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jueves, 8 de mayo de 2025

EL ALIMENTO DE VIDA ETERNA

Es evidente que necesitamos comer para vivir. Y cierto que el pan que comemos, extraído de este mundo, nos da vida, pero no vida eterna. Sin embargo, aunque no lo advirtamos claramente, el hombre aspira a vivir eternamente. O dicho de otro modo, no queremos morir. Nos aterra la muerte y buscamos la vida eterna.

Pues bien, así de sencillo, esa es la propuesta que Jesús nos propone: (Jn 6,44-51): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en … En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

Está claro, el único y verdadero alimento que nos da esa vida eterna en plenitud que buscamos y queremos es Jesús, el Señor, el Hijo de Dios Vivo. Sus Palabras nos lo deja muy claro. Ahora, la cuestión es, ¿le crees o no? Y eso ya depende de ti. Dios te ha dado la libertad de elegir. De ti depende. Lo que debe quedarte muy claro – la experiencia nos lo descubre – es que en este mundo no está esa felicidad y vida eterna que buscas.

martes, 6 de mayo de 2025

YO SOY EL PAN DE VIDA

El hombre no acepta que Dios sea su respuesta y salvación a todos sus interrogantes. Y lo digo porque la experiencia me lo demuestra. He hablado con muchos que se niegan a reconocer la existencia de un Dios Padre Misericordioso que ha enviado a su Hijo para liberación y salvación de este mundo.

El compromiso de aceptar a Dios y su Voluntad les asusta y les ensoberbece. Sucede lo mismo que, en tiempo de Jesús, sus propios contemporáneos, le rechazaron y negaron. Se rebelan contra su propia esencia: Amar. Porque, quieras o no, tu felicidad está en el amor, y mientras no ames como te ama Dios, tu vida estará marcada por la infelicidad y desesperación. Y esa será la herencia que recibirás.

Todo es muy simple, pero, al mismo tiempo muy complicado. El pecado venda tus ojos y endurece tu corazón, y se resiste a creer lo que Jesús, el Hijo de Dios te dice: (Jn 6,30-35): En aquel tiempo, la gente … «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».

Sin embargo, desde la hora de tu bautismo tienes la asistencia del Espíritu Santo que está a la espera de que le dejes actuar para iluminarte y creas en la Palabra de nuestro Señor Jesús.

domingo, 4 de agosto de 2024

NUESTRO PAN DE CADA DÍA

Posiblemente damos a nuestra vida un valor más crematístico que espiritual. Nos importa tener dinero para saciar nuestra hambre y satisfacernos en abundancia de pan. Y hasta cierto punto es normal. Nuestra naturaleza humana necesita alimentarse para vivir. Y eso es una prioridad, no se puede pensar ni creer si antes no se tiene el estómago lleno.

Sin embargo, el problema empieza cuando sacias tu hambre. No adviertes tu otra dimensión espiritual y te quedas y pierdes en tus apetencias materiales. Tu vida no levanta la mirada y discierne sobre tu camino, tu verdad y tu propia vida. Quizás, cegado y oscurecido por tu propia hambre de pan, pierdes en verdadero norte de tu vida a la que has sido llamado.

Ese es el peligro que corremos: quedarnos en nuestras propias ambiciones, egoísmos, satisfacciones, dejando a un lado y en segundo término el Pan espiritual que es el que nos da y satisface la plena felicidad y Vida Eterna. Precisamente, el Evangelio de hoy nos habla de ese Pan – nuestro Señor Jesús bajado del Cielo – que quizás no somos capaces de ver, descubrir, sentir o experimentar. Un Pan que precisamente alimenta nuestro espíritu y nos da esa capacidad de compartir, perdonar y amar.

Un Pan que, aparte de alimentarnos espiritualmente, nos llena de paz, gozo y plenitud eterna.  Ese es nuestro verdadero alimento: Pan bajado del Cielo – Jesús – que nos da y entrega su Vida por amor para hacerse alimento de nuestra alma. Y ese, precisamente, es el Pan del que debemos alimentarnos en nuestra vida. Alimento que nos fortalece, da sentido a nuestra vida y nos da Vida Eterna. Porque el otro, el pan de cada día, que también necesitamos, solo nos da alimento para el cuerpo y no para la Vida Eterna.

martes, 16 de abril de 2024

YO SOY EL PAN DE VIDA

Esa es la cuestión, Jesús, el Señor, es verdadero Pan de Vida y quien come de ese Pan y cree en Él no tendrá hambre ni sed jamás. ¿Lo crees o no lo crees? Tú tienes la palabra porque Dios la ha dejado a tu libre elección. Puedes creer o rechazarla. Puedes pensar que no te convence y que tienes mejor camino según tus pensamientos. Puedes hacer lo que creas más conveniente según tu entendimiento.

Ahora, no te equivoques, porque en eso te juegas la felicidad eterna. Viviremos eternamente, pero estar a la derecha o a la izquierda determinará nuestra eterna felicidad o eterna infelicidad.

Es evidente que nunca lo vamos a tener claro. Lo meritorio, por decir algo, es fiarnos a pesar de nuestras lagunas de entendimiento. Los apóstoles tuvieron esa lucha y al final creyeron. Es verdad que tuvieron muchas pruebas y apariciones de Jesús, pero también es cierto que ellos tuvieron que poner mucho de su parte. Muchos otros vieron signos y milagros y no creyeron.

¿En dónde estamos nosotros en este momento? Sería bueno tratar de respondernos a nosotros mismos.

¿Entendemos lo que nos quiere decir Jesús: «Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás»

No se trata de este mundo sino de la plenitud del otro. Posiblemente en este mundo tengamos, como sucedió con Jesús, carencias, precariedades, y una vida sobria. El Pan que Jesús nos ofrece es ese alimento que nos dará fortaleza y libertad para lograr desposeerte y darte a los demás. No se trata un pan de abundancia, de hartura y bienestar. Se trata de ser libre hasta el extremo de darte plenamente porque ya no sientes ni hambre ni sed de las cosas de este mundo. Simplemente un gozo de amor misericordioso.

jueves, 27 de abril de 2023

El PAN DE VIDA

Hemos oído muchas veces decir: Esto es el pan de mis hijos. Sobre todo cuando hablamos de trabajo o de otra circunstancia donde nuestra subsistencia de ganarnos la vida está en juego. Es evidente que pensamos en nuestra familia y hacemos todo lo que podamos por darle y proveerle lo que necesita para una vida digna.

Pero ¿y dónde está el pan que nos da esa Felicidad que buscamos? Y no una simple felicidad caduca y pasajera sino la Felicidad con mayúscula. Esa Felicidad que es Eterna. Es decir, para siempre.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos lo deja muy claro: En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

¿Está claro? En mi humilde opinión bastante claro. Otra cosa muy diferente es que no nos quepa ese inmenso misterio en la cabeza. Observemos que Jesús lo sabe y nos lo advierte desde el principio poniendo énfasis en sus Palabras: En verdad, en verdad les digo: el que cree…

La cuestión está muy clara, se trata de fe, de creer en la Palabra de Jesús que por y con sus obras y vida, sobre todo su posterior Resurrección, da credibilidad y confianza. En muchas ocasiones he dicho que nosotros tenemos más ventajas que los mismos apóstoles que necesitaron los cincuenta días hasta Pentecostés para asegurarse y experimentar que Jesús estaba Vivo. Había Resucitado. 

Nosotros tenemos el testimonio de esos apóstoles, mujeres y discípulos y muchos creyentes más que a lo largo de la historia de la Iglesia nos han ido dando testimonio de la Resurrección de nuestro Señor Jesús. Por tanto, la cuestión es fiarnos de la Palabra de nuestro Señor y confiar que, cuando Él lo decida, nuestra fe se fortalezca hasta el extremo de verlo claramente.

viernes, 6 de mayo de 2022

MI CARNE, VERDADERA COMIDA Y MI SANGRE, VERDADERA BEBIDA


Sus palabras son precisas y muy claras, Él es el Pan de Vida eterna. Nos deja sin más comentarios, simplemente puedo decir que creo firmemente en Él porque me fío de su Palabra y porque, dentro de mí arde un deseo de eternidad que sólo en Él encuentra respuesta. No es el mundo la respuesta a mis anhelos y deseos de eternidad. Ya vemos como nuestro andar por él es limitado y, unos ahora y otros después, desaparecemos. Jesús, el Señor, es la única y verdadera respuesta. Él es el Pan bajado del cielo que da Vida Eterna.

Texto del Evangelio (Jn 6,52-59): En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

miércoles, 4 de mayo de 2022

PAN DE VIDA ETERNA

Jn 6,35-40

La experiencia nos descubre en el tiempo que la felicidad no se esconde en el poder ni, tampoco, en las riquezas. Otros la buscan en el éxito, la fama o el placer, y también, en el trascurso del tiempo experimentan que no está ahí. Saben, lo único seguro, que el tiempo de su juventud se acaba y que con la vejez llega también el tiempo del decrépito y de la soledad. Se experimenta la cercanía de la muerte y la insaciable necesidad de no encontrar esa felicidad tan desesperadamente buscada.

¿Qué ocurre?, nos preguntamos. Posiblemente, hemos ido por el camino equivocado. Hemos buscado amar, porque, necesariamente, el hombre es un ser en relación por amor, pero, hemos gastado ese amor en nosotros y de manera egoísta. Se nos ha ido la vida buscando amarnos sin mirar por la necesidad de dar amor a quien lo necesitaba. Hemos buscado donde no podíamos encontrar. La felicidad, la verdadera felicidad, se esconde en el amor ágape. En ese amor que no se queda ni se extasía en uno, sino que, saliendo de uno llega a darse en y para beneficio del otro, sobre todo, del necesitado. Y cuando se experimenta y se vive ese paso, se descubre que lo que se buscaba estaba ahí, la felicidad.

Descubrir que seremos felices en la medida que vivamos para y por amor; en la medida que nos demos en y por amor. Experimentaremos que nuestra felicidad será más plena y eterna. Pues, toda felicidad que proceda del mundo es una felicidad caduca, temporal y nunca plena. Solo, el Pan Eucarístico que nos da y ofrece Jesús para que comamos en la Eucaristía, su propio Cuerpo y Sangre, es Pan de Vida Eterna.

Jesús, el Señor, ha venido para hacer la Voluntad de su Padre. Y esa Voluntad es que no se pierda nadie de los que el Padre le ha dado, así leemos en el Evangelio de hoy: Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día». No hay ninguna duda, disipa la oscuridad que hay en tu corazón y cree en la Palabra del Señor.

miércoles, 21 de abril de 2021

DENTRO DE NOSOTROS, EN NUESTRO CORAZÓN, ESTÁ LA HUELA DE DIOS

Jn 6,35-40

Llevamos su huella en nuestro corazón. Somos sus hijos y hemos sido creados por Él a su imagen y semejanza. Y, a pesar de nuestros pecados, le llevamos dentro y nos parecemos a Él. Es verdad que nuestros pecados nos desfiguran, nos desvían y nos alejan de reflejar su Imagen, pero, Él, nunca nos rechaza y siempre nos acoge como hijos.

«Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis

Jesús, en la parábola del hijo pródigo nos presenta el Misericordioso amor de nuestro Padre Dios. En el Evangelio de hoy nos revela que Él viene a hacer la Voluntad del Padre, y no la suya. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día. 

Más claro el agua. En y por Jesús resucitaremos para tener una vida eterna junto al Padre. Esa es nuestra esperanza. Su Palabra siempre se cumple. Precisamente, Él es el ejemplo, todo lo escrito en las Sagradas Escrituras se ha cumplido en Él. Por tanto, también tú y yo, y todos, injertados en Él resucitaremos por Él,