lunes, 19 de febrero de 2018

AYÚDAME, SEÑOR, A APROBAR EL EXAMEN DE AMOR

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Mt 25,31-46
El resultado final se hace sobre el amor. Toda nuestra vida se reduce a saber amar y a vivir amando. Y amar es servir y perdonar. Porque para servir hay que también perdonar. Perdonar a todos aquellos que no corresponden a tu servicio ni valoran tu hospitalidad y caridad. Amar por encima de todos esos prejuicios que te inclinan a hacer lo contrario. Amar desinteresado.

Hay mucha gente que ama, pero ama de una manera interesada. Es decir, ama a los suyos, a sus hijos, esposa y familia en general, pero se olvida de amar al desconocido, al prójimo que tiene cerca y sufre carencias, padece hambre o enfermedad y se encuentra solo. Olvida al que está encarcelado, prisionero de la droga y vicios y sometido a la esclavitud de sus pasiones y sentidos. 

Su amor queda mutilado, porque sólo ama en una dirección. Sin embargo, experimentan lo que es amar y lo dan todo por sus hijos y familia. Ignoran el gozo y la felicidad que se pierden cuando ese amor se expande a otros ambientes, sobre todo a los más pobres. Ignoran esa capacidad recibida de amar, que queda interrumpida por el rencor, la desconfianza, la inseguridad, el temor y el egoísmo de mirar solamente para sí y los suyos. Jesús nos advirtió de ese nuestro pecado individualista y egoísta al mandarnos a amar a los enemigos, porque todos, por naturaleza, tendemos a amar a los nuestros y amigos.

Y es que Él nos ama a todos, incluso a los que le insultan, le rechazan y le crucifican cada día con sus desplantes, sus indiferencias y sus pecados. Está pendiente de todos, sobre todo de los más pobres y pecadores. Nos busca y nos invita a cambiar y convertirnos. Y ahora es momento de conversión y de amor. Busquemos la fuerza del Espíritu para que nuestros corazones sean más generosos, caritativos y dispuestos a darnos en servicio y caridad.

No olvidemos que Jesús vendrá a buscarnos y a descubrir nuestra generosidad y nuestra actitud de servicio y de amor. Nada importa sino el resultado de nuestro amor. Un amor recibido del Señor y entregado, también por amor, a los hermanos. Ayúdanos, Señor, para estar a tu derecha cuando vengas a buscarnos.

domingo, 18 de febrero de 2018

IGUAL QUE NOSOTROS MENOS EN EL PECADO

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Mc 1,12-15
Cuesta creer que Jesús sufrió como cualquier hombre del planeta. Cuesta creer que Jesús sintió sed, hambre, cansancio...etc. Cuesta creer en su Naturaleza humana. Pero, la realidad es que el Evangelio no deja ninguna duda, Dios tomó la naturaleza humana y se hizo hombre. Se encarnó, de María, en un hombre como tú y como yo, y se doblegó a las limitaciones humanas para, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios. Al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Jesús tiene su preparación y, antes de iniciar su misión, se retira al desierto donde sufre las tentaciones para que abandone y desista de su misión. ¿No nos ocurre a nosotros igual? ¿Cuántas veces experimentamos el desánimo, la tentación de abandonar? Necesitamos también nuestro propio desierto donde prepararnos y fortalecernos ante lo que se nos avecina cada día. Para esto nos sirve y nos prepara la cuaresma. Y no es una batalla por un tiempo. Es una batalla de cada día hasta que termine la guerra, que lo hará cuando exhalemos el último suspiro de nuestra vida aquí en la tierra.

Por todo ello, conviene caminar al ritmo del Señor y junto a Él. Para eso tenemos los sacramentos, en especial la Eucaristía, donde le encontramos, le tocamos y de su Espíritu nos alimentamos. El Señor se ha quedado para eso y será una tragedia para nuestra vida no aprovecharnos, visitarle y asistir con la mayor frecuencia a la invitación de su Banquete, su Cuerpo y su Sangre.

No olvidemos que el estar preparado para la lucha es fundamental. El diablo está al quite. El diablo es una realidad de la que habla Cristo repetidas veces en el Evangelio. También lo cita Pedro-1ºPedro 5,8 -.Y Pablo VI enseña: «El Demonio es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos que este ser obscuro y perturbador existe realmente y que continúa actuando». Ignorarlo es de necio, pues le damos ventaja y le ponemos el camino fácil. Alejarnos del Señor y de la frecuencia de los sacramentos nos deja indefenso y a merced de sus garras.

sábado, 17 de febrero de 2018

NECESIDAD DE LIMPIARNOS

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Lc 5,27-32
La higiene es algo innato y necesario al ser viviente, y, como debe ser, también al hombre. Tiene libertad para hacerlo, pero la necesita y le es imprescindible para su salud. Y no de vez en cuando, sino diariamente. Cada día necesitamos asearnos y mantenernos higiénicamente limpios. Nuestra salud depende de la calidad de nuestra higiene, y, por mucho y bien que la practiquemos, la necesitaremos realizar todos los días.

Y de la misma forma que necesitamos la higiene cada día, también necesitamos limpiar nuestro corazón de todas las impurezas a que nos somete el pecado. Somos pecadores y no podremos librarnos de sus tentaciones y amenazas sin el esfuerzo de limpiarnos cuidadosamente de él alejándonos también de sus peligros. Necesitamos, pues, también limpieza cada día y a cada instante.

Pero, ocurre que la limpieza de nuestros pecados no la podemos hacer de cualquier manera, forma o lugar. Necesita una circunstancia y a Alguien especial. Sólo Dios puede perdonar tus pecados y sólo en Él podemos encontrar esa posibilidad de que nuestros pecados sean perdonados. Por lo tanto, tendremos que acudir a Él. Sin embargo, siendo así nuestra situación, es el Señor quien nos busca y quien ha dada el primer paso para ofrecernos su Perdón.

Dios sale a nuestro encuentro para ofrecernos su Misericordia perdonándonos todos nuestros pecados cada vez que lo necesitemos. Sabe de nuestra condición pecadora, débil y limitada, y, comprendiéndonos, nos ofrece, por amor, su perdón misericordioso. En Él podemos apoyarnos y descargar todas nuestras culpas, fracasos, miserias, fatigas, debilidades, errores, torpezas, tentaciones y pecados. Él nos comprende, nos fortalece, nos acoge, nos escucha y nos perdona. Sabe que le necesitamos.

Y es que nada somos ni podemos sin Él. Por eso da el primer paso y nos busca para rescatarnos y liberaros del pecado. Pero, seremos nosotros los que tendremos que seguirle y dejarnos conducir por Él. Nos ha creado libres para que podamos optar y decidir. No nos resultará fácil, pero confiando y permaneciendo en Él lo logramos, porque Él tiene Palabra de Vida Eterna.

viernes, 16 de febrero de 2018

MOMENTOS OPORTUNOS

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Todo tiene su momento, y el ayuno también lo tiene. En sí mismo no es una meta ni un fin, sino un medio para sostenernos firmes y equilibrados ante las tentaciones e inclinaciones de nuestra propia naturaleza caída. Somos débiles y fáciles de ser vencidos. Diría más, somos incapaces de sostenernos por nosotros mismos, incluso bien preparados y fortalecidos con el ayuno, dietas y ejercicios físicos.

Necesitamos al Señor. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y el único que nos puede salvar y fortalecernos para vencer y vencernos. Necesitamos arrepentirnos y dejarnos conducir y querer por Él, que nos salva y nos libera del pecado. En su presencia estamos salvados y alegres, porque en Él nuestra vida se transforma en gozo, fiesta y salvación plena. Él es la Vida en plenitud de gozo y eternidad.

Nuestro ayuno debe consistir en ser alivio para otros. Nuestro ayuno debe consistir en compartir y dar esperanza al que está necesitado y sufre. Nuestro ayuno es convertirnos en amor y esperanza para aquellos que están desesperanzados porque no conocen a Jesús y no encuentran sentido a esta vida. Nuestro ayuno debe ser siempre un medio para fortalecernos y sostenernos firmes y disponibles al servicio de los demás.

Es bueno ayunar, porque eso fortalece nuestro cuerpo y nos da fuerza y vigor para sostenernos sobrios y equilibrados. El ayuno es fuente de vida, y muchas veces estamos obligados a ayunar en rigurosas dietas para conservar nuestra salud. Muchas enfermedades nos predispone a renunciar a muchos alimentos que nos gustan y nos deleitan, pero se impone la salud. 

De la misma forma, el ayuno voluntario nos sirve para fortalecernos espiritualmente y estas disponible para responder a los impulsos y acciones que nos señala el Espíritu Santo. Ayunar no es un fin, sino un medio para convertirnos y responder a la llamada de Dios, que busca y quiere fundamentalmente nuestro bien, nuestra alegría, nuestro gozo y felicidad eterna.

jueves, 15 de febrero de 2018

TRATANDO DE INTERPRETAR

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Sucede con mucha frecuencia que queremos interpretar la Palabra de Dios según nuestros intereses y conveniencias. Sobre todo cuando nos exige radicalidad, esfuerzos y cambio de dirección. Nos cuesta aceptar salir de nuestra propia tierra; nos cuesta abrirnos, darnos y renunciar a la vida, a nuestras actitudes ya instaladas y cómodas. Y eso nos tienta a querer interpretar y darle la vuelta a las palabras del Señor y a intentar interpretarla tal como a nosotros nos gustaría y estaríamos dispuesto a vivirla y cumplirlas.

Y no es así. Cueste lo que nos cueste las palabras de Jesús son bien claras y no tienen doble interpretación: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día» Clarito y sin ninguna duda. Sencillo y fácil de entender y comprender. Si te decides estás siguiendo a Alguien que está condenado a sufrir, ser matado y resucitar al tercer día. Hay algo que da mucha esperanza, la Resurrección al tercer día, porque eso significa vencer a la muerte y resucitar también a los que le siguen.

Y no hay doble interpretación ni otra manera de verlo. Está claro, seguir a Jesús es complicarse la vida; seguir a Jesús nos dará quebradero de cabezas; seguir a Jesús nos planteará un lucha cada día, dudas, combate, incomprensiones, exigencias, sufrimientos...etc. Pero, tras morir resucitaremos en Él para toda la eternidad. Y una eternidad gozosa y plena de felicidad.

Por lo tanto, no estamos dispuestos a perder la vida, sino todo lo contrario. A ganarla, porque quien pierde su vida en este mundo por el Señor, la ganará para siempre. Si por el contrario, quieres perderla, trata de vivir de acuerdo con los valores del mundo y alcanzar todo el éxito y comodidades que la vida te depare. Al final experimentará que no ha valido la pena, pues has perdido tu verdadero tesoro.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

miércoles, 14 de febrero de 2018

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Mt 6,1-6.16-18
En muchas ocasiones y circunstancias vivimos de las apariencias. Muchas veces de forma inconsciente y otras conscientes. Son estás últimas las más graves, pues son intencionadas y buscadas para esconder nuestra realidad y engañar. Siempre, las apariencias, son malas. Incluso las inconscientes, porque tratan de distorsionar nuestra realidad y presentar otra. Si bien, las que son consecuencia de un impulso inconsciente y como mecanismo de defensa para escondernos no se nos puede imputar, siguen siendo malas reacciones de nuestro corazones impuros y viciados por el pecado.

Porque, cuando estamos en la verdad nada debemos esconder. No hay nada que temer y nuestra humildad debe ser tal que todo lo acepta y lo asume. Incluso esas espontáneas intenciones que nos retratan y descubren nuestras debilidades y malas intenciones. Indudablemente que somos impuros, como aquel leproso del Evangelio del domingo, pero limpiados por la Misericordia y el Amor de nuestro Señor Jesús, que ha venido a limpiarnos y a purificarnos.

Por lo tanto, el Evangelio de hoy nos advierte de nuestra discreción y humildad. Nos conmina a ser discretos y no vanagloriarnos de nuestras buenas obras. Nos conmina a guardar en secreto todas nuestras acciones que miran a ayudar a los necesitados y a escondernos en nuestras oraciones. Es decir, a no presentarnos como fachada de modelo de oración y a lucirnos delante de los otros. A no tomarnos como modelo en esos momentos de oración, que luego no tienen la respuesta real que se deduce.

Es decir, vivir de las apariencias y tratando de pregonar todo lo bueno que hacemos, escondiendo lo malo y nuestras segundas intenciones. Se trata de ser auténticos y de manifestar en cada momento la verdad, y a no aprovecharnos de nuestros sacrificios y buenas obras para ser visto y considerados delante de los demás. Porque, de ser así, ya estamos pagados. ¿Qué más premios quieres? 

Tú y yo debemos de seguir los pasos y consejos del Señor. Ser humildes exige amar sin pedir nada a cambio, y en ello está contenido el silenciar nuestro obrar y rezas, porque el verdadero amor es aquel que se da gratuito y sin lucimiento. Señal de que es verdadero amor que sólo busca el bien del otro.

martes, 13 de febrero de 2018

¿DÓNDE Y CÓMO ESTÁ MI CORAZÓN?

Mc 8,14-21
Llevo muchos años caminando hacia el Señor, a pesar que también interrumpí ese camino un largo tiempo. Doy gracias al Espíritu Santo por haberlo retomado otra vez. Sin embargo, al hilo de la reflexión de este pasaje evangélico, me pregunto: ¿dónde y cómo está mi corazón? Porque, creyendo que voy detrás de Jesús puedo tener el corazón en otras cosas que me impiden verle bien.

El Evangelio de hoy habla sobre esa ceguera que nos impide ver realmente al Señor. Mientras el Señor nos advierte sobre ciertos peligros que en el mundo nos acechan, nosotros discutimos sobre estadísticas, estrategias y otras cosas que van más directamente a lo material , a lo tangible y cuenta de resultado que a la propia salvación. Nos entretenemos en contar los números de los cristianos que en analizar qué cristianos somos.

En ocasiones nos deslumbran los acontecimientos extraordinarios y quedamos perplejos en ellos. El mundo se llena de luces y nos deslumbran, pero son luces fugaces que pasan rápidamente. No podemos quedar atrapado en ellas. No debemos dejar endurecer nuestros corazones ni permanecer con nuestros ojos cerrados, porque el mundo nos confunde y nos engaña. Esa es la levadura de los fariseos y de Herodes. Luchan y trabajan para que la Gracia del Señor no llegue a nuestros corazones. Nos señalan un camino equivocado, erróneo y de perdición.

Necesitamos despertar y no quedarnos sólo con los hechos y las obras. El Señor está por encima de eso y nos llama a que creamos en Él. Nos ha dado pruebas para que nuestra torpe mente se dé cuenta y espabile. Él ha multiplicado los panes y puede con todo. Pero, tú y yo, por el testimonio de los apóstoles, sabemos que Jesús ha Resucitado y que nos promete resucitar con Él. 

Por lo tanto, no nos dejemos engañar por esos que amasan una levadura falsa, mezquina, engañosa y que quiere confundirnos, como aquellos fariseos y Herodes pretendían con los discípulos de Jesús. Tengamos nosotros más cuidado y no nos dejemos contagiar por esa levadura mundana que trata apartarnos de Dios.