martes, 13 de septiembre de 2011

ÉL ES SEÑOR DE LA VIDA Y DE LA MUERTE (Lc 7, 11-17)


Encontrarse con JESÚS es renacer a la vida eterna, pero, a pesar de eso, evidente y asombroso para muchos de sus contemporáneos, me pregunto, ¿cuántos de aquellas personas que presenciaron la resurrección del hijo de la viuda de Naín creyeron en el SEÑOR? Y cuando digo creyeron en el SEÑOR me estoy refiriendo a que sus vidas dieron un giro de 360 grados.

Porque hoy ocurre lo mismo. Muchos  de los que leemos esta Palabra del SEÑOR continuamos nuestra vida impasible y sin inmutarnos. Otros ni se preocupan de leerla, menos vivirla, y de oírla casualmente, en nada les influye. Para muchos, este mundo es un mundo cuyo destino es la muerte. Por eso viven la cultura de la muerte y hacen de ella un destino y una meta. Sin embargo, JESÚS es el SEÑOR de la Vida, que vence a la muerte y que proclama que el hombre está hecho para la vida. Por eso la defiende.

Sin embargo, si creo que a muchos de aquellos que allí se encontraban les afectó y cambió su vida. Porque encontrarse con JESÚS significa eso. ¿Quién no cambia cuando encuentra la respuesta a que la muerte no tiene poder sobre él? ¿Quién se queda igual cuando descubre que JESÚS de Nazaret es el SEÑOR de la vida y la muerte? Sería irracional quedarse impasible ante tal evidencia.

Supongo que para aquella viuda y su hijo, la vida cambió en ese sentido. Y supongo que para nosotros, que tratamos de vivir ese encuentro, la vida debe cambiar también. En JESÚS  la vida se hace eterna y gozosa, por eso, buscarlo y encontrarse con ÉL debe ser nuestra mayor aspiración.

¿Estás tú en esas coordenadas? ¿Buscas tú ser eternamente feliz? Es decir, ¿buscas la vida y la felicidad para siempre? ¿Existe? ¿Hay Alguien que lo puede hacer? ¿Dónde lo buscas? Son preguntas que todos nos hacemos, pero ¿tratamos de darles respuestas?

SEÑOR, te pido la luz y la fe para tener los ojos abiertos.
Los ojos del alma que me permitan ver tus
hechos, tu Misericordia, tu poder 
sobre la muerte y la vida. Amén.

lunes, 12 de septiembre de 2011

LA FE ES UN DON DE DIOS (Lc 7, 1-10)


Experimento que, a pesar de que quiero sentir la fe, no puedo, y sólo estoy a merced de que entren en mí esos sentimientos de creer. Quiero significar que el hecho de tener fe no es algo que mi voluntad domine, ni tampoco la puedo comprar en algún lugar. La fe es un don de DIOS y la recibimos cuando, donde y como ÉL quiera.

Otra cosa bien distinta es que, yo quiera tenerla y me empeñe en pedirla y en poner toda mi voluntad, que si puedo dominar, al servicio del empeño de creer. Tengo que confiar que nuestro PADRE DIOS, Bondad y Misericordia Infinita, me la dará en la medida que yo la quiera aceptar y recibir. 

Creo que fue lo que pasó con el Centurión del Evangelio. El pensó que JESÚS podía sanar a su siervo, y no sólo lo pensó, sino que su fe en ello le hizo moverse y enviar, porque no se consideraba digno de pedir ese favor, era extranjero y pensaba no tener derecho a merecer nada, a una misiva a pedirle que sanara a su siervo. 

Incluso, su osada fe le llevó  a pedirle que sólo con unas palabras bastaría para sanarlo, porque se decía: Yo que soy un subalterno tengo siervos que les digo hagan esto, y lo hacen, cuanto más, podía hacer ese JESÚS del que había oído grandes prodigios. Verdaderamente, aquel Centurión había tomado conciencia de que se trataba de Alguien diferente, del SEÑOR de la Vida y la Muerte, del HIJO de DIOS.

Y eso, como ocurrió con Pedro, no es cosa de los hombres, sino de un don que DIOS da al hombre que limpiamente se pone en sus Manos. En estos momentos recuerdo y pienso en los niños. Esos niños tan puros y limpios que creen todo lo que sus padres les dicen, y lo creen tan confiados y seguros que lo hacen. Algo así creo que debe ocurrir con nuestro PADRE DIOS.

DIOS mío, aumenta mi fe y aparta de mí todo deseo
razonador y científico que me incita a sólo 
creer lo que veo.

Dame la sencillez de los niños y la confianza de 
dejarme guiar y llevar por tu Palabra, y,
como el Centurión, que no me 
pregunte el cómo, sino
que confíe en que
una Palabra tuya 
bastará para sanarme. Amén.

domingo, 11 de septiembre de 2011

EL FIN DEL CAMINO: "EL PERDÓN" (Mt 18, 21-35)


El recorrido es largo y está lleno de cruces. Cruces que, queramos o no, llegarán, porque el dolor es algo tan natural que tarde o temprano aparecerá en nuestra vida. En nuestras vidas, el dolor, forma parte de ellas y, observemos, que es bueno que venga, porque en los dolores es donde encontramos a JESÚS, y en ÉL podemos encontrar el perdón de ser perdonados y de perdonar nosotros también.

Es difícil reparar en los demás cuando nosotros estamos en la abundancia, en el gozo e instalados en el bienestar. Es más, no nos hace falta nadie ni nada. Lo estamos pasando bien y en esos momentos de bienestar es difícil encontrarnos con JESÚS. Pero cuando llega el dolor y experimentamos necesidad de sanación, buscamos a quien nos pueda sanar. Y es entonces cuando recurrimos al médico, cuando imploramos la ayuda de los otros.

Sin embargo, hay enfermedades que no puede encontrar sanación sino en JESÚS, SEÑOR de la muerte y la vida, y sólo en ÉL seremos salvados. Es entonces cuando experimentamos que el dolor nos ayuda a encontrarnos y a encontrarlo, y en los dolores experimentamos la vivencia del perdón y de perdonar.

Por eso, en nuestro peregrinar, el camino va dirigido a encontrarnos con el perdón, por la Misericordia de DIOS, y a devolver ese perdón a los hermanos. Esa es la perfección que buscamos y que sólo encontraremos en la celebración constante de nuestra fe; en la vivencia de lo que creemos y celebramos y en la oración permanente con el SEÑOR. Porque sólo el SEÑOR nos habla desde el propio dolor: "La Cruz".

Y no es que queramos las cruces en nuestras vidas, sino que las necesitamos para, desde ellas, experimentar y crecer en el amor y el perdón. Sólo en nuestra propia cruz se produce el encuentro con JESÚS.

PADRE del Cielo, dame la Gracia de aceptar y
experimentar el perdón de tu Amor, y
la fuerza de vivirlo también en
el perdón a los demás como
lo recibo de TI. Amén.

sábado, 10 de septiembre de 2011

LOS SENTIMIENTOS DEL INFIERNO (Lc 6, 43-49)


Sí, habría que reconducir nuestros propios sentimientos, y desde edades muy tempranas, porque de tener claros esos criterios la libertad será más libre y la voluntad será más dueña de dirigirla. Porque una cosa es sentir y otra muy diferente lo que se debe hacer. Todo está en función de nuestras responsabilidades, y para un creyente católico sus responsabilidades nacen de su compromiso de Bautismo.

Siento frío, pero no puedo evitar que no haya frío. Sí, otra cosa, puedo combatirlo y guardarme de sentirlo. Igual puedo sentir deseos de concupiscencias o apegos materiales de muchos ordenes, pero independiente de que sean recto o no, debo guardarme de ellos o, por el contrario, darle salida y realizarlos. Eso es, a mi humilde entender, lo que la Palabra de DIOS me dice hoy.

Un árbol bueno, dará frutos buenos, pero un árbol malo dará frutos malos. Ni el uno, ni el otro pueden cambiar sus frutos, pues antes hubo un tiempo de siembra y cultivo que desembocará en los respectivos frutos que cada uno dará. De la misma forma, tus frutos, los míos, dependerá de la siembre y cultivo de mi vida. Y si celebro, vivo y me relaciono con Aquél en quien creo, mi vida derramará frutos que vendrán de ÉL.

Quiero, SEÑOR, celebrar, vivir y estar unido a
TI cada instante de mi vida, para que
los frutos que de ella provengan
sean semillas de tu propia
vida injertada en mí.

Por eso, SEÑOR de mi vida, te pido que
no dejes que me aleje de TI, que 
tu Rostro lo tenga siempre a
mi lado y presente en
mi vida, y que sea
ÉL quien guíe
mi camino. Amén.

viernes, 9 de septiembre de 2011

QUIEN NO VE, NO PUEDE GUIAR A OTRO QUE TAMPOCO VE (Lc 6, 39-42)


Conocido es por todos la lógica y sentido común que quien es ciego no puede guiarse, ni guiar a otros ciegos. Pero, a pesar de ello, hay muchos que siendo ciegos pretende guiar a otros también ciegos, y, lo peor del caso es que siendo ciegos pretende ver la brizna de otros sin recatarse de las vigas que habitan en ellos.

Porque la peor ceguera no es la de nuestros ojos, sino la de nuestra mente, que busca la felicidad lejos de DIOS y en las cosas caducas de este mundo. Por ello, no se ven a sí mismo, y si ve lo malo de los otros. Y eso desemboca el infierno del odio, la venganza, la envidia... el infierno del bienestar que desata la lucha de clases, de riquezas, de poder, de primero yo y después tú ... etc. Es la ceguera de la cultura donde impera los sentimientos y las apetencias antes que la libertad y la verdad. Sometidos a la oscuridad.

Cuando no miramos, primero para nuestro propio interior, nuestra mirada dirigida al otro no es limpia, porque nos consideramos limpios nosotros y son los demás quienes nos manchan. Ese no mirarnos implica una ceguera por nuestra parte que nos hace ver briznas en los demás, pero no las vigas en nosotros.

Y ese mirarnos significa ser sinceros y testigos con nuestras actos y ejemplos, porque el que ve, actúa limpiamente y sinceramente delante del que no ve, precisamente para que vea y haga lo mismo. Eso es evangelizar. Significa eso que limpiamos su brizna, una vez limpiada nuestra viga.

Te pido, ESPÍRITU SANTO, que guíes mis pasos por 
caminos de verdad y ejemplos. Que primero
ponga mi vida, mi actitud y con ellas, mi
ejemplo.

Porque sólo con la verdad y la acción puedo
limpiar mi viga, y luego proceder a
quitar la brizna de mi hermano. Amén.

jueves, 8 de septiembre de 2011

UNA GENEALOGÍA COMÚN (Mt 1, 1-16. 18-23)


En Miqueas 5, 1-4 se profetiza que Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, será la cuna del jefe de Israel. JESÚS procede de una aldea muy humilde y pobre, hasta el punto de ser olvidada, marginada y considerada lo peor de Judá. ¿Pero es que de Belén puede salir algo bueno?, llegó a decir Natanael, quien sería el apóstol Bartolomé después.

En el árbol genealógico de JESÚS hay de todo, desde gente humilde, sencilla hasta extranjeras convertidas a la fe, como Rut y Rahab (Rahab era una prostituta) (Mt 1,5) forman parte de los antepasados de JESÚS. Como podemos observar unos antepasados normales y sin nada especial, sólo que la Gracia de nuestro PADRE DIOS estaba con ellos y en ello se iba a cumplir todo lo profetizado hasta la venida de JESÚS de Nazaret.

Pero, lo singular y que asombra es la disposición y disponibilidad de María ante tal acontecimiento. Siempre me pregunto y seguiré preguntándome la fortaleza, la total confianza y la fe de nuestra Madre, la Virgen, hasta el punto de entregarse en voluntad y libertad a la obra de DIOS en su humilde persona: "Eh aquí la esclava del SEÑOR, hágase en mí su Voluntad".

Y ante esto, no cabe otra cosa que preguntarnos: ¿Estoy yo disponiéndome a entregarme, como María, a lo que el SEÑOR quiere de mí? No debo asustarme, pues quizás el SEÑOR no me pide tanto como a María. No se es la Madre de DIOS por casualidad ni cualquiera, pero, al margen de lo que el SEÑOR quiera de mí, sé que donde quiera que esté debo estar atento a empeñarme a amar.

Amar a aquél que me cuesta aceptar; amar a aquél que no me cae bien; amar a aquél que intenta aprovecharse de mí; amar a aquel que trata de engañarme, de mentirme. Amar a aquellos que forman mi familia, a mí mujer con sus manías y virtudes. A mis hijos con sus ideas, rebeldías, apegos y debilidades, y también sus virtudes. A mí mismo, con mis defectos e imperfecciones, y con lo que hago mejor. 

Sí, creo que mi PADRE DIOS me quiere así,
luego, ÉL dirá que más quiere.Quizás
no me pida mucho más, pues mis
fuerzas no dan para más.

Y yo, PADRE Bueno, quiero pedirte que
me des la Gracia de poner a tu
disposición todo el talento
que he recibido de tus
Manos generosas, y
que sepa pedirte
perdón por todos mi fallos. Amén.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

BIENAVENTURADOS TODOS AQUELLOS QUE MIRAN AL CIELO (Lc 6, 20-26)


Porque el que mira al Cielo busca lo que es del Cielo, y en el Cielo está la Verdad. Pero el camino para llegar a él pasa por tener hambre y sed de sentirse pobre, humilde; hambre de justicia, amor y paz. Hambre de ser mejor y de compartir tus riquezas (de todo orden) con los que necesitan algo de ti. 

Porque todos tenemos algo que hace falta al otro. Si te miras, verás que tienes algo que otro necesita: compañía, habilidad, sabiduría, fortaleza, paciencia, conocimiento, inteligencia, verdad...etc. Los talentos han sido repartidos y no por cualquiera, sino por Aquél que es Infinitamente Justo. Y darlos a los demás, como ÉL nos la ha dado, todo de forma gratuita, es amar.

Bienaventurado, nos dice JESÚS hoy, cuando las dificultades del camino nos invitan a aceptarlas, pero en ÉL, con paciencia, con serenidad, con alegría interior, en paz, y con la confianza que estas dificultades nos harán crecer y madurar en la humildad. 

Porque cuando nos empeñamos, soberbia, enfrentarnos solos a nuestros propios problemas considerándonos fuertes y suficiente para ello, es cuando nos perdemos y nos destruímos, es cuando empezamos a construir Babel. Es cuando, el tesoro recibido de la vida eterna y gozosa, lo malgastamos y perdemos. Por eso, Bienaventurados cuando sentimos hambre de DIOS, porque en ÉL está contenido todo lo demás.

Ocurre que cuando en el camino encontramos piedras que nos insultan, nos provocan llantos y sufrimientos. Nos odian, nos injurian,, nos expulsan, nos procriben y nos expulsan por el nombre de JESÚS, que es la Verdad y la Verdad molesta, sintámosno Bienaventurados, porque ese día seremos recompensado en el Cielo. Es en esos momentos cuando realmente estamos en el verdadero camino, cuando experimentamos que atravesamos la puerta estrecha y que rechazamos la ancha.

SEÑOR, decía San Agustín que siempre estaremos
inquietos e insatisfechos. Y es verdad, nunca 
descansaremos hasta encontrarnos y 
descansar en TI, terminaba
diciendo él.

Pues, hoy te pido SEÑOR que avives esa
insatisfacción en mí y nunca permitas
que me aleje de tu Rostro y de
tu compañía. Que siempre
arde en deseo de
búsqueda de TI. Amén.