viernes, 2 de febrero de 2018

JESÚS ES EL MESÍAS

Su presentación en el Templo es de lo más sencilla y normal. Él, que es el Rey de la Gloria y por lo que el Templo se ha construido, pasa inadvertido y de forma humilde se presenta llevando, como prescribe la Ley, dos pichones, la ofrenda, quizás, más humilde. Nadie advierte nada y todo se desarrolla de forma muy normal.

Pero, al mismo tiempo sube un hombre justo y piadoso, Simeón, que no es levita, ni escriba, ni doctor de la Ley. Sube movido por el Espíritu Santo, pues a él le ha sido revelado que no vería la muerte sin ver al Cristo del Señor. Todo ha sido preparado por el Espíritu de Dios y todo es un nuevo milagro prodigioso para que también nosotros creamos. Simeón descubre y proclama la Naturaleza Divina de ese Niño, nacido para Gloria de Dios y redención de los hombres.

Y, auxiliado e inspirado por el Espíritu Santo, dice: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Sería bueno que también nosotros tratáramos del ver al Señor poniéndonos en sus brazos y como Simeón descansaramos en el Señor. Podríamos decir que Simeón presenta al Señor, le descubre y sabe de su misión. Es entonces cuando experimenta, por la Gracia de Dios, que puede morir en paz. Y eso significa que sabe en manos del quien está y nada tiene que temer, pues los que en Él creemos estamos llamados a la Resurrección.

Hagamos también nosotros ese esfuerzo de ir al Templo, es decir, de buscar al Señor para encontrarnos con Él, y tengamos la seguridad que le veremos, tal como hizo Simeón, Bartimeo y tanto otros. Señor, abra nuestro ojos y danos la fe.

jueves, 1 de febrero de 2018

MISIÓN CLARA

Mc 6,7-13
No hay vuelta de hoja, todo está definido y bien claro. Jesús envía a sus discípulos para que continúen su misión. No es una llamada para que se limiten a seguirle, sino también para actuar y proclamar. El Bautismo nos configura como sacerdotes, profetas y reyes, y nos compromete a proclamar la Buena Noticia de Salvación. Todo está meridianamente explicado.

Ahora, no se trata de ir, proclamar sin ningún compromiso. Estamos llamados a vivir lo que proclamamos. Y Jesús nos lo deja claro y nos señala la forma y el camino: En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos».

Si no hacemos eso es porque falla algo en nosotros. Posiblemente, ni tenemos la fe suficiente, como un grano de mostaza, ni vamos tal y como nos envía Jesús. Posiblemente estemos apegados a este mundo y nademos entre dos aguas, al menos yo me veo en esa actitud. No estamos decididos del todo, aunque hagamos muchas cosas, porque el mandato del Señor, y Él no se equivoca ni falla, es claro.

Sin embargo, no por eso estoy desesperado ni desanimado. Al contrario, trato de esforzarme y de confiar en Él. Su Gracia nos transformará y nos dará la sabiduría y fortaleza para cumplir la misión tal y como Él quiere y nos ha enviado. Tengamos fe y confianza en el Señor. Creamos que, por su Gracia, tenemos poder sobre los espíritu inmundo y que podemos curar y sanar enfermedades. Es la Gracia del Señor que obra milagros a través de nosotros. De hechos, muchos enviados los realizan.

Pero, eso no debe obviarnos a nosotros a excluirnos y a mirar para otro lado. El Señor quiere que tú y yo también vayamos y proclamemos el Evangelio como Él nos ha enviado. Pongamosno en sus Manos, tengamos fe y confianza.

miércoles, 31 de enero de 2018

CUANDO LA FE SE CONVIERTE EN TU RESPUESTA VÁLIDA

(Mc 6,1-6
Sucedió en tiempo de Jesús y también sucede en nuestro tiempo. Nadie es profeta en su tierra. Lo dijo Jesús en su tiempo, y también lo decimos nosotros en el nuestro. Lo conocido, lo cercano y a los que sabemos de dónde viene no le damos valor ni importancia. La palabra de nuestro padre, hermano o amigos nos cuesta mucho obedecer y tomarla en serio.

Nos impresiona más lo extraño, lo desconocido y toda palabra que venga de alguien que no sabemos quién es. Eso lo experimentó Jesús en su propio pueblo. Sus milagros y su Palabra no eran tomadas en serio ni era creída. Siempre se le buscaba una excusa, pues como iba a ser el Mesías el hijo del carpintero y de la joven humilde y sencilla María. No cabía en sus cabezas, aunque reconocían su sabiduría respecto a las cosas que decía y cómo los decía.

« ¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?».

¿No nos ocurre a nosotros lo mismo ahora? ¿Acaso creemos en su Palabra y en sus milagros? Sí, nos merece respeto, dicen muchos, pero de ahí no pasan. No creyéndose ciegos lo están, pues no son capaces de ver la Verdad. Viven en la mentira y en los espejismos de la realidad. Tal como aparecen, todos se desvanecen y vuelve al caos y al sin sentido.

Porque ser ciego no es ver las cosas que hay en el mundo, sino ver la Verdad. Y todos los que no ven la Verdad están ciegos. Cegados por las luces del mundo que los encandila y les impide ver sus propios pecados, sus incapacidades de amar. Y si no eres capaz de amar, nunca serás feliz. Porque la felicidad no te la puede dar sino el amor. Lo habrás experimentado aquellos instantes que has descubierto que estás a bien y en comunión con los que te rodean. Entonces es cuando te experimentas feliz. 

Y, tenlo en cuenta, nadie te podrá dar esa capacidad de amar sino Jesús. Porque, tú estás herido por el pecado y vencido por tu naturaleza caída que te pone en manos del Maligno que te somete y vence. Sólo el poder del Amor que viene del Señor te liberará y salvará.

martes, 30 de enero de 2018

LA AUTORIDAD QUE DESPRENDE JESÚS EN TODOS SUS ACTOS

Mc 5,21-43
¿Puedes imaginar como se quedarían aquellos que se reían de Jesús cuando les dijo que la niña no estaba muerta sino dormida? Sería hermoso podérselo imaginar, pues sus caras serían un poema. Desde ese hecho podemos hacernos una composición de como hablaba Jesús y la autoridad que desprendían sus Palabras Su seguridad y su firmeza dejaban a la gente atónita y asombrada.

Hoy Jesús, nos narra el Evangelio de Marcos, y de como va a la otra orilla y la multitud de gente le sigue. Tiene que ser emocionante como Jesús responde a la petición de aquel hombre - jefe de sinagoga - y le pide la curación de su hija que está a punto de morir. ¡Qué gran autoridad de Jesús al responderle con su decisión firme de ir a su casa a curarla! No se puede encontrar una autoridad más grande. Seguro de su Poder y del beneplácito del Padre, Jesús, el Señor, camina para afirmar que Él vence a la muerte.

Y, hermosa la actitud de Jesús, al comprobar que aquella mujer, enferma de flujo de sangre, se esfuerza en tocarle su manto. Piensa y lo hace que, de tocarle el manto, puede quedar curada. Está cansada de tanto médicos que le han tratado. Se ha gastado todo su dinero, y, sin más recurso que el de confiar en Jesús, se lanza a la proeza de tocarle su manto. No se siente digna ni importante para que Jesús le dedique un tiempo, y tampoco para hablar con aquellos apóstoles tan influyente. Ella, una pobre mujer que ya no tiene nada está convencida que tocando el manto de Jesús puede quedar curada.

Ambos, Jairo -jefe de la sinagoga - y aquella mujer -que padece flujo de sangre- tienen algo muy importante y necesario para que Jesús les conceda su Gracia y les cure. Ambos creen en Él, y se mueven, se molestan, se esfuerzan en buscarle, en encontrarse con Él. Jairo va directamente a pedírselo, y aquella mujer, más temerosa de no ser escuchada, trata de tocarle el manto.

Y Jesús, el Señor, les atiende y les concede, por su fe, a uno la resurrección de su hija, y a otra la curación de su enfermedad. También, el Señor espera tu petición, y si tienes fe te la concederá. Pero, no esperes que sea como tú quieres, porque no sabemos pedir. Será, siempre, lo mejor para tu salvación que es lo que más importe. Esa Resurrección al final de los tiempos para pasar la Eternidad, en gozo y plenitud, junto a Él.

lunes, 29 de enero de 2018

TÚ TAMBIÉN ESTÁS INVITADO A PROCLAMAR LO QUE DIOS HA HECHO CONTIGO

Mc 5,1-20
Quizás no has reflexionado sobre tu vida y todo lo que tienes. Posiblemente, tienes familia, salud, estabilidad económica, vives en un lugar en paz y te sientes agradecidos a la vida. Otros no pueden decir lo mismo, pero, te has parado a dar gracias a Dios y a proclamarlo por todos los lugares por donde transitas y compartes. Porque, Dios hace cosas buenas con todos sus hijos.

Y tú eres hijo de Dios. Quizás tu vida esté también desorganizada, en peligro y mal orientada. Quizás estés sufriendo y sintiéndote mal. Mira al Señor, Él viene a buscarte para salvarte. No como tú y yo nos lo imaginamos o nos gustaría, sino como realmente Él quiere salvarnos. No para un tiempo ni una etapa, sino para toda la vida, está, que necesita construir y experimentar durante un camino y tiempo, para llegar a la otra, la plena, donde viviremos con Él y con el Padre para toda la Eternidad.

Por eso, te invito a reflexionar y a sentirnos agradecidos con todo lo que tenemos en la actualidad, en este tiempo presente. Podemos estar mejor o peor, pero de una u otra forma estamos salvado. Dios nos quiere y ha enviado a su Hijo para salvarnos y liberarnos del pecado que nos somete, nos atormenta y nos hace infeliz. Despierta y abandónate en Manos del Señor, Él te librará de las garras del demonio, que te azota y te enfurece y te lleva a tu propia destrucción.

Pero, no perdamos de vista la actitud de los porqueros que anteponen el valor material que representa la pérdida de los cerdos a el valor humano de aquel endemoniado. Lo material ante que lo humano; los intereses económicos antes que la vida de las personas. Posiblemente eso sigue vigente en nuestra sociedad de hoy, se anteponen los intereses económicos a los intereses y derechos de las personas. Se impone el aborto ante el derecho a la vida.

No es una historia lejana sino una realidad. El hombre sigue dándole más valor a lo material que a lo espiritual. El hombre se preocupa más por el valor de sus bienes que por los valores espirituales. Descuida los derechos de las personas dándole prioridad a los derechos e intereses materiales. Eso debe hacernos e invitarnos a reflexionar.

domingo, 28 de enero de 2018

¿DÓNDE SE DISTINGUE ESA AUTORIDAD?

Cuando oímos a alguien hablar experimentamos si habla con autoridad o no. Y lo diferenciamos y notamos porque al hablar lo hace con seguridad y con razones contundentes que refuerzan  y prueban sus palabras. Sin embargo, en Jesús ocurre algo todavía más grandioso. Sus Palabras tienen inmediato cumplimiento sobre la leyes naturales. Desprende valor, compromiso, buenas intenciones, buscan el bien, tienen poder y se cumplen al instante. Y lo hace sin alardes, sin buscarse y sin miramientos. Actúa cuando la necesidad le conmueve y siente compasión, y, sobre todo, porque se lo piden con fe y convencidos de que puede hacerlo. Es una autoridad única, diferente y que deja sin palabras a los que la presencia.

Expulsar demonios, como es el caso del Evangelio de hoy, tiene un significado importante, singular y muy profundo. Representa la lucha del poder del bien contra el mal. Vencer ese poder maligno que demoniza al hombre significa poder venido de Dios. Es el resultado de esa confrontación directa entre Dios y los espíritus demoniacos, entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.

Los demonios saben bien quien es Jesús, "eres el Santo de Dios que has venido a destruirnos". Lo confiesan, pero Jesús les manda callar, pues sabe que esa confesión no es auténtica ni manifiesta una obediencia, sino todo lo contrario, una rebeldía. La curación de los endemoniados representa el triunfo de Dios sobre las potencias del mal. Ni que decir tiene la autoridad que se desprende de la actuación del Señor.

Ante todo esto, su fama se extendió enseguida por todas partes, tal y como nos lo dice el Evangelio, alcanzado la comarca entera de Galilea. Y también ha llegado hasta nuestros días, sin embargo, no parece que a muchos hombres de hoy le impresione esta forma de autoridad y de hablar, porque el Señor continúa hablando y hablándote directamente a tu corazón. 

Posiblemente, distraído y cegado por las luces que el mundo te presenta no le ves. Quizás necesites un tiempo de silencio interior y de pausada reflexión, porque, quieras o no, tu encuentro con el Señor tendrá lugar algún día.

sábado, 27 de enero de 2018

¿DÓNDE DESCUBRO MI FE?

Mc 4,35-41
Hay muchos momentos donde mi fe se esconde, se desdibuja y, hasta casi se borra. Es tan débil que casi desaparece, y no sólo de mi vista, sino también de la vista de los demás. Son esos momentos de tribulación, de inseguridad y de incapacidad de respuesta.  Como aquel joven rico que,  frunciendo el ceño, agachó la cabeza tristemente, pues su corazón estaba muy apegado a las riquezas que tenía y eso le impedía escuchar y seguir al Señor.

Nuestra fe se ve empañada, oscurecida y vencida ante nuestros egoísmos, que ciegos por los apegos y apetencias ignoran o esconden la realidad de lo que tienen enfrente. Todo lo de aquí abajo, por muy bonito que parezca es pura apariencia. Son espejismos fugaces que, de la misma forma que aparecen desaparecen. Son cosas caducas y perecederas, y servir y someterse a todo aquello que puede morir es un grave error, pues con ellas morimos nosotros también.

En cambio, el Señor no pasa solamente, sino que se mantiene eternamente. Su Palabra es Eterna y pervive siempre. Es gozosa y llena de paz y alegría eterna. Hay que experimentarla y para ello se hace necesario morir a las cosas de aquí abajo. Indudablemente nos cuesta, pero abiertos a la Gracia del Señor podemos hacerlo y hacerlo con gozo y alegría. Porque, nada llena tanto como la Gracia y el Amor del Señor. Es más, esa es nuestra vocación, que, a pesar de rechazarla, no descansaremos hasta descansar en Él.

Luego, me pregunto, ¿dónde está mi fe? ¿Dónde la descubro? ¿acaso es una fe de "quita y pon" según las circunstancias y los momentos vividos? ¿O una fe muerta y sin vida? En el Evangelio de hoy Jesús nos interpela y cuestiona nuestra fe. ¿Cómo podemos atemorizarnos estando con Él? ¿No es eso síntoma de que no creemos en Él, o, al menos, no estamos seguro? La fe es algo que no se puede esconder, pues de existir se descubre, se nota y hasta contagia.

Ahora, no debemos desesperar ni tampoco desanimarnos. También les ocurrió a los apóstoles, que, dicho sea de paso, no entendía nada. ¿Cómo no nos va a ocurrir también a nosotros? Hasta cierto punto es normal. Somos humanos y pensamos como humanos, muy lejos de Dios. Nuestra razón es limitada, débil y fácil de equivocarse. Es imperfecta y sujeta al error. Estamos infinitamente lejos de Dios, y eso nos puede dar la medida de su grandeza, pero también la infinita Misericordia y el infinito Amor que nos tiene.

Confiemos en Él y tengamos la paciencia suficiente, por su Gracia, para que nos abra la mente y nos vaya dando la sabiduría y la luz que nos haga fortalecer nuestra fe. Una fe que se mueva, que se visualice y se tranforme en signos y obras. Una fe que mueva montañas y que descanse en Él, confiando en su Palabra, en su Amor y Misericordia.