lunes, 14 de mayo de 2018

LA ELECCIÓN

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Jn 15,9-17
No mires para atrás o para otro lado. Te señalan a ti, sí a ti en persona y quieren contar contigo. En la hora de tu bautismo fuiste escogido y señalado al ser ungido con el crisma sacramental que te imprime ese carácter bautismal que te conforma con Cristo -ver aquí- y, quizás porque fuiste bautizado de niño y no tenías conciencia de lo que recibías, ahora, más tarde y ya con razón para entender, tienes la oportunidad de, en tu confirmación, afirmar tu fe y descubrir todo el significado del rito del sacramento bautismal.

No has sido tú que te has apuntado, sino Cristo que te ha elegido. Y si te ha elegido es para que tú también, injertado en el Espíritu Santo por medio de tu bautismo, tengas la fuerza, la paz y la sabiduría de transmitir esa buena Noticia de que todos los hombres están salvados por el Amor del Padre que Jesús, el Hijo, viene a comunicarnos y revelarnos.

Jesús nos ha elegido por mandato del Padre. Somos sus amigos, no sus siervos, porque nos ha comunicado todo lo que ha recibido de su Padre. Y quiere que nosotros hagamos lo mismo con todos los hombres. Nos ha elegido para que, lo que de Él hemos recibido, lo trasmitamos a los demás. Y hemos recibido el amor, ese amor con el que Jesús nos ha amado y nos ama y que el Padre nos manda a dar a los demás, incluso a los enemigos.

De tal modo que no podemos trasmitir sino aquello que somos capaces de vivir. Si no amas, o al menos lo intentas, ¿cómo vas a trasmitir el amor? Y si no eres capaz de abrir tu corazón para recibir ese amor que Jesús te da, ¿cómo vas a dar ese amor a los demás? Porque, no puedes dar sino aquello que tienes. Eso nos descubre la necesidad que tenemos de estar cerca del Señor y dejarnos llena de su impronta y de su Gracia para, fortalecidos en ella, vivir en y de su amor y poder trasmitirlo a los demás.

domingo, 13 de mayo de 2018

AL FINAL LLEGA EL VERDADERO TRIUNFO

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Mc 16,15-20
La vida presenta momentos y épocas de alegría, pero también de tristezas, frustraciones, fracasos y malo momentos. Puede ocurrir que aparezca una enfermedad, o que la situación económica se vuelva a peor y se complique, o cualquier traspié que no envuelva la vida en un problema. Sin descartar enfrentamientos familiares o cualquier otro tipo de problemas. Y entre todo estos cambios y situaciones necesitamos llenarnos de esperanza y de fe.

Jesús, el Señor, también tuvo una vida complicada. Su fidelidad le acarreó problemas y le llevó a la Cruz, pero en la Cruz podemos decir que empezó todo, porque fue necesario que muriera para Resucitar y transformar todo su aparente fracaso en Victoria. La Resurrección del Señor da sentido a toda nuestra vida; da sentido a todos nuestros fracasos; da sentido a todos nuestros sufrimientos; da sentido a todos nuestros dolores; da sentido a toda nuestra paciencia; da sentido a todas nuestras renuncias; da sentido a toda nuestra misericordia y amor.

Y tras su Ascensión renace nuestra esperanza, porque Él nos ha invitado a seguir el mismo camino. Estamos llamados a Resucitar como Él, pero también tras un camino donde tendremos que padecer al anunciar, como Él, el Evangelio y al esfuerzo diario de amar y perdonar como Él nos ha amado y perdonado. Pero, siempre sabiendo que el resultado final va a ser ese, la Resurrección y la estancia en el Reino de los Cielos junto al Padre.

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo:«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará».

sábado, 12 de mayo de 2018

LA VOLUNTAD DEL PADRE

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Jn 16, 23-28
Jesús pidió al Padre que apartara de su camino el cáliz de la Pasión que se avecinaba, pero no fue así. Fue escuchado, pero recibió la respuesta que se cumpliera la Voluntad del Padre, que no era otra que aceptara el sufrimiento de su Pasión y la entrega voluntaria de su muerte. 

Nosotros no sabemos pedir, y menos aquello que nos conviene. No entendemos al Padre y en muchas ocasiones recibimos lo que no nos gusta ni esperábamos. Nuestra naturaleza está tocada y vencida por el pecado y necesitamos ayuda del Espíritu de Dios para vencernos y aceptar la su Voluntad, que es, precisamente buena y la que nos conviene.

El Señor, nuestro modelo y referencia, sabía lo que debía hacer y lo que tenía que cumplir, aunque sintió, porque también tenía naturaleza humana, la debilidad y la tentación de eludir su cruenta Pasión hasta entregar su propia muerte. Por eso, debemos tener en cuenta que el Padre nos dará todo lo que pidamos, pero no según nuestros deseos y súplicas, sobre todo con racionalidad mundana a la que estamos sometidos, sino realmente lo que nos conviene y nos ayuda a encontrar el único y verdadero camino de salvación.

Es esa la línea como deben ir dirigida nuestras súplicas y peticiones. Y también como debemos esperar la respuesta del Señor, que como un buen Padre nos dará lo bueno, lo que nos sienta bien y nos ayude a conseguir nuestro verdadero objetivo, que no es otro sino la salvación eterna. 

El Señor es nuestro Padre, nos quiere y envía a su Hijo para comunicárnoslo y a todos los que creen al Hijo, que viene de parte del Padre, les recibe con los brazos abiertos. Por lo tanto, creamos firmemente y no tengamos la mínima duda de que el Padre nos escucha y nos atenderá en todo aquello que pidamos en el nombre del Hijo.

viernes, 11 de mayo de 2018

EL RESULTADO HACE OLVIDAR LAS PENAS Y EL SUFRIMIENTO

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Todos hemos oído alguna vez esta frase: "Se han pasado muchos apuros, pero ha valido la pena". Significa que aunque el sufrimiento ha sido grande, la recompensa final lo hace olvidar y el regocijo es hermoso y grande. Todos lo entendemos así y es que así es como único tiene sentido. En la vida todo lo hermoso esconde grandes esfuerzos y sacrificio. Llegar a una meta importante en tu vida significa esfuerzos y renuncias, que no todos están dispuesto a padecer. Solos los perseverantes y firmes en su propia fe lo alcanzan.

Hoy el Evangelio nos habla de eso. De una meta que todos llevamos escrita dentro de nuestro corazón. Queremos vivir felices y por eso luchamos. Pues bien, esa meta no está en el mundo que vives, ni en tus proyectos mundanos. Tampoco la encontrarás en el poder, ni en el placer. Y menos en el dinero. ¿Por qué? Por una simple y sencilla razón que todos entendemos, porque este mundo es caduco y todo lo que procede de él también es caduco. Y lo grande, lo que vale la pena si muere no es grande ni vale la pena.

Sólo vale la pena ese deseo que tú tienes dentro de ti, que quizás lo tienes dormido y ahogado por el ruido del mundo y no lo adviertes, y lo buscas en el mundo. Ese deseo de gozo eterno en plenitud. Porque, eso es lo que tú buscas, quizás de forma errónea en la lujuria, la concupiscencia, en el dinero, en el poder...etc, pero no acabas de encontrarlo nunca. Pasan los años y empiezas a pensar que este mundo es un engaño o un pozo sin salida. 

Sin embargo, si hay salidas. Hay dos, seguir al mundo con todo lo que él te ofrece, o seguir a Jesús, el Hijo de Dios, ese que hoy te habla en el Evangelio y te dice: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

jueves, 10 de mayo de 2018

TRISTES PERO, APOYADOS EN LA ALEGRÍA Y EN LA ESPERANZA

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Jn 16,16-20
Nuestra tristeza se vuelve alegría por la esperanza en la venida del Señor. Se ha ido, pero permanece entre nosotros. Tenemos su Palabra, que es Eterna y tiene siempre cumplimiento. Por eso, estamos tranquilos, confiados y esperanzados. Nos dice: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

Y todo va sucediendo como Él nos ha dicho. El mundo se alegra y los seguidores de Jesús caminamos contra corriente en una lucha constante ante las seducciones que el mundo nos presenta. Pero, también hay persecuciones de muchos clases, unas cruenta y de muerte, y otras de una guerra fría, hedonista y contra los valores, la justicia y la moral. Se pretende aparta a la Iglesia de la sociedad y de la familia y de que el hombre viva de espalda a Dios. Un Dios con el que se quiere terminar y erradicarlo de la vida del hombre.

Pero, será imposible, porque Dios está dentro del corazón de cada hombre y muchos hombres responden a su llamada. Él Vive, Resucitado en su Hijo Jesús y vendrá de nuevo a encontrarse con los que en Él cree. Nos lo ha dicho de muchas formas y en varias ocasiones. Hoy nos lo recuerda cuando nos dice que dentro de poco le volveremos a ver.  Está presente en nuestras vidas y vendrá, como ha anunciado, en su segunda venida.

Jesús no se ha ido, se ha quedado presente en la Eucaristía. Está con nosotros, y cada día podemos verle, tocarle y alimentarnos de su Cuerpo espiritualmente. En la Eucaristía, misterio de fe, podemos conmemorar la resurrección del Señor y la presencia de Él entre nosotros. Sí, Jesús nos acompaña y todas nuestras penurias, sufrimientos y penalidades se convertirán al final en gozo y plenitud eterna. Es Palabra de Dios.

miércoles, 9 de mayo de 2018

CAMINO DE LA VERDAD

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Jn 16,12-15
Esto puede sonar a risa para muchos, pero no para los cristianos creyentes. Y digo esto porque hay muchos que son cristianos, pero no creen. Creer no está en nuestras manos, porque de lo que hablamos está por encima de nuestra capacidad. Puedes creer en algo razonable y que puedes llegar a ver, pero eso ya no es plenamente fe, porque el término fe implica creer en algo que no puedes ver.

La fe, por lo tanto, es un don de Dios. Tú puedes experimentar que, dentro de ti, hay un anhelo y una esperanza de vida eterna. Eso lo puedes comprobar, porque la muerte te da miedo y nadie quiere morir. Pero, el mundo, este mundo donde vives, no te soluciona ese deseo. Luego, ¿qué hacer? ¿Esperar angustiado a que te toque tu hora, o tratar de responder a ese anhelo interior que guarda tu corazón? La respuesta no puede ser sino tuya. Nadie podrá acompañarte en tu viaje de última hora, pues sólo te corresponde a ti.
                    
Jesús es histórico, por lo tanto, creer en Él es fácil. La historia nos lo presenta y de Él se ha escrito mucho. Ahora, la cuestión empieza a partir de que Él se presenta como el Hijo de Dios, creador de todo lo visible e invisible, anunciándote que te ama y que quiere compartir su Gloria eternamente contigo. Jesús no viene por su cuenta, es presentado por el Padre en el Jordán, cuando Juan el Bautista lo bautiza y también  en monte Tabor... Y el Padre nos lo presenta como su Hijo predilecto -Mt 3, 17- y también en Mt, 17, 1-8- y nos invita a escucharle y a hacer lo que nos diga.

Pero, lo fundamental es que ese Jesús, el Hijo de Dios, ha Resucitado, y vive, y está entre nosotros. Y nos ha dicho, en su Ascensión a los cielos -Lc 24, 50-53- que convenía que Él se fuera para que viniese el Espíritu Santo, que nos iría enseñando todo lo que no habíamos comprendido y todo lo que nos falta por entender. Y así continúa nuestro camino, asistidos y auxiliados por el Espíritu Santo, a pesar de nuestras caídas, nuestras dificultades y nuestros errores y sufrimientos.

Ya nos dijo Jesús en otra ocasión -Mt 10, 24- que el discípulo no es más que el Maestro. Nuestro camino será duro, pero llegará el día en que todo lo veremos tal cual es y nuestra dicha, entonces, será grande y eterna.

martes, 8 de mayo de 2018

NUESTRA ESPERANZA ES QUE NO ESTAMOS SOLOS

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Jn 16,5-11
A veces no preguntamos cosas que no llegamos a entender. Muchas veces nos sorprendemos de nuestras propias y buenas actuaciones y somos los primeros sorprendidos de lo que hacemos hasta el punto de preguntarnos, ¿por qué he hecho esto o lo otro? Ante cualquier contra tiempo respondemos con generosidad y bondad. No hay otra respuesta que la de que dentro de nosotros vive el Espíritu de Dios, y Él nos mueve a hacer el bien y a amar.

Porque, hacer el bien de forma altruista y desinteresada es amar. No es amar actuar por provecho propio, sino por mejorar al otro y procurarle el bien en la medida de tus posibilidades. Y, simplemente, porque así lo hace Dios contigo, sólo con la diferencia que Dios lo puede todo. Pero, debemos saber bien que los planes de Dios no son los nuestros, y muchas veces no comprendemos sus actuaciones y hasta nos sorprendemos negativamente. Ten toda la seguridad que Dios te ama y busca siempre, a pesar de que no lo entiendas, tu bien y el de todos.

Y para eso ha bajado el Espíritu Santo. Nos asiste, nos conforta y nos auxilia para que no nos desviemos del buen camino y permanezcamos siempre en el camino del Señor. Sus dones, regalos de su asistencia, son: don de Sabiduría, Inteligencia, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios, que nos ayudan a permanecer fieles al Señor. Son muchas las seducciones y tentaciones que el mundo nos presenta y, débiles y frágiles, estamos a merced del príncipe del mundo. Necesitamos la Gracia del Espíritu para, fortalecidos en Él, superar los obstáculos que se nos presentan.

No tengamos miedo y abrámonos a la acción del Espíritu. Eso sí, nuestra colaboración tiene que ser abierta, dócil y entregada. Somos seres en libertad y sin ella le Espíritu no mueve un dedo. Necesita nuestra colaboración para ir transformando nuestro endurecido corazón en un corazón suave como el del Señor. Esa es nuestra misión, nuestra esperanza y la alegría de nuestra vida. Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones de tus fieles, enciende en nosotros la llama de tu Amor y se renovará la faz de la tierra.