jueves, 24 de enero de 2019

EL SIGNO DE LA UNIDAD

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Una de las cosas que nos presentan los agnósticos es que hay muchas religiones y que cada una tiene su verdad y su razón. Las separaciones no son signos de unidad ni de testimonio. Recordemos que Jesús nos dice: "No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, .para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:" - Jn 17, 21-22-.

El Evangelio de hoy nos dice que todos acudían a tocarle porque quedaban curados...-Mc 3, 7-12- y venían de muchas partes. Jesús acoge a todos, porque, para todos es la Buena Noticia. Se hace necesario buscar la unidad y tratar de ser uno como Él y el Padre son uno. 

Por eso, en esta semana de la unidad de todos los cristianos, rezamos para que todas las Iglesias dejen de estar separadas y sean una como lo es el Padre y el Hijo. Para ello, tenemos que ser fieles a la Palabra de Dios y hacer el esfuerzo de acercarnos y unirnos. Si todos hemos sido bautizados en una misma fe y un mismo Espíritu, debemos estar unidos en esa misma fe y en ese Espíritu.

Jesús no quiere tu conversión por causa de sus prodigios. Les prohibe a los espíritu inmundo que no le descubran. Jesús no usa su poder para convencernos sino quiere nuestra confianza y nuestra fe. Eso sí, hace signos para que despertemos y le creamos, pero, quiere nuestra fe y nuestra confianza en sus Palabras y promesas. Ahora no está visible, pero está por la fe con nosotros. Creemos en su Resurrección y en su presencia real en la Eucaristía bajo las especies de pan y vino. Todo lo que ha hecho ha sido para que tú y yo creamos en Él.

Esa fe es la que nos dará la unidad de todos los creyentes y eso es lo que pedimos en esta semana del 18 al 25 de enero, que todos los cristianos sean uno como lo es el Padre y el Hijo.

miércoles, 23 de enero de 2019

LA VENGANZA COMO RESPUESTA

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Mc 3, 1-6
La razón queda anulada por el sentimiento de venganza y la mente se ofuzca y queda sometida y sumisa en una terrible oscuridad que sólo piensa en responder según sus pensamientos y fuera de la lógica racional. Es lo que se desprende de aquellos fariseos amigos de la ley que sale de sus pensamientos y que, posiblemente, no cumplirían si el enfermos fuese su hijo o algún personaje relevante de sus entorno.

Cuando la ley es igual para todos se pone en favor y para el servicio del hombre. Sólo, cuando favorece a unos y no a otros, la ley es mantenida por imperativos de unos y en perjuicio de otros. No entra dentro del sentido común que la economía se anteponga al bien de la persona humana. No entra dentro de ninguna ley que no se proteja y se defienda el derecho de las personas a tener una vida digna y unos derechos que les proteja de la barbarie y explotación de otros.

¿Sucede eso con los emigrantes que, por razones de libertad, de carencia de todo tipo, de pasar hambre, de pocas esperanzas para tener una vida digna tienen que emigrar de sus respectivos países. ¡Y de qué manera! Escapando ocultamente, pues no tienen el derecho a elegir donde quieren vivir. Las leyes deben favorecer al hombre y a mirar a su bien, porque, para eso ha sido creado todo lo que existe a su derredor y donde él es el centro como dueño y administrador, cuidando que todo sea utilizado con justicia y de forma equitativa.

Esa fue la causa por la que Jesús dejó escapar una mirada irónica a todos los que le rodeaban con una expresión de pena por la dureza de sus corazones y, llamando al hombre le dijo: «Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. 

Ahora nos toca a nosotros sacar nuestras conclusiones. ¿Está la ley para servir al hombre, o el hombre para someterse a la ley? ¿Cuál debe ser el espíritu de toda ley, servir al bien del hombre o poner al hombre límites que contradigan su bien? La Misericordia de Dios busca el bien del hombre, y ese bien pasa por comprender sus errores, sus vicios y pecados dándole siempre la oportunidad de, no de tomar represalias y venganza, sino de corregirse, arrepentirse y descubrir la verdad que sólo busca su bien.

martes, 22 de enero de 2019

EL PROBLEMA DEL SÁBADO


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La tendencia del hombre a absolutizar las normas es una inclinación mala, pues se corre el peligro de dejar en un segundo plano otras cosas de más valor e importancia. La norma del sábado nunca puede estar por encima del bien de la persona humana. Nunca se puede poner como valor absoluto el descanso del sábado porque el bien del hombre está primero.

¿Cómo se puede dejar sufrir a una personas por el cumplimiento de la ley sabática? ¿Está eso bien? No se puede entender sino desde un absolutismo dictatorial y sin sentido. Por lo tanto, Jesús critica esa ley y la pone en función del hombre. Sin embargo, las leyes no han dejado de absolutizar y posponer al hombre en muchos casos. Tal es la ley del aborto. ¿Acaso se puede matar a un ser humano vivo por el egoísmo de su madre? Y los cristianos debemos criticar y luchar contra esa ley que mata a niños inocentes en el vientre de sus madres.

Poco más hay que decir sobre esta ley. Al menos a mí me basta con esta simple y humilde reflexión. El hombre es el centro de la creación y Dios ha creado todo a su derredor para que le sirva para su beneficio y sustento. Un uso adecuado y bien aprovechado y, sobre todo, equitativo y equilibrado para el bien de todos. Un uso apoyado en el reparto justo y atendiendo a que todos somos hijos del mismo Padre. Una distribución entre hermanos.

De esta forma las leyes mirarian más para la justicia y el bien entre todos los hombres y se evitarían muchos problemas y enfrentamientos. Supongo que la paz y la justicia brillarían y la convivencia sería algo muy bueno y estable entre los pueblos.

lunes, 21 de enero de 2019

LA CUESTIÓN DEL AYUNO

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El ayuno era una práctica muy frecuente en los tiempos de Jesús. Ayunaban los discípulos de Juan y de los fariseos, y éstos se extrañan de que los discípulos de Jesús no ayunen. En ésta tribulación le preguntan a Jesús el motivo por el que sus discípulos no ayunan, y Jesús les responde: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día».

No es de sentido común que cuando se está en la presencia de Jesús la actitud sea de alegría, de paz y de fiesta. Porque, Jesús es el Señor, es el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Cómo se puede estar en ayuno, triste o con sacrificios. El Señor está con nosotros y su sola presencia nos llena de paz y de alegría. Con Jesús llega una nueva vida que comienza en el instante de nuestro bautizo.

Por eso, Jesús también les dice: «Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos»

El Reino de Dios está presente en cada uno de nosotros, porque el Mesías, el Señor está con nosotros. El Hijo de Dios se ha encarnado en naturaleza humana y su Espíritu está presente en nuestras vidas. No es momento de ayuno sino de alegría y entusiasmo. Llegará el momento, la hora de la tribulación, de la tentación y del sacrificio, y para eso y en esa hora será necesario el ayuno y la mortificación.

Pero, se trata de una vida nueva a la Vida de la Gracia. Es momento de entusiasmo y alegría, pues el Señor está presente y se manifiesta en cada Eucaristía dándosenos, bajo las especies de pan y vino, en su Espíritu. Y alimentando nuestras fatigas, nuestro cansancio y fortaleciéndonos para continuar fielmente nuestro camino.

domingo, 20 de enero de 2019

SENSIBLES A LA NECESIDAD

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Jn 2,1-12
Necesitamos pensar y reflexionar sobre como vivimos y qué hacemos de nuestra vida. La fe no puede traducirse en unas prácticas y unos actos caritativos desencarnados. La fe se hace presente cuando compromete tu vida y la pone en disponibilidad del bien de los más necesitados. Es posible que tu vida esté centrada en ti y preocupada sólo por ti. Y todos tus esfuerzos están encaminados a tu propio bienestar.

Si eso, descubres, que es así, ¿qué piensas al respecto? ¿No crees que ya pasas tu cielo en este mundo? ¿Cómo vas a reclamar un cielo después de la muerte cuando ya lo has vivido en este mundo? Posiblemente sea un mal negocio, porque en este mundo, a pesar de tus esfuerzos por alcanzar la felicidad, siempre encontrarás sufrimientos y tristeza, más lo que importa es tu actitud y tu disposición.

Amar es estar comprometido en servir a los demás. Amas a tu mujer y te entregas a servirla; amas a tu familia y estas disponibles para servirles, y en todos los aspectos de tu vida servir es la primer opción. O lo que es lo mismo, amar. Y eso se transparenta en la vida de Jesús y de María, su Madre. Invitados a una boda, en Caná, advierte, María, que aquella familia se ha quedado sin vino, y lo van a pasar mal, pues el vino es el centro de la alegría y la fiesta que anima a los invitados. Además, en aquellos tiempos no hay otra clase de bebida.

El problema es serio y el nuevo matrimonio puede quedar marcado por ese fallo. María toma la iniciativa e invita a Jesús a que haga el milagro de solucionar el problema. «No tienen vino». Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga». Y el agua, tal como narra el Evangelio, se transformó en vino. También, quizás haya mucha agua en tu vida, en tu matrimonio, en tu familia y necesites transformala en alegría, en vino del bueno, que da paz y consuelo. 

Sería bueno invitar a Jesús y a su Madre a la fiesta de tu vida. Una fiesta de felicidad a la que aspiramos todos y para la que tenemos muchas dificultades en conseguirla. Jesús lo hará y, por la intercesión de su Madre, convertirá todos tus sufrimientos en un gozo y alegría de paz y de aceptación que darán el salto a la vida eterna. Él es ese manantial de agua que fluye sin cesar y salta a la vida eterna, tal y como se lo dijo a aquella mujer samaritana.

sábado, 19 de enero de 2019

¿ESTÁS ENFERMO?

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Mc 2,13-17
Nadie quiere estar enfermo, y menos oír hablar de enfermedades. Todos buscamos la salud y el bienestar. Sin embargo, la vida nos enseña que tenemos que vivir con la enfermedad y estar preparados para afrontarla. Sin embargo, es bueno conocer la enfermedad y procurar prevenirla, pues si nos coge de improviso puede afectarnos de forma más peligrosa y pasarlo muy mal.

Cuando el pronóstico del tiempo predice lluvias, conviene llevar el paragua. Sin él podemos mojarnos y quedar empapados y refriados gravemente. Hay un gran peligro, no saber que estamos enfermos y, por tanto, no sentir necesidad de acudir al médico. 

Jesús nos lo advierte en el Evangelio de hoy: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores». Es por tanto muy peligroso no darnos cuenta de nuestras enfermedades - pecados - y pasar desapercibido ante ellos, pues, de ser así no buscaremos al médico, nuestro Señor Jesús, el único que realmente puede liberarnos y salvarnos de esa situación de esclavitud y pecado.

De ahí que sea muy importante reflexionar e interiorizar todos los actos de nuestra vida. Diría que nuestro camino debe ir en estrecha sintonía con Jesús y, desde Él, e injertados en el Espíritu Santo medir todas nuestras acciones dejándonos llevar por sus impulsos y acciones. En esa línea esforzarnos interiormente y tratar de vernos para descubrir nuestros fallos, nuestros vicios, nuestras desviaciones, nuestros egoísmos y pecados que se alejan de la Voluntad de Dios.

Hagamos un sincero esfuerzo para examinarnos y ver nuestras enfermedades, pues, nuestro Señor Jesús ha venido para limpiarnos y salvarnos.

viernes, 18 de enero de 2019

PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE

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Sólo Dios tiene poder para perdonar los pecados. murmuraban algunos judíos de los que estaban presente. Jesús advierte esos pensamientos y les reta a que presencien que Él es el Hijo de Dios enviado, según las profecías, a liberar al pueblo de la esclavitud del pecado. Y les dice: ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Luego, si Jesús, el Hijo de Dios, tiene poder para perdonar los pecados, será realmente Dios, porque no dice; En el nombre de Dios, sino que habla en primera persona y perdona los pecados. Está en estrecha sintonía con el Padre y el Espíritu Santo y forman la Trinidad. Es decir, un sólo Dios y tres Personas.

Pero, cuando no queremos claudicar ni cambiar nuestra situación porque nos encontramos cómodos y bien, cerramos los ojos a toda realidad. Puede esta sucedienco eso ahora mismo en nuestras vidas. Nos encontramos a gusto tal como estamos y apostamos por seguir así. Eso explica que los ricos, es decir, los acomodados y contentos con la realidad que vivimos, no queremos cambiar. Son los que sufren, los que lo pasan mal y son excluidos y marginados, los que están dispuesto a escuchar y agarrarse al cambio que Jesús les propone.

Sin embargo, no es esa la prioridad de Jesús, pues su principal objetivo es salvarnos de la realidad de la muerte. Pero, de la muerte del alma y de la condena eterna. No es esta vida la principal. Podemos morir, y de hecho habrá que vivirlo en este mundo, pero no significa la verdadera muerte, sino el paso de la muerte por el pecado a la Vida Eterna por la Misericordia de Dios. 

Por eso, presta más atención al perdón de los pecados, porque son ellos el verdadero peligro y la perdición eterna. Sin embargo, en algunas circunstancias, como es el caso del Evangelio de hoy, Jesús tiene que echar mano a la curación de aquel paralítico para mostrarnos el poder de Dios.