martes, 30 de octubre de 2018

EN EL SILENCIO DE CADA DÍA

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La fe es un don de Dio y crece en nosotros como un regalo de su Voluntad. Pero, quizás no advertimos su crecimiento al igual que nos sucede con nuestro pelo o las plantas. Crecen sin darnos cuenta mientras estamos ocupados en otras cosas o dormimos. Sin embargo, experimentamos dentro de nosotros un deseo irrenunciable de amar y de realizar buenas obras. Experimentamos gozo en darnos y trabajar por construir un mundo mejor.

Sí, el Reino de Dios es como esa semilla insignificante por su tamaño y casi invisible a la vista, que, sin percatarnos de su presencia, va creciendo y transformando nuestro corazón hasta el punto de movernos, por la Gracia de Dios a entregarnos y darnos por y para el bien de los otros. Es también, nos dice Jesús, como esa pequeña porción de levadura que introducida en la masa la fermenta y la hace grande.

Desde lo pequeño a lo grande; desde la humildad al amor de dar por el bien de los demás. Todo empieza por aceptar nuestra pequeñez humildemente abriéndonos a la Gracia de Dios para que haga maravillas en cada uno de nosotros. Somos pequeñas semillas que sólo Dios transforma con nuestra disponibilidad y libertad a dejarle actuar en nosotros. Nos ha hecho libre y cuenta con nuestra participación. Así lo ha dispuesto y querido. También nosotros tenemos que colaborar.

Lo ha dejado a nuestro libre albedrío, pero necesita la tierra de nuestro corazón para abonarla con su Gracia y producir los frutos esperados. 

lunes, 29 de octubre de 2018

SENTIDO COMÚN Y HUMILDAD

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Lc 13,10-17
Dentro de cada uno de nosotros hay un corazón lleno de Amor de Dios. Un corazón lleno de buenos sentimientos aunque tocado y herido por el pecado. Un corazón capaz de razonar con sentido común y ver que primero está hacer el bien y después la regla o la norma. Nunca se puede anteponer la ley, la norma o la costumbre al bien de la persona. Porque, amar es hacer el bien, entendiendo por ello aquello que conviene y es bueno para su salvación.

Porque, puede ocurrir que algo que, en apariencia, conviene o nos favorece no sea lo bueno o lo que realmente nos salva. Es cómodo no esforzarse, pero no es bueno, porque el esfuerzo es necesario y conviene para conseguir lo bueno, lo que nos hace bien y nos mejora como persona. Por lo tanto, conviene hacer el esfuerzo cuando sucede y curar cuando la ocasión se presenta, sea sábado o no, incumpliendo la regla, porque, esa regla, no está legislada para el bien de la persona. Limita su curación, y la ley no puede ser cumplida a costa de dejar que la persona sufra.

Se necesita sentido común y mucha humildad para dejar entrar en tu corazón la Misericordia que Dios te ofrece y te regala. Y experimentar el buen gusto y el gozo de sentirte derecho, limpio, digno y erguido ante todas tus frustraciones pecados que te esclavizaban y te sostenían sometido. Jesús, el Hijo de Dios, ha venido para erguirte, para fortalecer tu espíritu y limpiarte de todo pecado. Es tiempo de salvación y todo instante es bueno. Es tiempo de ponerte en defensa contra el demonio, que quiere encorvarte y someterte hasta arrastrarte por el suelo, y Jesús, el Hijo de Dios, te libera y salva.

Estamos tentados a edificar dentro de nosotros nuestros propios ídolos: la arrogancia, la sabiduría, la suficiencia, la soberbia...etc. Sin darnos cuenta formamos nuestros propios dioses, que acunamos en nuestro corazón, y los arrullamos con nuestras palabras y nuestra razón. Y levantamos barreras que nos impiden ver  al verdadero Dios y hacemos de la ley nuestro dios. Se hace necesario abrir nuestro corazón, llenarlos de humildad y sentido común.

domingo, 28 de octubre de 2018

EN LA OSCURIDAD DE LA VIDA

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Mc 10,46-52
La vida tiene muchas facetas oscuras en las que no encontramos el camino. Y muchas veces la oscuridad no está afuera, sino dentro de nosotros mismos. Nuestra soberbia, sinrazón y dureza de corazón hacen que la oscuridad permanezca y erremos el camino. Quizás, porque vemos, no advertimos el peligro ni tampoco la oscuridad. La cuestión es ver, pero no ver la luz de los colores y la del sol, sino ver el camino verdadero que nos conduce a la verdadera Luz, la que nos invade de gozo y felicidad eterna.

El Evangelio de hoy nos presenta ese momento en que el ciego Bartimeo pidió al Señor ver. Pero, no sólo ver con sus ojos físicos, sino también con los ojos del corazón, de la verdad y de la justicia. Esa es la primera luz que tenemos que pedir ver, porque la otra es transitoria y se puede sustituir o sobrellevar. Pero, la primera es imprescindible para ver gozosamente y eternamente.

Pero, para ver la Luz de la Verdad es necesario la vista de la fe y eso no está dentro de nuestras posibilidades. La fe es un don de Dios, nuestro Padre, y nos la dará en la medida que la pidamos, la busquemos y confiemos en Él. Dios, nuestro Padre quiere salvarnos y, por lo tanto, nos dará la fe, pero, para eso habrá que merecerla, es decir, reconocernos sus hijos, pecadores y necesitados de su Palabra.

Pedir al Señor, como Bartimeo, que vea es el primer paso para iniciarte, por la Gracia de Dios, en el único y verdadero camino de la fe y, por ella, fortalecerte en la oración, en la escucha de la Palabra y en las buenas obras de misericordia espirituales y corporales. No es fácil y se necesita perseverancia en la presencia del Señor y abiertos a la acción del Espíritu Santo.

Hoy hay una pregunta que hacer, y es: ¡Señor, que vea!

sábado, 27 de octubre de 2018

CONVERSIÓN Y MISERICORDIA

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Lc 13,1-9
En muchos momentos de la vida hemos recibido alguna reprimenda y, quizás, amenaza de castigo. Recuerdo de niño que se nos amenazaba con el castigo de Dios, con la sana y buena intención de ayudaros a convertirnos. Así, al menos en mi época, se ha formado la idea de un Dios castigador y que está al acecho. Y nada más lejos de la realidad.

Nuestro Dios, mi Dios es Padre y Bueno. Un Dios lleno de Misericordia que, comprometido por Amor, nos salva y nos perdona. No es un Dios de venganza sino un Dios de Misericordia. Un Dios Padre que nos busca, nos llena y nos salva. Un Padre Dios que nos ha creado en libertad y que aguarda en silencio la administración de los talentos recibidos, de los que tú y yo somos los únicos responsables.

Un Padre Dios que nos acompaña en su Hijo y sufre con nosotros. Un Padre Dios que no castiga sino todo lo contrario, perdona. Y nos pide que seamos humildes y que reconozcamos nuestros pecados. Un Padre Dios bueno que no quiere sacrificios sino misericordia.

Un Padre Bueno que, a pesar de nuestros pecados, es paciente con cada uno de sus hijos y nos espera para que, abiertos a su Gracia,  convirtamos nuestro corazón en respuesta a su Amor y demos los frutos que espera de nosotros.

viernes, 26 de octubre de 2018

LA SABIDURÍA DE AQUÍ ABAJO

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El hombre se jacta de saber mucho y de los adelantos que el mundo ha experimentado en los últimos tiempos. En algunos momentos se ha creído dueño y señor del mundo y capaz de dirigir su propio destino. Hasta tal punto que trata de decidir quien debe vivir o morir, aborto y eutanasia. Se cree capaz de organizar su vida, pero choca con la barrera de la muerte. Sin embargo, busca incesantemente alcanzar el poder sobre ella.

Su necedad le lleva a no darse cuenta de los problemas añadidos en un supuesto que lograra vencer la muerte. ¿Cabemos todos en este planeta? ¿Podríamos detener el tiempo y nuestro crecimiento? ¿Qué supondría erradicar la muerte? La espiral de preguntas sin respuestas nos descubre la limitación del hombre y los interrogantes que su existencia plantea. Se hace necesario buscar al Autor de todo lo que existe y de la existencia humana. Tanta sabiduría para pronosticar el tiempo y otras cosas, pero necedad ante la verdad, la justicia y la presencia de Dios y la escucha de su Palabra.

La vida no se para, parece larga, pero no lo es. Quizás el tiempo presente se nos haga largo en algún momento, sobre todo si lo pasamos mal, pero no se para. No hay pausa ni descanso, camina siempre y en todo momento, de noche y de día. Y la pregunta está, quizás en algunos dormida, dentro de nuestro corazón. ¿A dónde vamos? ¿Hay alguna respuesta que nos haga comprender nuestro destino? Sólo Dios lo sabe. Posiblemente, algunos se aprovechan de esa necesidad imperiosa de buscar respuestas que tiene el hombre, pero la realidad está presente. Estamos y caminamos y vamos a algún lugar y eso debe tener un Autor.

Pero, y aquí empieza todo, ese Autor ha hablado, se ha revelado en Alguien - Jesús, el Hijo de Dio - que ha vencido la muerte y que nos ha prometido vencerla nosotros también. No es una quimera ni algo salido de la propia necesidad del hombre, es nuestra propia realidad. Aspiramos a la eternidad y, de la misma manera que escrutamos el tiempo, experimentamos que, por encima de nosotros hay Alguien que salva y nos responde a todos nuestros interrogantes. Busquemos esa Palabra y, bajo la acción del Espíritu Santo, dejémonos iluminar. Amén.

jueves, 25 de octubre de 2018

LA VIDA, UN CONFLICTO

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Lc 12,49-53
No hay otro camino sino el que nos trae el conflicto, porque, el camino es siempre conflictivo. Conflicto con el que cree que es mejor otro camino; conflicto con el que piensa en otra forma de camino; conflicto con el que no quiere caminar; conflicto con el que camina más deprisa o hace demasiadas paradas. Siempre en permanente conflicto.

Conflicto para amar, porque el amor es conflicto y exige fidelidad en muchos casos sangrante y hasta el extremo de entregar tu servicio y hasta tu vida. ¡Cuántos padres y madres han dado su vida poco a poco por sus hijos! ¡Y cuántos y cuántas continúan haciéndolo. Sí, la vida es un puro conflicto, pero un conflicto con y por la verdad. Eso fue lo que hizo Jesús siguiendo la Voluntad del Padre, y claro, todos los que querían imponer su voluntad chocaban con Jesús.

Hay conflictos cuando quieres imponer tus criterios y tu voluntad. Hay conflictos cuando tus caprichos y gustos son diferentes a tu esposo o mujer. Hay conflictos porque eres de una manera que al otro o a la otra no le gusta. Hay diferentes formas de pensar y de interpretar las cosas, porque somos diferentes y eso ya de por sí nos pone en conflicto. Y, simplemente por eso necesitamos el amor. Diríamos que el conflicto exige amor. Verdadero amor apoyado en la verdad.

En ese sentido Jesús nos dice: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

¿Qué te parece? La vida es un conflicto, pero un conflicto por encontrar y vivir en la verdad y un conflicto por el que vale la pena vivir y luchar. Porque, benditos esas clases de conflictos que dan verdadero sentido a tu vida y la llenan, aún en conflicto, de gozo, paz y alegría.

miércoles, 24 de octubre de 2018

TALENTOS Y CUALIDADES

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Lc 12,39-48
¿Por qué unos piensan, tienen capacidad de discernimiento, más capacidad intelectual, son más creativos, desarrollan más destreza y...etc. ¿Han hecho más méritos para conseguir más talentos que otros? La respuesta debemos buscarlas en la distribución de talentos. Dios los ha distribuido según ha querido, a unos cinco, a otros dos y... - Mat 25, 14-30 - de forma gratuita.

¿Como tú ahora te haces dueño de esos talentos y los administras como dueño? ¿Acaso son tuyos? ¿No se te han dado para que los administres para bien y beneficios de todos? ¿Es qué no te das cuenta que iría todo mejor si tú pones esos dones y cualidades para bien de todos? Esa es la cuestión y el Evangelio de hoy pone todo clarito.

Por eso conviene leer el Evangelio, para enterarte de lo que dice y quiere el Señor, el único dueño de todo lo que tú tienes y el único que te pedirá cuenta. Porque, de no hacerlo serías también responsable de tus actos porque has cerrado tu mente a conocer los mandatos de tu Señor. Por lo tanto, necesitamos estar vigilantes, como decíamos ayer, y también en actitud de esfuerzo y de empeñarnos en crecer respecto a todo lo que hemos recibido.

No podemos dejar nada en el saco y no darle utilidad y provecho. Todo lo que sabes y puedes aprender se te exige para que lo pongas en bien común. De todo ello se nos pedirá cuenta cuando nos presentemos delante del Señor y en cada momento de nuestra vida. Nuestra actitud debe ser vigilante y atentos a actuar en cada momento como el Señor nos pide.