miércoles, 18 de abril de 2018

OTRA CALIDAD DE VIDA

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Jn 6, 35-40
Todos aspiramos a mejorar nuestra calidad de vida. La frase de estos tiempos es "calidad de vida", y eso es lo que busca y persigue todo el mundo. Pero, ¿qué es calidad de vida? Diríamos que calidad de vida es tener muy buena salud, sentirse siempre joven, tener un vida confortable, estar relajado, gozar de sensaciones gratificantes...etc. Resumiendo, podemos decir que todo consiste en ser feliz y que esa felicidad dure lo máximo.

Es lo que hemos repetido ya varias veces. Todos buscamos la felicidad eterna, y suspiramos por ese elixir que nos la dé. Pero, en este mundo no parece encontrarse porque todo lo que en él hay es caduco y perecedero. Y algo que muere no te puede hacer feliz. Sin embargo, es legítimo que el hombre y la mujer aspiren a eso, porque nunca podrán evitar buscar la felicidad eterna. Está escrita en su corazón.

Y aunque muchos perecen en el camino, el hombre sigue empeñado en buscar esa calidad de vida a la que le impulsa su corazón. Sin embargo, es consciente que nada ni nadie le evitará experimentar la muerte. Todos sabemos que llegará un día que tendremos que morir. La muerte es la realidad más cierta. Sin embargo, Jesús, el Hijo de Dios, el Pan bajado del Cielo nos habla de esa calidad de vida que tenemos grabada a fuego dentro de nuestro corazón. Y nos la ofrece, pero de otra manera.

Jesús nos dice: Yo soy el Pan de Vida. El que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a Mí, y al que venga a Mí no lo echaré afuera, porque he bajado del Cielo no para hacer mi voluntad, sino la Voluntad del que me ha enviado. Esta es la Voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la Voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga Vida Eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Realmente, esta si es verdaderamente la calidad de vida que buscamos. Jesús, el Señor, lo ha dejado claro, y no hace falta más comentario. Simplemente, crees o no crees. Cambiar la felicidad el mundo por la verdadera felicidad eterna no parece un buen negocio.

martes, 17 de abril de 2018

TIEMPO DE PLENITUD

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Jn 6,30-35
Todo lo que va forjándose y sucediendo en el Antiguo Testamento, tiene su correspondencia y su plenitud en el Nuevo. Así, el pan bajado del Cielo que comieron los israelita en el desierto, no dado por Moisés, sino por la respuesta de Dios a su ruego, para fortalecerlos en y por el camino del desierto. Pero, ese pan no es el pan que da la vida eterna, sino un pan que sólo alimenta para el esfuerzo de cada día.

En el Evangelio de hoy, Jesús, deja claro que Él es el verdadero Pan bajado del Cielo y enviado por su Padre. El Pan que, no sólo da la vida, sino que sacia el hambre y quita la sed. De esta forma queda claro que el pan que comieron los israelitas en el desierto no era el pan verdadero, sino, simplemente, figura del verdadero Pan que Dios, nuestro Padre, nos ha dado enviando a su Hijo Jesús, único y verdadero salvador del mundo.

El pan o alimento que Moisés solicitó a Dios para sostén de los israelitas es un alimento material, que ayuda a mantenerse con vida y seguir el camino. Pero, el Pan que Dios nos da en su Hijo Jesús es el Verdadero Alimento que nos da la Vida Eterna. Sin embargo, la incredulidad está presente en los judíos. Han presenciado el milagro de la multiplicación de panes y peces, pero ya está casi en el olvido. En ese momento quieren, asombrados y satisfechos por el alimento, nombrarlo rey, pero Jesús se escapa. Y hoy todo les parece poco. Se atreven a pedirle un signo, más pruebas.

Buscan que les sorprenda con algún otro milagro. Les interesa sólo el alimento material. No se fijan en nada más, ni tampoco les interesa. Están sumergido en una visión de la vida materialista y sólo buscan intereses materiales que les satisfagan. Están ciegos y cerrados a la trascendencia. Sólo piensan en una religión que les dé lo que ellos buscan. Ideada a sus propias necesidades y proyectos.

¿No nos ocurre a nosotros lo mismo? ¿No pensamos nosotros en practicar una religión que se adapte a mis comodidades, mis ideas y mis principios? ¿Quiero yo exigir a Jesús esos mandatos que se adecuen a mis gustos y comodidades? Quizás debamos tratar de alimentarnos del Verdadero Pan del Cielo, nuestro Señor Jesús, y ponernos a sus pies entregándonos a su Misericordia que nos salva y nos da la Vida Eterna.

lunes, 16 de abril de 2018

NOS INTERESA MÁS LO MATERIAL

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Jn 6,22-29
Es una tendencia humana a la que estamos inclinado, la búsqueda de lo material. Estamos tocado por lo meramente humano y nos interesa lo inmediato y lo que materialmente nos satisface. Aquella multitud busca a Jesús atraídos por el alimento material. Han satisfecho su hambre y sed material y le buscan por ese interés y también por sus poder de curar la enfermedad.

No han reparado en el significado espiritual. Se paran en lo perecedero y sólo les interesa sacar provecho de su poder para sus intereses materiales y personales. Tratan de aprovechar lo divino para adecuarlo a sus proyectos humanos. Sus mentes están solamente en los intereses de aquí abajo. Apena han reparado en la trascendencia. Están ofuscado, ciegos y envueltos en las tinieblas del mundo.

¿No nos ocurre a nosotros algo parecido? Nuestros ojos miran sólo para abajo y no son capaces de levantarse, de mirar hacia arriba. Son prisioneros de lo perecedero, de lo que está condenado a caducar, a lo que lleva a la muerte. ¿Qué buscamos en este mundo? ¿Acaso pensamos que con las cosas de aquí abajo nos vamos a eternizar? ¿Por qué no somos capaces de levantar la mirada? 

El hombre tiene hambre y sed de lo espiritual, porque es realmente esa esperanza trascendente la que nos sostiene en la esperanza, valga la redundancia, de alcanzar la eternidad. Una Vida Eterna que está sellada en el corazón de cada hombre. Ese es el verdadero y único motivo por el que seguir a Jesús. No se trata de buscar el alimento perecedero, sino el verdadero alimento que nos da Vida Eterna.

Seamos conscientes y despertemos del falso sueño de buscar lo que nunca podremos encontrar en este mundo, porque todo lo de aquí abajo es perecedero, y lo que perece no tiene valor. Busquemos el verdadero tesoro que está sellado en nuestro corazón, ese deseo insaciable de alcanzar la Vida Eterna, y que sólo podemos encontrar en Jesús, nuestro Señor.

domingo, 15 de abril de 2018

NECESITADOS DE PRUEBAS PARA CREER

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También tú y yo necesitamos prueba para creer. Tenemos muchas dudas y el mal sembrado en este mundo por los hombres nos levanta muchas más. Jesús es consciente de ello y, por eso, nos da señales y pruebas de que es Él y ha Resucitado. Quiere afirmar nuestra fe y se muestra a sus apóstoles para animarlos y para fortalecerlos. Ellos son sus testigos y los que han, en el Espíritu Santo, de llevar la buena Noticia de salvación por todo el mundo.

También nos toca a nosotros ahora responder a la misma misión. Por nuestro bautismo estamos llenos del Espíritu Santo y comprometidos a transmitir esa buena Noticia de salvación. Noticia que se concreta en esa Alianza que Dios ha hecho con cada uno de nosotros grabándonos en nuestros corazones la huella de su amor y salvación -Jr 31, 31-.

A pesar de todas esas pruebas, las dudas no desaparecen. Hay muchos momentos en nuestro camino que surge la duda por un mal testimonio o por cosas que no podemos explicarnos y que nos hacen dudar. Necesitamos apoyarnos en la comunidad y en fortalecernos los unos a los otros. En medio está siempre el Señor y unidos a Él nadie nos podrá vencer. Le necesitamos -Jn 15, 5- porque sin Él nada podemos.

Jesús ha Resucitado. Esa es nuestra fe y nuestra esperanza. En Él creemos y en Él nos apoyamos y abandonamos. Todo se ha cumplido, según las Escrituras, en Él. Así estaba escrito en la Ley de Moisés y los Profetas, y así se ha ido cumpliendo todo en Él hasta su Resurrección. Esa es la prueba madre de nuestra fe. Jesús ha Resucitado. Estaba escrito en las Escrituras y así se ha cumplido.

Seamos perseverantes y pacientes. El Señor se nos manifiesta de muchas formas en nuestra vida. Nuestra esperanza no está en este mundo, sino en aquel que Jesús nos ha prometido. Vivamos nuestro paso por el este mundo con la esperanza trascendente de llegar al que Jesús ha ido a prepararnos.

sábado, 14 de abril de 2018

LA FUENTE ES JESÚS

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Jn 6,16-21
Muchas veces nos confundimos, y es que hay alguien interesado en ello. somos débiles y nos cuesta muy poco confundirnos y con ello, enfriarnos y alejarnos de Dios. Creemos que el servicio es lo principal, pues, no en vano, Jesús. El Señor, nos ha dicho que el amor al prójimo ocupa un lugar tan destacado que se equipara al primero, que es amar a Dios por encima de todo.

Realmente, no cabe ninguna duda en eso. Lo ha dicho el Señor, y es Él el primer ejemplo, pues nos ha revelado que Él ha venido a servir, no a ser servido. Sin embargo, hay algo que debemos tener muy en cuenta. El Evangelio de hoy nos lo descubre y nos advierte a ese respecto poniendo el dedo en la llaga. Empecemos por preguntarnos, ¿por qué nos afanamos en servir? ¿Realmente lo hacemos por amor?

Esa propia interpelación nos puede servir, valga la redundancia, para entrar directamente en la cuestión. Está claro que lo hacemos por amor al Señor, al menos lo intentamos. Porque, de Él tomamos y recibimos la fuerza y el impulso del amor. Sin Él nos sería imposible y hasta perdería sentido. La Fuente del Amor es Jesús, y sólo unido a Él, enviado por el Padre, podemos encontrar la fortaleza para amar también nosotros a los demás, incluso a los enemigos, que es precisamente de lo que se trata, pues ahí está la supremacía del Amor.

Ésta es una lección que hoy podemos aprender, aceptar y recoger del Evangelio. El mar, símbolo del mundo, nos amenaza con su grandeza y sus tempestades, y navegar solos por él es una temeridad. Experimentamos miedos y nos sentimos pequeños, débiles y vencidos. Sin Jesús, en la barca de nuestra vida estamos derrotados y experimentamos miedo. Le necesitamos imperiosamente a nuestro lado para sentirnos seguros y fortalecidos. En nuestra vida hay muchas tempestades y solos, quedamos a merced de ellas. El diablo se aprovecha y nos vence fácilmente y nuestras posibilidades quedan reducidas a cero.

Necesitamos la Gracia y asistencia del Espíritu Santo para superar y soportar las embestidas del mar y de las tempestades que el mundo nos presenta con sus tentaciones y peligros. Sin el Señor quedamos a merced del poder del mundo, demonio y carne. Nuestro servicio quedará adulterado si nos empeñamos en actuar por nuestra cuenta sin dejar entrar, de forma muy notoria, la acción del Espíritu. Y no lo digo yo porque lo crea así, sino porque lo dice Jesús: "Sin Mí nada pueden hacer" -Jn 15, 5-.

Tratemos de hacerle un hueco importante, en el mejor lugar y centro de nuestro corazón, a Jesús, invitándole a subir a la barca de nuestra vida. Porque, será Él quien nos oriente y conduzca al puerto de la verdadera Vida Eterna.

viernes, 13 de abril de 2018

¿TAMBIÉN VOY YO DETRÁS DE JESÚS POR LA SEÑALES QUE HACE EN LOS ENFERMOS?

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Jn 6,1-15
Es cuestión de preguntárselo, porque, aunque es natural que respondamos a esa necesidad que tenemos de ser curados, no es la respuesta mejor y correcta para seguir a Jesús. Podríamos decir que si las cosas se nos tuercen y nuestra enfermedad no se cura, ¿dejaríamos de seguirle? Responder a esa pregunta puede ayudarnos a centrar nuestro verdadero seguimiento a Jesús.

La vida no va a ser mejor porque seamos fieles discípulos de Jesús. No lo ha sido para muchos que ya le han seguido antes que nosotros, ni lo es para los que, como nosotros, le seguimos actualmente. La vida, nuestra vida, es igual que la de los que no le siguen. Tiene sus cosas buenas y malas; tiene sus éxitos y fracasos; tiene sus aciertos y errores. La diferencia está que la vida de aquellos que le seguimos tiene una gran esperanza. Una esperanza trascendente que nos anuncia el gozo y la felicidad eterna en la otra vida, en la del Reino de Dios.

Y el camino de esta vida será la oposición y el trabajo que tengamos que vivir y realizar. Un camino lleno de fe y de confianza en Cristo Jesús y abandonado en sus Manos. Un camino de esfuerzo apoyado en el poder del Señor, que nos acompaña y nos asiste en el Espíritu Santo y nos fortalece para que, con nuestro esfuerzo y trabajo, colaboremos en mejorar este mundo lleno de tinieblas y de incredulidad.

Hay multitudes de personas que caminan de espaldas al Señor y que buscan su felicidad donde nunca la pueden encontrar. Hay miríadas de gente que no tienen hambre de Dios y busca saciarse solamente en y con las cosas de este mundo. Y somos nosotros los que debemos encontrar, en el Espíritu Santo, el alimento que les satisfaga y les dé luz para descubrir el verdadero tesoro que se encuentra precisamente en su corazón.

Posiblemente tendremos que tener más fe y confiar en el Señor para que Él multiplique nuestro esfuerzo y la luz llegue a muchas personas que no le conocen.

jueves, 12 de abril de 2018

CON LOS PIES EN LA TIERRA, PERO LA CABEZA EN EL CIELO

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Jn 3,31-36
Nuestra esperanza está en el cielo. Al menos eso debe ser lo más sensato, porque en este mundo ya sabemos a donde vamos. O mejor, como vamos a terminar. Y digo esto porque todo lo que no sea pensar y tener como objetivo la trascendencia será mal negocio usando el símil terrenal. El hombre busca la felicidad, pues bien, edad tiene ya para saber que en las cosas que  el mundo le ofrece no la va a encontrar.

Ni tampoco la eternidad. Luego, hay dos opciones: a) aceptar que eso es así y resignarse a vivir tal y como la vida se le presente hasta que llegue el momento de que todo termine. O, b) levantar la mirada y creer en la buena Noticia que Jesús, el Hijo de Dios Vivo, nos ha revelado. Y, con la mirada puesta en Él, aspirar a la trascendencia de nuestra vida. Esa otra vida donde alcazaremos definitivamente la Felicidad Eterna. Porque ese es el anuncio de la buena Noticia.

El mundo no se adapta a la verdad que el mismo pregona, pues en él hay de todo. Y la mentira prevalece a la verdad. Vemos que hay muchas injusticias, guerras, explotaciones, robos, muertes y toda clase de atropellos que son causa de la mentira y de la ambición desmedida y egoísta del hombre. Solo Dios, que ha enviado a su único Hijo, Jesús, nos presenta el verdadero Camino, Verdad y Vida.

Porque, Jesús no es de este mundo, Él nos lo ha dicho: Mi Reino no es de este mundo -Jn 18, 36- y nos revela donde está nuestro gozo, felicidad y eternidad. Y no sólo nos lo dice, sino que sus obras hablan también en la misma dirección. Sólo quien viene de arriba puede y tiene autoridad para someter todo lo que está abajo, porque está bajo sus dominios. Servicio y testimonio siempre van juntos, porque el uno refuerza y afirma al otro.

Quienes creen en el Señor, no sólo alcanzarán la felicidad sino que vivirán eternamente. Sin embargo, hay que puntualizar que esa felicidad que el Señor promete esta referida a ese otro mundo del que Él nos habla. Esto significa que en este mundo, no por el hecho de creer y seguir a Jesús, todo se nos va arreglar. Es el recorrido que tendremos que vivir como todo el mundo y cargar con nuestra cruz. La felicidad prometida es respecto a la trascendencia y este mundo digamos que son las oposiciones para alcanzarla gozosamente.