jueves, 14 de febrero de 2019

TODOS NECESITAMOS AL SEÑOR

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Es la pregunta del millón, ¿necesito yo al Señor? La respuesta es sí. Todos necesitamos al Señor porque todos queremos salvar nuestra vida y ser felices eternamente. Dentro de cada ser humano hay una búsqueda incesante de felicidad, de eternidad y de amor. El ser humano necesita amar para ser feliz, y es lo que busca y desea. Ahora,, también eres libres para aceptar o rechazar esa propuesta que Dios te anuncia. Y, aunque, es lo que buscas, incluso sin saberlo, no es fácil responder, pues, para ello, necesitamos primero vencer muchos obstáculos que nacen dentro de nosotros mismos.

Nos apetece quedarnos quietos una vez estamos acomodados. Nos mueve el hambre, el sufrimiento, las incomodidades, el frío, las pasiones y todo lo que nos pide satisfacción. Tratamos de dar plenitud a nuestras necesidades corporales, pero, ¿y a las espirituales? Quizás esas, cubiertas las primeras, quedan olvidadas y no son tan buscadas.

Sin embargo, queremos vivir en plenitud, pero, instalados cómodamente nos conformamos incluso aunque no lo seamos plenamente. Porque, en este mundo nunca lo seremos. Siempre está el error, la enfermedad o la sombra de la muerte amenazándonos y sembrando la tristeza, la infelicidad en nuestras vidas. Y nos quedamos tan tranquilos, tristemente, esperando que llegue el día de nuestra hora. ¿Es qué no sabemos que hemos sido creados para vivir eternamente? Ese es el anuncio que tenemos que conocer y eso nos corresponde anunciarlo a los que los conocemos.

Luego, dependerá de que los que lo reciban lo acepten o no. Habrá muchos que no querrán oír hablar de esa Buena Noticia, pues se sienten bien con lo que tienen. Creen tener la muerte muy lejos y no parecen temerle.Otros quedan esclavizados por sus propias pasiones y apetencias carnales y otros aceptarán la Palabra de Dios. ¿En qué lugar de esos estamos cada uno de nosotros? Corresponderá a cada uno dar la debida respuesta. Mientras, el mundo necesita conocer la Buena Noticia de salvación. Estamos llamados a vivir en plenitud eterna.

miércoles, 13 de febrero de 2019

LO IMPURO VIVE DENTRO, EN NUESTRO CORAZÓN

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Mc 7,14-23
Sin lugar a duda que el ambiente y las circunstancias contamina y puede influir en tu manera de ver y pensar con respecto a tus actitudes frente al mundo en el que vives. Sin embargo, la realidad es que lo que en verdad contamina duerme y vive dentro de nosotros, y de una manera concreta en nuestros corazones.

Todo lo que viene de afuera, sobre todo referido a los alimentos, según entran se eliminan. Es la clara respuesta con la que le responde a sus discípulos cuando, sin entenderle, le preguntan: ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» —así declaraba puros todos los alimentos—.

Pero, es dentro del hombre donde se gestan las malas intenciones y todo aquello que realmente hace daño al hombre. Y es el corazón el núcleo donde se fabrican todas esas inclinaciones hacia el mal y el bien, por lo que es ahí donde tiene lugar la batalla de cada día para purificar todos nuestros pecados y alejar de nuestro diario actuar el mal.

Esto, continúa diciendo el Señor: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».

martes, 12 de febrero de 2019

TRADICIONES Y LEYES

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No digo ni estoy en contra de las tradiciones ni de las leyes. Considero que hay que tener un orden, una ley y, siempre es bueno, seguir las tradiciones y buenas costumbres de nuestros antepasados. Mirar para atrás es bueno para recordar de donde venimos, pero no para permanecer estancado en el ayer, sino para avanzar apoyándonos en la experiencia y no perfeccionar el camino a andar.

Pero, antes que la ley y los preceptos está el corazón y la misericordia. No podemos hacer de la ley y la tradición  dioses e ídolos que rijan y sometan nuestras vidas. Necesitamos estar por encima de ellas, porque el hombre está por encima de la tradición, de la costumbre y de la ley. Estás están para servirle y no para someterle justificándonos en leyes, preceptos y tradiciones.

Faltamos a la Ley de Dios justificándonos con la excusa de nuestro trabajo, nuestras atenciones a los hijos y a todo lo que nos podamos agarrar para alojar a nuestros padres en una residencia y quitarnos esa dependencia de ellos molesta y sacrificada. Nos saltamos, justificándolo injustamente, el cuarto mandamiento. Y así otras muchas cosas. En el fondo de nuestra conciencia sabemos que nuestra actuación no es la correcta, pero le damos vuelta para, ante los demás, justificarnos.

Y tratamos de acallar nuestra conciencia cumpliendo las leyes, lavándonos las manos y ajustándonos a toda clase de preceptos y costumbres. Pero, nuestros corazones quedan endurecidos, falseados y justificados de forma egoísta. Porque, una cosa es honrar con los labios y otra cosa es hacerlo con un corazón puro y bien intencionado. Se valen de la tradición para falsear la verdad y adecuarla a sus egoísmos y mentiras. 

Y es que la ley está impresa en nuestros corazones y no nos podemos engañar. Sabemos cuando nos justificamos, cuando la falseamos y cuando nos engañamos. Y es eso lo que debemos revisar y a la luz del Espíritu Santo tratar de ver la realidad y cambiar.Evange

lunes, 11 de febrero de 2019

¿TIENES TÚ INTENCIÓN TAMBIÉN DE TOCAR LA ORLA DE SU MANTO?

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Supongo que habría muchos que no acudirían a la plaza o no se molestarían mucho por tocar la orla de su manto. Quizás por ignorancia, porque no tenían quien les llevara o por simple apatía. El resultado que hoy continúa ocurriendo lo mismo. Son muchos los indiferentes, los que no creen en su Palabra ni en el contacto con su Cuerpo y no se esfuerzan en acercarse a Él. Al contrario se alejan y le rechazan
        
Pero, como ocurrió en su tiempo, también hoy hay muchos que creemos en su Palabra y nos acercamos también a tocarle en la Eucaristía donde está real y presente bajo las especies de pan y vino. Y sentimos ese hálito de vida que nos fortalece, nos sana y nos llena de gozo y paz.
                              
Jesús verdaderamente es el Camino, es la Verdad y es la Vida. Todo su ser desprende vida y en Él esperamos renacer a la verdadera Vida. Esa Vida Eterna que Él nos promete si creemos en Él. Por eso, no desaprovechemos esa oportunidad de tocar al Señor y alimentarnos de su Palabra y de su Cuerpo y Sangre en cada Eucaristía. Se ha quedado para eso, para que nos acerquemos a Él y le toquemos con la confianza y la fe de ser curados.

Él nos lo ha prometido: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá para mí - Jn 6, 51-58 -.

domingo, 10 de febrero de 2019

LAS OBRAS DAN AUTORIDAD A LA PALABRA

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Lc 5,1-11
Jesús da autoridad a su Palabra certficándola con las obras. Pedro es el testimonio y la consecuencia de lo que digo. Por supuesto, Pedro cree, o al menos confía en el Señor, y, porque Él lo ha dicho, Pedro, después de estar toda la noche bregando sin pescar nada, echa de nuevo la red según le ha ordenado Jesús. Y ocurre lo que nadie esperaba. Una vez más la Palabra de Jesús afirma su autoridad.

Ante esta forma de hablar y de cumplir lo que se habla no hay otra manera de responder sino como hace Pedro y los que le acompañaban: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

¿Seguimos también nosotros al Señor al oír su Palabra? Seguramente, pensamos que estamos en desventaja, pero no es esa la realidad. Nosotros sabemos más que ellos y, precisamente, por ellos. Sabemos que Jesús es el Hijo de Dios y que ha Resucitado. Ellos no sabían eso y sólo estaba sorprendido y admirados del poder de la Palabra de Dios ante el milagro de la pesca, pues se habían pasado toda la noche tratando de pescar sin ningún resultado.

También nos ocurre a nosotros en este momento. Quizás echamos nuestras redes sin resultado ninguno. Al menos eso nos parece, pues no vemos los frutos. Y eso no debe desanimarnos. Puede ser que se deba a nuestra torpeza, nuestros errores y pecados, o que no es el tiempo de que la semilla torpemente plantada por nosotros dé los frutos apetecidos. Tengamos la paciencia debida y la esperanza de que el Señor nos invite, como a Pedro, a echar las redes de nuevo, y confiemos en su Palabra.

De todas maneras es Él quien siembra y quien recoge los frutos, pues es Él el autor de todo. Nosotros, simples instrumentos, debemos obedecer, como Pedro, y estar dispuesto a echar la red cada vez que el Señor nos invita a ello. Tengamos confianza.

sábado, 9 de febrero de 2019

PRIORIDADES

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Mc 6,30-34
El trabajo produce fatiga y la única forma de combatirla es con el descanso. Por tanto, tras el agotamiento se impone descansar porque se hace totalmente necesario. El descanso repone fuerzas, sin embargo, hay momentos que el descanso se debe posponer por.que la necesidad de la persona lo exige.

Regresados los apóstoles de su misión, Jesús, al verlos fatigados les propone buscar un lugar tranquilo para descansar. Se hace necesario buscar espacios de descanso y tranquilidad. Pero, la gente ávida del encuentro con Jesús y de escuchar su Palabra descubre su paradero y acuden a Él en masa. Y Jesús no les defrauda ,viendo que andan desorientados como ovejas sin pastor, siente compasión de ellos y se pone a enseñarles.

¿Qué nos puede alumbrar a nosotros esta forma de proceder de Jesús? Quizás también nosotros debemos de proceder de esa manera y dar prioridad a la persona antes que a nuestras necesidades o apetencias, porque la persona es lo primero y a quien, Jesús, el Señor viene precisamente a servir. Dios encarnado en naturaleza humana viene , a a ser servido, sino a servir. Y servir significa estar atento a las necesidades de los demás.

Danos, Señor, la sabiduría de saber profundizar en esta idea de servicio. Porque, servir es amar, pues el amor se descubre sirviendo. Y sirviendo a la persona de forma gratuita, por el simple hecho de ser persona, creada y amada por Ti. Tú, Señor, nos das la dignidad de ser persona, hijas de un mismo Padre.

viernes, 8 de febrero de 2019

LA FAMA DE JESÚS

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Mc 6,14-29
La Persona de Jesús no pasaba desapercibida, su fama se extendía por toda la región y se hablaba mucho de Él por sus milagros y por lo que decía. Era un mensaje nuevo, un buena noticia que daba dignidad a la persona por ser hijos del Dios Padre que Él revelaba y anunciaba. Ante su Padre todos los hombres eran iguales y no había esclavitud. 

Su forma de hablar sorprendía porque era contraria a los criterios del mundo. Sus Palabras sonaban de forma nueva, diferente, era un buena y diferente Noticia. Una Noticia de salvación, de libertad, de igualdad, de vida eterna. Y a todo eso se añadía los milagros para confirmar y afirmar su Palabra. Todos quedaban admirados de lo que Jesús decía y hacía.

Ante todo esto: Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas». Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado». Pero, y tú y yo, ¿qué decimos? ¿Quizás esta humilde reflexión nos puede ayudar a discernir que se esconde en lo más profundo de nuestro corazón?

Precisamente, Juan había sido decapitado por orden de Herodes ante la petición de la hija de Herodías, que le sedujo en la celebración del banquete de su cumpleaños con su danza. Herodes por su juramento y los comensales no quiso desairarla y ordenó que le trajeran la cabeza de Juan. Quizás, no de esta forma, pero sí por y con nuestros pecados desairamos al Señor y le defraudamos. También nosotros debemos pensar que muchas veces nos comportamos como herodes en nuestras vidas.

Tratemos de reflexionar y abrirnos al Espíritu Santo para que nos fortalezca y nos llene de la sabiduría de saber que Jesús es el único y verdadero hijo de Dios, el Mesías que nos perdona todos nuestros pecados y nos da la Vida Eterna.