lunes, 1 de octubre de 2018

CON MENTALIDAD HUMANA

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Somos humanos y todo lo vemos bajo el prisma de la humanidad. Nuestra vida está regida por los apetitos que se desprenden de nuestra naturaleza humana y de nuestros sentimientos sensoriales, que nos inclinan a lo material. De tal forma que todo lo vemos con una mentalidad racional y egoísta. Así, los discípulos estaban enzarzados en una discusión sobre los puestos a repartir y la importancia y categoría de ellos.

Se imaginaban un Mesías como el que esperaban. Con poder, con fortaleza y con un reino capaz de expulsar a los invasores. Y ellos serían los colaboradores de ese rey ocupando los puestos principales y mejores. Imaginemos que pasaba por aquellas cabezas tan cercas de Jesús y lo que Jesús les proponía. Desde esta distancia observamos lo disparatado y lo lejano que estaban los discípulos de la realidad, pero, ¿y nosotros ahora? ¿Estamos mejor situados y eso nos hace mejores? ¿O seguimos pensando de la misma forma disparatada?

La pregunta vuelve al centro de nuestra vida: ¿Quién es Jesús para nosotros? Y de forma más concreta, ¿para ti? Y es más grave ahora, porque tú y yo sabemos más que aquellos discípulos y conocemos por la Revelación, que ellos recibieron después y nos transmitieron, quien es Jesús y cual es su Mensaje y el camino que nos propone. ¿Y cómo respondemos? 

Sabemos como respondieron aquellos discípulos cuando empezaron a darse cuenta de quien era Jesús, pero, lo que nos importa ahora es cómo respondemos nosotros. Y nuestro comportamiento debe pasar por la obediencia, por la humildad y por el servicio. Ser como niños y vivir con esas características del niño, la limpieza, la sinceridad, la pureza, la obediencia y la pequeñez de necesidad del padre. Y de estar abiertos a todos, porque todos los que caminan en esta actitud, vengan de donde vengan, van en el camino del Padre.

domingo, 30 de septiembre de 2018

EN EL NOMBRE DE DIOS

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Mc 9,38-43.45.47-48
Muchas personas nos fanatizamos pensando que sólo por nuestro camino encontramos la recta senda que nos lleva al Padre. Quizás no sea esa la palabra exacta o sea excesiva. pero, posiblemente, forzamos mucho a los demás a caminar por nuestro mismo camino. Y los caminos del Señor son muchos, dispersos y diferentes, pero todos llevan al mismo lugar, es decir, a encontrarnos con Él.

No importa por donde vayas si lo haces alabando y glorificando al Señor y viviendo en su Palabra y según su Voluntad. Quienes actúan en su Nombre no están contra Él sino que reman en el mismo sentido. Por tanto, dejarlo actuar nos dice el Señor: En aquel tiempo, Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros». Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros. Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.

Todos estamos en la Iglesia aunque algunos vivamos fuera de la comunidad o aparentemente apartados. Eso no significa que cada cual haga lo que le venga en ganas. No se trata de eso, sino de advertir y comprender que hay diversidad de carismas, tal y como dice Pablo - 1ª Co 12 - y que es el Espíritu Santo quien nos dirige y nos sitúa. Por lo tanto, no entorpezcamos la labor de muchos que, con planes y actuaciones diferentes a la nuestra, actúan en nombre de Dios y proclaman la Buena Noticia de salvación.

Se trata, por tanto, de sumar y de no escandalizar. Es decir, de no entorpecer y alejar a los más débiles e inocentes - niños - de la presencia de Dios. La advertencia de Jesús sobre esos que escandalizan son muy duras hasta el punto que nos sugiere apartarnos de esas ocasiones de pecado que, a pesar de que nos apetezcan, ponen en peligro y riesgo nuestra presencia y amistad con el Señor.

sábado, 29 de septiembre de 2018

ÁNGELES QUE SUBEN Y BAJAN

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Jn 1,47-51
Cuatro angelitos tiene mi cama, cuatro angelitos que me acompañan. Es una de esas oraciones que las mamás enseñan y rezan con sus hijos en su época infantil. De niños recordamos esos momentos cuando nos íbamos a la cama. No todos han tenido esa suerte, pero siempre de pequeños solemos oír hablar de los ángeles. Y, en estos momentos de gratos recuerdos, levantamos nuestra mirada para todos aquellos niños que no saben de sus ángeles ni han oído nunca hablar de ellos.

Pero, de alguna forma, los ángeles han estado siempre presentes y al derredor de Dios. Son sus mensajeros y servidores. Sin embargo, hay mucho de fetiche, de mágico y de ídolo en su entorno, sobre todo en culturas primitivas y de poco conocimiento religioso. Los ángeles no son nada de eso. Son servidores de Dios que cumplen sus ordenes y, en ese sentido, nos cuidan, nos defienden y protegen por mandato divino. 

Están en su presencia en constante alabanza y prestos a sus mandatos. Suben y bajan del cielo como mensajeros suyos y acompaña a las personas como guías en el camino. Pero, veremos cosas mayores, nos dice el Señor en el Evangelio de hoy, cuando se encuentra con Natanael, que queda sorprendido y asombrado al ver lo que Jesús le dice: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

No nos extrañe nada, a pesar de nuestra sorpresa y asombro, porque el Señor lo puede todo y lo que dice se cumple. ¡Claro, veremos cosas mayores! Y es que con los ojos de la fe quedaremos sorprendidos por el Poder de Dios. Vemos con meridiana claridad la pobreza de este mundo. Gente que corre y se afanan por ver y conocer lo que en él hay y no se percatan de la grandeza y poder de Dios.

Gente que no piensan y no viven en búsqueda de la Verdad permaneciendo en la oscuridad y la mentira de este mundo.. Gente que su máxima aspiración es vivir cuatro días cuando realmente están invitados al Banquete Eterno. La fe es un milagro y un regalo de Dios.

viernes, 28 de septiembre de 2018

¡QUÉ PIENSAS TÚ?

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Lc 9,18-22
A mí me gusta aclarar que seguir a Jesús no nos va a mejorar la vida en este mundo. Entre otras muchas cosas porque Jesús no es de este mundo y de lo que nos habla es de su Reino, que no está en este mundo. Por lo tanto, nuestra vida terrenal seguirá su camino, que tendrá mucho que ver con nuestra manera de hacer y obrar, pues para eso hemos recibido unos talentos, para ponerlo en prácticas y rendir cuenta.

Ahora, este mundo es la antesala del otro y nuestra actuación y camino en él tendrá mucho que ver con nuestro destino. En él tenemos la oportunidad de merecer, siempre por la Misericordia de Dios, su bendición y participación en su Gloria, pues Dios nos envía a su Hijo para pagar por nosotros. Un envío, aceptado voluntariamente y libremente por amor, que nos revela las intenciones del Padre y su Amor Infinito.

Pero, todo este camino tiene, primero, que pasar por la Pasión y Muerte de Jesús. Y eso le preocupa que no lo entendamos y que estemos pensando, con naturaleza humana, otras formas de reinar y de pasar por este mundo. Le preocupa ese olor a triunfo inmediato, a poder y bienestar. Le preocupa que no entendamos que el amor es la panacea que nos salva y que nos exige eso, darnos, entregarnos y hasta sufrir. 


De ahí que les pregunte:  «¿Quién dice la gente que soy yo?». Y que ellos respondan: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado». ¿Y tú, qué piensas? Ya conocemos la respuesta que dio Pedro, pero también importa saber la tuya. Porque, quizás no la tengas muy clara o pienses que todo va a mejorar en tu vida. Y no es exactamente así. Ya lo dijo Jesús al responder:  «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día».

Y tal, como nuestro Maestro y Señor, nosotros debemos también enfrentarnos a esos sufrimientos que, a lo largo de la historia de la Iglesia, los que nos han precedido los han padecidos. Pero, siempre con la esperanza de encontrarnos un día con Él - Resurrección - y gozar de su Gloria para toda la eternidad.

jueves, 27 de septiembre de 2018

INQUIETUD POR SABER Y CONOCER NUESTRO DESTINO

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Lc 9,7-9
Hay momentos que me dan ganas de gritar o de hacer una gran explosión que llame la atención, para que el mundo se sacuda y se mire; para que el mundo zozobre y despierte; para que el mundo se intranquilice y pregunte por su destino, por su futuro. Y, cuando digo el mundo digo por todos sus habitantes, desde el más insignificante al más notable o destacado.

Nuestro mundo parece dormido, dormido en la comodidad, en el consumo, en la pasividad y en el sentirse instalado. Un mundo adormecido por una vida fácil y sometida a las pasiones sensuales, auditivas, sensoriales y de toda clase. Un mundo que sólo mira y piensa como divertirse, como enriquecerse, como encontrar ocio y satisfacciones y como...etc.

Es digno de destacar que el mundo judío esperaba con inquietud al Mesías y mantenían un cierto estado de alerta por todo lo que sucedía a su derredor. La presencia de Jesús en aquella sociedad y en aquel momento despertaba inquietud y movía a las personas a preguntarse y plantearse muchos interrogantes. Jesús no pasaba desapercibido y hasta el mismo rey Herodes estaba inquieto y quería conocerlo.

Sin embargo, hoy pasamos de largo y observamos todo lo que pasa a nuestro derredor como si no ocurriera nada. ¿Qué nos ocurre? ¿Quizás el diablo se ha apoderado de la mayor parte del mundo? La gente se muere y nadie se pregunta nada al respecto. ¿Qué ocurrirá después? ¿A dónde vamos? ¿Nos encontramos con Dios?  Permanecemos pasivos e inmóviles y no reaccionamos. Sería bueno emprender la búsqueda y el encuentro con Dios, porque, Él nos espera y quiere abrazarnos para compartir con cada uno de nosotros la eternidad.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

UN CAMINO ESTRESADO

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Lc 9,1-6
La vida actual ha dado un salto extraordinario. Recuerdo con nostalgia mi infancia, mi adolescencia y juventud. Eran tiempos tranquilos donde las circunstancias no cambiaban mucho. Todo sucedía más despacio y la vida era más sosegada y sin tantas complicaciones. Cada cosa correspondía a su tiempo y todas las etapas se sucedían sin más dilaciones.

Se esperaban los días con entusiasmo e ilusión tras los que venían las fiestas, y hasta se conocían los posibles ambientes y concurrentes a las mismas. Eran etapas bonitas donde tenías nuevas oportunidades para relacionarte y para empezar una relación apasionante y definitiva. La vida era hermosa y tranquila y estaba sometida a tu propio control. No había muchos sobresaltos ni nada extraño que la alterara. Sí, de vez en cuando sucedía algo que se hacía noticia o alteraba la vida del pueblo, pero era simplemente de vez en cuando.

Podemos imaginar una vida sin móvil, Internet, email y todo tipo de comunicaciones y medios que nos acercan y nos ponen en franca competencia. Ya estamos viendo como se mercantiliza el deporte y se exporta a otros lugares. Un mundo globalizado que incide en nuestra forma de vivir y llega a someternos a una carrera vertiginosa que nos estresa y nos enferma. Un mundo sin libertad, porque no hacemos lo que deseamos hacer sino lo que la misma carrera social nos impone. 

Queremos ser los primeros, tener más, mejores que los otros; queremos el coche más moderno, los últimos modelos, la última moda, se más guapos y bellos; queremos visitar y conocer todos los lugares, viajar, y... Indudablemente, eso necesita dinero y ganar y, se supone, que entramos también en una voraz espiral de trabajo, de ambiciones, de riquezas. Al final nos volvemos locos, enfermizos, neuróticos, depresivos, esquizofrénicos... Necesitamos paz, mucha paz.

Y en el mundo no la encontramos. Necesitamos al Señor, Él es el Camino, la Verdad y la Vida y en Él encontramos sosiego, tranquilidad, verdadera paz. Nos orienta y da verdadero sentido a nuestra vida y gran esperanza. Y en ese sentido, también nosotros estamos llamados a transmitir a este mundo alocado que Jesús es la verdadera meta y el verdadero sentido de este mundo que se precipita al abismo. Cada día es bueno hablar con Jesús y reflexionar sobre su Palabra y lo que nos indica y aconseja.

martes, 25 de septiembre de 2018

HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE

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Lc 8,19-21
Hay momentos que no tenemos ganas de hacer nada y que, de hacerlos, necesitamos mucha voluntad e ir contra corriente. Es decir, sobreponernos a nuestra pereza, desgana, caprichos, apetencias y egoísmos para hacer eso que nos cuesta y que es nuestro compromiso dentro de la familia, de la comunidad o del trabajo.

La Voluntad de Dios está siempre relacionada con el bien, porque Dios no puede hacer nada malo. Y el bien en relación con los demás, con los más próximos, sobre todo con los débiles y pobres que más lo necesitan. Así nos lo enseña Jesús y nos lo aclara cuando le anunciaron:  «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

Nos incluye a todos los que nos esforzamos en cumplir la Voluntad de Dios. Una Voluntad que Jesús, con su vida y sus obras, nos la descubre y enseña. Y pareciendo que deja a su Madre y familiares algo desconcertados no es así. Todo lo contrario, su Madre es la primera, porque ella cumple la Voluntad de Dios. Ella es la sierva que se humilla y abre su corazón y su seno para que el Hijo de Dios more en él y tome la naturaleza humana.

Jesús nos enseña que por encima de los vínculos de sangre, que existen entre las familias, hay un vínculo más fuerte por encima de todos y que se extiende a todos, la Vida de la Gracia, donde también están incluidos sus familiares y de manera especial su Madre.