domingo, 6 de febrero de 2022

UN ENCUENTRO SERIO CON JESÚS, CAMBIA TU VIDA

Lc 5,1-11

Tu vida será diferente a partir de que tu encuentro con Jesús sea un encuentro profundo y serio. Un encuentro que llegue al fondo de tu corazón. Eso fue lo que sucedió con Pedro aquel día. Pedro y todos los demás apóstoles. Conocían la autoridad de Jesús y obedecían su Palabra. Ellos eran los expertos pecadores y habían pasado toda la noche bregando. ¡No había pesca!

Y a Jesús se le ocurre que salgan a pescar. Pedro, sometido libremente – por la autoridad de su Palabra – le advierte, pero le escucha y obedece. Y, siguiendo sus indicaciones, echan las redes al mar. ¡Asombroso!, se produce la pesca. Una pesca tan abundante que – su peso – amenaza con hundir la barca. Llaman a los compañeros para que les ayuden a transportarla.

Pedro no sale de su asombro. Cree profundamente y su corazón se entrega al Señor. No hay segundas intenciones, sospechas o gajes del oficio – suerte – sino un rendirse a la evidencia y a la autoridad con la que Jesús, el Señor, dice y se hace. ¡Señor, apártate de mí, porque, no soy digno de estar a tu lado! Soy un pecador. Fueron, más o menos las palabras de Pedro. Y supongo que deben ser las mías también. No merecemos, Señor, tanto Amor e Infinita Misericordia. Igual que sucedió con aquella abundante pesca, donde horas antes no había ninguna, sucede con nosotros. No entendemos nada, y menos, tu Infinito Amor Misericordioso.

Nade que decir, Señor. De asombro en asombro y dejar que mi pobre corazón, perplejo y asombrado, se abra a tu Palabra y a tu Voluntad. No sé lo que esperas y quieres de mí, Señor. Nadie mejor que Tú sabes de mi capacidad y posibilidades; de mí debilidades, miserias y pecados. En tus Manos, Señor, quiero dejar toda mi voluntad para que Tú dispongas dónde y qué debo hacer. Haz, Señor, que mi voluntad, por la libertad que Tú me has dado, no interrumpa la Tuya.

sábado, 5 de febrero de 2022

EL DESCANSO Y SENTIDO DE LA VIDA

 

La experiencia nos dice que el descanso nos es necesario. Tan necesario como el trabajo, pues, para poder rendir y trabajar necesitamos descansar y reponer nuestras energías y fuerzas. Es verdad que la economía – donde la producción y riqueza priman – nos condiciona, nos presiona y nos sobrecarga de trabajo. Las relaciones y tareas domesticas, donde nuestras relaciones necesitan del amor, paciencia y misericordia, se ven alteradas y saturadas de falta de tiempo y espacio donde poder tener un equilibrio y sosiego. Se hace necesario una escala de valores y una jerarquía donde también el descanso ocupe un lugar destacado.

El Evangelio de hoy nos habla del regreso de los apóstoles de la misión a la que fueron enviados. Jesús, una vez son recibidos y comparten sus vivencias y experiencias de la misión, les invita a buscar un espacio de descanso donde reponer fuerza y energía. Y también, nos dice el Evangelio, son sorprendidos por el gentío que les busca y al que, irremisiblemente, hay que atender. Y es que, a veces, sucede eso en nuestra propia vida. Se suceden circunstancias que impiden realmente nuestro descanso y, a pesar de nuestra fatiga, se hace necesario seguir adelante y responder al compromiso apostólico.

La vida pierde todo su sentido cuando en el horizonte de la misma el trabajo ocupa en centro de la misma y sobrecarga a la persona. El trabajo es algo efímero y tiene fecha de caducidad. ¿Qué ocurrirá cuando llegue ese momento? ¿Dónde se apoyará nuestra vida? ¿A quién acudiremos? La cuestión es que necesitamos encontrar el verdadero sentido de nuestra vida, de nuestro peregrinar por este mundo. Se hace muy necesario encontrar la Palabra que nos llene de esperanza y de verdadero amor en el camino de nuestra vida. Un amor que le dé sentido. Y eso sólo lo podemos conseguir en Jesús, el Hijo de Dios. Sin Él nuestra vida queda vacía, sin sentido e, irremisiblemente, se derrumbará. Jesús en la razón que alimenta la esperanza de nuestro vivir, le da verdadero sentido y le alumbra la meta a donde ir.

viernes, 4 de febrero de 2022

¿TE HAS PREGUNTADO, QUIÉN ES REALMENTE JESÚS?

 

¿Alguna vez te has parado para plantearte seriamente quien es Jesús? Seguramente, has oído hablar de Él y, posiblemente, has hablado de Él y has dado tu opinión. Pero, realmente, ¿le conoces? ¿Te has interesado en saber qué ha dicho y hecho? ¿Puedes dar una opinión contrastada y razonada sobre su Persona? ¿O, simplemente, hablas de lo que oyes y te parece o conviene?

Algo así sucedió también en su tiempo. Herodes oía hablar de un tal Jesús y pensó que sería el espíritu de Juan el bautista – a quien él había mandado cortarle la cabeza, según narra el Evangelio de – Mc 6, 14-29 – que había resucitado y poseía poderes milagrosos. Otros pensaban en que era Elías o algún Profeta parecido a los del Antiguo Testamento. Al parecer había opiniones para todos los gustos.

Pero, hoy sigue sucediendo lo mismo. Se habla, se dice y se opina según se oye, pero no se indaga, se busca, se lee y se informa que dice la Escritura acerca de Jesús. Todos saben, sin ni siquiera conocer su Vida, dar una opinión y hablar de su Persona. Incluso, le rechazan y le dan la espalda sin saber nada de Él ni de lo que nos propone. Y muchos que saben lo que proponen y conocen sus obras y milagros tienen endurecido sus corazones y se cierran a su mensaje. Esa es la realidad en la que nos encontramos en esta hora y en este mundo.

Mi respuesta es que Jesús es el Hijo de Dios. Es el Dios encarnado en naturaleza que ha venido al mundo para enseñarnos y señalarnos el Camino de liberación al que estamos – por el pecado – sometidos y esclavizados. Y lo hace entregando su Vida voluntariamente y gratuitamente por amor. Ahora, ¿qué hago yo? Pues, humildemente tratar, asistido y en manos del Espíritu Santo, esforzarme y tratar de responder a lo que Dios me pide y me ha dado. Y, por supuesto, confiando en su Infinita Misericordia.

jueves, 3 de febrero de 2022

UNA PROPUESTA DE AMOR

 

No se trata de imponer sino de proponer. La Buena Noticia es una propuesta de amor desde la pobreza, la humildad y el amor. Un amor gratuito, desinteresado y dado en la verdad y la misericordia. Una propuesta desde la autoridad, recibida del Señor, y desde el amor sobre el poder del mal – demonio – para expulsar esos espíritus inmundos que aprisionan, esclavizan y someten al hombre.

Sin embargo, ante esta propuesta, el hombre no perderá su liberta y, será él quien elegirá el camino a seguir, bien aceptando la propuesta que anuncia la Buena Noticia o bien rechazándola. No se trata de un poder que impone, sino que propone. Y un poder lejos de imponerse por la fuerza o por el poder económico. Se trata del poder del amor misericordioso presentado y anunciado desde la verdad, la humildad y el amor. Un poder sobre el pecado desde la pobreza y la libertad. Un poder apoyado y legitimado en la coherencia de lo anunciado y las obras realizadas. Un poder desde el servicio y desde lo necesario e imprescindible para vivir, servir y amar.

Un poder recibido tras la vivencia de un periodo de formación junto a Jesús que  los envía a anunciar esa Buena Noticia de liberación de la esclavitud a la que somete el pecado. Y una Buena Noticia que tras ser anunciad desde la rectitud, testimonio y coherencia vivida, su respuesta queda fuera de la responsabilidad de los enviados. Y es que la responsabilidad, de aceptar o no el mensaje, recaerá sobre cada uno, puesto que somos libres para decidir éste u otro camino.

miércoles, 2 de febrero de 2022

¿PRESENTAS TÚ TAMBIÉN TUS OFRENDAS AL SEÑOR?

Jesús es presentando en el templo al Señor por sus padres. José y María llevan al Niño al templo para cumplir con la Ley de Moisés: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Conviene, ahora, presentarnos también, tú y yo, al Señor. Posiblemente lo hayan hecho nuestro padres en la hora de nuestro bautismo, pero, sería bueno y necesario que también lo hagamos nosotros ahora ya con uso de razón y conscientes de quién es nuestro Padre Dios. Por eso, sería bueno y necesario mirar cuáles son nuestras ofrendas. Es decir, que ofrecemos al Señor, que nos ha dado todo lo que tenemos, empezando por la vida. Porque, dependerá de lo que estemos dispuestos a ofrecer, lo que estaremos dispuestos a dar. Y, en la medida de lo que ofrezcamos y demos, irá también la eficacia del anuncio de esta Buena Noticia.

Porque, para anunciar al Señor hay, primero, que vivir en el Señor. No se puede anunciar a alguien en quien no se cree o no se sigue hasta el extremo. No se puede dar lo que no se tiene, y, si no tiene al Señor en tu corazón, ¿cómo lo vas a anunciar a otros? Será bueno meditar sobre nuestras ofrendas al Señor y preguntarnos: ¿Qué estoy dispuesto a ofrecer al Señor? ¿Simplemente lo que dice la Ley o lo que desborda de amor y misericordia mi corazón?