miércoles, 11 de agosto de 2021

SI AMAR ES DIFÍCIL, CUÁNTO MÁS SERÁ EL AMOR FRATERNAL

 

Si ya amar es difícil, más la de amar con verdadero amor fraterno. ¿Por qué? Porque, amar como si de hermanos se tratara cuesta más. Sobre todo cuando no hay vínculos de sangre que lo justifique y convenza a nuestra razón. Solo el amor puede contra esos razonamientos humanos que ponen barrera a la fraternidad entre los hombres. El ejemplo, el Amor de Jesús hacia los hombres hasta el extremo de entregar su propia vida gratuitamente y por amor.

Ahora, todo se complica aún más cuando el amor exige corrección. Corrección que implica orientar y para lo que hay que saber y estar preparado. Y, sobre todo, abierto a la acción de Espíritu Santo. Un Espíritu Santo que nos auxilia, nos asiste, nos fortalece y nos da esa sabiduría y valentía para dar una corrección fraterna que oriente al que erróneamente toma el camino equivocado.

Una orientación que arranque desde nuestras propias autocriticas y de nuestras propias vivencias y que nos aporten esa experiencia que, por la Gracia de Dios, nos iluminen el camino que da la Vida de la Gracia. Es esa la lección que nos da Jesús, nuestro Señor, con su Autoridad y enseñanza. Su Vida es un ejemplo que da testimonio de su Palabra.

martes, 10 de agosto de 2021

¿QUÉ SIGNIFICADO TIENE MORIR?

 

Morir a tus vicios, a tus apetencias consumistas, placenteras y desmesuradas. Morir significa negarse, negación a todo aquello que con apariencias buenas, gozosas y felices te destruyen y te dejan vacíos. Por eso, para dar buenos frutos hay que morir a nuestras propias apetencias y dejar nuestra alma liberada para amar dándose y entregándose al bien de los demás. Porque, no se trata de ayudar y servir, sino de buscar el bien de los demás, que, a veces, consiste en decir que no y en desengañarles de buscar sus propias satisfacciones.

En algunas ocasiones Jesús abroncó a los apóstoles :!Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuando los tendré que soportar? - Mt 17, 14-20 -; quítate de mi vista Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios .Mt 16, 13-23 -.

Solo negándote a ti mismo podrás dar frutos, porque el fruto nace del esfuerzo, del cultivo y de la buena tierra que se cuida de estar bien abonada y regada. Y nunca nacerán frutos del descuido, del mal abono y de la mala tierra que se jacta de sí mismo, se hunde en su propia vanagloria y se satisface de su propio egoísmo narcisista. Ese es el verdadero significado de morir. Morir para dar frutos, y frutos buenos que dan entrada a la Vida Eterna.

lunes, 9 de agosto de 2021

PENDIENTES DE LA HORA

 

En estos momentos no sé qué decir respecto a este Evangelio. Me cuesta encontrar respuestas que respondan - valga la redundancia -  a esa llamada cuando llega el novio. Por un lado me confunde que las unas no compartan con las que lo necesitan, pero, pienso también la irresponsabilidad y falta de preparación de esas cinco necias que indiferentes a la llegada del Novio, se duermen sin el suficiente aceite para mantener sus lámparas encendidas. Y, supongo que por la acción del Espíritu la luz enciende mi corazón y se aclaran las ideas.

La lección es clara, ¡hay que estar preparados! Y esa preparación comporta sacrificios, trabajo y vigilancia. Es verdad que en muchos momentos de nuestra vida nos descuidamos y nos dormimos. La dureza de la vida nos puede, pero el Novio nos avisa y nos despierta. El Espíritu de Dios siempre está pendiente de sus hijos e hijas y los llama con Amor misericordioso. Es posible que muchas veces no nos demos cuenta y permanezcamos dormidos. Hay que estar preparados y vigilantes.

La perseverancia de tu fe es necesaria y no la puedes compartir. Es un don de Dios y la reciben quienes la piden, la buscan y permanecen vigilantes hasta la hora en que llegue el Novio. ¿Qué nos está diciendo eso? Pues, que mi vida tiene que tener la suficiente vida de Gracia para que cuando llegue la llamada del Novio tener mi corazón dispuesto, limpio y encendido por la acción del Espíritu Santo. La puerta se abrirá en algún momento de nuestra vida y tendremos que estar atento y prestos a entrar cuando se abra.

domingo, 8 de agosto de 2021

JESÚS ES EL SEÑOR

Jn 6,41-51

La vida no es nada fácil aunque haya momentos que lo parezca. Es como un mar que mostrándose en calma, de repente  se levanta y se pone bravo haciendo difícil su travesía. Ocurre que los caminos de la vida se repiten y nos invitan a la rutina. Y eso es un peligro, porque podemos encasillarnos en hacer siempre lo mismo y hasta pensar y creer que esa es la Ley y el camino a seguir.

Esa rutina de cada día nos puede hacer perder el verdadero sentido de la vida y sin sentido todo se hace más cansino y pesado. Perdemos el rumbo y hasta las ganas de vivir y la oscuridad nos ciega hasta el punto de no saber a dónde vamos ni cuál es nuestro destino. Entonces, todo te parece mal, murmuras y criticas todo lo que acontece a tu derredor y no aceptas esa Palabra de Dios que Jesús, su Hijo, proclama y anuncia.

« ¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?». Tenemos nuestras propias ideas y esperamos se realicen según nuestras tradiciones. No entra dentro de esa esperanza la idea de un Mesías pobre, humilde, de apariencia insignificante e hijo de un carpintero y una sencilla  y humilde joven. También podemos preguntarnos nosotros si pensamos de alguna manera lo mismo después de unos dos mil años o más

A aquellos contemporáneos de Jesús sus palabras no les merecían crédito. ¿Y a nosotros ahora? La Iglesia, fiel custodia de su mensaje, nos lo proclama y transmite. ¿Lo recibimos con fe y alegría, o lo desechamos o recibimos de forma indiferente y rutinaria? Esa es la cuestión que podemos reflexionar en el día de hoy. Conviene, pues, confiar, tener paciencia y, sobre todo, alimentarnos del alimento Eucarístico que da sentido a nuestras vidas y nos fortalece para superar las dudas i inclemencias del camino.

sábado, 7 de agosto de 2021

EL DON DE LA FE

Mt 17,14-20

Experimentamos impotencia ante la fe. Queremos creer, pero, la duda vive dentro de nosotros y nos sentimos impotentes al respecto. ¿Por qué, Señor? Quiero creer en tu Palabra y experimento que me cuesta mucho hasta sentirme impotente. No me sorprende que también los apóstoles experimentaran esa impotencia y falta de fe. Si ellos, que estaban a tu lado, se sintieron así, impotentes y con una fe débil, ¡qué será de nosotros, más alejados de ti físicamente y en el tiempo!

Aquellos apóstoles, que habían sido enviados por Ti, no fueron capaces de expulsar aquel demonio que atormentaba al hijo de aquel hombre que, acercándote a ti, te imploró: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle». Que se puede esperar de nosotros que posiblemente nuestra fe es casi inexistente.

Sin lugar a duda, la fe es un don de Dios y eso significa que solo Dios puede darla. Sin embargo, no es cuestión de esperar con los brazos cruzados, tenemos que pedirá pacientemente, insistentemente y perseverantemente hasta que el Señor decida dárnosla. El Padre ha enviado a su Hijo para dárnosla y que podamos salvarnos creyendo en su Palabra. Por tanto, nuestra labor y misión es creer en su Palabra y pedirla con insistencia y perseverancia. Es su Palabra y en ella queremos creer.

viernes, 6 de agosto de 2021

EN LOS MOMENTOS DE DESÁNIMO Y OFUSCACIÓN

Mc 9,2-10

Todos tenemos momentos depresivos donde quedamos obnubilados y sumidos en la confusión, sometido a las dudas y a punto de desfallecer y dejar de seguir a Jesús. Creo y supongo que el Tabor es uno de esos momentos necesarios donde la luz renace en nuestros corazones y el viento fresco disipa esa obnubilación que nos confunde y nos sumerge en una profunda oscuridad. Es una palmadita en la espalda que nos anima y levanta para volver de nuevo al camino, a la lucha de cada día.

Los apóstoles necesitaban recargar las pilas, animarse y espabilar. Necesitaban como un adelanto glorioso de la Divinidad del Señor y de la Resurrección. A pesar de todo, ellos no se enteraron de nada: Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos. Y creo que también a nosotros nos sucede lo mismo.

En muchos momentos de nuestra vida experimentamos deseos de no bajar de la montaña. Queremos un encuentro con Jesús personal e íntimo. Quedarnos con Él y hacer una tienda especial para quedarnos extasiado mirándole y permaneciendo en y con Él. Sin embargo, esta no es la consigna. Se hace necesario bajar, volver al ruedo y continuar el camino, a su lado, por supuesto, pero por y para servirle a Él en los hermanos. El Tabor nos fortalece para que nuestro servicio sea más auténtico y cercano a los que lo necesitan. 

No podemos ni debemos quedarnos arriba, porque la verdadera consecuencia de llegar a contemplarle y estar con el Señor es el amor. Y el amor nos relaciona con los hombres, sobre todo con los más necesitados.

jueves, 5 de agosto de 2021

¿SON TUS PALABRAS VERDADEROS COMPROMISOS PARA Y EN TU VIDA?

 

Cuando nos interrogan y nos piden nuestra opinión solemos responder de manera muy ligera y, aparentemente, muy comprometida. Pero, ¿en realidad nuestras palabras son verdaderos compromisos que trasladamos a nuestro vivir de cada día? Nos descubrimos y aceptamos que eso es harina de otro costal. Por desgracia tenemos una lengua muy ligera y presta a decir pero a no cumplir.

En el Evangelio de hoy sucede eso de lo que hablamos nada más ni nada menos que con Pedro, a quien el Señor confía la misión de dirigir su Iglesia. Después de confesar de forma asistidas por el Espíritu Santo que Jesús es el Hijo de Dios: Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Lo verdaderamente importante es que nos demos cuenta de nuestras respuestas intrascendentes y superficiales, sin saber bien lo que decimos. Hablamos a la ligera y vivimos siguiendo nuestras inclinaciones, apetencias e intereses. Luego, nos preguntamos,  « ¿Qué dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». ¿Realmente meditamos de forma consciente nuestra respuesta, o respondemos de forma aparentemente comprometida? Esa es la reflexión que hoy nos toca llevar a nuestras oraciones.