martes, 5 de marzo de 2019

EXPERIMENTAS QUE TE SIENTES LIBRE Y LLENO DE GOZO Y ESPERANZA

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No cabe ninguna duda que la experiencia es enriquecedora. Y lo es porque aquellos discípulos de Jesús así lo entendieron y se entregaron sin reservas a seguirle hasta la muerte. Y detrás de ellos muchos más que han seguido sus pasos y que siguen en la actualidad. Este seguimiento masivo nos pone de manifiesto que la promesa de Jesús se cumple:«Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.

Sin lugar a duda, experimentas que te sientes libres y que, desprendiéndote de todo aquello que, en principio creías que te daba la felicidad, te regocijas en el gozo de abrirte a los demás, de sentirte más dueño de ti mismo, más libre para decidir, para liberarte de tus propias esclavitudes, más disponible a darte y a buscar el bien de los demás, a compartir, a ser querido por los que se experimentan necesitados y buscan la verdad. Y a llenarte de gozo y paz.

Si bien, es verdad, todo ello trae complicaciones y persecuciones de aquellos que tus acciones, tu amor y desprendimiento les molesta. Porque, esos, quieren vivir en la mentira, en el egoísmo, en el poder y el aprovechamiento y explotación de los demás. Porque, son amigos de la concupiscencia y de la vida fácil, puerta ancha y todo vicio y placer que les de satisfacción inmediata aun tengan que pasar por encima de los demás.

Pero, esas persecuciones y dificultades te harán más fuerte, más maduro, más responsable y hasta más parecido a nuestro Señor Jesucristo, compartiendo nuestros sacrificio con el de Él que entregó su Vida en una muerte de Cruz. Y es que todo eso da verdadero sentido a tu vida llenándola de gozo, de paz y de esperanza, pues la promesa de nuestro Señor Jesús es: y en el mundo venidero, vida eterna.

lunes, 4 de marzo de 2019

¿ME CREO BUENO?

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Mc 10,17-27
No porque me vea cumplidor de la ley y cumpla, valga la redundancia, con el Decálogo debo considerar que hago la Voluntad de Dios. La pregunta del joven rico abre esa interpelación y nos abre ese interrogante que nos interpela, valga la redundancia, en nuestra actitud de quedarnos en mero cumplimientos sin llegar a la profundidad de vivir e y n el desprendimiento del amor gratuito, generoso y misericordioso.

No basta con cumplir si ese cumplimiento no nos sirve para amar y estar dispuestos a morir a nuestros apegos, apetencias y concupiscencias. Eso significa que nuestro vivir no puede quedarse en un vivir para mí, sino que debe proyectarse en un vivir para los demás en aras de buscar el bien, la concordia y la paz.

Eso supone despojarse de toda atadura y esclavitud que nos impida ser libres para amar. Y los bienes, la riqueza y el apego a las cosas de este mundo te impiden ser libre y desprendido para amar. Esa fue la esclavitud que entristeció a aquel joven, que tenía muchos bienes y riqueza y que le impidió seguir a Jesús.

Quizás nos esté pasando a nosotros lo mismo. Necesitamos liberarnos de todo apego que nos impida ser libres para amar, y todo lo que nos ayude a eso es bueno. La oración, el ayuno y la limosna que se nos propone en la cuaresma, que nos disponemos a vivir a partir del próximo miércoles, es una buena invitación que nos propone nuestra madre y santa Iglesia para ejercitarnos en ese esfuerzo, asistidos en el Espíritu Santo, de vivir en el verdadero amor que Jesús nos propone.

Por todo ello, dispongámonos a abrirnos al Espíritu Santo y a dejarnos conducir, en la misma actitud que Jesús se dejó llevar al desierto, para preparar y fortalecer nuestro espíritu en este tiempo litúrgico que vamos en los próximos días a entrar.

domingo, 3 de marzo de 2019

SER BUENO PARA DAR FRUTOS BUENOS

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Lc 6,39-45
Siempre se ha oído que de las buenas semillas saldrán buenos frutos y lo contrario, de las malas saldrán malos frutos. Todo dependerá de la buena semilla que siembres en tu corazón. Así, lo cultivado desde lo más profundo del corazón tenderá a hablar la boca, de modo que si son cosas buenas, saldrán cosas buenas y si malas, malas. Se trata, pues, de convertir nuestro corazón en un corazón de bondad, de generosidad, de buenas intenciones y de verdadero amor.

Por eso, conviene arrimarse al que es verdadera Luz y puede orientarnos por el verdadero camino. Sería una gran equivocación dejarnos llevar por los que están tan ciegos como nosotros. Sólo Jesús es la Luz que nos puede alumbrar. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y sólo en Él podemos encontrar la Luz que nos guíe hacia la Verdad.

Los hombres no pueden guiar a los hombres, porque son pecadores y sus pasos están sujetos al error. Necesitamos abrirnos al Espíritu Santo que, en Él, si podemos convertirnos en Luz y servir de guia a otros. Nunca por nosotros mismos, sino siempre desde la acción del Espíritu Santo, recibido en nuestro bautismo, que actúa en y por nosotros para el bien de los demás. Es ahí de donde podemos sacar los frutos buenos.

Eso nos ayudará a ser humildes y ver los defectos y errores en los demás de una forma más generosa, menos exigente y acusadora y ser más reflexivos y auto críticos con los nuestros. Porque, frecuentemente miramos para los otros acusándolos de fallos y pecados que, quizás, son más grandes en nosotros. Seamos más compasivos, más misericordioso como Dios, nuestro Padre, lo es con cada uno de nosotros.

sábado, 2 de marzo de 2019

CONFIADOS COMO NIÑOS

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Si observas a un niño de darás cuenta que obedecen y confían en lo que le dicen los mayores, sobre todo sus padres, que le procuran todo el bien que pueden y, porque confían en sus palabras y en lo que les enseñan. Saben y lo entienden que sus padres procuran darle todo lo que les hace falta para su buen desarrollo, su crecimiento y preparación para su futuro.

Los niños, observamos y sabemos, son sencillos, humildes y abiertos a recibir las enseñanzas de sus mayores, que también comporta un peligro si se les enseña con mala intención cosas malas y que no convienen a su bien. Y esa es la actitud que nuestro Señor Jesús quiere mostrarnos hoy, tal y como debemos proceder ante sus enseñanzas y, sobre todo, a su Palabra. Porque, sucede que en la medida que crecemos y y dejamos de ser niños, prevalece nuestra razón y nos cerramos a todo lo nuevo y a todo aquello que no entra en nuestra razón.

Endurecemos, ese corazón tierno, suave, humilde bueno, inocente y abierto de niño, como una piedra y nos cerramos a la Palabra de Dios. Pasamos, de recibir todo lo que somos y tenemos, a exigir y poner condiciones atodo lo que Jesús nos propone y a rechazar todo lo bueno, porque, de la boca de nuestro Señor Jesús no puede salir nada malo sino, precisamente, todo lo que nos hace bien y nos conviene.

Será cuestión, y una buena oportunidad, aprovechar esta reflexión para ponernos en presencia del Señor y esforzarnos en abrir nuestro corazón a su Palabra y a sus enseñanzas. Tratemos de fijarnos en los niños y recordar nuestra etapa de niño y de experimentar como se ha endurecido nuestro corazón con las ambiciones y afanes con los que el mundo nos tienta y trata de seducirnos: mundo, demonio y carne.

viernes, 1 de marzo de 2019

ENSÉÑAME A OÍR LO QUE TU DICES Y NO LO QUE A MÍ ME GUSTARÍA OÍR

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Mc 10,1-12
La pregunta ronda mi cabeza, ¿quiero que lo que dice Jesús sea de mi agrado y, sin darme cuenta, acomodo sus enseñanzas a mis intereses? Esa es la cuestión, porque de esa forma me estoy creando yo un dios de acuerdo con mi imaginación y con mis intereses. Lo del matrimonio es duro, porque vivir en comunidad y en fidelidad es duro. Sobre todo cuando ese estado toca mis instintos sexuales, mi propia vanidad, mi ego personal y mis satisfacciones egoístas.

El amor es una batalla diaria y, a veces, ingrata, dura, costosa e incómoda. Mantener esa fidelidad, a veces no sostenida en la atracción sexual o mortificada y asediada por  tus propias pasiones; las diferencias y luchas con la orientación a los hijos y la propia estructura familiar hacen de tu vida un calvario, una cruz que cuesta cargar cada día. No hay otro camino, amar significa todo eso y todo eso es darte, olvidarte de ti y entregarte al otro y a los otros. 

La familia es espacio de gozo y cruz, de penitencia y de salvación. El amor exige eso, pues cuando todo empezó e iba sobre rueda no hacía falta buscar el amor, se amaba sin esfuerzo e incluso daba gozo vivirlo y hacerlo. Pero, llegan momentos de prueba y de sacrificio, y entonces es cuando hay que demostrar que realmente se amaba. Es lo que espera Dios de ti y de mí, y es lo que podemos dar a Dios, la prueba de nuestro amor amando en familia.

Es el plan que Dios ha pensado sobre nosotros y no pongamos pegas, porque sólo Dios sabe lo que nos conviene y lo que realmente es bueno para nosotros. No perdamos de vista que Dios nos ama así y así nos lo demostró Jesús en su Vida en este mundo. ¿No tendría Dios motivos para dejarnos a cada uno de nosotros? Sin embargo, no sólo no nos ha dejado sino que ha enviado a su Hijo para darnos la posibilidad de recuperar esa dignidad que tenemos por ser sus hijos. Tengamos fe y paciencia.

jueves, 28 de febrero de 2019

BUSCAR SIEMPRE EL BIEN

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Mc 9,41-50
En el fondo de todo corazón humano hay siempre una tendencia a hacer el bien, pero, en muchas ocasiones no hacemos lo que queremos sino todo lo contrario. Ya lo decía Pablo - Rm 7, 19 - y se establece una lucha constante cada día de nuestra existencia. El objetivo es vivir en el amor, es decir, en esa disponibilidad para estar constantemente en actitud de servir y hacer el bien.

Esa constante preocupación por todo lo que me rodea en aras de hacer el bien y, sobre todo, aliviar el sufrimiento y dar esperanza. Una esperanza que se agranda y se aviva en la medida que hagamos el bien. De modo que, todo aquello que nos pueda inducir a hacer el mal, a satisfacer nuestro egoísmo a costa del sufrimiento y la opresión de otros debemos cortarlo, porque eso nos aleja de la presencia y del agrado de Dios.

Aunque Jesús es bondadoso y compasivo, no olvidemos que nos ha creado libres y eso nos exige respuesta. Somos responsables de nuestros actos y no podemos dejar de hacer todo aquello que podemos hacer. Para eso, además de nuestra libertad tenemos nuestra voluntad y con ella podemos luchar para dejar lo que nos perjudica y nos estropea nuestra relación con Dios y aferrarnos a hacer las cosas que le agradan, que no es otra que la de amarnos como hermanos.

No podemos quedarnos con los brazos cruzados, porque el Espíritu Santo nos ayudará pero en todo aquello que nosotros con nuestras fuerzas no podamos. Para eso y por eso se nos ha dado la capacidad de decidir. Tratemos de buscar siempre el bien y de hacerlo aunque nos cueste y vaya contra nuestros intereses, pues de nada nos sirve conservar la vida y el placer en este mundo si perdemos la verdadera vida que nunca acaba. Porque, todo lo que aquí nos puede hacer feliz tiene su tiempo medido y termina. Por lo tanto, aspiremos a la verdadera vida.

miércoles, 27 de febrero de 2019

UNA IGLESIA ABIERTA AL BIEN

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Mc 9,38-40
A veces hay momentos que nos creemos los únicos salvadores y en posesión de la verdad. Fuera de nosotros y de la Iglesia no hay salvación y eso nos puede llevar a confundirnos y a permanecer equivocados. No parece que Jesús dice eso: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros».

Podemos deducir que todo aquel que haga el bien y tenga buenas intenciones de ayudar y de servir está del lado de Jesús, y, aunque, de forma ritual, esté fuera de la Iglesia, está muy cerca y bastante más dentro que muchos de los que nos creemos que la Iglesia es nuestra y de los que están con nosotros. Mucho cuidado, pues, Jesús en una ocasión también dijo: Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros - Mt 19, 30 -.

Es verdad que siempre hay quienes estén a favor y en contra, pero eso no significa que muchos que están alejado de la Iglesia, en cuanto a prácticas, preceptos y cumplimientos, no estén más cerca del Señor que los que están muchos que se consideran dentro y hasta poseedores de la verdad. Sucede que muchas veces estando dentro de la Iglesia tenemos dioses diferentes, porque nos formamos una idea de Dios según nuestro pensamiento y forma de ver las cosas.

Sólo hay un Dios, y ese Dios es el que nos ha revelado nuestro Señor Jesucristo. Un Dios liberador, que se compadece de los oprimidos, de los necesitados, de los que sufren y son marginados y excluidos. Un Dios que viene a dar Vida y a que tengamos la opción de decidir libremente el camino a seguir. El del bien o el del mal. Pero, nunca que seamos víctimas hasta el punto que nos inclinen a la fuerza a alejarnos de Dios. Porque, tanto se nos aleja del camino de Dios por la opresión y esclavitud como por el hedonismo y la corrupción.