domingo, 14 de julio de 2019

LA LEY ES CLARA

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Mt 10, 24-33
La ley es clara, pero, a pesar de estar muy clara y no dejar dudas, nosotros si encontramos dudas a la hora de llevarla a la práctica. La teoría es una cosa, pero la práctica es otra. Si la teoría es más fácil de reconocerla y de asumirla, la práctica se nos hace más difícil y más complicada. De ahí el refrán: obras son amores y no buenas razones. El amor se descubre y se manifiesta no con palabras sino con obras.

Quizás, aquel maestro de la ley quiso ver que pensaba Jesús de la última sentencia referida al amor a Dios y al prójimo, sobre todo a esta última. Posiblemente, ¿tendría dudas? Igual nos puede ocurrir a nosotros, queremos matizar y hasta darle un cierto carácter light a esto de amar al prójimo para justificarnos. Es posible que no sepamos lo que escondían la razones de su pregunta. Si trataban de justificarla preguntando esa duda o si realmente la tenía. De cualquier modo, desde mi humilde opinión personal puedo decir que a mí también se me presenta muchas veces la duda, no en cuanto a la claridad de saber quien es mi prójimo, pero sí en cuanto a la forma de aplicar esa expresión de la ley. Para eso debemos pedir sabiduría y capacidad de discernimiento.

Jesús nos lo deja muy claro con la exposición de la parábola del samaritano. Y lo lleva al extremo de la situación extrema referente a los enemigos. No sólo nos advierte quien es nuestro prójimo, sino que nos desvela la posibilidad de descartar a los que no nos sean gratos o enemigos. Nuestros prójimos son todos aquellos que están en apuros y necesitan ayuda, sean de la condición que sean, de la raza, etnia o color que sean. En resumen, son todos los hombres y mujeres que necesiten de nuestra caridad y asistencia.

Y todo, al menos yo lo veo así, por un sencilla razón: Así nos quiere Dios a todos y no excluye a nadie. Por lo tanto, también nosotros debemos querer y estar en actitud de ayudar a todos, a los buenos y malos, a los simpáticos y antipáticos, a los amigos y enemigos, a los blancos y negros...etc. 

sábado, 13 de julio de 2019

EL SEÑOR YA NOS HA AVISADO DE LO QUE IBA A SUCEDER

En estos momentos pasamos por circunstancias que nos hacen recordar tiempos pasados de la Iglesia y nos preparan para estos que vienen ahora. Son tiempos de turbaciones y de luchas. Hay persecuciones y se persigue a la Iglesia de forma agresiva y violenta. En algunos lugares se llega hasta matar y en otros se establece una guerra fría excluyéndola de la educación y de todos los lugares públicos de la sociedad. Los medios y las fuerzas dictatoriales tratan de encerrarla de momento en las sacristías para más tardes destruirlas.
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Mt 10, 24-33

Sin embargo, esto ya lo sabíamos, así que no nos toma de sorpresa. Jesús nos lo ha dicho con mucho tiempo de antelación para que estuviésemos preparados. Ha ido ocurriendo en todos los tiempos y, a pesar de tener algún tiempo de bonanza, por ejemplo en nuestro país, ahora empieza a renacer de nuevo esos peligros, no sólo espirituales sino también materiales y de persecución. Pero no pasa nada. El Señor nos ha dicho y nos dice en este mismo momento que no tengamos miedo. Él está con nosotros, y aunque nosotros no seremos mejor que Él que fue ultrajado, escupido, flagelado y crucificado, nosotros también pasaremos por esas experiencias. Cada uno en proporción a su medida, pero tendremos que compartir con el Señor nuestras propias cruces.

Por lo tanto, no perdamos de vista que el mundo está regido por el demonio y enfrentado al Señor. Es el ángel rebelde que se opone al mensaje de amor que trae nuestro Señor Jesús enviado por su Padre. El mundo está enfrentado a la Iglesia y nos hará la vida imposible engañando a muchos que se someten a él para excluir a la Iglesia de este mundo. Él es enemigo del alma que busca que la perdamos. En nuestro bautismo hemos jurado desobedecerle, plantarle cara y luchar contra él para pertenecer solamente al Señor, y eso lo llevamos a cabo cada día en nuestra batalla particular contra él y auxiliado por el Espíritu Santo, que nos conforta, nos fortalece y nos llena de firmeza y voluntad.

No olvidemos también que tenemos una Madre, La Virgen María, que nos protege y nos defiende de esas amenazas y peligros que representa el demonio. Ella lo ha vencido y nos ayudará, intercediendo por nosotros, a que también nosotros lo venzamos.

viernes, 12 de julio de 2019

LA BATALLA DE CADA DÍA

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Mt 10,16-23

El camino es una guerra. Una guerra que libra cada día una batalla. Importa ganar la guerra aunque eso pase por perder varias batallas de cada día. Importa levantarse y luchar con audacia e inteligencia. En el Evangelio de hoy, el Señor nos invita a ser sagaces como serpientes y sencillos como palomas. La lucha es despiadada y hay muchos que se oponen a que el Reino de Dios se establezca en este mundo. Son reos de la ambición, del poder, del egoísmo y de todo lo que les impida satisfacer sus deseos y se oponen, presentando el mal, la violencia y la injusticia, al Reino de Dios.

En este mundo andamos y por él tendremos que avanzar. Avanzar con la verdad y el amor, pero con sagacidad como nos advierte Jesús hoy. Dignificar la vida y anunciar la Buena Noticia es una gran necesidad, porque, todos los hombres, incluso esos que abanderan el mal, buscan esa Noticia de Salvación, aunque lo hacen donde no se encuentra ni por los caminos que llevan a ella.

Y somos nosotros, los que creemos y seguimos a Jesús los que tenemos que anunciarla, a pesar de que eso conlleve sufrir, luchar contra las adversidades y librar una batalla cada día. El mal como expresión de las injusticias, de la violencia o de la ambición de poder está latente en el mundo. Hemos repetido muchas veces que,  mundo - demonio - carne, son los peligros que se levantan como murallas ante los que creemos y queremos seguir al Señor. Y este mundo, regido por su príncipe, el demonio y con la ventaja de la debilidad de nuestra carne presentan los mayores peligros para los creyentes.

Por eso, no debemos permanecer solos ni apartados de la comunidad, de la parroquia, de la práctica de los sacramentos, reconciliacion (confesión) y Eucaristía. También de la oración de cada día, sola y comunitaria. Son nuestras armas para la batalla de cada día. No tengamos miedo, el Espíritu Santo nos auxilia y pondrá en cada momento la audacia necesaria para superar, escapar y evitar que el enemigo pueda vencernos.

jueves, 11 de julio de 2019

SIEMPRE BUSCAMOS ALGUNA RECOMPENSA

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Todo lo que hacemos tiene siempre algún motivo. Es, diría, condición humana el buscar una compensación ante el hecho de darnos. Es verdad que el amor que se nos exige dar, así como el anuncio de la Buena Noticia de Salvación es gratuita y no busca ningún interés ni espera recibir nada a cambio, pero no podemos obviar que en el fondo de nuestra actitud de darnos y entregarnos por amor está el alcanzar la Gloria que Dios, nuestro Padre, nos ha prometido.

Siempre he dicho que el cristiano creyente y comprometido, en ese sentido, es el más egoísta del mundo, pues se da y se entrega buscando el mayor Tesoro que pueda existir. Pero un Tesoro al que se llega entregándose por amor y de forma desinteresada y gratuita. Por eso, ante la pregunta de Pedro, el Señor Jesús le responde: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna».

Detrás de la entrega y del compromiso de seguimiento cumplido hay toda una recompensa del ciento por una, pero, lo más grande es:  "La Vida Eterna".  Por eso, se hace necesario anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios y anunciarlo, no sólo con la Palabra de Dios sino también respaldándola con nuestra vida, que nos exige dejar todo lo que nos impida servir, curar, limpiar y vencer todo mal. Es decir, todo aquello que nos ate y nos aparte de la acción del Espíritu Santo que nos conforta y nos da la fortaleza para cumplir con el servicio de amor voluntario e incondicional.

Por eso, necesitamos ir en actitud de desprendimiento, de ligereza, de todo aquello que nos pueda atar y apegar a las cosas. Ir solamente y fundamentalmente afianzado en la fuerza de Dios más que en nuestras propias fuerzas y seguridades. Ir consciente de que la obra es de Dios y no nuestra y ponernos en sus Manos.

miércoles, 10 de julio de 2019

TAMBIÉN TÚ ERES ENVIADO

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Mt 10,1-7
La buena noticia ha llegado a nosotros gracias a que la cadena no se ha interrumpido. Ha permanecido fiel a su transmisión a través de los siglos hasta nuestros días. Ese anuncio de la Buena Noticia que fue encargada a aquellos apóstoles en principio, y luego a muchos discípulos a través de los tiempos, ha llegado intacta a nosotros. Y ha llegado por la fe, confianza y el trabajo puesto por aquellos apóstoles en nuestro Señor Jesús. Y, luego, por muchos otros discípulos que continuaron esa labor y misión de anunciar la Buena Noticia.

Hoy eres tú uno de esos muchos que forman parte de esa cadena. Eres uno de esos eslabones que la forman y que impide que se rompa y que no llegue a ese lugar que a ti te corresponde. Eres el puente por el que llegará esa Buena Noticia a mucha gente y esa es tu responsabilidad y compromiso de bautismo. Por lo tanto, si lo piensas, eres parte fundamental de esa misión y anuncio de la Buena Noticia para otros muchos que van a depender de tu respuesta voluntaria y comprometida a la llamada y envío del Señor.Muchos esperan ese anuncio venido de ti y eso dependerá de tu respuesta a la llamada que el Señor te hace hoy.

No cabe duda que desde esa perspectiva valoramos mucho la respuesta de aquellos apóstoles. Aquellos hombres llenos de dudas y en tiempos difíciles hasta el punto de perderlo todo hasta su misma vida creyeron y confiaron en el Señor Jesús. Y, luego, vinieron muchos otros que continuaron la misión de transmitir esa Buena Noticia. Gracias a ellos Jesús ha podido llegar a nosotros. 

Sabemos que todo éxito es del Señor, pero, porque Él lo ha querido así necesita nuestra respuesta voluntaria y nuestra colaboración. Y esa respuesta, valga la redundancia, dependerá de tu respuesta y, también, de la mía.

martes, 9 de julio de 2019

UN JESÚS INIGUALABLE


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Mt 9,32-38
Nadie ha podido hacer ni dar lo que Jesús ha dado. Por eso es el Hijo de Dios, porque su Poder ha sido inigualable. Ha hecho prodigios y milagros que nunca se han visto, no sólo en Israel sino en todo el mundo. Nadie ha curado al enfermos y paralíticos como lo ha hecho Jesús. Nadie ha sido capaz de resucitar a personas que han perdido la vida, ni antes, ni en su momento ni después de Él. 

Nunca nadie ha anunciado un mensaje de amor como lo ha hecho él. Un mensaje de amor que, todos nos damos cuenta, es la solución para el mundo. Un mensaje de amor lleno de bondad, de generosidad, de mansedumbre y gratuitamente. Un mensaje de amor incondicional e igual para todos los hombres y mujeres del mundo. Un mensaje de amor para buenos y malos. Nadie ha entregado su Vida de forma incondicional y gratuita para salvar a los hombres por amor. Una muerte que rescata al hombre y le da la posibilidad de alcanzar la Misericordia de Dios.

Realmente, ¿ha habido o hay alguien que haya podido parecerse a Jesús? Y sin embargo, muchos han creído, pero otros no. Y sigue ocurriendo eso. Muchos le siguen, pero otros se quedan a medias y algunos le rechazan. Y sin embargo, nadie puede igualarle ni siquiera imitarle. Nadie puede presentar y darnos su servicio, su entrega y su amor desinteresado y lleno de ternura y de misericordia. Jesús nos ha revelado el Rostro de su Padre Dios y en diversas parábolas nos ha presentado la forma de amarnos y su mensaje de salvación.

Hay quienes abrimos nuestros corazones a su Amor y, por su Gracia, le acogemos y creemos en Él. Sin embargo, otros se cierran a su Palabra y le quieren expulsar de este mundo. Es la lucha que experimentamos cada día en este mundo nuestro. El amor, que viene de Dios, y el mal que viene de aquellos que, incomprensiblemente no ven el Corazón amoroso de Dios. 

lunes, 8 de julio de 2019

LA NECESIDAD DESPIERTA LA FE

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Mt 9,18-26
No hace falta que nos lo demuestren, sabemos que cuando estamos bien y todo rueda según nuestras ideas y apetencias la vida nos sonríe y nos parece hasta fácil. Experimentamos suficiencia y que con nuestro poder y capacidad nos basta para alcanzar esa felicidad que buscamos. Nos sentimos fuertes y poderosos y llegamos a creer que con nosotros, nuestro poder y riqueza nos basta.

Sabemos también que en esas circunstancias no nos acordamos de nadie ni tampoco de Dios. Llegamos a creernos hasta que nosotros mismos somos nuestro propio dios. Y sólo basta un ligero percance o la más mínima adversidad para despertarnos y darnos cuenta de nuestra necesidad. El Evangelio de hoy nos pone dos ejemplos que pueden ayudarnos a pensar y a darnos cuenta que también nosotros somos esas personas, porque, tarde o temprano llegará a nuestra vida esas mismas circunstancias.

Un hombre jefe de los judíos. No era un cualquiera sino un hombre que tenía bajo su poder a otros. Porque ser jefe significa que tiene bajo su cargo a otros. Y ese jefe de judíos siente la necesidad de pedir ayuda, pero, ¿a quién? Porque, se trata de la curación de su hija que irremediablemente se muere. No se puede buscar sino a Aquel que tiene poder de devolverla a la vida y es a ese, al Señor a quien se dirige ese jefe de judíos. Eso esconde una fe en que Jesús, el Señor, puede curarlo, y en esos términos se dirige a Él: En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá».

También sucedió que una mujer, que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Conocemos por el mismo Evangelio lo que sucedió después en ambos casos. Y eso nos debe animar a nosotros, tal y como Jesús animó a la mujer curada respecto a su fe. 

La fe nos salva, pero una fe que proviene de lo más profundo de nuestro corazón y que nos llena de confianza en el Poder y la Bondad de Dios. Un Dios misericordioso y compasivo que se conmueve con nuestra fe y responde a nuestros suplicantes deseos.