miércoles, 16 de enero de 2019

TIEMPO Y TRABAJO

Resultado de imagen de Mc 1,29-39Con mucha frecuencia hablamos del tiempo, pero no del tiempo climatológico, sino del tiempo de nuestra vida, que marca nuestro quehacer diario. Solemos decir que nos falta tiempo, o que no tenemos tiempo para muchas cosas que, sin darnos cuenta, no son sólo necesaria sino imprescindible. Marcamos una ruta de jerarquía que suele estar dominada y sometida a lo material, a lo productivo, a lo económico.

Nuestro tiempo está influenciado y dirigido a la productividad económica. Todo lo que da rendimiento o abaratamiento del gasto económico nos interesa. Y en esa línea organizamos y disciplinamos nuestra vida. El tiempo para la contemplación lo sacamos en los ratos libres o, quizás, cuando no tenemos nada que hacer. Craso error que enturbia nuestra vida y nos somete más a las pasiones y espíritus mundanos.

La oración, es decir, nuestra relación con Dios es tan necesaria como imprescindible. Necesitamos orar porque en ello, no sólo nos va la vida y la eternidad, sino la felicidad y el gozo eterno. Eso que realmente buscamos por caminos equivocados, tal es el trabajo orientado a la productividad y a la economía. Hoy, el Evangelio, nos presenta a Jesús repartiendo su tiempo en la atención a la gente que le busca y buscando luego su tiempo de oración con el Padre.

 Jesús nos muestra la necesidad de estar en el mundo, pero sin dejar de estar unido al Señor. La oración es el alimento espiritual que nos fortalece y nos vivifica para, luego, desempeñar nuestra tarea de servicio entre los hombres. No descuida la entrega y la respuesta a los que piden su auxilio y le buscan para que calme sus padecimientos y sanen sus enfermedades. Pero, de la misma forma, busca el tiempo que necesita para meditar y dedicarse en contemplación a la cuidada oración con el Padre.

Una lección que todos debemos aprender y tener muy en cuenta. Jesús es el Señor y nuestra referencia. Nuestra vida debe mirarse en Él y seguirle es tratar de imitarle. Por algo nos ha dicho que es el Camino, la Verdad y la Vida.

martes, 15 de enero de 2019

UNA FORMA DE HABLAR DIFERENTE

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Mc 1,21-28
Jesús asombra y sus palabras arrancan admiración y sorpresa. El pueblo no está acostumbrado a oír hablar de esa manera ni a que esa Palabra también se realice. Son palabras de verdad y de justicias. Son palabras que liberan, que llegan al corazón y que sanan las dolencias y enfermedades. Son palabras que dan sentido y esperanza a la vida. Es una manera nueva de hablar.

Son palabras que se corresponden con los que los corazones de los hombres demandan. Son palabras que responden a los interrogantes que los hombres se plantean y le da soluciones. Son palabras que tienen el poder de liberar y de dar repuesta y solución a las dificultades, desesperanzas y obstáculos que los hombres encuentran en el camino de sus vidas. Jesús desprende admiración y la gente asombrada quedan perplejos ante su forma diferente de enseñar, con autoridad y sabiduría.

Pero, su Palabra no es una Palabra sólo del ayer, sino que hoy se actualiza también si la escuchas y la lees con fe, con serena reflexión interiorizada y tratas de llevarla a tu vida. Una Palabra que, desde la meditación interior y profunda, se hace vida y transforma tu corazón. Una Palabra que se hace alimento en la Eucaristía y que transforma el corazón de aquellas personas que viven en la verdad y la justicia.

Jesús es el Señor y su autoridad se desprende, no ya de lo que dice, sino de su identidad como el Hijo de Dios. Su Palabra se hace Camino, Vida y Verdad, y se apoya y le viene dada por ser el Mesías, el enviado, el predilecto en el que el Padre se complace. En Él se cumple todo lo profetizado y proclama con suavidad, con seguridad, con ternura, con autoridad y sin violencia ni aspereza. Una nueva forma de enseñar que hasta los espíritus inmundo le obedecen.

Su autoridad queda manifiesta y su doctrina se hace nueva porque lo que dice lo realiza con poder y firmeza. Nada se había visto igual. Jesús asombra y enseña con verdader autoridad haciendo precisamente el bien y proclamando la verdad.

lunes, 14 de enero de 2019

CONVERTIRNOS AL SEÑOR

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Mc 1,14-20
¿Qué buscamos en este mundo? ¿O no buscamos nada? Esa es la pregunta que todo ser humano se plantea, aunque muchos es posible que no la descubran o pasen sin saber a dónde van o para qué están aquí. Quizás nosotros tenemos también algo de culpa en esa actitud y comportamiento de otros. Quizás nosotros no les hemos ayudado a mirarse a sí mismos o descubrir realmente lo que buscan sin saber cómo o para qué.

Todo ser humano quiere ser feliz, y muchos lo descubren haciendo feliz a otros. La felicidad del ser humano es darse y hacer feliz a otros. Sobre todo a los que estamos vinculado por la sangre, familia: padres, hermanos, hijos, parientes...etc. Pero, también a los amigos y, incluso a los extraños. En esas experiencias vamos experimentando que esa felicidad que buscamos se esconde ahí.

Sin embargo, hay una gran dificultad, nuestra naturaleza humana, limitada, herida, tocada por el pecado, egoísta y sometida a apetencias, apegos, ambiciones, poder, vanidades...etc. Pronto nos damos cuenta que nos es muy difícil vencernos por nosotros mismos. Necesitamos ayuda, y no una ayuda humana, sino una ayuda sobrenatural. Alguien que pueda liberarnos de la esclavitud del pecado y darnos esa felicidad eterna a la que aspiramos.

Y ese es Jesús, que hoy, en el Evangelio, nos propone y ofrece esa posibilidad. Nos llama a la conversión, pero a una conversión hacia Él, porque es Él precisamente el Camino, la Verdad y la Vida. «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» Eso nos dice e invita Jesús hacer. Se trata de reconocer en Él al Mesías liberador que nos libera de nuestras esclavitudes y nos da el don de la fe. Significa estar agradecidos y dejarnos conducir por el mismo Espíritu de Dios que también ha sido enviado a todos los que se abren a su acción y darnos en amor para todos los hombres.

Y no es fácil, pero si posible si estamos injertados en el Espíritu Santo. Por eso, Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Siguiéndole y poniéndonos en sus Manos podemos alcanzar esa Conversión de la que Jesús nos habla hoy.

domingo, 13 de enero de 2019

EL COMIENZO DE LA VIDA PÚBLICA

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Lc 3,15-16.21-22
Llega el momento esperado, pero también el momento buscado. El Evangelio dice: En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante... Y en esa actitud se preguntaban si Juan era el Mesías prometido. También nosotros podemos hacer esa reflexión: ¿cómo está nuestra actitud ante la espera? ¿Hemos encontrado al Mesías, a ese Dios hecho Hombre que, ahora, reunidos en torno a su mesa nos disponemos a recibir como alimento espiritual? ¿Y le seguimos?

Y en nuestro seguimiento tomamos la actitud que nos testimonia Juan el bautista poniéndome detrás y menguando para que nuestro humilde obrar refleje al Señor. Sea Él quien crezca y quien refleje nuestra vida en contacto con los demás. Jesús es el centro de todas las profecías. Desde el principio todo fue hecho para tener su cumplimiento en Él, y llegada su hora, igualado a los hombres menos en el pecado, pasa también, por voluntad propia, estando libre de todo pecado, por el Bautismo.

El Bautismo es el momento de su presentación. El Padre presenta a su Hijo y nos invita a escuchadle y a hacer lo que Él nos dice. ¿Estamos nosotros en esa actitud? Para eso, también nosotros hemos recibido el Bautismo y el mismo Espíritu Santo que guió a Jesús. Y que nos asiste, nos conduce y nos guía si le dejamos, y por el cual podemos hacer lo mismo que Jesús y aún cosas mayores - Jn 14, 12-13 -.

El profeta Isaías nos describe como actuará Jesús: sin violencia, sin gritos y asperezas... lo hará en silencio y suavidad. No cortará la caña quebrada sino que la ayudará a mantenerla firme; abrirá los ojos a los ciegos y librará a los cautivos. Y todo eso se cumple en Jesús. Realmente Él es el Mesías y de todos esos beneficios y gracias nosotros somos los beneficiados, tal y como nos dice San Pedro en la lectura de los hechos, porque el Espíritu Santo estaba con Él.

También está con nosotros y, si creemos en Él, haremos las mismas cosas. No perdamos las esperanzas y dejémonos llenar de la Gracia del Espíritu Santo, que nos transforma y nos convierte.

sábado, 12 de enero de 2019

DEJA CRECER A CRISTO EN TI

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Jn 3,22-30
En muchos momentos de nuestra vida somos tentados por el demonio y, sigilosamente, nos dejamos conducir por nuestras virtudes y cualidades como frutos y capacidades propias que nos son suficientes y nos bastan para cualquier obra, incluso apostólica, prescindiendo de los demás y hasta de Dios. Hasta el punto de creer que si son posibles y se hacen realidad son frutos de nuestro esfuerzo y entrega.

Prescindimos de Dios sin darnos cuenta y de forma rutinaria confiamos más en nuestras capacidades y esfuerzos que en la asistencia y ayuda del Espíritu Santo. Juan el bautista tuvo también esa tentación y fue, incluso, avisado de que Jesús bautizaba en Judea, de lo que muchos llegaban a escandalizarse. Preguntado Juan al respecto contestó: «Nadie puede tener nada si Dios no se lo da. Vosotros mismos me habéis oído decir claramente que yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado por Dios delante de él. En una boda, el que tiene a la novia es el novio; y el amigo del novio, que está allí y le escucha, se llena de alegría al oírle hablar. Por eso, también mi alegría es ahora completa. Él ha de ir aumentando en importancia, y yo, disminuyendo».

Está claro, Juan se aparta y deja el camino que el había preparado con tanto entusiasmo y entrega para que Jesús continúe la obra a la que había venido y Juan le había abierto el camino. También nosotros debemos hacernos esa pregunta. ¿Tengo yo que crecer o esforzarme para que Cristo, el Señor, crezca en mí y sea yo reflejo de Él? ¿Tengo yo que buscar mi gloria o dejar que todo mi ser y actuar sea para Gloria del Señor?

Son preguntas que desde mi compromiso de bautismo debo dar respuesta, pues en el momento de mi bautismo quedé configurado como sacerdote, profeta y rey, y eso me compromete a dar testimonio, recibido el Espíritu Santo, tal y como lo hizo Jesús. Y es que si creemos hasta el Señor nos lo ha dicho: En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.… -Jn 14, 12-13 -.

viernes, 11 de enero de 2019

EL CONTAGIO DE LA FE

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Jn 5,12-16
Es verdad que si nos acercamos a alguien enfermo y con un virus que se contagia contagiamos al que está a nuestro lado. Pero, si nos vacunamos evitamos ese contagio, tanto nosotros como a los que nos acercamos. La vacuna de la gripe, por ejemplo, que tanto se aconseja en estos tiempos primeros de otoño persigue ese fin, prevenir que el virus de la gripe nos contagie y nos ataque.

Posiblemente, muchos de nosotros estemos vacunados contra la fe, y por muchos testimonios que veamos y hasta presenciemos no dejamos que la fe llegue a nuestros corazones. Sin embargo, el Señor está siempre pendiente y atento a nuestras súplicas. Esto ocurrió en el Evangelio de hoy, se acerca un leproso a Jesús, enfermedad casi incurable en esa época, y le súplica que le cure. Y el Señor responde con compasión y viendo su fe le cura.

Ese ayer corresponde también a hoy. Porque, el Señor es del ayer, del presente y del mañana, y está en estos momentos presentes en tantas personas enfermas, físicas y espiritualmentes, que de suplicarle las curará.  Quizás no sea una curación a nuestro gusto, pero sí la curación que realmente necesitamos. Tengamos en cuenta que lo principal es limpiar nuestra alma de tantas impurezas y pecados cometidos, y que la verdadera curación es salvarla para el gozo de la vida eterna.

Nuestro mayor pecado es la carencia de nuestra fe. Es desconfiar del Poder y del Amor del Señor y de querer interpretar y razonar sus actos, su sabiduría y su poder. ¿No es este el hijo del carpintero? ¿De dónde le viene entonces esa sabiduría y poder? - Mt 13, 55-56 - Su fama ha crecido mucho hasta el punto de ser muchos los que se acercan a escuchar su Palabra y a suplicarle ser curados. Pero, siempre continúa el mismo peligro, ¿qué realmente buscamos? ¿Ser curados? ¿Que la vida se nos arregle según nuestras apetencias e intereses? 

Posiblemente, nuestra condición humana busque eso, pero pensemos que los planes de Jesús son otros y Él nos ha mostrado y enseñado con su Vida y sus Obras. Tratemos, a la luz del Espíritu Santo, de entenderle.

jueves, 10 de enero de 2019

POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU

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Lc 4,14-22
Uno de mis primeros libros se titula por la acción del Espíritu. Nunca había pensado que pudiera llegar a escribirlo y, tengo que mencionar a Rosa Mª Sánchez Juárez, pues fue la persona que me empujó a que escribiera mis vivencias y reflexiones, y me ayudó a editarlo. Pero, desde esos momentos y de forma progresiva he ido intuyendo y percibiendo la presencia del Espíritu en mi vida que realmente me empuja y me dirige señalándome los caminos a tomar.
Creo que muchas cosas de mi vida no las podía explicar sin la acción del Espíritu. Y creo que el Espíritu Santo está presente en todos aquellos que lo invocan. Hoy, el Evangelio nos lo presenta actuando en la vida de Jesús y cumpliéndose la promesa que en Jesús está profetizada: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».
                         
Continúa el Evangelio diciendo que todas las miradas estaban fijas en Él, y Jesús les dijo: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

Y hoy continúa el Espíritu de Dios actuando en todo aquel que se abre a su acción. Porque, todos los bautizados le han recibido al igual que en el Bautismo de Jesús descendió sobre Él en forma de de paloma. Es el Espíritu Santo quien nos guía, nos da sabiduría, nos fortalece...etc. «El fruto del Espíritu es: caridad, paz, alegría, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza» (Gal 5,22-23).