jueves, 7 de noviembre de 2024

NO MUCHOS SINO TODOS SON OBJETIVOS DEL AMOR

No hay nadie insignificante para el Padre. Es Padre de todos y ha todos quiere albergar, cuidar, proteger y hacer feliz. De tal manera que si hay alguno que se ha perdido, está en peligro de descarrilamiento o de precipitarse a los infiernos, el Padre sale a buscarlo, está pendiente de él y sostiene siempre sus brazos abiertos a su vuelta a casa, a su conversión.

Las cosas no suceden por que sí, todo tiene un finalidad para nuestro Padre Dios. En los peligros y enfermedades Dios está presente. Todo tiene un sentido de sanación, de contrición y arrepentimiento cuando se soportan con paciencia en íntima relación con Dios. Las enfermedades, dolores y adversidades son aprovechadas por Dios para que nos sirvan para la salud del alma. Él nos ha dado ejemplo con su Vida, y, sobre todo, en la Cruz.

Por tanto, nuestro Padre no quiere que nada se pierda. Buscar a la oveja descarriada; encontrar la moneda perdida, son parábolas que nos descubren esa intención de Dios de buscarnos hasta el extremo de entregar la Vida de su Hijo para que reaccionemos y nos demos cuenta de su Infinito Amor y Misericordia.

Ten por seguro que Dios, aunque le des la espalda y tu mirada se desvíe para otro lado, Él está siempre pendiente de ti. Te busca, te llama y, pacientemente permanece a tu lado esperando que vuelvas su mirada hacia Él. Su Amor y Misericordia son Infinita, y te esperaran hasta el último día de tu vida, sin represalias ni reproches. Simplemente con amor y misericordia.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

ATRAPADOS POR NUESTROS EGOS Y BIENES

No hay otra cuestión sino la de nuestra propia naturaleza egoísta y posesiva. Creemos que somos más fuertes y poderosos en la medida que tenemos más poder y más bienes. Creemos que nuestra valía se mide por la medida de nuestras fuerzas, poder y riquezas, y, ensimismados y cegados por esa creencia hacemos de nuestra vida un camino de egoísmos y soberbias.

Y nos equivocamos plenamente. Detrás de todo eso no hay sino vacío, tristeza y perdición. No es menester adentrarnos en explicarlo, la experiencia, nuestra propia experiencia nos lo demuestra. La felicidad que buscamos no se encuentra en las cosas de este mundo, ni tampoco en el poder, la fuerza y la riqueza. Simplemente, está en el amor. Ese amor que seamos capaces de dar en nuestra diaria relación con los demás.

Y para dar amor hay primero que recibirlo. Porque, nosotros somos mezcla de pecados, causas de nuestras propias inclinaciones, y amor, por la Gracia y semejanza con nuestro Creador, nuestro Padre Dios. En consecuencia, sólo podremos recibir amor del que es precisamente Amor, nuestro Padre Dios. Y eso nos deja meridianamente claro que sólo estando en Él podemos amar. Y para estar en Él necesitamos dejar todo lo demás, o, mejor, ponerlo siempre en función de nuestra relación con Él.  Eso nos lleva por el mismo camino que Él recorrió: un camino que termina en cruz.

martes, 5 de noviembre de 2024

INVITADOS AL BANQUETE

Por fortuna todos estamos invitados al banquete, pero, por desgracia, muchos son los que rechazan esa invitación. Posiblemente porque piensan que la que les ofrece el mundo, los negocios, la familia, el trabajo, las responsabilidades… etc. son más importantes o se la dan ellos.

Evidentemente ese es el problema que se plantea hoy en el mundo: esta vida o la otra. Muchos no creen en la otra, pero otros muchos si creen. La cuestión es que cuando puedas darte cuenta, posiblemente ya no tengas remedio. El momento es ahora, el presente, aquí y ahora. Dejarlo para más adelante es una temeridad, Quizás ese momento no llega. El príncipe del mundo se encarga de ello.

La vida es un camino para morir, porque morir es la única manera de encontrar vida. Y vida eterna. Es decir, morimos para realmente vivir, pero, esa vida, será según primero la hayamos vivido en este mundo: a la derecha (plena de gozo y felicidad) o a la izquierda (plena de dolor y sufrimiento).

La solución se esconde en esa invitación al Banquete. Conviene aceptar la invitación, tomar el traje adecuado – la Vida de la Gracia – e ir al Banquete. Parece ser que los más proclives a asistir son los pobres, los desesperados, aquellos que se encuentran en el extrarradio de las vidas cuerdas y asentadas, y, posiblemente, por eso, entienden que es la Vida de la Gracia.

lunes, 4 de noviembre de 2024

OPTA POR LOS NECESITADOS

Es conveniente y de provecho invitar a aquellos que te pueden corresponder y hacerte favores. De alguna manera es una inversión al hacer un banquete invitar a los que te pueden dar favores o privilegios cuando lo necesites. Es evidente que el día que te correspondan con otra invitación o algún favor estarás pagado.

Jesús te dice todo lo contrario. Invita gratuitamente y sin condiciones. Claro, eso sólo lo podrás hacer con aquellos que no tienen con que pagarte: «pobres que no tienen ni para ellos». Y eso probará tu gratuidad de dar si esperar nada a cambio. Porque, así, de esa manera has recibido todo lo que eres y tienes. Y es más, sigues recibiendo hasta tu última hora de manera gratuita y sin condiciones.

La opción fundamental por la que vino Jesús a este mundo es, aparte de dar al hombre esa oportunidad de ser feliz eternamente, servir. Y para ser servido se necesita tener necesidad. Es decir, ser limitado, pobre, impotente e indefenso antes las necesidades y avatares de esta vida.

De ahí que Jesús está con los pobres y se hace su servidor por amor. Es eso lo que claramente les está diciendo a uno, tal como dice el Evangelio, de los principales fariseos. Pero, eso también sirve para cada uno de nosotros. Y no tratemos de solucionarlo por nuestra cuenta, sino con la ayuda del Espíritu Santo.

domingo, 3 de noviembre de 2024

SENTIDO DE LA VIDA: AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO

No hay nada más importante que el amor. Pero un amor entregado, dado y regalado. Es decir, gratuito y sin condiciones. Porque, amar no es amarse, sino todo lo contrario, darse. Ama verdaderamente quien realmente se da y entrega su vida, su servicio. ¿No nos amó así nuestro Señor hasta el extremo de entregar su Vida por cada uno de nosotros? Pues, cuando hablamos de amor nos referimos a esa clase de amor.

Porque, egoístamente, confundimos amar con amarnos y satisfacer todas nuestras apetencias e intereses. Y eso está en las antípodas de lo que significamos cuando hablamos del amor con el que nos ama nuestro Padre Dios, y del amor con el que nos amó nuestro Señor Jesús. Y del amor con el que quiere – nuestro Padre – que amemos nosotros.

¿Y a quién vamos a amar? Está claro: a nuestro prójimo. De ahí que, primero amar a Dios, porque del Él parte toda nuestra fuerza, para, luego, amar al prójimo según la Voluntad de Dios: Amarlo como si se tratara de ti mismo. No podemos separar a Dios del mundo, y para ello, tenemos que, mirando a Dios, caminar por el mundo. Es decir: nuestro amor a Dios se concreta y se ve en nuestro amor al prójimo. Un amor que se traduce, no sólo en el compartir, sino en el tratamiento como hijo de Dios y hermano nuestro.

sábado, 2 de noviembre de 2024

CAMINOS QUE CONDUCEN AL CIELO

Es evidente que la vida es un camino. Camino de búsqueda de felicidad, pero que hay que buscar y encontrar. Y no es nada fácil hacerlo ni encontrarlo. Además, hay muchos peligros que nos van a impedir encontrarlo fácilmente, y muchos están dentro de nosotros mismos.

Nuestra naturaleza humana se siente atraída por la riqueza y, en consecuencia, el poder. Nos gusta mandar y que nos obedezcan. No gusta ser poderosos, reconocidos y admirados por los demás. Nos gustas los honores, la fama y ser distinguido entre los demás. Y, nuestra gran equivocación se esconde en esos deseos que vienen a ser falsos, espejismos de felicidad y totalmente vacíos. Detrás de ellos no hay nada. Todos esos caminos no conducen al cielo. Son caminos equivocados. Por tanto, engañosos y erróneos. Caminos de perdición.

Sólo hay un camino que, sin lugar a duda, nos lleva al Cielo. Es el Camino, la Verdad y la Vida que se esconde en Xto. Jesús, nuestro Señor. Él es la respuesta a nuestra búsqueda incesante de la felicidad. Él es el Camino que nos lleva a ser felices eternamente. La Verdad que orienta nuestra vida y le da sentido y esperanza para soportar todo los avatares que, precisamente, la vida nos presenta. Y, sobre todo, es la Vida, esa Vida que palpita, en y desde lo más profundo de nuestros corazones, que nos llena de gozo, felicidad y esperanza de vernos algún día presentes y reunidos en la Gloria del Padre Justo y Misericordioso que nos ha creado.

viernes, 1 de noviembre de 2024

NO HAY TIEMPO NI ESPACIO SIN PESARES

La vida es un camino, dentro de este mundo – espacio y tiempo – donde el sufrimiento es parte de este. No hay, pues, tiempo ni espacio sin pesares, sin dolor y sufrimiento. Precisamente, Jesús, nuestro Señor no ha venido para librarnos del dolor, sino para darle sentido.

El dolor es parte de nuestra vida. Nacemos ya desde el principio con dolor y sufrimiento desde el vientre de nuestras madres. Y llegar a este mundo nos cuesta – parto – sudor y sangre. Cuando no muerte y pesares. Y, luego, cada cual seguirá su camino aceptando y padeciendo sus propios pesares y gozando de sus propias felicidades. Ese es el camino que se nos presenta con nuestras penas y alegrías. Y hasta que no sepamos asumirlas y aceptarlas haciéndolas nuestras y cargándolas – cruz – no daremos con el verdadero Camino, Verdad y Vida.

La clave es saberlas asumir, aceptar y darle sentido. Un sentido de esperanza y de gozo eterno en el Señor Jesús. Es ahí donde entra la fe y la esperanza en Dios, nuestro Padre. Y es ahí donde se fragua nuestro verdadero encuentro con el Señor, su Pasión y su Cruz, y dónde realmente empezamos a cargar con la nuestra, correspondiendo al Infinito Amor que recibimos de la cargada por Él para salvarnos a nosotros.

Es precisamente ahí donde se esconde esas bienaventuranzas de las que hoy, en el Evangelio, nos habla Jesús. Unas bienaventuranzas que mientras no las hagamos nuestras propias no estaremos posibilitando un encuentro con nuestro Señor. Porque, todo pasa por ahí, reconocer y darnos cuenta de que también nosotros tenemos que tomar nuestra cruz y, con y por su Gracia, padecer y subir a nuestro propio Calvario.