lunes, 9 de diciembre de 2013

CREER QUE YO SÓLO ME BASTO

(Lc 5,17-26)

 Eso nos ocurre a cada uno de nosotros. Pensamos que sólo nosotros podemos arreglar nuestra vida. Y aunque creamos que necesitamos a Dios, nos comportamos como si nos bastara con nostros mismos. Y así nos va, nos apartamos de Dios y nos resistimos a abrirnos a su interveción y a su perdón.

Pensamos, incluso, quien es este que se atreve a perdonar nuestros pecados. Dudamos de su perdón y murmuramos contra Él. Eso lo hacemos cuando nos enemistamos y le damos la espalda. Le estamos diciendo que no creemos en su perdón y que Él no tiene poder para perdonar los pecados. Eso sólo le compete a Dios, y Él no es Dios.

Nos sorprendemos de todo esto, pero nosotros también actuamos asi cuando rompemos nuestra relación y amistad con Él. Es más, no nos acercamos a la Penitencia porque no nos creemos perdonados ni que Él tenga poder para perdonarnos. Y podemos decir que si creemos, pero no damos un paso hacia delante, y las cosas sólo se demuestran cuando se hacen.

Bien decía el Señor que no todo el que dice Señor, Señor... entrará en el Reino de mi Padre.

domingo, 8 de diciembre de 2013

ALEGRATE LLENA DE GRACIA


(Lc 1,26-38)

Está, María, llena de Gracia. «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios». ¿Qué hay que hacer, es mi pregunta, para hallar Gracia delante de Dios? Porque María estaba llena de la Gracia de Dios.

María se conturba, se preocupa y discierne que significado tienen esas palabras. No entiende ni sabe como sucederá lo que oye, pero deja sus planes, se muda y cambia, por los planes de Dios. Sin entender, porque no cabe en su cabeza, ella, María, responde con un Sí decidido y comprometido.

Sale de sí mismo para entrar en la Voluntad de Dios. Hasta aquí lo que hizo María. Agradecido porque colaboró con el Plan de Dios, y con su colaboración abrió la puerta para que a todos nosotros nos llegue también esa Gracia de Dios. Pero, ¿y yo? Estoy dispuesto a dejarme también cubrir por el Plan que Dios tiene sobre mí. Estoy dispuesto a dejar mi vida, mis intereses, mis comodidades y ponerme disponible en la Voluntad de Dios?

Ahora es tiempo propicio para eso. El Señor está pronto a nacer y quizás esté pidiendo un hueco en mi corazón. Un hueco para que mi vida sea más plena, más auténtica, más comprometida y más llena de su Gracia que Él mismo pone en mis manos. 

Sigamos el ejemplo de María y, en y por ella, acerquémonos a Jesús, Camino, Verdad y Vida.

sábado, 7 de diciembre de 2013

NUESTRA ESPERANZA ES REAL

(Mt 9,35—10,1.6-8)


No es una quimera, ni una fantasía. Es una realidad. Bien, es verdad que tenemos, para unos, un largo camino, más para otros algo más corto, pero todos, nuestro propio camino que aceptar, superar y luchar cada día por mantenernos a flote. Y eso cuesta, es duro y necesitamos voluntad y fuerza.

Pero debemos hacerlo en la esperanza de que ya estamos salvados. Jesús, el Hijo de Dios Vivo, ha pagado por cada uno de nosotros nuestro rescate, y el Padre ha aceptado su sacrificio, que cada día renueva y realiza en la Eucaristía. ¡Estamos salvados! Y debemos participar y colaborar en la salvación de otros que quizás no lo sepan o estén dormidos por el encandilamiento de las luces de este mundo caduco.

Jesús siente compasión por todos aquellos que se sienten abatidos y perdidos, como ovejas sin pastor. Son los ciegos, los inválidos y sometidos por las apetencias y esclavitudes del pecado. Es ahí donde nuestro grito debe ser lanzado, porque nuestra liberación está cerca. Jesús nace en nuestros corazones para darnos vida, vida eterna. Es posible que nuestra ceguera, invalidez, sordera o lepra no nos deje ver. Por eso, estamos llamados a ayudarle para que vean.

viernes, 6 de diciembre de 2013

SUPONGO QUE HAY QUE ACERCARSE Y GRITAR


(Mt 9,27-31)

Cuando terminé de leer el Evangelio de hoy, me quedé pensando que hubiese sucedido si los ciegos no se acercan lo suficiente, ni gritan lo necesario para llamar la atención de Jesús. Eso arrastró me mente a pensar que hay que acercarse y gritar. O dicho en palabras más vulgares: "Quién no llora, no mama".

También supuse que vale la pena acercarse y gritar, porque aquellos ciegos, desde aquel momento, empezaron a ver. ¿Y nosotros, me pregunté, estamos ciegos? Y en mi continúa suposición, supuse, valga la redundancia, que quizás no seamos ciegos de vista, pero si ciegos de espíritu.

 Posiblemente, muchos, independientes de ser invidentes o no, padecemos la ceguera de ver todo con los ojos y los criterios de este mundo, y no vemos más allá de lo que permanece guardado o enterrado en nuestro corazón. Necesitamos acercarnos a la Luz hasta el punto de que nuestro grito sea tan fuerte por el dolor de sentirnos quemar por la Gracia del Señor.

Es Él quien nos puede devolver la vista, tanto física como espiritual, porque quizás vemos lo que no nos sirve de luz ni de medio para salvar nuestra alma, y permanecemos en la oscuridad para no ver lo que realmente necesitamos para salvarnos. Pidamos esa Gracia, como esos dos ciegos, y dejemosno arrastrar por el Espíritu que nos acerca a Jesús y suplica que nos permita ver.

jueves, 5 de diciembre de 2013

¿DÓNDE APOYAMOS NUESTRO EDIFICIO?

(Mt 7,21.24-27)
 
Bien saben los arquitectos y los maestros albañiles que hay que buscar unos cimientos sólidos y fuertes para apoyar las columnas donde levantar el edificio a construir. Hacerlo sobre lo aparentemente sólido pero sin certeza, es arriesgarse a que la primera tempestad de nuestra vida barra y se lleve todos nuestros criterios y toda nuestra poca fe.

Buscar esos cimientos sólidos y bien fundados donde apoyar el edificio de nuestra fe es vivir la Palabra más allá de nuestra boca. Es decir, llevarla a la vida y vivirla en la práctica y los hechos de cada día. No será estar bien apoyado en la fe decir: ¡Señor, Señor...! y en la vida de cada día mirar para otro lado cuando el amor te exija compromiso y acción por el bien del otro.

Se trata, pues, de unir Palabra y vida más oración, para ser caritativo y desprendido y disponible a vivir la Palabra y cumplirla. Pero un cumplimiento libre, querido, aceptado, alegre y por amor. Hacerlo por obligación y cumplimiento es someterte por interés, y eso ya no es amar, sino buscar tu propio beneficio e interés. Descubrirás que actúas por egoísmo, y cuando se hace así, a la menor tempestad todo queda destruido.

Pidamos la Gracia del Señor, por eso necesitamos el cemento fuerte y sólido de la oración, para que nuestro edificio de fe sea cada día más solido, firme, confiado y entregado en las Manos del Espíritu Santo.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

CON POCO HACE MUCHO

(Mt 15,29-37)


De poco, Tú Señor, haces mucho. Y con poco, a Ti Señor, te basta para satisfacer las necesidades de otros muchos. Es la manifestación de tu grandeza y de tu poder. Pero también, la manifestación de tu Misericordia y de tu Amor. Te compadeces de las necesidades de los demás, y te compadeces porque las descubres y no miras para otro lado.

¿Estamos nosotros actuando así? ¿Percibimos las necesidades que otros tienen y que nos demandan? ¿O simplemente callamos, hacemos mutis y nos quitamos del medio en silencio? Supongo que de todo un poco. Somos pecadores y huimos del complicarnos la vida. Nos molesta, más que esforzarnos en dar solución a necesidades que otros no pueden satisfacer, el no saber cómo solucionarlas.

Pienso que los apóstoles de saber cómo hacerlo, hubiesen dado de comer a aquella multitud. Pero el no saber, y menos poder, nos evaden de mirar el problema. Bien es verdad que muchas veces lo excluimos sin apenas esforzarnos en intentarlo, pero otras, queriendo no sabemos ni cómo o qué hacer.

Sin embargo, al margen de todo esto, lo importante es saber que con Jesús podemos encontrar soluciones y ayudar a otros, al menos, a aceptar, superar y luchar contra las adversidades y sufrimientos. No podremos quitar el sufrimiento que cada cual tendrá que sufrir y soportar, pero si compartirlo y aliviar la carga. También las adversidades nos predisponen a la escucha y mirada atenta a Jesús. Quizás a través de ella podemos encontrar el camino de encontrarnos con Él.

martes, 3 de diciembre de 2013

SÓLO SI TE HACES PEQUEÑO


(Lc 10,21-24)

Hacerse pequeño no significa ser pequeño. Diría todo lo contrario, abajarse y hacerse pequeño, humilde y necesitado de poder y saber, es ser grande, porque sólo el pequeño tendrá cabida para aprender y mejorar, es decir, perfeccionarse como Dios quiere que nos perfeccionemos.

El grande está lleno y no le cabe nada más. No necesita y su perfección ya la tiene. ¡Qué dicha y gracia es experimentarse pequeño y estar necesitado de hacerse grande! Sólo el pequeño puede y aspira a hacerse grande. Por eso, Jesús le da gracias al Padre porque ha revelado la salvación a los pequeños. Y es que sólo los pequeños pueden recibirla.

La lección es clara: "Hagámonos pequeños, necesitados, humildes de aprender. Aprender a estar disponibles; aprender a aceptar todos nuestros defectos e impotencias; aprender a morir a nuestra soberbia y vanidades; aprender a no sentirnos suficientes y sabios. Aprender a no esperar recompensas ni premios; ni halagos y adulaciones. Aprender a ser manos y humildes como el Señor Jesús.

Y sólo abajándonos y empequeñeciéndonos como Él lo podremos lograr.