque en ella se cumple lo que Jesús dice. Es ella la primera que se humilla y abre su corazón al Plan de Dios ofreciéndose como la esclava del Señor para que se haga su Voluntad. Es la bienaventurada por excelencia.

Pero, ¿qué ocurrirá ahora en nuestra vida? Posiblemente, estaremos de acuerdo con Jesús, pero, ¿quiere significar eso que cambiará nuestra actitud en cuento se refiere a escuchar la Palabra y esforzarnos en cumplirla? Porque, esa es la cuestión y la conclusión que nos demanda esta reflexión. Puede suceder que la leamos, incluso que la reflexiónemos, pero, si no es para llevarla a nuestra vida y cumplirla no seremos bienaventurados como ha dicho el Señor a aquella mujer.

viernes, 11 de octubre de 2019

EN LA LUCHA CONTRA EL MAL

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Lc 11,15-26
En nuestra vida observamos que todo consiste en la lucha del bien contra el mal, y eso lo constatamos tanto en las películas y acontecimientos que vemos en nuestra vida como en la vida misma que vivimos. La historia retrata esa constante lucha entre el bien y el mal en cada momento de nuestra vida. Todo se reduce a un enfrentamiento entre los que hacen el bien y los que buscan el mal.

Nuestra propia historia es como una página más de la realidad que enfrenta al bien contra el mal. Cada día de nuestra vida se debate entre el bien y el mal y como buscar el triunfo del bien sobre el mal. Lo verdaderamente importante es vivir en el bien y en el esfuerzo de hacer siempre el bien. El reto, nuestro reto, y el de toda persona que se precie de buen gusto es hacer el bien.

Nuestro corazón ha sido creado para amar y hacer el bien y cuando, por debilidad, no lo hace y permite el mal, está triste y arrepentido. Su conciencia no le deja entrar la paz. ¿Cómo podemos afirmar muchos que Jesús actúa en nombre del Maligno para expulsar al propio Maligno? ¿No es eso una contradicción, pues cómo puede el mismo Maligno expulsarse a sí mismo? Es evidente y contradictorio y no tiene sentido pensar así.

Jesús es el Hijo de Dios vivo y representa el Bien Supremo y, por lo tanto, nunca puede hacer el mal. Él es el Reino de Dios y en Él ha venido, el Reino, a establecerse en este mundo. Jesús expulsa el mal - Maligno - en el Nombre de Dios. Un Maligno que representa el mal y que busca la perdición del hombre. Jesús es el dedo de Dios que salva, que convierte el mal, expulsándolo y aniquilándolo, en bien para el hombre y, por supuesto, le salva dándole la Vida Eterna en plenitud.

jueves, 10 de octubre de 2019

EN MANOS DEL ESPÍRITU SANTO

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Lc 11,5-13
No es cuestión de pedir, sino de creer que a quien le pides te escucha y te responde. Jesús nos deja claro hoy en el Evangelio que todo consiste en pedir, buscar y llamar. Así de sencillo, pero con una especial notoriedad, insistir y creer, a pesar de que no se vean signos evidentes y resultados esperados. Los ejemplos que Jesús nos pone en el Evangelio son claros y nos descubren la necesidad imprescindible de insistir y perseverar.

Si, nosotros, hombres pecadores somos capaces de dar cosas buenas a nuestros hijos, ¿cuánto será el Señor de darnos todo lo que le pidamos si es para nuestro bien? Porque, Dios, nuestro Padre, busca nuestro bien, no inmediatamente, en este mundo, sino que, a través de este mundo y de las cosas y avatares de cada día  nos prepara y nos previene para que alcancemos la salvación eterna en el verdadero mundo. Un mundo de paz, de gozo y alegría eterna. Un mundo donde está su Reino y donde junto a Él compartamos, por su Misericordia Infinita, su Gloria.

Por eso, a quienes pidan confiando en que el Señor responderá, les será dado el Espíritu Santo. Un Espíritu Santo que es todo, porque, en, con y por Él nos será concedido todo lo que necesitamos para vencer todos los obstáculos, dificultades, tropiezos, adversidades y tentaciones que nos amenazan con separarnos del Señor. Un Espíritu Santo que nos fortalece, nos da el don de la sabiduría, pone en nuestra boca las palabras que debemos decir y la valentía de arriesgar nuestras vidas apoyados en la seguridad de sabernos en sus Manos. Sólo así se explica el testimonio de muchos cristianos dispuestos al martirio por la defensa de su fe.

Hay muchas necesidades, pero nunca debemos de confundirnos de tener muy claro que la primera necesidad es dejar entrar en nuestros corazones al Espíritu Santo, porque con Él tendremos todo lo necesario, tanto lo material como espiritual. Sí, Espíritu Santo, en tus Manos ponemos nuestra vida.

miércoles, 9 de octubre de 2019

UN NUEVO ESTILO DE VIDA

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Lc 11,1-4
Todos buscamos en algunos momentos de nuestra vida un nuevo estilo de vida, valga la redundancia. Un nuevo estilo que te dé más salud, más esperanza y, en una palabra, más felicidad. Un nuevo estilo que en el que te sientas más realizado y más en paz contigo mismo. Pero, ¿dónde está ese nuevo estilo de vida? Es verdad que miramos a muchos lugares y a muchas personas, pero, los intentos, cuando nos atraen, son vanos. Al final nos quedamos en el mismo lugar, no avanzamos ni mejoramos.  Es más, en la mayoría de los casos empeoramos.

La vida es como es y desde nuestra aceptación a la que tenemos y nos ha sido dada debemos partir y construir en la medida de nuestras posibilidades. Es verdad que podemos mejorarla, pero, en vano nos cansamos si, nuestra vida, no está apoyada y dirigida por Dios. Es mi hermosa experiencia, que llena de esperanza todos los sufrimientos, todas las desesperanzas y avatares que se me van presentando en mi vida. Ya lo dice el salmo 126: "Si el Señor no construye la casa en vano se afanan los albañiles..."

Los apóstoles empiezan a darse cuenta del estilo de vida de Jesús. Jesús les atrae y les da testimonio. La fe de Jesús en su Padre se ve, se nota, se contagia. Están admirados y quieren ser como Él. ¿No te ha ocurrido a ti con alguna persona? A veces queremos imitar a algún famoso que nos deslumbra y al que admiramos, pero, al final nos damos cuenta que no da sentido ni llena plenamente nuestra vida. Jesús es diferente, su estilo de vida llega al corazón y, dentro de nosotros, experimentamos gozo, paz y deseos de ser como Él, hasta tal punto que le pedimos, como los apóstoles, que nos enseñe a orar.

Queremos vivir como Él y hacer de nuestra vida una vida a su estilo y como su estilo. Queremos tener esa confianza y fe en su Padre del Cielo del que Él nos habla. Queremos experimentar ese gozo de hijo con respecto al Padre y ese trato de confianza apoyada en el Amor del Padre. Un Padre que nos acompaña y nos protege y nos quiere hasta enviar al Hijo a dar su vida por nosotros. Padrenuestro, que se haga tu Voluntad, que es la buena, la que nos conviene, y no la nuestra.

martes, 8 de octubre de 2019

EQUILIBRIO ENTRE ORACIÓN Y SERVICIO

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Lc 10,38-42
Si la oración no se convierte en servicio de buenas obras algo está fallando. Todo comienza y se fundamenta en la oración y sin ella no hay resultados de servicio en buenas obras. Por eso, María, señalado por Jesús, había escogido la mejor parte, porque sin oración las buenas obras no aparecen.

Lo importante es empezar la casa por la base, por los cimientos y construirla apoyada en buenos y firmes pilares que la sostengan firmemente. De esta forma, nuestra fe, queda sostenida y alimentada sobre roca y prevenida ante las tempestades que la amenazan. Porque, los pilares de nuestra fe son las oraciones, unas oraciones que necesitan dedicación y tiempo cada día para irse fortaleciendo en una estrecha relación y encuentro a diario con el Señor.

Una oración que debe estar centrada en la escucha, en la paciencia, en la atención y en la confianza que el Señor siempre está presente y nos escucha. Un Padre Dios que nos oye y nos responde con Bondad y Amor Misericordioso. Pero, también, esa oración necesita tiempo para el servicio y la acción e irse concretando en las buenas obras, por amor, a los demás.

El Evangelio de hoy nos presenta en esas dos actitudes personificadas en Marta y María los dos caminos que marcan y señalan los pilares donde tenemos que apoyar nuestra fe. Por un lado, la oración en una escucha atenta y relación íntima con Jesús que nos enseña el Camino, la Verdad y la Vida, y por otra el estilo de vida que Jesús nos transmite respecto a los que sufren y padecen la exclusión y pobreza de lo más necesario para vivir dignamente.

Es obvio comprender que, en el orden de ambas actitudes conviene tener muy claro que la oración debe ocupar el primer lugar, porque es ella la que anima y mueve, asistida por el Espíritu, al amor y nos da las fuerzas necesarias para, por amor, darnos al servicio a los demás.