miércoles, 14 de marzo de 2018

JESÚS SE IGUALA AL PADRE

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El Evangelio de hoy es fuerte y decisorio para que los judíos entren a condenar a Jesús. Jesús y el Padre son uno, eso es lo que viene a decir: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores...

Nos habla Jesús de la Resurrección: Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Conectado con el Evangelio de ayer, aquel hombre había pasado treinta y ocho años junto a agua de la piscina. ¿No nos estará también a nosotros pasando eso? ¿Cuánto tiempo pasamos poniendo el centro de nuestra vida en cosas mundanas que no terminan de arreglarnos nada?

Este Evangelio no necesita mucho comentario, sino mucha reflexión: Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo...

Es cuestión de preguntarse, ¿qué realmente buscas en la vida? ¿Todavía estás ciego? ¿No crees que el Señor nos resucitará, tal y como Él Resucitó? Por eso, decía que este Evangelio es para reflexionarlo y darle una respuesta, porque no hay nada que decir: crees o no crees. Y si quieres vivir en plenitud de gozo y alegría eterna, cree en el Señor. No hay otra oferta en este mundo.

Dejamos este espacio para que tú añadas tu respuesta o lo que piensas...

martes, 13 de marzo de 2018

OBSESIONADOS CON LA LEY

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¿Qué es lo que hacemos? Miramos para la ley y los cumplimientos, ¿y las personas? ¿Acaso es la Ley, sus normas y cumplimientos más importantes que las personas? Nuestra obsesión nos pierde, y la causa subyace en la falta de encuentro y silencio. Tendríamos que pararnos para vernos y encontrarnos, nosotros y el Señor. ¿Qué nos dice el Señor? ¿Nos habla de que primero es la Ley y lo Profetas y luego el hombre? ¿Qué nos está pasando?

Posiblemente el ruido de este mundo no nos deja pensar. En ese sentido decía que nos hace falta pensar. En cierta ocasión, hace ya años, tenía un problema y descubrí que tenía que buscar espacios de silencio para ordenar mis ideas. Posiblemente, eso sea también lo que nos está faltando ahora. ¿Qué había en aquella piscina para dar la curación? ¿No suena eso a algo establecido y, quizás manipulado? Es posible que ayudara a desentumecer el cuerpo y que sus aguas tuviesen unas características medicinales, pero la curación del alma no se nos quita con un baño en la piscina.

Y es esa la curación que buscamos, la que nos salva eternamente. Y sólo la podemos encontrar, encontrando a Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y, no importa el tiempo, está siempre pendiente de ti y de mí. Nos aguarda y nos tiende su Mano de salvación. Él busca tu salvación fuera de la Ley y los Profetas, el Antiguo Testamento, porque, Él es la nueva Alianza, el Amén del Padre, la Plenitud de la Alianza Eterna que Dios ha hecho con su pueblo.

Tratemos de buscar al Señor en el fondo de nuestro silencio, porque sólo en la brisa suave y el silencio. que nos disipa las tinieblas, podemos encontrarnos con el Señor. No lo busquemos en el ajetreo de la piscina, de los tumultos, de los ruidos y los acontecimientos extraordinarios, porque, Él, sólo se encuentra en el silencio, que se fragua en la humildad y en la pobreza de nuestros corazones. Todo lo verdadero y bueno nace y se encuentra en la sencillez y en la Verdad, y viene sin hacer ruido, como brota el amor de una madre y nace el sol cada mañana.

lunes, 12 de marzo de 2018

TAMBIÉN EN LA DISTANCIA PODEMOS CONVERTIRNOS

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Jn 4,43-54
El Evangelio de hoy nos anima y da sentido a nuestra relación internauta, porque, a pesar de nuestra distancia podemos compartir y fortalecernos en la fe. Jesús no se mueve de Galilea y cura al hijo del funcionario real enfermo en Cafarnaúm. Es decir, significamos que la distancia no es impedimento para que la Gracia del Señor actúe. Así, también actúa en nosotros, a pesar de la distancia que nos separa.

Pero, previamente necesitamos creer en Jesús. La fe es indispensable, tal fue la de aquel funcionario que, invitado por Jesús emprendió el regreso a su casa creyendo que su hijo estaba ya curado. Y así fue, próximo a su casa salieron sus siervos a comunicarles que su hijo estaba mejor. Él preguntó a qué hora había mejorado, y comprobó que había sido a la hora séptima, la misma a la que Jesús le había dicho que regresara, pues hijo ya estaba curado.

Ahora, podemos hacernos muchas preguntas, porque también nosotros somos curados a cada momento. Nuestra conversión se realiza a cada instante, porque el Espíritu Santo, enviado a asistirnos y auxiliarnos está en nosotros y realizando el milagro de convertir nuestro duro corazón de pierda, en un corazón de carne. Un corazón confiado y abandonado en su Manos, para transformarlo en un corazón lleno de fe y confianza. 

En esta confianza, ¿podemos nosotros también regresar a casa confiados en que el Señor sana nuestro corazón y nos convierte? ¿Se lo pedimos con la fe que lo hizo el funcionario real? ¿O, por el contrario, necesitamos que el Señor esté presente? Creemos que también nosotros, por la Gracia y la acción del Espíritu Santo, podemos fortalecernos, asistirnos, animarnos, alegrarnos y hasta convertirnos con nuestro diario compartir? ¿Pensamos y creemos que, a pesar de las distancias, podemos evangelizar y evangelizarnos creciendo en conversión?

Pues, si así lo creemos, tal y como ocurrió en Galilea con el hijo de aquel funcionario real que yacía enfermo en Cafarnaúm, creamos también que el Señor, el mismo Señor que hizo aquel milagro a distancia, puede también hoy darnos la fe a distancia por medio de cualquier persona que Él decida. Sólo nos falta confiar y tener fe en Él.

domingo, 11 de marzo de 2018

UN DIOS QUE NOS AMA

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Jn 3,14-21
Hoy se plantea la presencia de Dios de otra forma, pero antiguamente se nos mostraba a un Dios justiciero e implacable. Digo esto porque en mi niñez se nos mostraba a un Dios que castigaba a los malos y premiaba a los buenos. Un Dios que nos miraba apuntando todo lo que hacíamos mal. Posiblemente, era la época de la enseñanza con castigo y con látigo y la religión no era una excepción.

Sin embargo, no ha sido esa la intención de mostrarnos a Dios de la Iglesia. Posiblemente, el Espíritu Santo ha ido guiando y purificando a la Iglesia para mostrarnos a un Dios amor. Un Dios que nos ama sin pedirnos nada a cambio. Un Dios que simplemente envía a su Hijo para revelarnos que Él sólo nos quiere amar. Y eso hace Jesús, amarnos sin exigirnos nada. Hagas lo que hagas, Jesús te ama y da su Vida por ti.

Y eso debe ayudarnos a descubrir el amor y la misericordia de Dios. No me salvo por todo lo bueno que haga. Mis obras no me valen para nada.¿Ves bien lo que escribo? Mis obras no valen para nada. A ver si me voy a creer que me voy a salvar por mis obras. Hasta ahí podía llegar mi soberbia y suficiencia. ¿Creo que por mis obras me voy a salvar? No, nada de eso.

Me salvo por mi fe. La fe es la que me salva, lo dice claramente Jesús en el Evangelio de hoy: En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que...

Es la fe la que me dará Vida Eterna. Claro, es de sentido común saber que esa fe dará frutos, y esos frutos serán mis obras. Eso es otra cosa. Es decir, mis buenas obras son productos y consecuencia de mi fe. No me salvan ellas, sino mi fe. La fe en Jesús de Nazaret, que ha sido enviado, no para juzgarme ni condenarme, sino para salvarme. Jesús simplemente me ama, a pesar de toda mi resistencia y desprecio. Meditemos, porque así también, por la Gracia de Dios, también tenemos que amar nosotros.

sábado, 10 de marzo de 2018

ACTITUD INQUIETANTE

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Lc 18,9-14
El hombre es un animal racional inquieto. Al menos así debe mostrarse y comportarse, porque su inquietud no debe parar hasta descansar en el Señor, su dueño y Dios, al que está destinado llegar. Siempre estaré inquieto, Señor, porque me sé pecador y débil ante el pecado. Me experimento vulnerable y pecador cada día, y necesito tu Mano para asirme y levantarme sobre mis miserias, que me hunden y separan de Ti.

Siempre me moveré entre la inquietud de fallarte, Señor, y de no responder a tu Amor. Hoy, me expones esta parábola del fariseo y publicano para descubrirme tu Voluntad. No quieres sacrificios ni cumplimientos, sino un corazón contrito y arrepentido del dolor de no corresponder a tu Amor y Misericordia. Mi conversión empieza por reconocerme lo que realmente soy; mi conversión empieza por saberme pobre, necesitado, pecador, enfermo e inquieto por limpiar todas mis malas acciones que perjudican a los demás.

Porque, mi amor al Señor y cumplimiento de su Voluntad está en relación directa a mi comportamiento con mis hermanos. Mi amor y misericordia llegaran a oídos del Señor, por expresarlo gráficamente, en la medida que yo las practique con mi prójimo. Esa es la actitud inquieta que debo tener activa y encendida dentro de mi corazón y la que debe moverme a amar, impulsado por el Amor de Dios. De manera gratuita e incondicional.

Porque, Dios me ama tal y como soy, que es como me ha creado. Sin pedirme nada, sólo busca mi bien y mi salvación. Y, el sentido común, me dice y me empuja a dejarme llevar por su amor, porque en eso consiste mi felicidad y mi gozo eterno. Por eso, es bueno estar inquieto, expectante, atento y en constante movimiento interior, es decir, en actitud de búsqueda, para crecer en conversión según la Palabra y la Voluntad de Dios. 

Y eso debe, no relajarnos, sino abandonarnos en Manos de la acción del Espíritu Santo que nos modela, nos impulsa, nos dirige y va creando nuestra alma a imagen y semejanza de Dios. Pongámonos, pues, en sus Manos.

viernes, 9 de marzo de 2018

BUSCANDO DONDE AMAR

Resultado de imagen de Mc 12,28b-34 por Fano
El hombre está en continúo movimiento, aunque aparentemente parezca que está quieto, instalado y parado. No, nada de eso, se mueve constantemente, aunque eso no implique que tiene que caminar o trasladarse de un lado para otro. Su corazón no deja de latir y está siempre en alerta y estado de busca. Interiormente, hasta durante el sueño, el hombre busca y camina ¿Por qué? Porque el hombre está hecho para ser feliz eternamente y en este mundo no lo consigue, por eso busca y busca.

Razón tenía San Agustín al decir: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti." Y es que no hay descanso mientras andamos por estos lares. Por eso, no nos queda otro remedio que estar en continúo desasosiego y movimiento. El hombre para ser feliz necesita amar. Sin amor se siente vacío, inútil, sin sentido. Necesita darse, experimentarse útil y entregarse. Y eso sólo se lo da el amor.

El hombre ha sido creado por amor y sólo amando se encontrará a sí mismo. Por eso, su primer impulso debe ser amar. Pero, ¿amar cómo? ¿Dejándose llevar por su propio egoísmo y ambición? ¿Respondiendo a sus propias pasiones y satisfacciones? Sería su error más grave, porque caería hundido en sus propios egoísmos que le conducirían al vacío, al sin sentido y a la perdición.

La referencia es Jesús que está unido al Padre. Y ambos se aman eternamente. La meta es estar unidos como el Padre y el Hijo lo están y forman uno. El fundamento de nuestra vida es el amor a la única y verdadera fuente de Amor, Dios. Y la forma de demostrarlo y concretarlo es volcando ese amor en el prójimo. Es la única forma de verificar que realmente ama a Dios. 

Porque, si dice que amas a Dios, pero no al prójimo, estás mintiendo. Sólo, verificado tu amor verdadero al prójimo dejas ver y testimonias tu amor a Dios.

jueves, 8 de marzo de 2018

CEGADOS POR LOS PREJUICIOS


Resultado de imagen de Lc 11,14-23Nos sentimos muy inclinados a los prejuicios, sobre todo con aquellas personas que nos caen mal. A todo lo que hacen le buscamos el lado malo y tratamos de minimizar lo que tienen de bueno. Por el contrario, a los que nos caen bien le ensalzamos y magnificamos todos sus actos. Incluso, los malos tratamos de darle la vuelta y presentarlos como no tan malos.

Jesús sufrió esa persecución por todos aquellos que veían en Él malas intenciones hiciese lo que hiciese. Les sentaba mal lo que Jesús decía y se sentían amenazados por su Palabra. Estaban en juego sus poderes y sus estatus y no pasaba por sus corazones cambiarlos. Por eso. autoengañados tergiversaban la realidad y achacaban el poder de sus milagros: multiplicar panes, expulsar demonios o curar enfermos por  mediación de Belzebú, el príncipe de los demonios. El fin era desacreditarlo.

Y se resistían a la realidad. Ellos empeñados en su erre que erre no veían otra cosa. Obstinados en quitar a Jesús del medio, pues les estropeaba todos sus montajes y sus poderes religiosos con los que gobernaban y manipulaban al pueblo. Lejos de buscar el bien del amor y la misericordia, se sumergían en un mar de prejuicios que les cegaban. 

Y ante el asombro del pueblo, los influyentes y sabios buscan echar abajo la Palabra y obras de Jesús. Tan cegados están que argumentan disparates. Es absurdo presentar a Jesús como colaborador de Satanás, pues, ¿cómo va expulsarlo? Porque, Jesús expulsaba demonios. Por eso les dice: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra...

La divisiones nos separan y nos distancian. Por el contrario, la unidad nos une y nos fortalece, y a eso estamos llamados, a permanecer unidos en el Señor, para que otros más fuertes no nos puedan separar. Porque, si no estamos con el Señor, estaremos contra Él y quedaremos a merced del demonio, pues si no recogemos en y con el Señor, perdemos y desparramaremos nuestros tiempos y nuestras vidas.